Barbastro no ha conservado a lo largo de los siglos demasiadas tradiciones. Sin embargo aun hemos podido detectar dos fiestas que parecen no piamente originales de la ciudad, y curiosamente, las dos tienen que ver cor el fuego: una la constituyen evidentemente las hogueras de San Ramón. Estas luminarias, que conmemoran como muchas otras en todo el mundo la llegada del solsticio de verano, se encienden en Barbastro, con más exactitud en lo astronómico que aquellas otras que se dedican a San Juan, aunque sean estas las que se llevan la fama en todas partes.
La otra celebración de la que hablo es el pasacalles de antorchas del Entremuro.
Pasacalles de antorchas. (Programa de fiestas)
Ya sabéis que la Reina Dª Germana de Foix, segunda esposa de Fernando el Católico, había concedido al barrio en 1512 el privilegio de celebrar una feria anual cuya duración se establecía desde doce días antes hasta doce después del 2 de Febrero, y que debía celebrarse ”dentro del quartón de Dentro Muro”, para... el bien, reparo y conservación del dicho quartón...”, haciendo que dos terceras partes del importe de las multas que se impusieran fueran para la reparación de las murallas.
Siempre me había extrañado la elección de una fecha semejante para organizar una feria, cuando en Barbastro hace mucho frío y los puertos nevados impedirían la llegada de mercancías francesas. Sin embargo he comprobado que no es la única feria que se celebra en España alrededor de ese día. Sospecho no obstante que en el caso del Entremuro se hizo coincidir la feria con una fiesta que se vendría celebrando en el Barrio, desde tiempos mucho más remotos.
D. Cándido Montes (q.e.p.d.) que nació el 2 de Febrero de 1894, me contaba, que antiguamente la fiesta del Barrio se celebraba para la Candelera, duraba ocho días como la feria, y que su abuelo le explicó que aquello venía “de muy antiguo”. Como veréis, ni siquiera su abuelo alcanzaba a recordar los tiempos en que la feria duraba 25 días. El acto principal, además de lo toros ensogados, era un pasacalles de antorchas hechas de esparto y pez en el que participaban solamente los hombres. Cuatro mozos portaban una tarta de cuatro pisos que se comían al final de las fiestas y los fastos corrían a cargo de los hombres casados. Si decidieron trasladar las celebraciones al mes de septiembre fue debido al frío y al decaimiento de la feria, pero manteniendo el ceremonial intacto.
La Fiesta de la Purificación de Ntra. Sra. y Presentación de Jesús en el Templo fue instituida por el Papa Gelasio I en el año 494. Los cristianos de Oriente, sin embargo, la venían celebrando el día 14 de Febrero, haciendo una procesión con antorchas. La bendición de candelas durante la Misa, que se sigue haciendo en todos los países de tradición católica, es quinientos años más moderna. Una procesión con antorchas que rememore aquella otra que realizaban los cristianos del Imperio Romano de Oriente, solo he podido localizar la en Barbastro, y aun aquí trasladada de fecha.
Pero sigamos con más datos. Baronio y San Beda, los más reconocidos historiadores de la Iglesia, coinciden en afirmar que el Papa Gelasio instituyó la fiesta de las candelas para acabar con los excesos y supersticiones de los romanos en las Lupercales y en la fiesta de Proserpina.
El ceremonial que seguían los lupercos no se parece en nada al de la Fiesta del Entremuro, evidentemente, salvo en el detalle de que lo efectuaban solamente los hombres y que ofrecían como sacrificio algunos pasteles hechos por las vestales. En cuanto a Proserpina, diosa romana que controlaba la germinación de las semillas, y cuyo culto fue muy importante en todo el Imperio, se la representaba con una antorcha en cada mano, por lo que sus devotos la honraban con una procesión de antorchas. ¡Vaya casualidad! Pensareis. Pero aun hay más.
Ya os conté en otra ocasión que Fréderich Mistral, premio Nobel de literatura en 1904, opinaba que el nombre de Barbastro era el de un vegetal y así me encontré con el “Verbascum thapsus”, planta que suele crecer en las cunetas cercanas a Barbastro y tiene la virtud, entre otras, de emponzoñar las aguas de las badinas haciendo salir los peces a la superficie como dormidos. Pues bien, esta planta recibe en algunas zonas el nombre de “barbasco”, con una clara similitud fonética con el nombre de nuestra ciudad. Su vástago, que puede alcanzar una altura considerable, sirvio en otros tiempos para hacer antorchas untándolo con pez, un sistema más antiguo que el de trenzar esparto, por lo que también se la llama “candelera”. De modo que, al menos en lo que se refiere a esta planta, barbasco y candelera son la misma cosa. Su nombre más habitual es, sin embargo “guardalobo” y aquellos lupercos romanos de quienes os hablé, se llamaban a sí mismos los “guardianes del lobo” ¿ No son ya muchas casualidades?. ¿ O es que mistral tenía razón?.
En ese caso el escudo de Barbastro debería representar un tallo de “barbasco” ardiendo como una candela en lugar de un individuo barbado del que nadie conoce origen ni significado salvo que su presencia en el escudo se deba a una horrible traducción del nombre de la Ciudad. No sería la primera vez que se comete un herrar semejante. En el escudo de Alcolea, antes de ser modificada, figuraban dos coles en lugar de una torre, verdadero significado de su nombre. Y en el de Peralta había tres peras, una de ellas más alta, en lugar de lucir una alta roca, pues su nombre deriva de piedra y no de pera.
Creo que en nuestro caso ocurrió lo mismo, y aunque aquí no hay espacio suficiente para justificarlo con mayor amplitud, estoy convencido de que algún “inspirado” se quedó únicamente con las “barbas” donde debería haber visto Barbasco, candelera o guardian del lobo, con lo que nos hizo un flaco favor.
Artículo publicado en el Programa de Fiestas del Barrio en 1992, por Francisco Subías garcía.