Foreign Policy (edición española), nº 36 (diciembre/enero 2009), 56-61
CAMBIO CLIMÁTICO: FÓRMULA PARA EL FRACASO
Bruce Bueno de Mesquita[*]
VERSIÓN RESUMIDA
¿Quieren saber qué va a pasar con el cambio climático? ¿Llegará el mundo a un acuerdo en un futuro para regular las emisiones de gases de efecto invernadero? No soy experto en clima, pero he hecho mis propios cálculos, y estoy seguro de la respuesta a esa pregunta: muy probablemente, no. En las próximas décadas, los líderes mundiales adoptarán restricciones de emisiones más estrictas, pero no se producirá un verdadero apoyo a regulaciones más exigentes. A mediados de siglo, los estándares obligatorios de emisiones en vigor serán muy inferiores a los establecidos en Kioto, muy lejos de los objetivos para el dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero que serán debatidos en la próxima reunión de Copenhague. Y hacia el año 2100, la voluntad política para adoptar unos acuerdos más duros se habrá agotado casi por completo.
¿Por qué sé todo esto? Porque en 1979 descubrí que podía predecir el futuro. No soy vidente. En mi mundo, la ciencia y no la brujería es la vía para predecir las elecciones de las personas y sus consecuencias en la modificación del futuro. Utilizo la teoría de juegos para realizar esas predicciones a petición del Gobierno estadounidense, de grandes empresas y, algunas veces, incluso de particulares. De hecho, he completado cientos y hasta miles de predicciones, una gran parte de ellas por escrito, que pueden ser consultadas por cualquier escéptico.
No hay nada de extraño en mi capacidad de predicción. Cualquiera puede aprender a utilizar el razonamiento científico para hacer lo que yo hago, sólo que yo he estado perfeccionando el modelo que empleo desde que, por casualidad, comencé a trabajar en el negocio de la prospectiva allá por los discotequeros años 70.
La oportunidad se me presentó cuando un funcionario del Departamento de Estado de EE UU me llamó para preguntarme quién tenía más posibilidades de ser el próximo primer ministro de India en 1979. Dio la casualidad de que yo acababa de diseñar un modelo matemático para un libro que estaba escribiendo sobre la guerra, así como un pequeño programa informático para realizar los cálculos necesarios. El programa permitía simular la toma de decisiones en situaciones de tensión como las que algunas veces conducen a un conflicto bélico. Calculaba la probabilidad de que los actores consiguieran lo que querían si elegían un camino (por ejemplo, las negociaciones) u otro (como las hostilidades), ponderando esas probabilidades mediante una estimación del valor que quienes toman las decisiones dan a ganar, perder o llegar a soluciones de compromiso. Por supuesto, también contemplaba que éstos tenían que considerar cómo podrían responder los demás a las opciones por las que se hubiesen decantado.
La llamada de teléfono respecto a India me hizo pensar que tal vez las decisiones sobre la guerra o la paz en realidad no difieren tanto de las confrontaciones políticas cotidianas. Mi experiencia y conocimiento de la historia y la situación política de la India me había llevado a creer que el antiguo líder parlamentario Jagjivan Ram se convertiría en el futuro primer ministro de India. Cuál no sería mi sorpresa cuando mi programa informático predijo un resultado diferente. Me vi forzado a elegir entre mi opinión personal y la lógica y los datos de mi modelo. Al final, me decanté por la ciencia en lugar de por la experiencia.
Unas semanas más tarde, todos los pronósticos se cumplieron. Me emocionó mucho. Pero, ¿había sido simplemente un golpe de suerte o tenía algo valioso entre manos? Me propuse llevar al límite mi modelo poniéndolo a prueba con cuestiones de mayor amplitud sobre política y economía (Unión Soviética, Méjico, Brasil). Según una evaluación desclasificada de la CIA, las predicciones que he realizado a lo largo de estos años tienen una tasa de acierto del 90%. Esto no es el reflejo de una gran sabiduría o perspicacia por mi parte; poseo bastante poco de ambas. Pero lo que sí poseo es la lección que aprendí allá por 1979: la política es predecible. Lo único que hace falta es una herramienta, como mi modelo, que partiendo de información básica la evalúe, dando por sentado que las personas hacen lo que creen que es mejor para ellas, y genere estimaciones fiables sobre cómo actuarán y por qué actuarán de ese modo.
¿Qué puede revelarnos la teoría de los juegos acerca de cómo –o si– nosotros, los seres humanos, resolveremos el problema del calentamiento global? El momento es perfecto: tras años de debate, parece existir ahora un amplio consenso en el seno de la comunidad científica en cuanto a que la temperatura de la Tierra está aumentando. Y la voluntad política de hacer algo al respecto también está creciendo. O eso parece.
Para conseguir que los países firmen un acuerdo universal y no hagan trampas, no debe exigírseles que cambien mucho su comportamiento con respecto a lo que ya estén haciendo. Se trata de una carrera hacia abajo, hacia el mínimo común denominador. Los acuerdos más exigentes disuaden a los futuros miembros o alientan la mentira. Las exigencias de Kioto disuadieron a EE UU, abocándolo al fracaso. Tal vez eso fuera lo que estaban esperando los que lo firmaron, o al menos algunos de ellos. Pueden parecer los buenos y después no cumplir, porque después de todo no sería justo que ellos redujesen sus emisiones cuando el país más contaminante no lo hace. Sacrificar el interés propio por un bien mayor no sucede muy a menudo. Los gobiernos no se lanzan granadas de mano contra ellos mismos.
Preguntas de asimilación
1. ¿Quién escribe este texto?
2. ¿A cuento de qué lo escribe?
3. ¿Qué es lo que hace el autor de este texto?
4. ¿Cómo lo hace?
5. ¿Por qué sostiene que lo que hace es exitoso?
[*] Bruce Bueno de Mesquita es profesor de Ciencia Política de la Universidad de Nueva York y autor de The Predictioneer’s Game, trabajo del que se ha extraído y adaptado este artículo.