LOS BOSQUES DEL VERANO
Mañana mis viejos árboles
mis caricias de hojas y copas
darán cuenta de la oscura solemnidad
que expulsan los cipreses
Entonces veremos, entre el bochorno de la neblina
y los sahumerios que me saludan,
los troncos enterrarse
volver a retar al suelo, hacer vibrar la sombra
que se sonroja entre las ramas, el olor de flamas
arrastradas por el viento
silbando calor de muerte
Ah mis viejos árboles, mis jardines agitados
arrullando vellos, canas y descubierta piel
mi huerto personal, diminuto círculo
que bordea en vilo una bóveda de pensamientos
todavía por reverdecer, poblados de barro
y retamas encadenadas
Qué severa la fragancia de la sangre
aquí entre los batallones de rosas y claveles soñolientos,
qué fuerte el deseo de dar al traste
con todo y bailar frenético sobre lápidas
recibir el polvo de intensa claridad
en el declive del olivo
Vamos, vamos más allá de donde
volteaste hacia esa mirada fija del mediodía
aprovechemos los sagrados alimentos
la carnes tostándose entre las matas
el hervor de los caminos
para abrasarnos entre los párpados de una arboleda
enrojecida, al despedir los días inútiles,
con cariño de algodonal
Cada abrigo, cada palma, cada espalda
se recuestan sobre la filuda hierba
retumba el florecer de los hincones y lucha el relax
con que la tierra los alarga, mis viejos abetos
mientras el cielo baja sobre los pinos
aplastando cerezos corroídos por el musgo y el hongo
de la noche
Una hoja que cae, flota y juega en el aire
–ágil y seca–, me sonríe: soy tu vida
bailoteando sobre el olor de las penurias,
de los primeros –aún tímidos– achaques
y la voz encorvada que ronca bajo mi lengua mordida
Tú me dices: cómprate lo que te gusta
llegó la hora de los descansos
que ya no escucharás
el balbuceo de esos bosques de rocío, el rumor
que interroga el canto de los pájaros
Ya siento todo eso muy lejos
en las raíces de extensa mirada
y el frío rigor de la bienvenida,
demasiados porqués que mañana se hundirán
con mis viejos abedules
en la alfombra seca de excrementos
que abonan el postrer empujón, la última viada
la enrevesada meta