Día 24. 4 de agosto. Pilsen
La carretera que une Praga con Pilsen es todo autopista pero, entre que recogimos y paramos a comprar en un supermercado, cuando llegamos a Pilsen eran más de las 12. Hoy es día de descanso. Nos alojamos en un camping (49.77725,13.39013) a escasos metros de un lago a unos 6 km de centro. Hace calor y nos damos un bañito en un agua sorprendentemente calentita y a los pocos minutos empezó a diluviar. Comemos frente al lago con el olor de la hierba recién mojada y nos echamos la siesta. Por la tarde Marta y yo vamos al centro por el carril bici para inspeccionar el recorrido y no nos gusta mucho el camino, además vuelve a tronar y nos volvemos pronto. Mañana iremos al pueblo en tranvía.
Día 25. 5 de agosto. Pilsen
Marta se ha levando hoy mala y decidimos quedarnos a descansar. Me di una vuelta en bici y encontré otro carril que comienza rodeando el lago y va por el campo hasta el centro, un paseo mucho más bonito que el que hicimos ayer.
Por la tarde volví a salir en bici y descubrí un montón de rutas rodeando Pilsen pero por el interior de un bosque espeso y con varios lagos. Chequia es un lugar espectacular para la bicicleta de montaña.
Día 26. 6 de agosto. Pilsen
Nos levantamos sin prisas y cogimos el tranvía hasta el centro que está a unos 15 minutos del camping a pie. La plaza de la república es enorme con una iglesia a un lado, un poco asimétricamente situada. La mayoría de los edificios que rodean la plaza son bonitos, los típicos de color pastel que vemos en Praga, pero también hay algún que otro monstruo estalinista. Damos una vuelta y visitamos la sinagoga nueva. Es un edifico grande y bonito por fuera, pero por dentro no vale mucho. Es un milagro que esté en pie porque se hizo a finales del siglo XIX y poco después Hitler masacró a casi la totalidad de los judíos de la ciudad. Sin embargo, ha sobrevivido a la guerra y a la época comunista.
Luego caminamos hasta la fábrica de cerveza de Pilsen, la famosa Pilsner Urquell, pero el tour de la 1 está completo y hasta las 14:45 no hay otro en inglés porque en español no había hasta la tarde. Tenemos algo más de dos horas hasta entonces y adivinad qué hicimos para matar el tiempo. Fácil, volvimos un poco hacia atrás y a la entrada del pueblo encontramos un restaurante. Me pedí un tercio, pero a estas alturas eso ya es poco y tuve que repetir. Tres pintas, una cocacola, patatas y un trozo de queso marinado nos costó 275 coronas (11€). No pudimos más que pensar cuánto nos podría haber costado en Francia, Alemania o Bélgica.
Volvemos a la fábrica e iniciamos el tour. El recinto es inmenso. Incluso cogemos un autobús para ir a la nueva embotelladora, una planta capaz de llenar 240.000 envases entre botellas, plásticos y latas...¡¡por hora!!. También visitamos la zona de tanques de cobre donde se fermenta la cerveza, tantos los antiguos como la sala moderna, del mismo aspecto exterior pero controlados por ordenador.
Pero lo realmente espectacular es ver los túneles donde se guardaba la cerveza en grandes barricas para realizar la última fermentación y maduración en el siglo XIX. Tienen 9 kilómetros de longitud en total y la temperatura es muy baja, sobre 8º. Allí tuvimos la ocasión de catar la cerveza sin filtrar ni pasteurizar. Todo un privilegio. Exquisita. La visita dura 100 minutos y cuesta 250 coronas por adulto. Nos ha gustado mucho.
A la salida parada obligada en la tienda. Compramos las típicas jarritas que usan aquí para la cerveza con nuestro nombre, fecha y República Checa grabados, cerveza sin pasteurizar que desgraciadamente sólo dura 5 días por lo que no podemos llevar más que un litro y una caja de gambrinus de 8 botellas de medio litro.
Bien cargados volvimos al centro y comimos estupendamente en un restaurante muy cerca de la plaza. Buena comida a buen precio. Cada día me gusta más Chequia.