Si bien la Historia, en términos generales, es la narración de acontecimientos y hechos memorables, recoge también aquellos que tienen alguna relación, con la vida de la colectividad, en sus múltiples aspectos.
A Continuación, van unos cortos relatos que, aunque nos parezcan intrascendentes, Pueden contribuir a conocer más a este Barrio, que es caudal inagotable de aconteceres pasados.
Calle de “el Rollo”. (J. Abizanda)
La calle de el Rollo (actualmente denominada de la Academia Cerbuna) debe su nombre al “ rollo “ que allí había desde la construcción de la segunda muralla de la Ciudad, hasta su desaparición a comienzos del sigloIXI.
El rollo era una columna cilíndrica de piedra, rematada por una bola también pétrea. Era insignia de jurisdicción civil y criminal y en algunas ocasiones servía de picota, donde se ataba a los reos, para exponerlos a la vergüenza pública, Generalmente , eran delincuentes de poca monta (personas alborotadoras y deslenguadas, pendencieras, ladronzuelos de huertas, borrachos empedernidos , etc. )
Estaba junto a la actual Plaza de la Constitución, muy cerca de la puerta Traviesa (uno de los accesos al Entremuro), la cual se hallaba situada entre el actual Palacio Episcopal y la residencia de las Hermanitas.
La existencia de esta puerta, la menciona el alemán Enrique Cock, cronista, notario y arquero del Rey Felipe II, que visitó nuestra Ciudad, en el verano de 1585, cuando fueron a celebrar Cortes en Monzón, lo que le dió ocasión de escribir algo sobre Barbastro, de su historia y geografía, en su obra “Viaje de Felipe II a Zaragoza, Lérida y Barcelona”.
Al referirse a la puerta y escudo de la Ciudad, dice: “Hay de él, un modelo muy antiguo en la puerta de la Ciudad, donde se sube a La Seo (Puerta Traviesa), que debe tener unos cuatrocientos anos”.
El escudo de Barbastro en aquellos siglos, campeaba con profusión en puertas de las murallas, en edificios públicos, religiosos y civiles de diversa índole. En nuestra Catedral, en el siglo XVI, había treinta y cinco escudos repartidos entre los dorados florones de la bóveda, en el friso que recorre la imposta bajo los arranques de la bóveda y en el basamento del Retablo Mayor. Han desaparecido actualmente, ocho de ellos.
Cruz de Sta. Bárbara. (J. Abizanda)
Si bien los rollos constituían un sigo de jurisdicción, en los caminos que conducían a la Ciudad, a poca distancia de la misma, estaban las Cruces de término o Cruceros, ante los cuales, los caminantes se postraban en oración y desde los cuales, se impartía La bendición al termino municipal; otros, eran punto de reunión o partida hacia una ermita, bien procesionalmente o en romería.
En Barbastro, y más concretamente en caminos colindantes al Entremuro quedan, todavía, dos de ellas aunque reconstruidas y muy modificadas; el del antiguo camino de Huesca, al pie de Sta. Bárbara y el de la Cabañera, antiguo Camino Real de Zaragoza.
Las escaleretas. (J. Abizanda)
(Entre C/. de La Seo y Carretera de Salas o Avda. de Navarra)
Las escaleras que comunican estas dos calles, fueron abiertas en 1594, a costa de D. Miguel Millera y otros vecinos del Cuartón del Entremuro, que lo solicitaron al Consejo de la Ciudad. Fueron autorizadas en sesión de 4 de Marzo del citado año, con la condición de asistencia de los jurados, estableciendo la cláusula de no causar daño en los solares anejos.
Ascendió la obra a 782 sueldos. (Actas del Concejo, 1643-1644).
Plaza de la Encomienda. (J. Abizanda)
Muy cerca de la desaparecida Puerta Traviesa, se halla la Plaza de la Encomienda. Este es su nombre, pero popularmente es conocida plaza de Laclaustra. Hay alguna posibilidad de que este nombre le venga por su proximidad al antiguo claustro de la Catedral, que era conocido también con el nombre de claustra, pero lo más probable es, que en el ambiente popular, se la denomine así a causa del relevante personaje que a finales del siglo XIX la habitó y también tenía su despacho. Precisamente en la casa nº 2 recientemente demolida.
Se trata del notario D. Simón Laclaustra (así con una sola palabra). Fue un hombre que destacó notablemente en la vida ciudadana en muchos aspectos; gran impulsor, junto al Procurados Síndico del Ayuntamiento, D. Pablo Gravisaco, en la organización de los actos conmemorativos, del primer centenario de la muerte del ilustre barbastrense General Ricardos, celebrados en esta Ciudad en Marzo de 1894. Digamos de paso, que la Junta Organizadora, es taba compuesta por 136 miembros activos y 22 presidentes honorarios, estos actos tuvieron resonancia nacional.
Esta narración final y puestos ya en esta siglo, puede ser para la juventud un hecho lejano en el tiempo, pero los que ya están jubilados o a punto de serlo, la van a recordar, porque muchos de ellos, presenciaron este espectáculo insólito.
Era el 2 de Febrero de 1936, festividad de la Candelera, 3 de la tarde. La plaza del Palacio, estaba abarrotada de público, de todas las edades, dispuestos a presenciar la arriesgada actuación de dos escalatorres, que con la ayuda de una cuerda, se proponían llegar hasta lo más alto de la Torre de la Catedral.
Realizó el ascenso uno de ellos, agarrándose a una cuerda que pendía de la Cruz que remata la aguja de la Torre y apoyando los pies en la pared. Descansaba unos segundos al llegar a cada una de las troneras y ventanales. Al segundo cuerpo del campanario y siempre con la cuerda subieron dos escalatorres; una vez llegados a la Cruz, uno se sentó en ella, el compañero se le puso de pie en los hombres y sin ningún tipo de asidero, con los brazos extendidos, saludó boina en mano al público congregado en la plaza.
Durante la ascensión , sus compañeros pasaron el platillo entre el público, solicitando la voluntad, Recaudaron unas 180 pesetas.
Pero ¿cómo hicieron para atar la cuerda a la Cruz sobre la veleta?, Sencillamente. En la tarde anterior subieron por el cable del pararrayos, desde la base del segundo cuerpo del campanario, desde “el huerté” como le llamaba el excelente e inolvidable campanero D. Pedro Salinas, el Señor Perico, como así quería que le dijésemos, encariñado con “su Torre” pues para él, era su segunda casa, tal vez tan importante como la suya propia. Un recuerdo para él.
Ni que decir tiene, que la “atadura” de la cuerda de la Cruz, la presenciamos la chiquillería desde las “eras de Jordán”, próximas a la Merced.
Trabajo de D. Vícente Zueras Torrens, publicado
en el programa de Fiestas del Barrio en 1989
Placeta del Verdugo. (J. Abizanda)
Hacia la mitad de la calle Obarra, se encuentra esta pequeña plaza que siempre se ha conocido en el barrio como “placeta del verdugo”.
D. Santos Lalueza, buscando documentación para saber de donde provenía éste nombre, sólo encontró una cita que decía “En el año de 1650, se da sepultura en la Seo a D. Guillermina Estrada, viuda de D. Domingo Marcos, verdugo de profesión.
Escudo pontificio. (J. Abizanda)
Este balcón aunque no es nobiliario, pues no esta timbrado con corona ni yelmo, es importante mencionarlo por todo lo que significa Esta ciudad de realengo, prestó relevantes servicios a los reyes aragoneses y fueron numerosos sus acontecimientos memorables. Barbastro celebró Cortes en 1137, convocadas por el rey Ramiro II; en 1192, por Alfonso II; en 1196, por Pedro II. ; en 1626, por Felipe IV y en el mismo año 1626, por Enrique IV.
La casa, en cuya fachada campea este escudo, que representa la tiara Pontificia y las dos llaves apostólicas cruzadas, los reyes la tenían reservada, para alojamiento de los Nuncios de su Santidad, en estas solemnidades y otras análogas.
El historiador, canónigo de la Catedral de Barbastro, D. Gabriel Sesé, en su obra “Historia de Barbastro”, escrita entre los años 1584-1616, dice literalmente “en tiempos que Su Majestad tiene Cortes en esta Ciudad o en la Villa de Monzón, a los aragoneses, valencianos y catalanes, se aposenta en ella (se refiere a Barbastro), a los Nuncios de Su Santidad, a los embajadores que siguen y a la Corte, a los capellanes de su Majestad, a los arqueros y otras gentes y Señores Principales.
Del artículo de D. Vicente Zueras Torrens, en el extraordinario de Fiestas de Barbastro “Los escudos heráldicos en Barbastro” de 1998.