Día 18. Domingo 24 de julio. Exeter
Courtbrook Farm está a unos 7 kilómetros del centro de Exeter pero lo elegimos porque había leído que hay un carril bici muy bueno hasta allí. Pregunté al granjero y me dijo que sí, incluso me dio algunas explicaciones. La realidad fue otra bien distinta porque o no encontramos el carril bici correcto o no es tan bueno. No es un camino fácil de seguir porque no tiene una señalización correcta, unas veces va por calles, cruzando rotondas, por la acera, etc. Los últimos kilómetros se va por la acera en una zona de intenso tráfico. De todas formas, llegamos a la espaciosa plaza de la catedral. Su fachada es realmente bonita, con una torre cuadrada, situada a la izquierda pero no en la misma línea, sino más atrás. Su interior es tan espectacular de las anteriores pero es mucho más baja. También encontramos tapices modernos de vivos colores representando escenas bíblicas y una curiosa misericordia que representa con bastante acierto a un elefante, teniendo en cuenta que en el siglo XIII probablemente ningún europeo había visto este animal.
Terminada la visita a la catedral fuimos al muelle histórico en el río Exe. La zona está muy animada. Las antiguas casetas de pescadores, excavadas en la roca, están ahora ocupadas por tiendas para turistas, hay gente paseando y un grupo tocando música que me pareció algo parecido al foxtrot y parejas bailando. Íbamos a comer en The Ship Inn, en una de las callejuelas que convergen en la plaza de la catedral. Este pub se hizo famoso por ser frecuentado por Francis Drake y otros corsarios. Sin embargo, cambiamos de opinión porque nos gustó mucho el ambiente del puerto. La comida no tanto porque encontramos sitio en un pub que curiosamente sólo servían desayunos hasta las 2 de la tarde. Igualito que en España. Así que tomamos una especie de “brunch” para distraer el hambre y cenamos mejor en casa. Antes de dejar el puerto nos llamó la atención un edificio de ladrillos rojos y ventanas blancas con unos cañones en la puerta, es The Custom House, la aduana, construida en 1680, cuando Exeter estaba en el punto álgido en el comercio de la lana, y que ahora es un centro de visitantes.
La vuelta a la granja no fue tan difícil como pensé por la cantidad de cambios de sentido y tipos de camino que hay que pasar. El día ha estado primaveral aunque la tarde se estropeó un poco, como casi todos los días. Sin embargo, pudimos disfrutar de una espectacular puesta de sol.
Día 19. Lunes 25 de julio. Polperro
Nuestra siguiente etapa es Cornualles, el pico a la izquierda de la isla. Las carreteras aquí son muy estrechas y he dedicado mucho tiempo a buscar rutas para llegar a algunos pueblos muy pintorescos sin meternos en un lío. No me sirvió de nada ser precavido porque cuando aún íbamos por una carretera aceptable nos cruzamos bajo un puente con otra autocaravana y… ¡plash! Espejo roto. Mala suerte porque aquí no hay demasiadas autocaravanas y el puente no sólo estrechaba la carretera, sino que está situado en una curva. Afortunadamente, nuestro camping no está muy lejos (West Wayland, 50.353131, -4.497532). Ahora la prioridad es reparar el espejo. Fui en bicicleta al cercano pueblo de Pelynt y encontré un taller donde me dijeron que no me podían cambiar el espejo pero me dieron el número de teléfono de un taller en Plymouth. Hablé con este taller y compré el espejo por teléfono. Tardará dos o tres días.
La mañana se ha ido volando con el susto del espejo. Por la tarde, me acerqué en bicicleta a Polperro, un pequeño pueblo de casas blancas y rincones muy típicos, aunque lo más bonito es el puerto y las casas que se apelotonan a su alrededor trepando montaña arriba. El día ha estado nublado, llovió ligeramente y ha hecho frío. En los viajes, siempre hay días en los que las cosas no salen como uno quiere o las planea.
Día 20. Martes 26 de julio. Looe
En vías de solución el arreglo del espejo y recuperados del susto, decidimos pasar el día en la cercana localidad de Looe, situada a sólo 3,5 kilómetros. El autobús para justo en la puerta del camping, así que llegar es muy fácil. El pueblo está situado en la desembocadura del río del mismo nombre y sus casas se encaraman en la montaña en ambas orillas. El centro del río está ocupado por seis filas de barcos que, a estas horas de marea baja, están asentados sobre fondo cenagoso.
El día ha amanecido otra vez azul y el sol da brillo a los múltiples colores de los barcos y las casas, creando un conjunto muy luminoso y bello. Primero paseamos por la orilla oeste hasta el mar, justo frente a una concurrida playa. Volvimos sobre nuestros pasos hasta el único puente que permite pasar a la orilla este y entramos en el casco histórico. Pasamos junto a un bonito y antiguo edificio de piedra con el rótulo “Old Guildhall Gaol and Museum” (Antiguo Ayuntamiento, cárcel y museo) y unos cañones en la puerta. Entramos y nos reciben un par señoras muy mayores que seguro que son voluntarias (como hemos visto en otros sitios). El edificio es pequeño pero está repleto de objetos antiguos muy interesantes. Sin embargo, me llamó la atención una reproducción de un “Cat-O’Nine Tails” (gato de siete colas). No es un gato, sino un látigo que se usaba para castigar a los marineros, que eran obligados a hacerlo para ser azotado en público y luego arrojado al mar (el látigo, no el marinero).
A media mañana recibí un correo diciendo que ya puedo recoger el espejo. Les pregunté que si ellos no me lo ponen y dicen que no. Tras varios correos más (menos mal que el chico me atendió bien y respondía rápido) conseguí que me indicase un par de talleres cercanos dónde poder colocarlo. Llamé al primero y me dijo que mañana no podían pero con el segundo tuve suerte. Todo está organizado, esperemos que salga como está planeado.
Seguimos paseando hasta la playa que está muy concurrida. Es curioso porque hay gente vestida, en bañador, con un neopreno puesto… además contamos más de 50 barquitos que se hicieron a la mar poco a poco y desaparecieron en el horizonte. Comimos en un bar con vistas a la playa muy concurrido y, de nuevo, las vistas superaron a la gastronomía. A la vuelta para coger el autobús la ría ha cambiado completamente, ahora los barcos flotan en un agua azul y es aún más bonito que esta mañana.
Como dije antes, el camping está a 3,5 kilómetros pero nos equivocamos de sentido del autobús, a pesar de que le dije a la conductora que íbamos a West Wayland y dimos una vuelta muy interesante por la zona. Las carreteras son tan estrechas que en algún tramo el autobús rozaba la vegetación por ambos lados y más de una curva la conductora tuvo que frenar en seco para evitar comerse al coche que venía en sentido contrario. Cuando, por fin llegamos al camping, decidimos anular el resto del viaje por Cornualles porque ir a Plymouth y volver nos tomará dos días y si a eso añadimos la experiencia del autobús y la rotura del espejo, pensamos que es mejor dejarnos de carreteras tan peligrosas.
Polperro
Looe