Distinción I, capítulo 12
Del Maestro de novicios
El prior ponga al frente de los novicios un Maestro diligente para que les instruya en las cosas de la Orden. Los enfervorice en la iglesia, y en cualquier lugar donde se portasen negligentemente procure, cuanto le sea posible, corregirlos con palabras o con señales, y provéales, del modo que pueda, de las cosas necesarias.
Cuando le pidieren perdón de las negligencias manifiestas pu de imponerles una penitencia o proclamarlos en Capitulo. Enséñeles a ser humildes en cuerpo y alma y trate de inculcar esto al novicio, según aquella frase "Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón"; les enseñe a confesarse con frecuencia, pura y discretamente; a vivir desprendidos de todo, a renunciar a la propia voluntad y a estar sumisos en todas las cosas, con voluntaria obediencia, a la voluntad de su prelado; cómo deben estar en cada lugar y cómo deben portarse en todas las cosas; que ocupen el lugar que les hubieren señalado; cómo tienen que inclinarse a quien les diese o tomase algo, a quien los bendijera o maldijera; cómo se han de portar en los servicios; que no vayan con los ojos levantados; cómo qué han de rezar y con cuánto silencio, para que no molesten a los demás.
Y en cualquier lugar donde fueren reprendidos por el prelado pidan perdón, y que no presuman alternar con nadie y que en todo sean obedientes a su Maestro. En las procesiones claustrales estén atentos a su compañero colateral.
Que no hablen en tiempo y lugares prohibidos. Cuando se les dé alguna prenda de vestir, inclinando profunda mente la cabeza, digan: "Benedictus Deus in donis suis"; que de nin gún modo juzguen a nadie, y si viesen una acción ajena, aunque parezca mala, téngan la por buena, o al menos hecha con buena inten ción: porque el criterio humano frecuentemente se equivoca. Cómo han de hacer la venia en el Capítulo o en cualquier lugar donde fueran reprendidos; cómo deben disciplinarse con frecuencia y cómo no deben hablar de los ausentes sino cosas buenas; que beban con dos manos y sentados; que guarden con diligencia los libros, los vestidos y las demás cosas del monasterio. Cómo deben entregarse ahincadamente al estudio, de tal manera que de día y de noche, en casa y de viaje, lean siempre o mediten algo, y se esfuercen por retener en la memoria cuanto pudieren; cuán fervorosos han de ser en la predicación cuando llegue su tiempo.
En bordó los textos que aparecen en el LCO.
1.Citado en LCO n. 188.