Día 12. 23 de julio. Bled
La ruta de hoy nos lleva a Bled. El camping está completo y reservado hasta finales de agosto y los otros parkings que Marta había encontrado en las aplicaciones estaban prohibidos para autocaravanas. Seguramente el único sitio donde se puede pernoctar sin problemas en Bled es un parking de tierra en las afueras (46.36985,14.11617), pero como Bled es muy pequeño no está lejos del lago. Vale 10€ por día y no tiene servicios pero pudimos vaciar en el camping por 5€.
El lago de Bled es sencillamente espectacular, el lago más bonito que he visto nunca. Marta y yo dimos una vuelta de reconocimiento mientras Mercedes se quedó en la auto, pero por la tarde dimos otra vez la vuelta completa, con mejor luz y parando a hacer fotos. El recorrido tiene 6 kilómetros y se puede hacer por un carril en bici. Había gente bañándose y pensamos que estarían acostumbrados pero nos sorprendió que el agua no estaba fría, así que decidimos que mañana nos bañaríamos.
Terminamos la vuelta al lago junto a un escenario donde en breve empezaba un concierto. A la ida me fijé en una especie de pequeño tren a vapor con su chimenea y todo que resultó ser un horno de leña del que emanaba un olor que te hacía la boca agua y del que salían unas carnes con una pinta... Nos sentamos para hacer tiempo, sin muchas esperanzas, a escuchar la música. Tocaba el arpa una chica de Gales y un senegalés una extraño instrumento que se llama kora. Las dos primeras piezas nos dejó un poco fríos pero poco a poco fuimos entrando en la música y nos encantó. Al terminar fuimos por a comer. Mercedes y yo nos pedimos costillas de cerdo y Marta un sandwich con un pan negro que le gustó mucho. Las costillas tenían un sabor y textura como nunca he probado. Exquisito. Para completar un día excelente, en ese momento comenzó a sonar "Shine on you crazy diamont", en el silencio de la noche y contemplando la luna sobre el lago. Fue un momento muy especial.
Día 13. 24 de julio. Bled
Hoy hemos pasado todo el día en el lago. Volvimos a dar la vuelta parando muy a menudo porque cada recodo tiene una foto espectacular. En uno de los varios puntos donde se puede alquilar barcas cogimos una y fuimos hasta la isla del centro. Las habilidades remando del personal mejor no las comentamos, pero nos reímos mientras intentamos que la barca fuera donde nosotros queríamos, aunque Marta hizo un atraque fantástico cuando volvimos a puerto. Continuamos y recorrido hasta que paramos a bañarnos. El agua turquesa, dulce y cálida es una delicia. Además es muy transparente. Nos metimos en el agua y como llevábamos pan empezamos a dárselo a los patos y pronto nos vimos rodeados de ellos y de peces grandes y pequeños que se comían las migas que se iban hundiendo.
Comimos en este entorno maravilloso, que no te cansas de admirar y después Marta y yo subimos al mirador desde el que se puede divisar una paronámica completa del lago. Es una vista paradisíaca. El sendero de subida se va haciendo cada vez más escarpado hasta que los últimos metros se hacen un poco difíciles, especialmente si no lo sabes y vas con las chanclas de la playa. Para rematar el día tomamos un café al mismo borde del agua hasta que cayó el sol. A todas horas el lago es un espectáculo fantástico.
Día 14. 25 de julio. Garganta de Vintgar
La mañana la hemos pasado en la garganta de Vintgar que ha creado el río Radovna a unos 5 kilómetros de Bled. Cogimos el autobús en el centro y en 20 minutos estábamos allí. Es increíble que no se descubriera este lugar hasta 1891. Rápidamente se hizo popular y en 1893 se hizo el camino de tablas que permite pasar por el desfiladero como si fuera un balcón (parecido al caminito del rey pero más bajo). En todo momento el río transcurre junto a nosotros. El paisaje es muy bonito y el agua esmeralda y nítida. En las pozas se pueden ver enormes truchas. Había algunos muchachos bañándose, aunque este agua sí que debe estar fría. El camino de ida y vuelta nos ha llevado dos horas. Ha sido muy bonito. El único punto negativo es que había muchísima gente y, a veces, era difícil caminar por los lugares más estrechos. La entrada al desfiladero cuesta 5€
Cuando volvimos nos tomamos una cervecita, bueno, medio litro, en un bar muy típico junto a la estación de autobuses. Es un sitio adornado con un montón de matrículas de coches de todos los lugares del mundo. Almorzamos un kebab también cerca de la estación y Marta y yo volvimos al lago a darnos el último baño. Nos da pena despedirnos de este sitio tan bonito.