Parashát “Pequdé”

(“Cuentas”)

Shemót 38:21 – 40:38

Por: Kfir Ben Yehudáh

RESUMEN DE LA PARASHÁH

Se realizaron las cuentas de todo lo gastado para la construcción del Mishkán (Tabernáculo), según ordenó Moshéh. Se contó todo el oro empleado, así como la plata, el cobre, y los demás objetos.

Se confeccionaron los vestidos de servicio, como también los vestidos sagrados para Aharón, todo de acuerdo a lo ordenado por Elohím a Moshéh. Se utilizaron hilos de oro, tejidos teñidos de color celeste, púrpura y carmesí y los engarces de piedras de ónix con oro, grabados en ellas los nombres de las doce tribus de Israel. Otras piedras preciosas utilizadas para el pectoral fueron rubí, topacio, ágata, turquesa, zafiro, diamante, ópalo, amatista, berilo y jaspe. Todo fue inspeccionado personalmente por Moshéh.

Se terminó la construcción del Tabernáculo y el primero de Nisán, fue instituido el Mishkán por Moshéh quien ordenó colocar todos los elementos y utensilios, el candelabro y su encendido. Moshéh tomó el Testimonio y lo colocó en el Arca.

Una nube cubrió el Mishkán, que era la gloria del Todopoderoso. Cada vez que la nube se elevaba, era una señal que indicaba que el Pueblo de Israel debía continuar su marcha. Por la noche la nube se convertía en fuego, que era visto por toda la casa de Israel.

COMENTARIOS DE LA PARASHÁH

La cuenta de los metales utilizados en la elaboración de los utensilios

Además de que con HaShém “las cuentas son claras”, es importante saber que lo que sucedió aquí tiene que ver con el hecho de que Israel debería saber que todo lo que fue elaborado correspondía a una muy exacta utilización de los materiales que fueron destinados para el Mishkán.

Moshéh hace las cuentas para mostrar que no tomó nada que hubiera podido sobrar, sino que por el contrario, quiere dejar claro que todo fue “transparente”, tal y como debe ser nuestra relación con Dios. Cada Hijo de Israel tiene la obligación de ser muy limpio en sus acciones, las cuales serán observadas por las demás personas, de manera que a la luz de todos se pueda testificar que es una persona apegada a los caminos de la Toráh.

Hoy en día lamentablemente esto no es lo común, y por ello para quienes estamos en el camino de los designios del Cielo tenemos una gran responsabilidad de ser luz a los demás pueblos, aunque tal labor parezca que no tiene sentido, por no acomodarse al pensamiento de la mayoría. Sólo nos debe interesar cumplir la voluntad de HaShém, pues más vale agradar a nuestro Creador antes que a los hombres.

El Mishkán erigido el primer día del primer mes

Los años, los meses y los días fueron establecidos por HaShém para el hombre con el fin de saber cuándo suceden las cosechas, las estaciones, así como también la celebración de las festividades. Cada año refleja un ciclo espiritual en el que cada alma judía debe ascender cada vez más, acercándose así a la Divinidad.

El hecho de que el Altísimo haya fijado el primer día del primer mes para levantar el Mishkán tiene que ver con que la espiritualidad del pueblo, es un don que se debe cuidar en todos los días del año, comenzando por el primer día, esto nos enseña que en todo tiempo es necesario que cada uno de nosotros, como un pequeño santuario, sirvamos a HaShém, desde el momento en que adquirimos uso de razón. Esto en el fondo nos está invitando a consagrar cada año para el Todopoderoso. Para nuestro pueblo era necesario tener claro que todos los días debían ser enfocados a cultivar una constante consagración de cada alma, de manera que no hay permisos especiales en cuanto al tiempo en que podemos dedicarnos a nuestros propios deleites. Ahora, esto no significa que no podamos disfrutar de lo que Dios nos ha dado; lo que quiero decir es que no podemos disfrutarlo de una manera egoísta, debemos tener en cuenta que todo debe ser para darle el honor al Rey del Universo.

Entonces, desde el primer día del primer mes debemos estar viviendo activamente en procura de la elevación de nuestra neshamáh (alma); levantar el Mishkán en cierta forma equivale a hacer el compromiso de vivir en forma apartada y en consecuencia practicar en todo momento las obras de la Toráh.

Lehitra'ót!