Día 3. Lunes 3 de junio. Ruta Adolf Munkel
Nuestro alojamiento está situado junto a la carretera y no hay nada cerca para desayunar, así que buscamos en internet y encontramos una cafetería a sólo tres kilómetros y medio. El GPS buscó el camino más corto, un carreterín de infarto de un solo carril y con mucho desnivel que nos hizo recordar que estamos en la alta montaña.
El inicio de la ruta Adolf Munkel está en Malga Zannes, pero como nos hemos levantado temprano, a las nueve y cuarto ya estábamos iniciando el camino. Al principio fuimos por una pista ancha que sube remontando el curso de un caudaloso riachuelo que se precipita montaña abajo formando pequeñas cascadas pero poco después lo abandonamos para adentrarnos por un sendero, rodeado de árboles que se pierden entre la bruma matinal. La salida del bosque nos deparó una agradable sorpresa, llegamos a un amplio claro cubierto parcialmente de nieve a los pies de un montaña, cuyos picos se difuminaban en las nubes.
A partir de aquí la ruta se complica porque el estrecho y empinado sendero está plagado de piedras y raíces, en otras zonas, el agua del deshielo corre por el camino o la nieve aún sólida lo cubre. Sin embargo, el paisaje es precioso, estamos rodeados de un verdor brillante y unos altísimos abetos sumergidos en una espesa niebla.
Cuando empezamos a descender el camino se torna más ancho y cómodo pero nos perdimos y acabamos subiendo otra vez por un escarpado sendero hasta el refugio de montaña Malga Dusler donde paramos a tomar una cerveza contemplando los majestuosos picos que aparecían y desaparecían entre las nubes hasta que comenzó a llover y tuvimos que guarecernos en el interior. Cuando escampó y avanzamos un poco contemplamos unas vistas impresionantes: el camino que lleva a la cabaña de madera parte en dos un prado de un intenso verde claro, detrás, los árboles en diferentes tonalidades verdes, ascienden la montaña hasta que ceden ante una imponente pared rocosa que se alza casi verticalmente hacia el cielo, salpicada por los restos de las nieves invernales.
El sendero nos devuelve al aparcamiento donde iniciamos la ruta a la hora de comer por lo que decidimos ir al restaurante Zanser Schwaige, porque está a unos 500 metros. La elección no pudo ser mejor porque es una bonita casa de madera situada en un prado con un porche desde el que se tiene unas preciosas vistas de la montaña. Comimos frittata del contadino, una especie de tortilla que lleva huevo, cebolla, queso y speck (jamón curado y ahumado, típico del Tirol) y una exquisita tarta strudel. Todo muy rico a muy buen precio.
Volvimos a casa un poco cansados pero aún nos dio tiempo de ir a Bressanone a comprar la cena y dar una vuelta por el pueblo que tiene un bonito centro de calles empedradas.
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