La fe no es algo que se puede ver o percibir por los sentidos, No se puede medir o calcular.
Sin embargo es real. Lo experimentamos como real.
la fe no es absurda sino que es razonable. Se apoya en la razón para explicarse.
Como cualquier otra experiencia vivida en nuestro interior no admite pruebas. Necesita ser comunicada para saber de ella.
No es creer en una verdad, ni estar de acuerdo con una buena idea o un principio que convence a mi razón.
Tener fe no es creer en algo. Sino creer en alguien, confiar en una persona con la que nos relacionamos.
No es una decisión ética por la cual elegimos entre lo que es bueno o malo.
No es respetar unas normas morales, Ni adherirse a unos principios éticos compartidos por los creyentes.
Se comienza a tener fe por haber tenido un encuentro. A partir del cual se establece una relación personal.
Un acontecimiento que que cambia la vida y le da una orientación decisiva, trasformando a las personas.
Y lleva a las personas a vivir en plenitud. A ser mejores, más nosotros mismos, más completamente humanos. A ser fuente de vida.
La fe es necesariamente libre. El amor no se da sin libertad. Es un acto de confianza en Dios. No se puede obligar a nadie a tener fe contra su voluntad.
La fe se vive necesariamente en Comunidad. No se vive a solas, como un francotirador, sin compartirla con los demás.
La fe se recibe de la comunidad de creyentes. Dentro de la iglesia se aprende, se enseña, se comparte y se celebra.
Nadie se da la fe a si mismo. Ni se puede desarrollar en soledad sin referencia a una comunidad.
La fe no es una actividad más. Poco a poco se convierte en el centro de la vida. Lo más importante que hay en la vida.
Descentra, haciendo que los propios intereses dejen de estar en el centro de la vida, y los otros y Dios ocupen lo más importante.
La fe no se puede aislar del resto de la vida. Al contrario integra y relaciona todos los aspectos de la vida en un mismo sentido. Por eso la fe se concreta en obras. Una fe sin obras es inútil.