Día 17. Sábado 22 de Julio. Iglesia fortaleza de Viscri
Retomamos el camino en dirección a Brasov por una carretera ancha y bien asfaltada por la que fuimos a buena velocidad pero nos desviamos de la ruta para visitar el pequeño pueblo de Viscri, donde vamos a visitar su iglesia-fortaleza y una casa propiedad del rey Carlos III de Inglaterra.
Dejamos la autocaravana en un amplio aparcamiento a la entrada del pueblo y caminamos hasta la iglesia. El pueblo es poco más que una calle muy ancha con grandes casas pintadas en colores pastel. La iglesia fue construida por la comunidad sajona de etnia alemana en el siglo XII. Se encuentra en un alto, rodeada de césped y árboles. El cielo está completamente azul y día es muy luminoso para completar la imagen de postal. El templo está rodeado por una muralla con tres torres de tejados puntiagudos pero el espacio entre ambos es muy pequeño, apenas unos metros. Adosadas al muro hay estancias que fueron usadas como habitaciones, talleres, almacenes, lagares, despensas, etc. y actualmente algunos de ellos albergan un pequeño museo etnográfico. Subí a la torre que guarda la entrada principal por una angosta escalera de piedra que no ha cambiado nada en 800 años. Desde arriba se tienen unas vistas privilegiadas de toda la zona algo muy importante para la defensa de la población. También hay acceso a los pasadizos superiores, bajo la techumbre de madera, desde donde los defensores podían disparar por los huecos de la muralla y moverse con seguridad por todo su perímetro.
La iglesia fue primero católica y luego luterana por lo que es muy sobria. Todo el conjunto está muy bien conservado, se respira un aire de autenticidad.
Viscri se ha hecho famoso porque nada más y nada menos que el príncipe de Inglaterra, actual rey, se compró una casa aquí en el año 2006. Se trata de un típico caserío de labradores, con un gran patio central con un pozo y mucho césped, rodeado de edificaciones. La casa está primorosamente restaurada y algunas de sus estancias contienen muebles y objetos de siglos pasados. No sé si en algún momento el monarca se alojó aquí pero ahora está claro que es más un museo que otra cosa. Nos sentamos a descansar en un porche de madera tomando un zumo de frutas exquisito. Definitivamente el desvío ha merecido la pena y la carretera para llegar, aunque secundaria, está en perfectas condiciones.
La idea inicial era pernoctar en un camping en Harman, a unos 15 kilómetros de Brasov e ir a la ciudad en transporte público pero tuve la precaución de preguntar si tenían sitio y me dijeron que estaban completo, cosa no muy difícil dado que se trata de otro “camping” de ocho plazas. La mejor alternativa que encuentro es el parking del centro comercial Coresi (45.6738, 25.6197), al que llegamos por la tarde. Es el parking y el centro comercial más grande que visto en mi vida. Hace calor y no nos apetece ir al centro, así que paseamos al fresco del aire acondicionado de las tiendas y descansamos el resto de la tarde.
Día 18. Domingo 23 de julio. Brasov
Ayer no llovió pero hoy antes del amanecer sí lo hizo un rato y estuvo nublado toda la mañana, pero a partir del mediodía lució el sol y las nubes dejaron paso a un cielo completamente azul. El centro comercial está un poco alejado del centro, así que cogimos un uber, que aquí son realmente baratos, y nos llevó en 10 minutos a la plaza Sfatului, el centro neurálgico de la ciudad. En su centro, rodeada por casas de los siglos XVII y XIX pintadas en tonos pastel, se halla la Casa Sfatului, el antiguo ayuntamiento de la ciudad, que tiene sus orígenes en el siglo XVI aunque ha sufrido muchas modificaciones y actualmente es un curioso edificio con una torre central. En uno de los laterales de la plaza está la iglesias ortodoxa. En el momento que entramos el templo estaba lleno de fieles porque la misa acababa de terminar. A mí todas las iglesias ortodoxas me parecen casi iguales.
Saliendo por unas de las esquinas de la plaza nos topamos con la enorme iglesia negra, el monumento gótico más grande del sudeste de Europa. La iglesia, de culto luterano, se construyó entre 1383 y 1477 y se dañó gravemente durante el incendio de 1689, fecha a partir de la cual se empezó a conocer como Iglesia Negra por el color oscuro que tomaron sus muros. Llegamos justo cuando empezaban las visitas, así que entramos. Nos llamó mucho la atención su enorme órgano, compuesto por 4000 tubos y que aún hubiese otros cuatros más pequeños. Otra curiosidad es que el respaldo de sus bancos pueden moverse de un lado a otro, de forma que los fieles pueden mirar al altar o al órgano.
Volvimos a la plaza desde la que es imposible no ver la enorme colina que se alza en sus inmediaciones, totalmente verde por la cubierta arbórea, y las enormes letras con el nombre de la ciudad, al estilo de Hollywood. Llegar al monte Tampa, donde estuvo la primera fortaleza de Brasov, es fácil, porque después subir una empinada calle se llega al telecabina donde tuvimos que hacer cola durante un buen rato. El monte es un bosque muy agradable, perfecto para hacer senderismo, pero nosotros sólo nos acercarnos al mirador desde el que se tiene una visión completa de la ciudad.
Volvemos a la plaza y tomamos la calle Poarta Schei hasta la famosa Strada Sforii o calle del hilo, que se vende como una de las más estrechas de Europa, aunque me pareció que tiene poco encanto porque está manchada de feos grafitis y he visto otras calles más bonitas donde llegas con las manos a las dos paredes. Un poco más allá visitamos la Sinagoga Beith Israel. La fachada de blanca y roja y por dentro, completamente blanca.
Siguiendo la calle Schei llegamos a la plaza de la Unión. Hace bastante calor y es la hora de comer y descansar. El único restaurante que vimos en la plaza es la Casa Romaneasca, por lo que no hay mucho que pensar. El local está lleno pero me dio la impresión de que eran todos de la ciudad o, al menos, rumanos, que no había ningún turista extranjero. Es un lugar muy bonito y comimos muy bien.
En el centro de la plaza, se encuentra la escultura al soldado, y en un lateral de la misma, la entrada al recinto en el que se encuentra la primera escuela de Rumanía, hoy convertida en museo, y la Iglesia de San Nicolás. El templo ortodoxo no es muy grande pero es muy llamativo porque tiene una torre sobre la entrada, otra más atrás con tejados en forma de aguja y otras 6 más pequeñas pero también muy puntiagudas, que nos recuerda mucho a los castillos de Disney.
Volviendo hacia la plaza vi una heladería con una buena cola y se me apeteció un helado, aunque no calculé bien la velocidad a la que despachaban y estuve casi media hora esperando. Conseguido el helado nos sentamos a disfrutarlo en el parque Gheorghe Dima, a dos pasos de la puerta Ecaterine, construida por el gremio de Sastres en el año 1559, cuando era el único acceso al interior de la ciudad en esta zona. Es un edificio curioso, un poco rechoncho y rematado por un techo puntiagudo rodeado por cuatro torretas redondas, que significaba que las autoridades de la ciudad tenían autonomía judicial para ejecutar la pena de muerte. Este derecho solo se adjudicaba a las ciudades poderosas.
Desde aquí la plaza está muy cerca, así que volvemos a ella y seguimos por la calle de la República, llena de terrazas, tiendas y edificios pintorescos, curioseamos un poco por algunas de las tiendas y cuando llegamos al final, tomamos un uber para volver a casa. Ha sido un día intenso, Brasov es un ciudad preciosa y aún tiene mucho más que ofrecernos, pero mañana continuaremos nuestro periplo por Transilvania.