Me ha llamado mucho la atención que la reciente reunión del papa León XIV con cineastas, estrellas y productores cinematográficos en el Vaticano haya tenido una pobre cobertura en la prensa nacional e incluso haya pasado desapercibida al interior de la comunidad cinéfila local.  

En primer lugar por tratarse del único líder mundial en poner sobre el tapete la problemática del cine y su importancia en el contexto actual; líder que dirige una iglesia de aproximadamente 2 mil millones de seres humanos.

Luego, por su defensa del arte cinematográfico ante los riesgos que enfrenta y sus reflexiones sobre esta actividad. Y si bien su mensaje está escrito con un estilo comedido y algo etéreo, no deja de hacer señalamientos contundentes, algunos de los cuales paso a comentar aplicándolos también al cine nacional.


EL CINE EN PELIGRO

En su intervención, Robert Prevost advirtió que “las salas cinematográficas sufren una preocupante erosión que las está arrebatando a ciudades y barrios. Y no son pocos los que dicen que el arte del cine y la experiencia cinematográfica están en peligro. Invito a las instituciones a no resignarse y a cooperar para afirmar el valor social y cultural de esta actividad”.

Aquí se refiere a los problemas de exhibición de películas por la disminución de salas y de público (especialmente, tras la pandemia). Esta disminución también se da en Perú; sin embargo, la situación cambia cuando vemos las cifras de producción y taquilla. En la última década (2015-2024) se produjeron 661 películas, de las cuales se estima que solo una tercera parte alcanzó estreno comercial (en multicines y mínimo con una semana de exhibición), según datos de Cinencuentro y de la DAFO del Ministerio de Cultura.

Es decir, que la producción es mayor que la exhibición comercial, siendo este otro riesgo para la sostenibilidad del cine nacional. Por lo que las instituciones (públicas y privadas) deberían ampliar los circuitos de distribución y exhibición de cine peruano para cerrar esa brecha entre películas estrenadas y las que realmente logran exhibición comercial; mediante medidas tales como cuotas de pantalla, formalización y fortalecimiento de redes de exhibición alternativas y/o fuera de multicines, uso de líneas de televisión digital terrestre y/o canales de streaming, entre otras factibles. No hay que resignarse, aconseja León XIV.

¿Y por qué el cine es tan importante? Pues por su “valor social y cultural”. Su valor social por ser una industria cultural rentable y que da beneficios al país. Según un estudio de la Universidad del Pacífico de febrero de 2017, para 2014, “una inversión de un millón de soles en el sector genera un incremento productivo a nivel agregado en la economía de más de S/.4 millones…” (p. 32).

Mientras que entre 2014 y 2016, “La utilización de los S/.25.68 millones de soles repartidos en premios, al utilizarse plenamente como inversión del sector, ha debido de generar un aumento de S/.104.26 millones de nuevos soles sobre la producción nacional, el ingreso nacional ha aumentado en S/.49.56 millones de soles y, como consecuencia del impulso del sector cinematográfico, se han generado 1,464 puestos de trabajo en toda la economía en general” (p.33).

De otro lado, “el dinero otorgado para el financiamiento (parcial o total) de los proyectos cinematográficos tiene retornos de aproximadamente el 20% en el 2012, 11% en el 2013, 190% en el 2014, y resultado negativo en el año 2015” (pp. 45-46).

Sería interesante actualizar y ampliar ese estudio ante el notable crecimiento de la producción cinematográfica nacional en los últimos años: 75 filmes en 2022, 81 en 2023, 96 en 2024 y este 2025 parece que pasaremos la valla de las 100 películas; según el conteo de Cinencuentro de la producción en el siglo XXI. 

Igualmente es importante el crecimiento de la asistencia a salas. En la última década, hubo 2 películas que pasaron los 3 y 2 millones de espectadores, respectivamente, otras 2 que superaron el millón de asistentes, 3 que pasaron los 900 mil, y al menos 5 entre más de 800 mil y 700 mil butacas ocupadas.

Cifras superiores a las del cine argentino (con picos de 2 millones) y chileno (con apenas una película que superó el millón) para el mismo período, por ejemplo; países con mayor tradición y (quizás por ello) mayor calidad de su producción audiovisual.