Una característica de Jesús es como es el trato con las personas. Jesús trata a todos con dignidad.
Este respeto total por la persona, que muestra con sus gestos y palabras, no hace distinción de buenos y malos, judíos y romanos, justos y pecadores... Todas las personas tienen igual dignidad para él, todos somos hijos de Dios.
La persona es para Jesús lo más importante. Cada persona es un fin en si mismo, nunca un medio para mis fines.
En medio de una sociedad judía dividida por múltiples muros, para Jesús ni la Ley, ni el templo, ni las costumbres, ni el origen, ni la opinión de la gente, ni el comportamiento moral, ni el dinero, ni el status social, ni el interés para sus propios fines, ni el éxito, ni la fama, ni el que dirán, ni si es hombre o mujer, ni la enfermedad... le apartan de mostrar un respeto infinito por con cada persona que sale a su encuentro.
¿Cómo hacer visible este respeto por todos? ¿Cómo dejar ver que este respeto no es una mera apariencia de bondad, de maquillaje de bondad?
En Jesús se descubre esta respeto de la dignidad por todos en su opción por los últimos de la sociedad. De los olvidados, los marginados, los pobres, los que no pueden aportar ni devolverte nada, los problemáticos, los apartados, los descartados, los desdichados, los que no cuentan, los pequeños y desvalidos...
Esta actitud de Jesús descoloca a todos de su vidas acomodadas.
Esto es un desafío para todos las personas de su tiempo, porque llama a cambiar la vida para construirla, no de espaldas al sufrimiento, sino desde los últimos.
PECADORES
ENFERMOS
EXTRANJEROS
MUJERES
ENDEMONIADOS
EXCLUIDOS
POBRES
NIÑOS