A continuación se presentan una serie de textos e imágenes.
En 1492, el navegante italiano Cristóbal Colón presentó un proyecto a la reina Isabel «La Católica» de España, lo que llevaría a través del Océano Atlántico hasta llegar a China y la India. Él soñaba con hacer un gran negocio con las riquezas de Asia. La reina le apoyó e hizo firma de un contrato denominado «Capitulación de Santa Fe» (17 de abril de 1492). Colón preparó tres naves (la Santa María, la Pinta y la Niña) y 90 hombres.
El 3 de agosto 1492, Colón zarpó del puerto de Palos. Se dirigió hacia el oeste y en la mañana del 12 de octubre llegó a una isla llamada Guanahani, y el nombre de «San Salvador» (que se encuentra en las Bahamas). En ese sitio encontró nativos tahínos, pero el Almirante los llamó «indios» creyendo que había llegado a Asia. Luego llegó a la isla de Cuba y la llamó «Juana». Haití y también llamado «el español».
El territorio hoy conocido como América era habitado por una gran cantidad de pueblos. Algunos, como los mayas, aztecas e incas, habían llegado a constituir grandes imperios. Los mayas, por ejemplo, desarrollaron cálculos para medir con exactitud el tiempo y los movimientos de los planetas. También manejaban un sistema de escritura. Los incas, por su parte, construyeron una impresionante red de caminos y carreteras en Los Andes, que comunicaban con rapidez los diferentes puntos del imperio.
Además de los grandes imperios existían muchísimos pueblos con otro tipo de organización social. Vivían en aldeas o poblados y practicaban la recolección de frutos silvestres, la caza o la pesca.
La Conquista
El dibujante Oski representó con minuciosidad y mucho humor algunas escenas que muestran a los indígenas y a los conquistadores, inspiradas en cartas y documentos históricos escritos en español antiguo. Esas ilustraciones se encuentran en su libro Vera Historia de Indias.
A continuación, podes ver una selección de esos dibujos y textos.
1. A partir de estas ilustraciones pensá de qué tema trata cada una.
Batallas entre Indios y Cristianos.
Aquellos indios se llegaron a la barca, y la gente de la, cristiana, salió en tierra; comenzárosles a comprar los arcos y flechas y las otras armas, porque el Almirante así lo había ordenado; vendidos los arcos, no quisieron dar más, antes se aparejaron para arremeter a los cristianos y prenderlos, sospechando, por ventura, que de industria los cristianos les compraban las armas para después dar en ellos.
Viéndolos venir denodados, los españoles, que pocos desean ser mártires, que no dormían, dan con ímpetu en ellos, y alcanzó uno de ellos a un indio una gran cuchillada en las nalgas, y a otro, por los pechos, una saetada [...]. Y esta fue la primera pelea que hubo en todas las Indias, y donde hubo derramada sangre de indios, y es de creer que murió el de la saetada, y aun el de las nalgas desgarradas no quedaría muy sano.
Las Heridas
Los heridos no sabían qué hacer para curarse, sino dar gemidos de dolor de las llagas, que hombre hubo entre ellos que entre él y su caballo tenían veinte y tres heridas, de las grandes y de las chicas. Proveyóles Dios en esta necesidad, que entre otros indios vieron venir a uno cargado con una petaca lleva de velas de sebo y ellos mismos lo derritieron en dos cascos de hierro que sus amos acertaron a llevar, y truxeron del estiércol del ganado de aquella tierra [...] y hecho polvo lo mezclaban con el sebo, y así caliente, cuanto se podía sufrir, lo echaban en las heridas y las llenaban, por hondas que estuviesen, y con lo mismo curaron sus caballos.
Las Boleadoras
Aquí había todos los indios de la comarca, que son de diversas naciones y lenguas, a ver al Sr. Capitán General, entre los cuales vino una gente del campo que se dicen Querandís: esta es gente muy ligera, mantiénense de la caza que matan y en matándola, cualquiera que sea, le beben la sangre, porque su principal mantenimiento es, a causa de ser la tierra muy falta de agua.
Estos Querandís son tan ligeros, que alcanzan un venado por pies, pelean con arcos y flechas, y con unas pelotas de piedra, redondas [...] y tan grandes como el puño, con una cuerda atada que las guía, las cuales tiran tan certero, que no hierran a cosa que tiran.
Fragmento de una carta escrita el 10 de julio de 1528 por Luis Ramírez, soldado de la expedición de Gaboto al Río de la Plata. El original está en la Biblioteca del Escorial.