EL HOMBRE SIN CABEZA

La corona trina

e incrementa el techo.

Hombros y espaldas se aligeran,

manan fantasías:

abombadas implosionan.

Camino a ningún lado

y mi calva se abre en helipuerto.

Dolores de ingle palanquean

pierna sembrada de leche.

Araña en modo taladro

se derrama en bendiciones.

Mi tronco sale como puertas abiertas:

potente cañería impulsa hueco de ingreso.

Adentro una mesa de partes

mastica expedientes.

Pulmones se acoplan

al corazón en fuga de esófago

o juntos gozan aguante

de mirar a otra parte

y la entrenalga se cierra maciza

para conservar ilusiones.

El santo cielo se constituye,

levanta axilas de gloria 

y autorizaciones:

un nuevo lenguaje de barras.

El mundo se condensa en mi estomago

como bolo de vapores. La creación

duele a lajas cimbreantes.

Pero nada me podían hacer

con este reinante temor a la sangre.

Así quisiera reclinarme:

imponente, espectral

arrojado triunfante al clítoris

de pasillos que se entregan.

Miro mi cadera de costado

desde la cabeza alguna vez parlante.

Susto tenerla del cabello

nunca tan arrancada.