Día 13. Martes 23 de Julio. Hamelin
Como pernoctamos en Hamelín desde bien temprano comenzamos la ruta por la orilla del río Wesser hasta el centro. La primera parada fue en la iglesia de San Baniface, la más antigua de la ciudad. Tuve la oportunidad de subir al campanario y admirar el antiquísimo artesonando de madera y las vistas de la ciudad desde arriba.
Hamelín es una ciudad de cuento no sólo por la omnipresencia de su famoso flautista, sino por la belleza y tipismo de su pequeño pero encantador centro histórico. Es pequeño como para recorrerlo en su totalidad a pie en medio día y está compuesto por calles peatonales o de escaso tráfico y delimitado por una amplia calle circular que con seguridad ocupa el lugar de antigua muralla. En este espacio, la mayoría de las casas de entramado de madera son de los siglos XVII y XVIII o más modernas, pero que han preservado el estilo arquitectónico configurando un conjunto armonioso y de gran belleza. El centro está muy animado con gente en las terrazas y algunos turistas pero a la vez se respira un ambiente muy relajado y tranquilo.
Pateamos el centro comenzando por la Pferdeplatz (plaza de los caballos) que acoge dos de los edificios más emblemáticos de la ciudad: la Hochzeitshaus y la Marktkirche St. Nicolai (iglesia de la plaza). Desde aquí accedemos directamente a la calle calle Osterstrasse, la más popular del casco antiguo. Continuamos sin rumbo fijo perdiéndonos por las callejuelas, recreándonos en sus hermosos rincones hasta que llegábamos a la calle de doble sentido que marca con claridad el límite del centro histórico.
A la 13:00 volvimos a la plaza para ver el carrillón de la fachada de la Hochzeitshaus que toca un tema popular sobre el cuento mientras por una de las ventanas salen escenas del mismo: el flautista llevándose a las ratas, luego a los niños… cuando terminó era la hora adecuada para tomar una cerveza para descansar de la caminata y buscar un sitio para comer. Lo encontramos cerca de la plaza, en un local de comida al peso donde comimos un pollo asado riquísimo con unas patatas exquisitas que nos costó 18 €.
Terminamos la tarde viendo el museo que está situado en dos esplendidas casas renacentistas, Die Leisthaus y Die Stiftsherrenhaus. El museo contiene una gran variedad de piezas desde la prehistoria hasta el siglo XX, aunque el edificio por sí solo merece la visita.
A media tarde volvimos al área (N 52.09621, E 9.35861 // N 52°05'46", E 9°21'31") por lo que aún me dio tiempo de seguir el carril bici que sale del mismo área y sigue el curso del río unos kilómetros.
Día 14. Miércoles 24 de Julio. Postdam
La idea inicial era parar en Magdeburgo pero cambiamos a Postdam por consejo de unos amigos. Llegamos a la hora de comer con bastante calor. Por la tarde cogimos las bicicletas y recorrimos toda la zona para orientarnos y preparar el plan de mañana ya que no tenía convenientemente organizada la parada. El parking (52.435499, 13.027859) está cerca del palacio de Sanssauci, sin embargo, aquí las distancias son grandes para ir andando pero con las bicis llegamos en un momento, paseamos por la zona verde cercana, llegamos hasta el centro, el barrio holandés, la puerta de Brandenburgo (no me he equivocado, aquí hay otra menos famosa que la de Berlín) y un pequeño cementerio con un obelisco en el centro rodeado tumbas de soldados rusos muertos sobre el año 45.
Día 15. Jueves 25 de Julio. Postdam
Hoy toca visitar palacios. Compramos la entrada combinada que da acceso a todos por 19 € y comenzamos por Sanssouci. El Palacio por fuera tiene una sola planta y es poco vistoso pero el interior es muy lujoso con techos dorados preciosos, muebles de marquetería, relojes, sillas... una maravilla. Se construyó entre 1745 y 1747, en estilo Rococó, como palacio de verano oficial de Federico II el Grande, rey de Prusia. Después fuimos a la galería de las pinturas donde nos llamó la atención la decoración de techo aunque hay pinturas de los grandes maestros del siglo XVII y XVIII (Caravaggio, Rubens, etcétera). Después fuimos a un molino del siglo XVII que hay al lado y también muy cerca a las nuevas habitaciones, una ampliación del palacio que se hicieron para acoger a los huéspedes del monarca.
A continuación fuimos al pabellón chino, una pequeña estructura circular profusamente decorada con motivos orientales, estatuas y columnas que parecen palmeras, que se encuentra en los jardines. En el interior hay objetos de porcelana traídos desde la China. Para terminar la mañana fuimos al nuevo palacio que está sobre un kilómetro y medio. El exterior es mucho más grandioso que Sanssauci. En el interior lo más destacado es la enorme sala de la gruta que está decorada con cientos de miles de conchas marinas, piedras semipreciosas de diferentes colores, minerales, geodas,fósiles...
Los palacios son muy bonitos pero su visita cansa bastante, además hace mucho calor por lo que lo que más nos apetece es comer en casa y descansar. Por la tarde nos animamos a ir al otro lado de la ciudad para ver el Glienicker Brücke o puente de los espías. Está a unos 6 kilómetros, en una zona de lagos. Para llegar allí cruzamos por una zona verde donde nos sorprendió ver bastante gente practicando nudismo. El puente en sí no tiene mucho de especial pero es emocionante pensar que en este mismo sitio se intercambiaban espías durante la guerra fría. El primer intercambio de prisioneros ocurrió en 1962. Los estadounidense liberaron al espía soviético Coronel Rudolf Abel a cambio del piloto estadounidense Francis Gary Powers, capturado por la Unión Soviética tras el famoso incidente del U-2.
Empezaba a oscurecer cuando pusimos rumbo hacia brandenburger str. para tomar una cerveza con la puerta de Brandenburgo a un lado y la silueta de la iglesia de San Pedro y San Pablo al fondo.