Marta y Teresa se fueron a las 7 de la mañana y nosotros fuimos después de desayunar al taller a cambiar el espejo. Cuando estuvo listo volvimos al área, vaciamos y llenamos agua y volvimos a pueblo para ver el museo del geoparque con información sobre la formación y geología de Los Pirineos y el centro de la naturaleza, donde pudimos ver una reproducción a tamaño real del quebrantahuesos y dos ejemplares vivos que han sufrido accidentes o envenenamiento y no se han podido recuperar para la vida en libertad.
Debido a la incertidumbre sobre la evolución de la pandemia, no tenía muy definida la ruta a partir de aquí, pero paseando por la plaza decidimos que nos apetece ir a Francia, así que remontamos el valle del Cinca con muy poco desnivel hasta casi el final donde nos encontramos con repechos de más del 10% antes de cruzar el túnel de Bielsa-Aragnouet, donde encontramos el semáforo en rojo ya que es de un solo sentido. Hasta aquí la tarde ha estado soleada y el cielo despejado, pero al salir del túnel estábamos no sólo en otro país, sino envueltos en una espesa niebla y bajo una ligera lluvia que apenas debajan ver unos metros de la retorcida carretera. Nuestro objetivo, Foix, está a 180 kilómetros pero las carreteras secundarias francesas son temibles y faldeando los Pirineos, ni te cuento. Pasamos montones de pueblos, rotondas, desvíos… la parte positiva es que el paisaje es bellísimo, todo tan verde y con tanta humedad. Debimos quedarnos en un área que vimos con muchas autocaravanas junto a la carretera pero decidimos seguir y llegamos a Foix de noche y, para colmo, la pequeña área (42.96107,1.61111) estaba completa. Afortunadamente, un poco más adelante hay un espacio también acupado por autocaravanas donde encontramos un hueco.
Día 28. Domingo 8 de agosto. Foix
Foix también se encuentra en la unión de dos ríos (L’Ariège y L’Arget) y su castillo es fácilmente visible desde cualquier parte de la ciudad porque se encuentra en el promontorio que sortean ambos ríos antes de encontrarse. Salimos temprano del área y atravesamos el amplísimo boulevard que cierra el casco histórico perpendicular a L’Ariège. El centro es grande y está bien cuidado pero no es tan bonito como los pueblos que hemos visto en Navarra y Aragón. Entramos al recinto del castillo por un edificio nuevo donde está la recepción y un museo. Me llama poderosamente la atención un gran mural con un trabalenguas que aprendí en Bachillerato, y que aún me sé de memoria, aunque no lo había vuelto a ver u oír: “Il était une fois/Une marchande de foie/Qui vendait du foie/Dans la ville de Foix/Elle se dit: ma foi,/C'est la dernière fois/Que je vends du foie/Dans la ville de Foix”.
Desde el museo se sube por unas rampas empedradas hasta el castillo compuesto básicamente por un una gran sala y tres características torres, una redonda y dos cuadradas, una de ellas rematada por un tejado. Curioseamos por todas las dependencias y quizás la zona que más me llamó la atención fue la sección de la torre redonda que fue cárcel donde se pueden apreciar las puertas con enormes cerrojos y la sala de los guardias. ¡Cuánto sufrimiento humano entre estas paredes! En cambio la torre cuadrada era la estancia de los Condes de Foix, dueños del castillo.
La visita incluía cinco talleres: tallado de piedra, armas medievales, la fragua, la máquina de elevar materiales y las máquinas de guerra. En cada uno había personas ataviadas con ropas de la época explicando cómo funcionaban. Lamentablemente hablaban muy rápido y mi francés de bachillerato no da para tanto. Después de comer y descansar seguimos camino en dirección a Carcassone, que está sólo a 80 kilómetros, pero con estas carreteras se tarda bastante, por lo que decidimos aprovechar la tarde para avanzar hasta Fanjeux (43.18623, 2.03243).
Día 29. Lunes 9 de agosto. Carcassonne.
Tras un corto recorrido desde Fanjeux, nos instalamos en la magnífica área de Carcassonne (43.20013, 2.35311), a unos 800 metros de la Cité, en gran parte por un camino junto a un riachuelo y bajo la sombra de enormes árboles lo cual es de agradecer dado el calor que hace.
La ciudad medieval está rodeada por un doble amurallado y en la distancia se ve imponente. Entramos por la puerta d’Aude y nos topamos con un laberinto de callejuelas muy animadas. Hay toda clase de tiendas, bares, restaurantes... y más parece una feria o un parque de atracciones que un auténtico pueblo. Pero no es desagradable, al contrario, es un placer perderse en el laberinto hasta que llegamos a la puerta Narbonnaise, una de los lugares más destacados de la ciudadela.
Como hace mucha calor preferimos comer en casa a la sombra y tomarnos una buena siesta. Por la tarde fui a investigar la ciudad nueva en bicicleta que, a diferencia de la cité, está constituida por calles en perfectas cuadrículas. Desde el puente viejo se observan unas magníficas vistas de la ciudad, que fue restaurada tras un período de abandono a partir de la segunda mitad del siglo XIX, con los elementos conservados desde la Edad Media. Mientras buscaba dónde comprar pan y otras viandas di un buen paseo por las estrechas calles y la plaza Carnot hasta el puerto del Canal du Midi. En general no me pareció un lugar especialmente interesante.
Día 30. Martes 10 de agosto. Carcassonne.
Los edificios más sobresalientes de la ciudadela son la basílica de Saint Nazaire, que está en proceso de restauración y no se podía visitar y, sobre todo, el castillo y sus murallas. Ayer había una enorme cola para entrar bajo un sol de justicia y decidimos que mejor volvíamos hoy más temprano. La visita está muy bien organizada porque vas caminando en un único sentido pasado de una estancia a otra del castillo, de una muralla a una torre, a otra muralla… hasta que bajamos a la calle muy alejados de la entrada.
De nuevo volvimos a comer y descansar a casa porque tenemos una finca estupenda a la sombra y queremos volver por la noche. Al atardecer nos pusimos de nuevo en marcha para ver la cité iluminada en la distancia. Una vez en el interior aún quedan muchos turistas pero aquí la gente se recoge temprano, así que nos tomamos una cerveza al fresco y volvimos a casa.