Como en Frances Ha, un viento fresco llega desde la pantalla y nos va llevando de la mano de su protagonista principal, en este caso Claire (Lou de Laâge) a lo largo de su supuesto despertar sexual en una peculiar y nada pretenciosa adaptación de “Blancanieves”, el cuento clásico de Jacob y Wilhelm Grimm.
Al igual que la cinta de Noah Baumbach, esta película francesa –dirigida por Anne Fontaine– es ligera y volátil, e incluso tiene un pequeño detalle ambiguo en el origen del conflicto entre Claire y Maud (Isabelle Huppert), su madrastra: queda una muy leve duda sobre si el despertar sexual de la protagonista fue anterior al inicio del relato o incluso un rasgo de su carácter (aunque esta sería la única ambigüedad).
Al mismo tiempo, Claire tiene un componente galo que le falta totalmente a la protagonista de la cinta estadounidense: el sexo. Ella se dedica –con la misma naturalidad con que Frances lo elude– a acostarse a diestra y siniestra con quien se le pone al frente en el pueblo, salvo el cura. De esta forma, ella se verá rodeada de “siete enanitos”, cuya característica –para seguir con el estereotipo del galán francés, del cual la cinta se burla un poco– es ser novatos, tímidos y reprimidos. Lo cual es fuente de situaciones sutilmente inesperadas, irónicas y divertidas.
La historia transcurre la mayor parte del tiempo en una encantadora localidad rural francesa y tiene los componentes propios del famoso cuento de hadas (el bosque, las manzanas, el pueblito con su café y librería antiguos). Muy cerca se encuentra el santuario de La Sallette, donde –se afirma– “ocurren milagros” y donde se alojará Maud. Aquí hay otro dato irónico, pues el desenfreno sexual de la protagonista ocurre en las inmediaciones de este santuario católico, regentado por un cura veterano pero bastante open mind.
Mientras que los diálogos también aportan sus toques de gracia. Por ejemplo, cuando uno de los personajes –un sadomasoquista apenas reprimido–, le dice a Maud –creyendo seducirla– que tiene “una mira voraz y despiadada”, en realidad la está describiendo. Igualmente, el padre Guilbaud (Richard Fréchette), luego de conversar y escuchar –embelesado– a Claire, le aconseja, citando a san Agustín: “¡Ama… y haz lo que quieras!”.
De otro lado, y para seguir la comparación con “Frances Ha”, en esta película también hay al menos una cita de otra cinta famosa, en este caso, hitchcockiana (“La sospecha”); asimismo, el personaje de Maud recuerda un poco a esas mujeres amenazantes (como el ama de llaves en “Rebecca”) que hacen parte del universo del famoso cineasta británico. Aunque también figura la auto referencia a un papel que Isabelle Huppert interpreta ya en piloto automático, el de una mujer fría, distante y calculadora, eventualmente vengativa; y que en esta obra hace de mala.
La puesta en escena exhibe el buen gusto que caracteriza lo mejor del cine industrial francés. La ambientación del pueblito no cae ni en el pintoresquismo turístico, ni en el recargamiento formal; pero el realismo al que apela resulta en un provincialismo encantador. Este entorno se refuerza con un buen trabajo de fotografía, que aprovecha tanto las locaciones interiores como las escenas en el bosque y la carretera (con su niebla ligeramente siniestra que anuncia la llegada de Maud).
Todos los encuentros de Claire son tratados de manera distinta, mientras que las circunstancias y las características de cada personaje –y las relaciones entre algunos de ellos– son aprovechadas para aportar expectativas, dar variedad y mantener el interés del espectador. No todos acaban en la cama, pero añaden un toque artístico o refuerzan la tenue evolución de la protagonista. Su actuación pasa de la inocencia a una sensualidad espontánea y –sobre todo– libre de culpa, y libre en general. De esta forma, se elude la vulgaridad sin que las escenas sexuales pierdan su pasión y encanto.
Cabe aclarar que este filme es un divertissiment, es decir, una deliciosa pieza de entretenimiento donde todos sus elementos artísticos sostienen un equilibrio perfecto, y se mantiene la sonrisa la mayor parte del tiempo. No es una obra presuntuosa sino ligera y amena, un cuento de hadas para adultos pero en clave de comedia, narrada con buen gusto y un toque de elegancia.
BLANCA COMO LA NIEVE
Francia, 2019, 112 min
Dirección: Anne Fontaine
Interpretación: Lou de Laâge (Claire), Isabelle Huppert (Maud), Charles Berling (Bernard), Damien Bonnard (Pierre y François), Jonathan Cohen (Sam), Richard Fréchette (Padre Guilbaud), Vincent Macaigne (Vincent), Pablo Pauly como (Clément), Benoît Poelvoorde (Charles), Aurore Broutin como (Muriel). Guion: Anne Fontaine, Pascal Bonitzer, Claire Barré. Fotografía: Yves Angelo.