Por D. Pedro Lafuente. Programa de Fiestas 1984
Sirva la inclusión de este artículo De D. Pedro Lafuente en este modesto libro, como homenaje del Entremuro a su inolvidable persona y obra.
Barrio del Entremuro. La ciudad de Barbastro te presiente, como la cicatriz gloriosa de un pasado en el que se cimenta.
La capital del Somontano Oscense, sorprendida entre centenares de colinas que comanda Ntra. Sra. del Pueyo, es vuestro hijuelo.
Y el Barrio del Entremuro, el corazón de latir eterno, que más tarde desbordó en el Barbastro amplio y moderno que hoy conocemos.
Cuna de los Argensola, del General Ricardos, de Monseñor Escrivá de Balaguer. Fuente de sabios y guerreros.
Naciendo en el espolón de tierra-piedra, con corazón de arena. En el Peñón de Santa Bárbara y el Santo Sepulcro.
Curiosamente Ramiro II convocó las Cortes, precisamente en los edificios del Barrio del Entremuro ya en 1137, en las que expuso su intención de abdicar. Y de allí salió el compromiso del matrimonio de su hija Dª Petronila con el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, naciendo de ellos la nación o confederación Catalano-Aragonesa,
Y en este Barrio habitaron obispos de tal relieve, desde que el Rey Pedro 1 instituye la Sede Episcopal, confirmada por Urbano II y firmada por el siguiente Papa, Pascual II, tales como su primero Poncio, que solo lo fue tres años. Después de él, nada menos que S. Ramón (1130-1134). El mismo Ramiro el Monje, Batista de Lanuza, Pedro Padilla, Pedro Apaolaza, Alonso de Requesens...
Mas dejemos la Historia. Recordemos esa piedra pilar, ese embrión de la Ciudad que fue y es el Barrio del Entremuro. A sus gentes de hoy. Sencillas.
Porque ellas son las descendientes de aquella entraña de héroes que en el siglo XIII cantara el romance de Beuvés de Comarcis y sus fulos Guirat y Guilein, cuando, cogidos por los musulmanes fueron conducidos a la ciudad de Barbastro. Y estos héroes de leyenda, junto a los cristianos del Barrio del Entremuro, vencieron a los sarracenos dentro de la misma ciudad.
Leyenda, sí, pero preciosa y cantada en un romance de más de 7000 versos.
Un año más, el barrio del Entremuro va a celebrar sus Fiestas. Son las Fiestas de un barrio, en el que la gente nace impregnada de aragonesismo. Y en ellas correrá suelta la alegría como bandada de palomas mensajeras. No habrá sonrisas amarillas y melancólicas, sino músicas, baile, alegría y juventud. Hasta doler los músculos del alma, del esfuerzo que pide la sana voluntad de divertirse.
En los balcones, madres viendo la primavera de sus hijas salir como capullos de rosa ornamentando sus viejas y queridas calles. O a sus hijos, estos emprendedores mozos del Entremuro que no tienen miedo ni al insomnio ni al cansancio. Seguid así, juventud de un barrio eterno. Sois la mejor garantía del mañana. Sois la continuación de lo que verdaderamente sentimos Y por eso, una y mil veces, como la voz del pasado glorioso, Barbastro y Aragón, seréis vosotros.