Día 24. Miércoles 4 de agosto. Valle de Ordesa
Nuestro siguiente destino es Torla, a tan sólo 40 km, pero Marta se adelantó con el coche porque en verano es difícil encontrar sitio en el camping, e hicimos bien porque aún llegando temprano tuvo que esperar a que saliese gente para conseguir sitio. No obstante, tenemos suerte y desde nuestra parcela contemplamos unas vistas privilegiadas del pico Tobacor.
Una vez organizada la finca fuimos al pueblo para informarnos bien sobre el acceso al parque. Desde el aparcamiento hay unas vistas increíbles de Torla, con la iglesia en primer plano y las montañas al fondo. Recabada la información necesaria dimos un paseo por el pueblo que es muy bonito, aunque invadido de turistas y lleno de comercios para atenderlos. Decidimos ir a comer a casa porque tenemos una parcela estupenda, con las mejores vistas del lugar.
Por la tarde bajamos a Broto para ver la cascada de Sorrosal. Es una hermosa cascada que se precipita desde un lado del valle excavado por el hielo. La cascada es más alta que la de Orós pero carece de su manto amarillento.
Además del salto de agua, nos llamó la atención la vía ferrata por la que mucha gente estaba subiendo la pared vertical con la ayuda de cuerdas, escaleras y otros anclajes hasta una cueva, por la que desaparecían de la vista. Sólo verlos me da repelús.
En Broto el valle es más abierto y el río Ara corre tranquilo por un amplio cauce. Desde el antiguo puente del siglo XVI, destruido en la guerra civil, y al que aún le queda un arco que hace de mirador, se tienen unas magníficas vistas de las imponentes montañas. Dimos una vuelta por el pueblo, compramos queso (como siempre que podemos) y tomamos una cerveza junto al río.
Día 25. Jueves 5 de agosto. Valle de Ordesa
El objetivo de hoy es hacer la famosa ruta de la cascada de la Cola del Caballo. El camino comienza en el amplio aparcamiento de la pradera de Ordesa, pero en verano no se puede llegar hasta allí más que en autobús. El servicio de lanzadera comienza muy temprano pero nosotros pensamos que con estar allí a las 8 de mañana sería suficiente. Pues no, para nuestra sorpresa a esa hora ya hay una hora de cola para comprar los billetes. La carretera no es apta para autobuses por lo que los conductores deben estar comunicados y avisando por donde pasan para evitar encontrarse de frente con otro autobús, cosa que sólo posible en algunos puntos concretos. Desayunamos en el bar junto al aparcamiento y nos ponemos en marcha a las 10:15. El primer tramo de la ruta transcurre por un amplio sendero a través de un precioso hayedo abetal remontando el curso del río Arazas que forma numerosas cascadas como la Cascada de Arripas, la Cascada del Estrecho o la Cascada de la Cueva. Hace un poco de fresco a la sombra de las imponentes hayas pero hace mucho sol y la luz se filtra entre la espesura del bosque creando un mosaico de verdes, que sólo de vez en cuando nos permite divisar las cumbres de las montañas. Vamos parando en los miradores de las cascadas y la subida apenas si se aprecia.
Una vez que atravesamos el hayedo, el paisaje cambia, hay menos árboles, más vegetación y podemos ver a ambos lados la pared montañosa que encaja el valle. Nos estamos aproximando a las Gradas de Soaso, unos saltos de agua formando por sucesivos escalones del terreno por los que cae la corriente. El camino también cambia, se vuelve más escalonado y empedrado, más difícil de transitar. Sin embargo, la dificultad dura poco porque unos metros más adelante todo vuelve a cambiar y es imposible no expresar admiración y sorpresa ante la impresionante obra de la naturaleza que es el circo de Soaso. Estamos ante un amplio valle glacial en forma U por el que transcurre el río y un camino empedrado. Los árboles han quedado relegados a las paredes rocosas del valle, especialmente la opuesta a Tobacor, hasta un punto en el que no pueden vivir y dejan la roca vertical y desnuda. El centro está cubierto de una pradera de hierba muy verde salpicada de rocas. Conforme avanzamos hacia el fondo del valle, los árboles desaparecen e incluso la hierba es menos espesa y verde, la montaña se va quedando desnuda y las piedras comienzan a dominar el paisaje. Al final, el valle se cierra completamente y nos regala el espectáculo de la cascada precipitándose desde lo alto de la montaña. Es la 01:50, hace mucha calor y hay mucha gente, por lo que es absolutamente imposible ponernos a la sombra, así que decidimos comer literalmente dentro del río, dejando que sus gélidas aguas enfriasen nuestras bebidas. Terminado el bocadillo salimos inmediatamente. Empleamos casi una menos en la vuelta porque no paramos a ver las cascadas y porque bajando se aprecia mejor que aunque el camino no es difícil tiene un desnivel acumulado de 500 metros. Llegamos a la pradera a las 5:25 de la tarde, hemos empleado algo más de 7 horas y hemos recorrido 17,5 km, estamos un poco cansados pero ha valido la pena, estamos encantados con la ruta.