El proyecto de restauración iniciado en 1989 por la Diputación General de Aragón, en el entorno de la Catedral de Barbastro, ha supuesto un importante logro para la Ciudad por lo que supone el acceder, mediante las excavaciones arqueológicas, a nuevos datos sobre la Historia de la Ciudad, a veces no trasmitidos por las fuentes escritas, y la recuperación y posibilidad de conocer “in situ” una parte de nuestro Patrimonio Cultural.
Este ámbito, cargado de historia, revela un espacio urbano de intensa connotación religiosa, pues ya la tradición, ubica aquí la mezquita mayor musulmana, mantenida hasta la actualidad.
A través de la arqueología, se han podido rastrear, algunos espacios de la evolución urbanística de este espacio, desde la Edad media hasta nuestros días.
Los restos más antiguos documentados, corresponden a un edificio rectangular que, aunque no es posible identificarlo con la mezquita musulmana, por no contar con suficientes datos, se permite datarlo con anterioridad al siglo XVV, habiendo constituido el marco de referencia a partir del cual, se ordenaron las restantes edificaciones,
De igual forma, la aparición de parte de las dependencias del ala norte del claustro (S. XIII-XIV), perteneciente a la iglesia antecesora de la actual Catedral, aclara algunos aspecto sobre la configuración del mismo, construido, superponiéndose en parte, sobre la construcción anteriormente citada, Todavía ha permanecido una capilla situada junto a la calle de 5. José de Calasanz, en uso durante el siglo XVII, descubierta tras el derribo de la última vivienda.
La construcción de la actual Catedral, en los inicios del siglo XVI, significó una intensa transformación del entorno, con reformas sustanciales en su morfología. Aunque se mantuvo la zona norte del claustro, este fue desapareciendo paulatinamente, tras la construcción de las capillas, entre los siglos XVI y XVII y absorbido por las construcciones posteriores.
A ésta época y en uso hasta el siglo XVIII, corresponde el cementerio en tierra, documentado junto a la fachada catedralicia actual, que ha proporcionado, cerca de 50 enterramientos.
En el siglo XVIII, se documentó otra importante transformación, como muestra la inutilización del cementerio en tierra y construcción de un nuevo cementerio subterráneo, entre la Catedral y la Torre, siendo obispo Abad y Lasierra; así como la construcción de determinadas dependencias de viviendas y zonas de almacenaje como espacios anexos de la Catedral, que pudieron haber utilizado y enmascarado los espacios y edificios anteriores A partir del siglo XIX, las modificaciones continúan, siendo significativo la nueva funcionalidad del entorno, desapareciendo el uso funerario y convirtiéndose gran parte de la zona norte en viviendas y dependencias domésticas de almacenaje, desprovistas de uso religioso.
Junto a los restos arquitectónicos, los diferentes materiales muebles, ayudan a identificar la función de los edificios anteriores y a extraer algunos datos sobre economía y la vida cotidiana. Así aparecen diversos enseres de uso cotidiano, entre los que destacan materiales cerámicos (ollas, platos, vasitos, etc) de los siglos XIII-XIV, algunos objetos de uso litúrgico (vasitos, vinajeras) de los siglos XV al XVII y un amplio conjunto de materiales del siglo XVIII, compuesto por platos, jícaras, y mancerinas decorados, junto a otros de los siglos XIX e inicios del XX, como ollas, jarritas, tapaderas, hueveras, cántaros y botijos.
Artículo de Dª Nieves Juste Arruga, Arqueóloga, del
programa de Fiestas del Barrio, escrito en 1991.