Últimamente, las miniseries con temas de familia y crimen están destacando en Nexflix y otras partes. Hace poco comenté el caso de los hermanos Menéndez. Ahora quiero les reseño Mi dulce niña, una miniserie alemana que es uno de los thrillers sicológicos más intensos que he visto en mucho tiempo. Es realmente angustiante y, desde el primer capítulo, uno queda atrapado. Cada episodio es tan intenso como el anterior, e incluso los nexos entre ellos, como los créditos iniciales, son breves y están muy bien editados a fin de mantener esa constante sensación de inquietud que se vive al ver esta serie.
Uno de los elementos clave de esta producción es que el criminal siempre está uno o dos pasos por delante de la policía. Además, la información no se centra en un solo detective o inspector, sino que se va revelando a través de varios personajes por separado: los policías, las víctimas y hasta los familiares. Nosotros, como espectadores, obtenemos la información antes que los personajes, lo que aumenta esa sensación de tensión constante, mientras vemos cómo los protagonistas intentan ponerse al día con los hechos, pero siempre rezagados y en lucha contra el tiempo casi hasta el final.
Otro aspecto interesante es que uno de los policías –el inspector Bühling (Hans Löw), quien actúa fuera de su circunscripción– tiene un conflicto de interés con la investigación, ya que es cercano a la víctima y a la familia; mientras que la otra –la oficial Aida Kurt (Haley Louise Jones )– comete un serio error que añade ansiedad tanto al personaje como al espectador.
Los abuelos, por su parte, ponen lo suyo en materia de secretos compartidos con Bühling, por lo que en ocasiones no sabemos hasta qué punto los familiares podrían ser cómplices o participantes en los hechos, al menos al inicio. Todo esto crea un ambiente, enrarecido salpicados de múltiples pistas falsas que se van resolviendo poco a poco, pero siempre a destiempo, añadiendo una segunda capa de tensión durante el avance de la investigación.
El centro de todo esto es, nuevamente, el tema del poder paterno; pero, sobre todo, la idea de crear una familia en la que el padre ejerza un control total sobre las víctimas. Lo fascinante es cómo ese control sicológico puede ser ejercido –parcial, aunque eficazmente– cuando las víctimas se encuentran en libertad y bajo protección. Este es el nervio fino que está a la base de toda la acción y se va desentrañando de manera ambigua hasta el tramo final, siempre cargado de sorpresas.
Al principio, este personaje que ejerce semejante control parece ser uno de esos asesinos "genios" con grandes habilidades manipuladoras, pero al final –y esto es lo interesante de la serie–, todo se vuelve mucho más mundano. Como en las mejores historias policiales, todo termina por ser muy obvio y el criminal resulta ser también una persona con defectos, torpezas y hasta una dependencia emocional, lo que lo humaniza y lo hace más realista. Al centro de todo, como inocente eje conductor, esta Hanna (Naila Schuberth), la niña del título.
Esta es una historia típicamente teutónica de secuestro, crímenes y control mental perpetrado por una persona aparentemente corriente y que tiene los recursos para idearla y ejecutarla, sin despertar sospechas. Lo que se agradece es que el último capítulo tenga un tramo final donde las tensiones acumuladas a lo largo de la serie finalmente se disipan, permitiendo que el espectador pueda irse a dormir tranquilo. Una muy buena serie policial.
MI QUERIDA NIÑA
Alemania, 2023, 6 capítulos
Directorxs: Isabel Kleefeld, Julian Pörksen
Interpretación: Naila Schuberth (Hannah, niña), Kim Reidle (Jasmin Grass), Hans Löw (Gerd Bühling, policía), Haley Louise Jones (Aida Kurt, policía), Justus von Dohnanyi (Matthias Beck, abuelo), Julika Jenkins (Karin Beck, abuela), Sammy Schrein (Jonathan, niño), Jeanne Goursaud (Lena Beck), Christian Beermann (Lars Rögner padre), Özgür Karadeniz (Dr. Hamstedt), Birge Schade (Ruth, enfermera).