INDICE de Actividades
Actividad:
1. Investigar sobre el “Iluminismo” o “Ilustración” (movimiento cultural y político de mediados del siglo XVIII, precursor de la Revolución Francesa), y hacer un breve Resumen del Tema.
2. Investigar sobre los siguientes mentores del movimiento “Iluminista”, en la Francia del Siglo XVIII:
a. Jean Jacques Rousseau
b. François Voltaire
c. Barón de Montesquieu
d. Denis Diderot
Repaso de la Clase Anterior: LA ILUSTRACIÓN (El siglo de la Razón)
Se conoce como Ilustración el movimiento ideológico racionalista y crítico que resultó de la evolución de la ciencia y de la filosofía durante los siglos XVI y XVII y que se divulgó, fundamentalmente, por medio de la edición de la Encyclopédie (Dideró) y a través de la labor de las Academias, las sociedades científicas, los salones literarios, artísticos, teatrales (Voltaire). Allí se exponían las nuevas ideas, se ponía en tela de juicio el papel de las instituciones y se creaba un clima de tolerancia intelectual que permitía poner en práctica las ideas de progreso difundidas por los intelectuales ilustrados.
El pensamiento ilustrado tiene su raíz en Descartes, si bien alcanzó sus cotas más altas en Francia con pensadores de la talla de Voltaire, Montesquieu y Rousseau. Esencialmente, se basaba en la primacía de la razón por encima de cualquier otra facultad humana y, con ella, los ilustrados pretendían crear una sociedad más justa e igualitaria. De ahí que el siglo XVIII sea conocido como siglo de la Razón o de las Luces, ya que con la primera se pretendía disipar las tinieblas de la superstición que no permitían que el hombre fuera dueño de su destino histórico.
Para ello contaban con una confianza ciega en la naturaleza humana y en sus capacidades. Así, para los ilustrados, el hombre es bueno (mito del buen salvaje) y es la sociedad la que lo corrompe. Por tanto, si se deja llevar por la moral natural y el espíritu crítico que le son propios, podrá analizar desde una óptica sin prejuicios cualquier hecho pasado, presente o futuro y, asimismo, impulsar de modo decidido el progreso de la humanidad. De esta forma, el hombre podrá arrancar sus secretos a la naturaleza y conseguirá la felicidad que le había sido vedada por las rígidas estructuras políticas, sociales y religiosas.
Esta línea de pensamiento, caracterizada por el impulso extraordinario que recibieron las ciencias empíricas y experimentales, consideradas como el arma idónea para conseguir el progreso, y, de otra, el enfrentamiento entre razón y principios religiosos, que dio como resultado la formación de dos corrientes de pensamiento: la que negaba la existencia de Dios (ateísmo) y la que la reconocía como principio abstracto ordenador del universo (deísmo) que hacía innecesarias las religiones históricas.
Esta postura crítica ante las instituciones derivó, además, en un auténtico movimiento político encabezado por una clase social cada vez más pujante: la burguesía.
La crítica al Antiguo Régimen
La pervivencia de la estructura social del Antiguo Régimen mantenía a la aristocracia y al clero como estamentos privilegiados. Sin embargo, los cambios económicos habían hecho de la burguesía una clase fuerte que poseía el capital y llevaba la iniciativa en el terreno intelectual, económico y administrativo. Esta nueva distribución de la riqueza parecía hacer necesaria una reestructuración de los órganos de poder. Ante ello, la burguesía, como encarnación del ideal de progreso económico y social de la Ilustración, reclamaba su derecho a participar en el sistema político de acuerdo a las nuevas teorías que oponían al absolutismo otras alternativas más libres e igualitarias.
Las primeras críticas al absolutismo habían surgido en el siglo XVII de la obra de John Locke (1632-1704), que rechazaba el origen divino del poder y defendía que la soberanía residía en el conjunto de los ciudadanos. Sobre este mismo principio, Charles de Secondat, barón de Montesquieu (1689-1755), en su obra El espíritu de las leyes, se mostró partidario de que los tres poderes del Estado (legislativo, ejecutivo y judicial) debían estar separados y no recaer, como en el caso de los monarcas absolutos, en una sola persona.
Por su parte, Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) negaba a los monarcas absolutos el derecho a ejercer la soberanía sobre la base del origen divino del poder. Según Rousseau (El contrato social), el hombre es libre y sólo renuncia a su libertad, cuando forma una sociedad, en la misma medida en que lo hacen los demás. El «contrato social» se establece cuando los miembros de esta sociedad, depositarios de la soberanía de la nación, se unen libremente a un gobernante y delegan el poder en una serie de instituciones a las que, si no cumplen sus deberes, se les puede retirar la confianza.
Con ello quedaba estructurada de forma definitiva la que sería la teoría política de la Ilustración y que, sobre el supuesto de que la soberanía recaía en el conjunto de los ciudadanos, establecía las bases de una nueva sociedad más tolerante, donde se reconocía la igualdad de todos los ciudadanos y la libertad de pensamiento y expresión.
Esta teoría política se vio completada por una serie de nuevas doctrinas económicas que criticaban los principios mercantilistas del siglo XVII. Así, el francés François Quesnay (1694-1774) creó la escuela fisiocrática, según la cual la tierra era la única fuente de riqueza (Fisiocracia). La existencia de nuevos sistemas de cultivo y la realidad de una población mayoritariamente campesina favorecieron de modo extraordinario la difusión de esta teoría, que redundó en beneficio del desarrollo de las técnicas agrarias y dio lugar a la primera revolución agrícola.
Por otra parte, contra el control absoluto de la economía, se pronunció un elevado número de pensadores que contribuyeron con sus teorías a crear, ya en el último tercio del siglo, la doctrina del librecambismo. Esta teoría, que defendía un comercio libre de trabas aduaneras que facilitara el intercambio de mercancías y, con ello, la baja de precios, fue expuesta por Adam Smith (1723-1790) en su Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, publicada en 1776, en la que, además, manifestó su oposición a las doctrinas fisiocráticas, ya que para él la fuente principal de riqueza no era la tierra, sino el trabajo.
El despotismo ilustrado
Esta teoría política fue, por lo general, bien acogida entre los monarcas europeos del siglo XVIII, que vieron en ella un medio para atender las demandas sociales del pueblo sin perder el control absoluto del poder.
No existen, no obstante, grandes diferencias entre el despotismo ilustrado y las monarquías absolutas del siglo XVII. Los monarcas ilustrados siguieron considerándose únicos representantes legales del poder sin reconocer ningún otro tipo de soberanía. Sin embargo, adoptaron el papel de servidores del Estado y tenían, para sus súbditos, una actitud paternalista y protectora bien definida en la frase que ha quedado como síntesis de lo que fue esta forma de gobierno: Todo para el pueblo, pero sin el pueblo.
Esta teoría llevó a concebir el Estado como una gran máquina política al servicio del pueblo; ello hacía necesaria una serie de reformas que reforzasen la estructura estatal y limitasen la influencia de las clases privilegiadas. La política reformista de los gobiernos ilustrados se manifestó, en particular, en cuatro campos concretos: las relaciones con la Iglesia, la organización económica, el ámbito administrativo y la educación.
Así, en materia de religión, las leyes regalistas consiguieron someter el poder eclesiástico a la corona. Ello provocó fuertes tensiones con el papado e, incluso, que los monarcas ilustrados decretasen la expulsión de las órdenes religiosas con dependencia directa de Roma ante la imposibilidad de controlarlas. Este fue el caso de la Compañía de Jesús, disuelta en España y Francia.
En cuanto a la organización económica, los monarcas ilustrados liberalizaron el comercio del intervencionismo de las corporaciones, colonizaron nuevas tierras, fomentaron las obras públicas y llevaron a cabo una importante reforma del sistema tributario.
Los gobernantes ilustrados se rodearon de una burocracia y un ejército profesionales, los cuales contribuyeron a consolidar el centralismo y la uniformidad de las instituciones. Asimismo, el monarca estaba asistido por gabinetes ministeriales, que de modo paulatino sustituyeron a los favoritos y cuyo papel fue definitivo en los gobiernos ilustrados.
En el terreno educativo, la creación de nuevas instituciones permitió extender el campo educativo a amplias capas sociales. Por otra parte, la creación y el desarrollo de las Academias y los jardines botánicos.
Por lo general, los monarcas ilustrados contaron con la aprobación de los intelectuales de su época, ya que su política iba encaminada a conseguir el progreso de la nación y a limitar el poder de las clases privilegiadas. Sin embargo, también hubieron de sufrir la oposición de algunos sectores que juzgaron
insuficientes las reformas llevadas a cabo por sus gobiernos y exigían la abolición del poder absoluto de los monarcas. De todos modos, el sistema entró definitivamente en crisis a raíz de los sucesos de la Revolución francesa. No obstante, ya era tarde para retroceder: Europa había entrado en otra etapa de su historia. Desde entonces, se afianzará la admiración por el constitucionalismo y la teoría de la división de los poderes como un sistema de equilibrio dinámico del estado.
LOS MOVIMIENTOS REVOLUCIONARIOS EUROPEOS (1770-1850)
La crisis del Antiguo Régimen tuvo, en el último tercio del siglo XVIII, dos vertientes claramente diferenciadas: por una parte, el nuevo orden económico iniciado en Gran Bretaña (1ra Revolución Industrial) y, por otra, la revolución política que se desarrolló primero en las colonias británicas de América del Norte (Independencia de Estados Unidos de América) y se manifestó después en el estallido revolucionario francés de 1789.
En efecto, entre 1770 y 1850, se produjo una serie de movimientos revolucionarios que marcan la caída definitiva del Antiguo Régimen en la mayor parte de estados europeos. Estos levantamientos tuvieron en común haber estado acaudillados por una burguesía ilustrada (Intelectual), marginada hasta entonces por la monarquía y las clases privilegiadas, que, de esta forma, consiguió las riendas del poder.
La Revolución francesa (1789-1799)
Crisis económica y convocatoria de estados generales
A pesar de su condición de primera potencia europea, Francia vivía en la segunda mitad del siglo XVIII una situación política extremadamente crítica. De una parte, un esquema social formado por una monarquía absoluta y una sociedad estamental que, en el plano político, marginaba al 90 por ciento de la población, el tercer estado, que era, sin embargo, el que soportaba las cargas fiscales de las clases privilegiadas; de otra, una economía deficitaria a causa del gasto excesivo que suponía el mantenimiento de una costosísima política exterior basada en grandes campañas militares y de la crisis de subsistencia provocada por el aumento demográfico y las malas cosechas.
Ante esta situación, la filosofía de la Ilustración ofrecía una alternativa ideológica para configurar un nuevo régimen liberal y parlamentario en el que se suprimían los derechos feudales, los privilegios de la nobleza y del clero, se consagraban las libertades individuales y se establecía la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.
El tercer estado iba a convertirse en el artífice de esta nueva sociedad: una burguesía compuesta por comerciantes, artesanos y pequeños fabricantes, favorecidos por el aumento demográfico y el alza de los precios de la primera mitad de siglo, y profesionales liberales, de entre los cuales surgirían los pensadores que iban a defender las ideas ilustradas y a concienciar a todo el grupo social de su significado. No obstante, si bien la burguesía iba a llevar la iniciativa, las clases populares, asimismo marginadas política y socialmente en el Antiguo Régimen, iban a ser su mejor soporte en el momento del estallido revolucionario de 1789.
La crisis se agravó, en particular, a partir de 1777, cuando las malas cosechas provocaron el aumento de los precios del vino, del trigo y del centeno y la industria textil, afectada por la disminución del poder adquisitivo, cerró un elevado número de telares. A ello se sumó la crisis de las finanzas reales, derivada de un sistema impositivo que, además de injusto, ya que sólo afectaba al estado llano, era insuficiente para sufragar los gastos del Estado.
Con anterioridad, varios ministros de finanzas habían intentado equilibrar el sistema fiscal extendiendo los impuestos a las clases privilegiadas; sin embargo, ante la oposición de nobles y eclesiásticos, que temían perder sus privilegios, se habían visto obligados a abandonar sus cargos.
Frente a tal situación, el Rey, optó por recurrir a la más alta representación nacional: los estados generales, institución de origen medieval compuesta por representantes de los tres estamentos (nobleza, clero y tercer estado).
Las sesiones se iniciaron en Versalles el 5 de mayo de 1789, pero la negativa por parte de los estamentos privilegiados a aceptar el voto por representante en lugar de la votación por estamentos, provocó la retirada del tercer estado. Reunidos en un frontón adyacente al palacio (Cancha de Juego de Pelota), se erigieron en representantes del pueblo francés y, como tales, en iniciadores de la reforma constitucional. Algunos miembros del clero y de la aristocracia se unieron a la propuesta y de este modo, el 9 de julio de 1789, fue proclamada la Asamblea Nacional Constituyente.
ACTIVIDAD: deberán extraer del texto y completar con otra fuente de información las siguientes consignas:
1. ¿En qué consistían las Teorías Económicas de Adam Smith y François Quesnay?
2. ¿Hacer un cuadro comparativo en el “Antiguo Régimen” y el “Despotismo Ilustrado”?
3. Acorde al texto, Identificar las Clases Sociales, de este período Histórico, y hacer una breve descripción de sus características.
4. ¿Cuál era la Crisis Económica reinante?
5. ¿Qué eran los Estados Generales y como estaba compuesto?
BAJA EDAD MEDIA
Comienza desde el siglo XII al XV, es una etapa muchos cambios políticos, económicos y culturales:
LAS CRUZADAS:
Fueron una serie de guerras militares durante la época de la Inglaterra medieval entre los cristianos contra los musulmanes del Medio Oriente.
En 1076, los musulmanes habían capturado Jerusalén, el más santo de los lugares santos para los cristianos, Ahí había nacido Jesús, y pasó la mayor parte de su vida en Jerusalén, y también allí fue crucificado. No había un lugar más importante en la Tierra de Jerusalén para un verdadero cristiano, que la llamaban «Ciudad de Dios».
Sin embargo, Jerusalén era también muy importante para los musulmanes como Muhammad, el fundador de la fe musulmana, había estado allí y que había gran gozo en el mundo musulmán cuando Jerusalén fue capturada. Una hermosa cúpula llamada la Cúpula de la Roca fue construida sobre la roca donde se dice que Mahoma sentaba y rezaba. La roca era tan santa que ningún musulmán se le permitió pisar o tocar al visitar la Cúpula.
Los cristianos lucharon por recuperar Jerusalén y los musulmanes lucharon para mantenerlas, esta guerra duro casi 200 años.
NACIMIENTO DE LA BURGUESIA (una nueva clase social):
Después del gran incremento económico que hubo en los primeros siglos le siguió una dura crisis, las malas cosechas y el incremento de los precios afectaron a los sectores más
débiles o pobres de la población.
La situación agravó cuando la peste asoló Europa trayendo como consecuencia el descenso de la población hasta en un cincuenta por ciento.
El Feudalismo comenzó su debilitamiento, los campesinos se levantaron y se revelaron provocando grandes enfrentamientos.
Los campesinos empezaron a emigrar a las ciudades, para poder desarrollar distintas actividades económicas por lo que las ciudades se vieron con más mano de obra.
Estos cambios dieron lugar a una nueva clase social, la burguesía que no eran más que una nueva clase formada por artesanos y mercaderes que surgen en el entorno de las ciudades en la baja edad media.
LA EDUCACION
En el transcurso de la sociedad medieval, una gran parte de la población no tenía acceso al conocimiento, ni siquiera lo básico que es leer y escribir, y no tenía ninguna perspectiva en la vida de retener tales conocimientos.
Las primeras escuelas medievales se instalaban y se regían por las iglesias y monasterios, a partir del siglo XII.
Hubo una concientización acerca de la educación, pues la formación se hacía importante en el comercio, que utilizaba la escritura y el cálculo, y en ese mismo período surgieron escuelas fuera de la iglesia.
Las universidades comenzaron en el siglo XIII, como un tipo de asociación de profesores y alumnos que se unía para cuestionar a las autoridades.
FIN DE EPOCA MEDIEVAL:
Todo empezó con los campesinos cansado de la desigualdad social y los privilegios que tenían otras clases sociales decidieron organizarse y formar la Burguesía.
El interés de la burguesía era el de poder presionar al poder público para que realizara un apertura económica de los espacios que estaban cerrados en las urbes, para que redujeran los tributos, se garantizara el comercio seguro y una centralización de la administración de justicia e igualdad de las normas en amplios territorios que le permitieran desarrollar su trabajo, al tiempo que garantías de que los que vulnerasen dichas normas serían castigadas con igual dureza en los distintos territorios.
ACTIVIDAD:
deberán extraer del texto y completar con otra fuente de información las siguientes consignas:
1. ¿Qué eran Las Cruzadas?
2. ¿Qué era La Burguesía?
3. ¿Qué intereses tenía la Burguesía?
4. ¿Quiénes tenían Educación en la Baja Edad Media?
5. ¿Las Escuelas donde se Instalaron?
La Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. -
Repaso de la Clase Anterior:
LOS MOVIMIENTOS REVOLUCIONARIOS (1770-1850)
En efecto, entre 1770 y 1850, se produjo una serie de movimientos revolucionarios que marcan la caída definitiva del Antiguo Régimen en la mayor parte de estados europeos. Estos levantamientos tuvieron en común haber estado acaudillados por una burguesía ilustrada (Intelectual), marginada hasta entonces por la monarquía y las clases privilegiadas, que, de esta forma, consiguió las riendas del poder.
La Revolución francesa (1789-1799)
Crisis económica y convocatoria de estados generales
Un Esquema social formado por una monarquía absoluta y una sociedad estamental que, en el plano político, marginaba al 90 por ciento de la población, el tercer estado, que era, sin embargo, el que soportaba las cargas fiscales de las clases privilegiadas; de otra, una economía deficitaria a causa del gasto excesivo que suponía el mantenimiento de una costosísima política exterior basada en grandes campañas militares y de la crisis de subsistencia provocada por el aumento demográfico y las malas cosechas.
La crisis se agravó, en particular, a partir de 1777, cuando las malas cosechas provocaron el aumento de los precios del vino, del trigo y del centeno y la industria textil, afectada por la disminución del poder adquisitivo, cerró un elevado número de telares. A ello se sumó la crisis de las finanzas reales, derivada de un sistema impositivo que, además de injusto, ya que sólo afectaba al estado llano, era insuficiente para sufragar los gastos del Estado.
Con anterioridad, varios ministros de finanzas habían intentado equilibrar el sistema fiscal extendiendo los impuestos a las clases privilegiadas; sin embargo, ante la oposición de nobles y eclesiásticos, que temían perder sus privilegios, se habían visto obligados a abandonar sus cargos.
Frente a tal situación, el Rey, optó por recurrir a la más alta representación nacional: los estados generales, institución de origen medieval compuesta por representantes de los tres estamentos (nobleza, clero y tercer estado).
Ante esta situación, la filosofía de la Ilustración (integrantes 3er Estado) ofrecía una alternativa ideológica para configurar un nuevo régimen liberal y parlamentario en el que se suprimían los derechos feudales, los privilegios de la nobleza y del clero, se consagraban las libertades individuales y se establecía la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.
El estallido revolucionario
La proclamación de la Asamblea Nacional Constituyente había puesto en marcha el proceso revolucionario. A partir de ese momento, los hechos se sucedieron con una gran rapidez: el 14 de julio, las masas populares de París, alertadas tanto por los líderes políticos como por la carestía, se amotinaron y tomaron la Bastilla, hasta entonces prisión de Estado y auténtico símbolo del absolutismo.
El levantamiento popular sirvió para sellar de manera definitiva la alianza entre la burguesía y las clases populares. Sin embargo, un mes más tarde, la extensión de la insurrección popular al campo, donde la lucha antiseñorial implicó la quema de castillos y el asesinato de varios terratenientes de origen aristocrático, alarmó a los miembros de la asamblea, quienes, atemorizados ante las dimensiones que había adquirido la movilización popular, decretaron la creación de una guardia nacional para mantener el orden público. Además, para apaciguar los ánimos, se promulgaron los llamados Decretos de agosto, por los que quedó abolido el régimen feudal.
La labor legislativa de la asamblea constituyente continuó el 26 de agosto de 1789 con la promulgación de la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano, en la que se reconocía el fin de todo privilegio de sangre y se defendían los principios de libertad, propiedad e igualdad entre todos los hombres. Asimismo, la asamblea suprimió las aduanas y los peajes interiores, reformó el sistema tributario, decretó la venta de bienes eclesiásticos y promulgó la Constitución civil del clero (1790). Estas últimas medidas entraron muy pronto en conflicto con la Iglesia, que veía desaparecer así sus privilegios y su independencia del poder civil.
La labor de la asamblea constituyente culminó con la proclamación de la Constitución de 1791.
En ella se establecía la división de poderes, mediante la cual el ejecutivo pasó a manos del monarca y sus ministros, el legislativo a una cámara y el judicial a un tribunal supremo, independiente de los anteriores.
Proclamación de la República
Con la aprobación de la Constitución, la asamblea dio por cumplidos sus objetivos y se disolvió para dar paso a una nueva asamblea legislativa. La formación de la misma sirvió para delimitar los respectivos terrenos políticos. Los revolucionarios debían enfrentarse, por una parte, al monarca, que no se identificaba en absoluto con la revolución y que buscaba la forma de huir de Francia en busca de aliados y, por otra, a los republicanos, a quienes la Constitución parecía demasiado moderada y que, de acuerdo con las clases populares parisienses (sans-culottes), cuestionaban el papel de la monarquía.
Tras la detención de la familia real en Varennes, cuando partía hacia el exilio, la situación política se radicalizó, si cabe, aún más. Las movilizaciones populares obligaron a disolver la asamblea legislativa y a elegir, esta vez por sufragio universal, una nueva cámara: la Convención Nacional (1792), dominada primero por los girondinos, que representaban los planteamientos más conservadores, y luego por los jacobinos, republicanos y apoyados por los sans-culottes, que representaban una facción más radical del pensamiento revolucionario. A partir de ese momento, la Revolución extremó sus posturas: el Estado se declaró laico, se implantó una nueva ley de divorcio y se confiscaron los bienes de los nobles emigrados. En este nuevo contexto político, Francia se constituyó en República en septiembre de 1792 y, en enero de 1793, Luis XVI, acusado de conspirar contra la libertad y la seguridad de la patria, fue condenado a muerte y ejecutado.
ACTIVIDAD:
deberán extraer del texto y completar con otra fuente de información las siguientes consignas:
1. ¿Qué logró abolir la llamada “Toma de la Bastilla”?
2. ¿Qué Promulgó la Asamblea Constituyente?
3. ¿Al Culminar la Asamblea Constituyente, que proclama se hizo? ¿Y cómo se dividió el poder?
4. ¿Qué determino la Convención Nacional?