Ciencia y práctica en la acción directiva, Rialp, Madrid, 1999, 201-204
La acción directiva: una función de síntesis
Joan Fontrodona
En la acción directiva se reúnen armónica y sintéticamente conocimientos que proceden de saberes científicos muy variados. Para tratarlos más cómodamente podemos agruparlos en aspectos económicos, sociológicos y éticos. En la acción directiva deben estar presentes estos tres ámbitos de conocimiento. Sin embargo, el modo en que estos tres saberes se relacionan no es fácil de dilucidar. En los últimos años se ha agudizado este problema a raíz del auge de la ética de la empresa y de la necesidad de incorporar criterios éticos a la acción directiva. De este modo, la ética ha entrado en la acción directiva con una cierta connotación minimalista y limitante de la acción, viéndose reducida a un cálculo utilitarista de las consecuencias, o a la formulación de unas normas que limitan el ámbito de acción, o a una extraña simbiosis de ambos planteamientos.
La relación auténtica entre las ciencias es la que procede no de una simple yuxtaposición, sino de la relación interna que exige la dependencia de principios de unas ciencias con respecto de otras. La labor de síntesis que se requiere en la integración de las diversas ciencias debe venir por el establecimiento de una relación jerárquica de dependencia, en la que quede delimitada la relación de subordinación de unas ciencias a otras. Que una ciencia sea subordinada de otra no desmerece su importancia, sino que, en todo caso, realza su posición y, al clarificar su lugar en el conjunto de las ciencias, pone de relieve el papel que le corresponde jugar en el conjunto de la acción.
Cuando se requiere a la acción directiva que concilie los aspectos técnicos y humanistas de su acción no se le está pidiendo ni que haga una opción por unos respecto de otros, ni que se limite a yuxtaponerlos, sino que llegue a una síntesis entre ambos, que pasa por ver la relación de subordinación de unos a otros. No se trata de pensar que la dirección de empresas se consigue sólo a base de una mejor eficacia en la utilización de medios técnicos, como si una buena gestión técnica supliese una adecuada concepción ética de la empresa, ni tampoco que la dirección de empresas es una tarea exclusivamente humanista. Ahora bien, esta labor de síntesis no puede hacerse desde la técnica, sino desde el hombre.
Del mismo modo, los estudios universitarios pueden orientarse a cuatro aspectos distintos: la ética, la técnica, las humanidades y la ciencia.
Frente a la universidad contemporánea, que colocaría a la técnica en el primer lugar de los intereses del quehacer universitario, los cuatro grupos de estudios deberían más bien atenerse a la siguiente secuencia: en primer lugar, la antropología, que estudia lo que los hombres piensan y hablan de sí mismos; en segundo lugar, la ética, que estudia lo que los hombres hacen de sí mismos; en tercer lugar, las ciencias positivas, que estudian lo que los hombres piensan y hablan de su mundo; y, por último, la técnica, que estudia lo que los hombres hacen de su mundo.
Ser eficaz es la primera responsabilidad ética del directivo pero, a la vez, los problemas éticos no se solucionan con respuestas técnicas, porque detrás de una solución técnica adecuada existe siempre un planteamiento antropológico que la guía y orienta.