El último concierto de la Sociedad Filarmónica de Lima estuvo a cargo de una pareja de pianistas españoles: el Dúo de Piano Antón&Maite, conformado por Antón Dugan y Maite León y aunque Dugan es ruso de origen, en realidad habla el español como cualquier otro.
Ambos han interpretado un programa con compositores relativamente contemporáneos, dos muy conocidos –Igor Stravinsky y Claude Debussy– y dos menos conocidos: Fernando Remacha y el norteamericano William Bolcom, cuya obra fue un bis que el dúo nos obsequió al final del programa.
El concepto general del del recital giró en torno a obras relacionadas con la muerte. Así, “La consagración de la primavera” de Stravinsky, en versión para dúo de piano del propio compositor, es ballet donde se escenifica un sacrificio humano. Seguido por “En blanco y negro”, de Claude Debussy, obra en tres movimientos y en la que hay una referencia a la Primera Guerra Mundial el segundo movimiento, dedicado a un oficial francés que murió en ese conflicto bélico; movimiento que comienza con una imitación del toque de trompeta militar.
A pesar de que Debussy nunca afirmó que esta obra tuviera un significado más profundo que el simple contraste entre las teclas blancas y negras del piano, es inevitable notar las referencias implícitas. Además del homenaje al oficial francés, Debussy componía en un período marcado por su obsesión con el tema de la Primera Guerra Mundial. Por otro lado, la obra final del programa, "El día y la muerte" de Fernando Remacha, fue una emotiva dedicación del compositor a su nieta, quien falleció accidentalmente en una piscina.
Sin embargo, estas obras tienen otros puntos de contacto adicionales, otros nexos aparte de este tema genérico de la muerte. Por ejemplo, está la importancia del ritmo en la obra de Stravinsky, que es fundamental; así como también hay un fragmento rítmico en el citado movimiento de la obra de Debussy. Mientras que este componente rítmico también aparece en la obra de Bolcom, un ragtime en el que incluso los pianistas marcan el ritmo dejando de tocar piano y haciéndolo con las manos encima del piano, en la madera.
Pero, además, el tercer movimiento de “En blanco y negro” está dedicado a Stravinsky. Y para seguir con los nexos, la pieza de Remacha –un compositor ecléctico– evidencia la influencia del impresionismo de Debussy, mezclado con cierta dosis posromántica; que me recuerda a Vitezlav Novak, un compositor checo poco conocido (al igual que Remacha) y que también ilustra el traslape entre el impresionismo y el romanticismo.
Entonces, hay una serie de nexos a distinto nivel entre las piezas del programa, algunos pensados inicialmente y otros surgidos quizás aleatoriamente. En esa línea, hay nexos ya de corte personal. Como el hecho de que Remacha nunca presentara ni publicara esta obra. La guardó en un cajón hasta su muerte en 1984. Y sería un alumno de él quién, a su vez, la pasó a un amigo, profesor de la pianista Maite León, para que este dúo lo estrenara. Existe, pues, esa relación un poquito lejana pero significativa entre intérpretes y compositor.
Por mi parte, de manera totalmente casual, días después del concierto, leyendo un volumen antológico del crítico cultural Roberto Miró Quesada, encontré el siguiente análisis sobre “La consagración de la primavera” de Stravinsky, que me pareció muy interesante por resultar algo premonitorio: “Tanto Petrushka como La consagración de la primavera dramatizan el sacrificio del individuo a una colectividad inhumana, y su deliberado primitivismo (…con su elemental y arcaico y prehistórico ritmo en la Consagración) requiere la regresión del oyente sofisticado hacia una especie de sacrificio del intelecto a través de un imperceptible emocionalismo de masas” (Miró Quesada, Roberto, “Lo popular viene del futuro”, Lima: Estación La Cultura, 2022; p. 104).
Aquí la idea del sacrificio humano Miró Quesada lo interpreta como el sacrificio del individuo y del intelecto ante el primitivismo de una masa guiada por la pura emoción. Y eso es lo que vemos un poco (y no exactamente) en la actualidad: la razón atacada desde la irracionalidad, la pura emoción e inclusive desde las pulsiones distintivas. Este ataque a la racionalidad (y muchas veces a la veracidad) resulta premonitorio en la interpretación de Roberto Miró Quesada allá por los años 80 del siglo pasado con respecto a la situación que ahora se está dando. Todo a partir de la obra de Stravinsky que comentamos.
(El análisis de este crítico cultural es comparativo entre la obra del compositor ruso y la de Arnold Schoenberg y tiene aportes adicionales para el presente, los que no puede abundar por razones de espacio, pero que el lector puede consultar por su cuenta.)
En cuanto a la interpretación, esta fue muy buena. La transcripción de esta emblemática obra de Stravinsky (y de la música del siglo XX) nos recordó que el piano también es un instrumento percusivo, y el Dúo Antón&Maite hicieron honor ese ritmo marcado, vertical e interrumpido que caracteriza a la obra y que la hace tan famosa.
En el caso de “En blanco y negro” hubo un frescura y espontaneidad, con un poco menos de fuerza en la parte rítmica del segundo movimiento. Mientras que “El día y la muerte” fue una grata sorpresa al descubrirnos a Fernando Remacha y a una obra que contrasta la vitalidad impresionista con un velado sentimiento trágico subyacente. Finalmente, la adaptación de la canción de William Bolcom fue un vivaz obsequio de despedida que nos entregó esta joven pareja de pianistas. Bolcom es un compositor que deberíamos escuchar más.