Día 31. 11 de agosto. Estrasburgo.
Después de desayunar dejamos a Marta en la estación de tren y nos fuimos hacia Estrasburgo. Tardamos bastante porque cogimos varios tramos en obras. Aparcamos en el área de Kehl (48.56361,7.814052), un pueblo a la orilla del Rhin con Estrasburgo en la otra margen. Para llegar a la ciudad sólo hay que seguir el carril bici desde el mismo área. Se tarda unos 20 minutos en hacer los 6 km que la separa de Kehl.
Por la tarde nos dio tiempo a ir a la ciudad para explorar el camino, pedir información en la oficina de turismo y ver la catedral y los alrededores. La catedral es muy alta y como no tiene una gran plaza delante es imposible que quepa bien en una foto. Destaca la esbelta torre izquierda, una filigrana de piedra que se alza al cielo haciendo más evidente, si cabe, que no existe la torre de la derecha.
Cuando volvíamos para recoger las bicis nos encontramos a un grupo musical de viento tocando en la calle, terminó una pieza y un hombre comenzó a cantar «Libiamo, libiamo ne lieti calici» de la Traviata de Verdi y le dio la réplica una chica que estaba escondida entre el público. Quedó muy chulo.
Día 32. 12 de agosto. Estrasburgo
Sobre las 10 y pico estábamos en la catedral. Seguimos el recorrido que nos indicaba el mapa de la oficina de turismo y llegamos a la pequeña Francia, un barrio de pescadores, molineros y curtidores de la edad media que aún conserva algunas casas del siglo XVI y XVII. Después de comer vimos la catedral por dentro. No es tan alta como cabía esperar a juzgar por la fachada y no tiene elementos barrocos, por lo que es un gótico sobrio y bastante original. A continuación me subí a la explanada que hay donde debía seguir la torre derecha. Para llegar allí hay que subir 60 metros por una escalera de caracol de 330 peldaños. Es impresionante estar dentro de la torre y ver como encajan perfectamente las piedras.
Como ya hemos visto el centro, cogemos las bicis y nos fuimos al ver los edificios del Parlamento Europeo y El Consejo de Europa. Son edificios modernos junto al río que, por ser domingo, no hemos podido ver por dentro. Al lado está el parque L’Orangerie, que recorremos con las bicis.
A la vuelta nos paramos en el centro del puente que cruza el Rhin para hacer algunas fotos: a un lado Francia, al otro Alemania. Esta zona ha visto tantas guerras que contemplar ahora que existen varios puentes y que la mayor diferencia apreciable es el idioma es para pensar que la Unión Europea es un proyecto que debe ser mejorado y defendido de las nuevas hordas fascistas. Nos fijamos en una enorme torre que resultó ser una estructura de 40 metros hecha con tres enormes árboles de la selva negra dispuestos en un triángulo equilátero y otros tres más delgados dentro, que sostiene una escalera y plataforma superior desde la que se tiene un espléndida paronámica.