Día 6. Jueves 6 de junio. Ruta Mirador de la Marmolada
A pesar de estar en la alta montaña durante los días pasados hemos hecho rutas bastante fáciles, hoy la cosa va a cambiar. En primer lugar debemos desplazarnos hasta el Paso de Pordoi (2239 metros) por una carretera de montaña con 33 hermosas curvas, aunque siempre acompañados por unos preciosos paisajes. Una vez arriba, encontramos un gran espacio abierto con grandes edificios y mucho espacio para aparcar. Lo primero que me llama la atención es una escultura que representa a un ciclista sobre una piedra y una lápida con los nombres de los ganadores de las etapas del Giro de Italia que han finalizado aquí. Nombres míticos como Miguel Induráin, Laurent Fignon, Marino Lejarreta o Fausto Copi.
La ruta tiene su inicio detrás del hotel Savoia, con una gran rampa hacia arriba.
Hasta ahora hemos visto la nieve casi siempre desde lejos y un poco en el sendero de Adolf Munkel pero hoy caminamos los primeros metros con un metro de nieve a cada lado del camino y, un poco más adelante, la nieve lo cubre todo y tenemos dificultades para volver a encontrar nuestra ruta. Afortunadamente, yo había tenido la previsión de descargar los tracks en mi teléfono y pudimos seguir por un sendero bastante llano pero cortado sobre la falda de la montaña, de forma que hacia la izquierda tenemos una pared bastante inclinada y hacia la derecha un inmenso escalón hasta el fondo del valle, cientos de metros más abajo. Lo más impresionante está al otro lado del valle: la enorme mole rocosa de la Marmolada, en algunas zonas de roca desnuda, en otras nevada y en la parte inferior, arbolada. Es curioso observar el contraste con este lado porque nosotros caminamos entre hierbas amarillentas con algunos brotes verdes, posiblemente porque hasta hace poco estaban bajo la nieve.
Un poco más adelante encontramos un pantano a lo lejos y nos sentamos un rato a contemplar el grandioso espectáculo de la naturaleza. Continuamos la senda hasta el refugio Viel dal Pan (2432m), y a partir de aquí la ruta se complicó bastante porque el camino comienza a subir y bajar, se estrecha hasta ocupar unos pocos centímetros y, en algunas zonas, una lengua de nieve se desliza por la enorme pendiente cortando el camino, lo que nos obliga a andar sobre ella con sumo cuidado para no resbalar.
Mientras más avanzamos, más nieve hay y más difícil es saber por dónde va el camino. Comenzamos a bajar en dirección al pantano cuando nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado y tuvimos de desandar medio kilómetro con una fuerte inclinación. El camino sigue siendo muy estrecho, solo un pequeño corte horizontal en una ladera con una pendiente que, en algunos lugares, se acercaba a la vertical. Llegamos a un punto en el que una corriente de agua del deshielo ha destruido la estrecha senda. Son apenas dos metros pero están húmedos, con gravilla y los 40 centímetros de camino recto casi han desaparecido. A la izquierda la montaña y a la derecha un gigantesco precipicio de cientos de metros. Pasamos miedo pero no había otra que seguir adelante.
Después del susto llegamos al telesilla de Porta Vescovo (2478m) que en esta época está cerrado pero encontramos un lugar para descansar, comer algo y disfrutar de las vistas desde esta gran altitud.
Hasta aquí llega un amplia pista apta para coches que ahora está despejada, aunque a cada lado hay metro o dos de nieve. Bajamos por ella durante poco más de un kilómetro y medio hasta que nos desviamos por otro estrecho sendero cortado sobre la montaña con impresionantes vistas de la montaña y un inmenso abismo a la derecha. Algunas partes vuelven a estar invadidas por enormes lenguas de nieve que despeñan por un barranco de 70º y hacen desaparecer la senda. Afortunadamente, llevamos palos de andar que nos ayudan a mantener el equilibrio clavándolos sobre la nieve pero aún así, en algún momento volvemos a sentir el vértigo de pensar qué pasaría si tenemos un resbalón. Sin embargo, la belleza del paisaje es brutal: majestuosas montañas, profundos valles, nieve, rocas, árboles… hasta donde alcanza la vista. Y paz, y tranquilidad. Nuestra ruta continúa algo más fácil, aunque con continuas subidas y bajadas. Cuando estamos ya muy cerca de la meta y el terreno es casi llano (casi porque por aquí, el término llano no existe) empezamos a oír unos chasquidos hasta que descubrimos que estamos rodeados de marmotas. Hay muchas asomadas a la entrada de sus galerías y se avisan cuando nos acercamos. Pude hacerles muy buenas fotos con mi teleobjetivo. Por fin, divisamos el Paso de Pordoi. Salimos a las 10:15 de la mañana y llegamos a las 4:30 para cubrir una distancia de 14 kilómetros con 700 metros de desnivel. Ha sido una ruta impresionante, salvaje, exigente, una maravilla.
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