• Goya. Los disparates. Adquisición de cuatro láminas de cobre por el Museo del Louvre. Julio 2011 y marzo 2012.

Los disparates del Louvre

El museo parisino impide a Calcografía Nacional la compra de las cuatro planchas que faltaban para completar la famosa serie de grabados de Goya 

PEIO H. RIAÑO. MADRID Público 05/07/2011 08:10 

http://www.publico.es/culturas/385376/los-disparates-del-louvre

Hace 200 años, una de las obras cumbres de Goya padeció las necesidades de sus herederos. La serie de Los disparates quedó esquilmada cuando, de las 22 planchas, se vendieron cuatro. La historia de esas cuatro escenas ha caminado desde entonces lejos del resto de los grabados, cuando la Academia de Bellas Artes compró los 18 restantes en 1864. Dos siglos más tarde, la Calcografía Nacional española tuvo la posibilidad de reunir el juego, que estuvo completo apenas 30 años, hasta que el Museo del Louvre entró en la operación. "Han provocado un daño irreparable. Han hecho un caballo de batalla con estos cuatro cobres que no les sirven, porque no tienen el contexto del resto de disparates. Han logrado quedarse con las planchas saltándose las reglas y no pasará de sus almacenes", se lamenta Juan Bordes, delegado de la Calcografía Nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Este periódico trató sin éxito de ponerse en contacto con Pascal Torres, conservador del Museo del Louvre y director de la Calcografía, para conocer los motivos por los que el museo francés puso tanto empeño en hacerse con estaspiezas esenciales para cerrar el Gabinete de Francisco de Goya, que la Calcografía Nacional exhibe en una sala desde 1990. "Para él, es una compra importantísima, quizás la más importante de su vida. Adquirir un grabado de uno de los mayores grabadores del mundo es muy relevante. Además, aludieron otras razones, como la de la huella del exilio. Pero lo cierto es que, por encima de todo razonamiento, está el de la unidad de la obra de Goya, que no se ha respetado", explica a este periódico José Manuel Matilla, jefe del Departamento de Dibujos y Estampas del Museo Nacional del Prado.

Calcografía se presentó en París con un talón de 600.000 euros.

Pascal Torres, hijo de exiliados españoles, señaló a Juan Bordes, tal y como este asegura a Público, razones de la compra vinculadas al exilio de Goya. El pintor aragonés ultimó la serie en Burdeos, donde muere el 15 de abril de 1828. Según cuenta el director de la Calcografía, cuando pidió explicaciones a Torres por esta irrupción de su museo en la compra, que ya estaba cerrada, le aclaró que él quería las planchas para "dejar una herida en el Patrimonio español por el exilio de Goya".

Bordes señala a la galería parisina Paul Prouté como cómplice de una venta que se "ha saltado un contrato verbal válido". Las dueñas de Prouté se pusieron en contacto con la Biblioteca Nacional de Francia buscando la venta, pero esta les respondió que la obra gráfica de Goya no estaba dentro de sus intereses ni de sus competencias. Así que, a través de Juliet Wilson, la galería entró en contacto con El Prado, con José Manuel Matilla. Desde la pinacoteca nacional pasaron la información a Juan Bordes, que mostró su interés inmediatamente y cerró verbalmente la compra con ellos.

Legítimo pero incoherente

"La compra no tiene ninguna coherencia histórica", dicen desde El Prado

"Este acuerdo cuenta porque teníamos la opción a compra. Incluso Francia había concedido los permisos de exportación", cuenta Bordes. Las obras estaban listas para salir del país en el que residían desde 1877, donde estaban en propiedad de la revista L'Art, explica Bordes. Pero la galería, entonces, decidió ponerse en contacto con la Calcografía del Louvre y la venta se truncó. "No es absurdo que lo haya comprado el Louvre, ni un disparate, pero no tiene ninguna coherencia histórica. Además, esas planchas han estado en Francia desde el siglo XIX, pero el lugar más adecuado era la Calcografía Nacional. Nosotros intentamos explicárselo al Louvre, pero no han atendido a la generosidad que les pedíamos. Querían tener cuatro Goyas y nada más", cuenta Matilla.

Goya ha sido siempre un artista muy considerado y estudiado en Francia, de hecho, las dos primeras biografías que se conocen son de auto-res franceses. "Nunca hemos tenido apego a Goya", reconoce una especialista que prefiere no aparecer con su nombre. Sin embargo, en este caso se ha movido Roma con Santiago, desde los ministerios de Cultura francés y español, a las embajadas y al príncipe de España. Insuficiente. Bordes, dolido, señala poco sincera la actitud de Torres, quien aceptó la contraoferta de la galería Prouté y ejerció su presión para que los cobres se quedaran en Francia.

"Dijo que contaba con el consentimiento de una comisión de compra del Ministerio de Cultura y no era verdad, porque entre los dos ministerios se pusieron en contacto y Francia aseguró que no obstaculizaría la venta. Sin embargo, Torres compró los grabados a través de los Amigos del Louvre y estos lo donaron al museo, evitándose, de esta manera, tener que pasar por dicha comisión", relata Bordes. De hecho, cuando El Prado se pone en contacto con el Louvre para mediar, el museo parisino dice que ya han comprado para zanjar el tema, pero no era cierto.

París quiso "dejar una herida en el Patrimonio por el exilio de Goya"

Ante las complicaciones, el director de la Calcografía se presenta con un talón conformado por el valor pactado, 600.000 euros, para cerrar definitivamente la compra de las cuatro planchas. Sin embargo, tras dos días de espera en la ciudad y un mes y medio después de que arrancara la polémica, le aseguran que el Louvre ya ha reunido el dinero y que no había nada que hacer. "Se han saltado cualquier código ético comercial, han seguido un juego muy sucio", explica Bordes. Además, la propia Juliet Wilson, mensajera de la venta, advirtió a Bordes que Albert H. Gordon, el coleccionista que había conservado las cuatro planchas como oro en paño, quería que fueran a parar junto al resto.

El propio responsable del Departamento de Dibujos y Estampas del Museo Nacional del Prado cuenta que no se ha debido a una cuestión de dinero, porque la oferta de ambas instituciones era la misma. De esta manera, una de las tres calcografías existentes en el mundo se queda sin completar su tesoro. Así como la de Roma tiene la obra gráfica de Piranesi (1720-1778), la de París la del Gabinete real, la española tendrá que andar coja de su joya, las planchas de Los disparates.

De esta manera, las cuatro estampas que ya habían salido a la venta en Nueva York hace un año, por un precio que rondaba los 30.000 y 50.000 dólares, se quedarán lejos del resto de matrices de la serie. Disparate conocido (Dos a uno, meten la paja en el culo), Disparate puntual (Bailando en la cuerda floja), Disparate de bestia (¿Quién le pone el cascabel al gato?) y Disparate de toritos (Al toro y al aire, darles calle), formarán parte de la importante colección de dibujos de Goya que tiene el Louvre y la Calcografía a lamerse las heridas.

Goya se resiste a entrar en patrimonio

Subasta caliente: Un dibujo por las nubes

Christie's Londres saca a subasta hoy ‘Hútiles trabajos', un dibujo muy apreciado del álbum E de Francisco de Goya, con una estimación de venta de entre los dos y tres millones de euros. Una cifra disparada al compararla con el ‘Toro mariposa' que compró el Museo del Prado, en diciembre de 2006, por 1.900.000 euros. Este cuaderno recoge dibujos de personajes del pueblo tratados con veracidad y fuerte carga emotiva, como es el caso de esta imagen. Se conocen 42 dibujos de este álbum y es el más grande de los cuadernos de Goya. De hecho, ya se puso a la venta en 2007 en Christie's París y fue retirado por el ministerio de Cultura francés al considerarlo «Tesoro nacional». Una vez pasaron 30 meses sin que Francia pudiese comprarlo, el dibujo volvió al mercado, a Londres.

Difícil venta: El Prado prefiere no posicionarse

Justo en el mismo momento en el que El Prado muestra sus joyas gráficas, en la exposición ‘No sólo Goya', la venta de ‘Hútiles trabajos' irrumpe para cuestionar las posibilidades de compra de la pinacoteca por una pieza de un precio tan elevado. Desde el departamento de prensa, El Prado confirma a este periódico que el museo "no se pronuncia sobre obras que estén en el mercado, para no interferir de ninguna manera en el proceso de la venta". A pesar de ello, el propio responsable del Departamento de Dibujos y Estampas del Museo Nacional del Prado considera que este dibujo es muy importante y se conserva en muy buen estado.

El preciado álbum: Piezas muy cuidadas

"Los dueños han decidido que quieren un precio tan caro. De este mismo cuaderno, El Prado tiene dos estampas, que se exponen en ‘No sólo Goya'. Son dibujos muy cuidados y elaborados. Además, tiene este valor porque el dibujo fue portada de Gassier, que hasta el momento es el catálogo oficial de la obra gráfica de Goya", explica a ‘Público'. Y José Manuel Matilla se pregunta, al hilo de la subasta: "¿Qué valen las cosas? Valen lo que quieras que valgan y en el momento en que las vendan. Es un precio muy alto, los que vendieron hace un año en Nueva York no eran tan elevados". Prefieren no aclarar si mandaron el informe de interés en comprar el dibujo al ministerio de Cultura, responsable de las compras del museo.




La cabeza de Goya

PASCAL TORRES (Conservador y director de la Calcografía del Museo del Louvre) 

26/07/2011 Elpais.com   

http://www.elpais.com/articulo/opinion/cabeza/Goya/elpepuopi/20110726elpepiopi_10/Tes

Siendo niño me horrorizó el robo de la cabeza de Goya. En la ermita de San Antonio, bajo los frescos del artista, me fijaba en la tumba donde yace el cuerpo mutilado. Mi concepción del mundo dependía entonces de una visión infantil de la globalidad, alimentada por el miedo a la castración. Mi comprensión de la historia también se confundía con las ilustraciones de los manuales escolares. Unas cuantas décadas después, sigo horrorizado por tal mutilación disparatada cuando me parece evidente que la historia es algo distinto de la puesta en escena de la perfección.

El Museo del Louvre ha adquirido cuatro cobres de los Disparates de Goya que el azar -¿o el destino? da lo mismo...- había afincado en París en el año 1870. Cabe decir que la historia de las obras maestras también modela la historia, estructura lo real de los museos y señala al inconsciente del público el mito de la legitimidad de las colecciones. He podido leer comentarios que me prestan la fea intención de herir al patrimonio nacional. ¡No tiene sentido! Según mi punto de vista, y no pretendo detener la verdad, estos cuatro Disparates señalan al público que su alejamiento del corpus goyesco conservado en Calcografía Nacional tiene 141 años de antigüedad, y recuerdan sobre todo que no hubiera nacido jamás la modernidad artística en París sin la profunda huella dejada por el Aragonés. Tal fue la argumentación de la adquisición.

Aceptándola, el Louvre no ha hecho más historia, ni deseado mutilar a nadie: ató a sus colecciones unas obras que la historia -sea cual sea- había sembrado en París. Hay argumentos en contra. Los oí. ¡Queda por abrir el debate para domar al horror infantil.


POLÉMICA ENTRE MUSEOS

'Los Disparates' de Goya que no han de volver

M. TRAGACETE. ZARAGOZA 

29/07/2011 a las 06:00   Heraldo.es  

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/los_disparates_goya_que_han_volver.html

Cuatro de las planchas de la serie de 'Los Disparates' llevan 141 años en Francia y allí seguirán. En marzo Calcografía Nacional tuvo la oportunidad de recuperarlas pero, finalmente, fue el Louvre quien se llevó el gato al agua.

Parece ser la polémica una fiel compañera de la figura de Francisco de Goya y de su obra. Esta vez le ha tocado a la serie 'Los Disparates'. Cuatro planchas de esta serie 'residen' en Francia desde 1870. La posibilidad de recuperarlas se le presentó a la Calcografía Nacional de España en marzo de este año. Sin embargo, un delegado de la institución ha informado de que pese a tener las piezas atadas con una galería francesa, la operación se truncó y las planchas las adquirió el Museo del Louvre.

En este embrollo, que tiene a 'Los disparates' de Goya como protagonista principal, se han visto involucrados el Museo del Prado, el Louvre de París, la Calcografía Nacional de España y la galería de arte parisina Prouté. Sin duda, una polémica de altos vuelos.

Todos los protagonistas defienden su buen hacer durante la operación de compra de las planchas de 'Disparate de tontos' -también llamado 'Disparate de toritos' porque la caligrafía de Goya de este 'disparate' genera controversia, 'Disparate de bestias', 'Disparate conocido' y 'Disparate puntual' y entre tantos dimes y diretes, la única certeza de este lío es que estas obras se expondrán en el museo parisino el próximo otoño.

Calcografia Nacional vs. Louvre

Juan Bordes, escultor y delegado de Calcografía Nacional, explica que la noticia de la venta de las planchas le llegó a través del Museo del Prado directamente desde la galería parisina Prouté y a través de la crítica de arte y especialista en Goya Juliet Wilson. Las piezas eran tan preciadas que en cuanto tuvieron noticia de su venta, manifestaron su interés. Las negociaciones, según Bordes, comenzaron en marzo de este año llegándose a cerrar, incluso, un acuerdo verbal de compraventa, al parecer una fórmula bastante utilizada en este tipo de negocios que es totalmente válida.

Esto es algo que no concuerda con la versión del Louvre ofrecida por Pascal Torres, conservador y director de la Calcografía del museo parisino, quien informa que el museo parisino recibió la confirmación oficial de que los cobres estaban en venta el 21 de abril de 2011. Para esa fecha, según Bordes, Calcografía contaba ya con el permiso de exportación de las piezas emitido por el Ministerio de Cultura francés. Solo faltaba que la galería diera el 'okey', según él. Visto bueno que nunca llegó.

«La galería saltó por encima del acuerdo», señala Bordes, quien afirma que los intereses del Louvre eran tan lícitos como los de Calcografía. En esto coincide, por supuesto, Pascal Torres, quien sostiene que ningún museo debe dejar pasar una oportunidad como la de la compra de las planchas de Goya. «El Prado y el Louvre son grandes museos de obras maestras que ante unas piezas como las de Goya deben cuestionarse la adquisión».

Torres, que es además académico correspondiente en París de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, añade a su defensa que los cobres llevan 141 años en Francia, un tiempo que considera suficiente para que sean considerados «tesoro nacional» y huye de atar las obras al país de nacimiento del artista porque esto «empobrece al arte». «El arte es universal», dice Torres, que señala que la obra de arte no es solo la obra de arte sino también todas las circunstancias que la envuelven, en línea con el pensamiento de Walter Benjamin -el filósofo alemán elaboró el concepto de 'aura', con el que pretendía explicar que la obra de arte ha de valorarse no solo por lo que en sí misma es sino también por todo aquello que la envuelve o la ha envuelto-.

Por su parte, las responsables de la galería Prouté, Annie Martinez Prouté y Sylvie Tocci Prouté, han declinado hacer declaraciones a este respecto y se han limitado a confirmar que «los Amigos del Louvre se han convertido en compradores de los cuatro cobres de Goya, en una Junta General Extraordinaria celebrada el 8 de junio 2011» y que los «han ofrecido generosamente al Museo del Louvre».

Desde 1870, en Francia

La historia de la serie de 'Los Disparates', es una historia algo complicada comparada con la de las otras series del pintor. El pintor de Fuendetodos elabora esta serie tras 'La Tauromaquia', en torno al año 1811, según ha referido Arturo Ansón, profesor de la Universidad de Zaragoza y del I. E. S. Goya de Zaragoza.

En 1862, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando adquiere 18 planchas de 'Los Disparates' con la firme creencia de que se trataba de una serie acabada. Sin embargo, en 1877 la revista francesa L'Art publica cuatro grabados pertenecientes a esta serie. Se trataba de 'Disparate de toritos', 'Disparate de Bestias', 'Disparate conocido' y 'Disparate puntual', precisamente las piezas protagonistas de la polémica.

Por si estas circunstancias no hubieran sido suficientes, a lo largo de los años han ido apareciendo dibujos preparatorios y pruebas de estado que han constatado que 'Los Disparates' es una serie inacabada, como explica Arturo Ansón. «Conocemos ocho dibujos preparatorios, de los que no existe versión grabada, de los que ocho están en el Museo del Prado y otro en Cambridge (Massachussets, EE. UU.)», dice el profesor para añadir que «también existe una prueba de estado con el número 25». Ansón refiere que la serie se quedó incompleta «porque Goya se marchó a Burdeos» y que pudiera haber tenido unos 30 o 40 dibujos.

El profesor zaragozano explica cómo los cuatro cobres de Goya llegaron hasta Francia. Al parecer, los cuatro 'disparates' los habría recibido el pintor romántico Eugenio Lucas Velázquez como pago o agradecimiento por el peritaje que realizó de las pinturas negras de Goya en torno al año 1855. Lucas Velázquez recibió las planchas de manos de Javier, hijo de Goya, o de Mariano, nieto del pintor, según Ansón. Fue este artista madrileño, o su hijo y también pintor Eugenio Lucas Villaamil, quien llevó los cobres a Francia, muy posiblemente durante 1870, donde han permanecido hasta entonces y donde seguirán.

Gran pérdida para el patrimonio

Juan Bordes quiere dejar claro que «no ha sido un descuido de Calcografía Nacional esta gran pérdida para el patrimonio». «Mi voluntad siempre ha sido defender los derechos de la Calcografía hasta el final», añade Bordes.

Para el profesor Ansón, el hecho de que las obras se hayan quedado en Francia «es una faena. Hubiera sido estupendo que las piezas hubieran regresado a España, son muy importantes». Ansón recuerda, sin embargo, que Zaragoza tiene la suerte de contar con los 22 disparates de Goya que se conocen, en el Museo Ibercaja Camón Aznar. El profesor recuerda que precisamente los cuatro grabados de los Disparates franceses fueron adquiridos hace relativamente poco tiempo por el museo. «En el momento en que los grabados se nos pusieron a tiro no se lo pensaron», dice.

Las cuatro planchas de 'Los Disparates' que se podrán ver en Louvre son las únicas que le faltaban a Calcografía Nacional para tener todos los cobres del pintor aragonés, que ascienden a más de 280. Se van al traste así, según Bordes, más de dos siglos de trabajo de recopilación realizado por la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando que empezaron con una donación del propio Goya.


OPINIÓN: CARTAS AL DIRECTOR

¿'Herida' goyesca?

PASCAL TORRES GUARDIOLA. 

PARÍS 29/07/2011 a las 06:00  Heraldo.es  

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/herida_goyesca.html

Pascal Torres Guardiola, conservador de la Colección Edmond de Rothschild y de la Chalcographie du Musée du Louvre, escribe sobre la polémica que se ha generado sobre la venta de cuatro planchas de 'Los Disparates' de Goya.

Empezaría este relato por una lluvia de toros. ¡Disparate de tontos! Sigue con una mañica sobre una cuerda bailando, Reina del Circo. ¡Disparate puntual! En otra ventana parece un elefante burlado por unos Turcos. ¡Disparate de Bestia! Otras leyes para el Pueblo – indignado. ¡Disparate conocido! Aquí un eterno soldado con su herramienta de muerte lucha contra la mujer, la humanidad, burla el crimen… Podría ser un cuento de Borges, una estampa infinita como la Divina Comedia. Pues se trata de una herida: la de Goya. ¿Y porqué no la de Picasso? ¿La de todos – Españoles y Forasteros–? Todos los que suponemos que el ideal no pertenece a nuestro mundo real, todos los que no deseamos imponer un amor catequístico del Bien al vecino por el miedo que tenemos a alimentar el Infierno. ¡Disparate de la Memoria!

A veces una obra de arte llega al encuentro de la historia. No solamente las obras son testimonios sino también sus recorridos, sus desplazamientos, sus exilios, sus pérdidas y destrucciones, su conservación e integración en el seno más amplio de una colección pública o privada, real, nacional, académica, de museo. Si sólo tuviéramos lo que nos merecemos, la manera de acercarnos a la obra de arte dependería en parte de la construcción museística de los Estados. Entonces el Estado, creador de museos, pretendería gestionar ante todo el aura de la obra de Arte. Llamemos pues la atención sobre lo que Walter Benjamin suele nombrar el 'Aura'. En pocas palabras, el aura es todo lo que brilla a partir de la obra de arte sin ser la obra: su unicidad, el mito de su virginidad, su explotación propagandística, su recorrido por el tiempo, su propia capacidad en adaptarse – ¡o no! – a la semiológica de su época. El siglo pasado, Benjamin avisó la tendencia particular que tiende a convertir al aura en exclusiva valoración mercantil de la obra de arte. ¿Estaríamos promulgando hoy en Europa otra valoración de la obra? ¿Valoración nacionalista, basada sobre la plusvalía de la identidad nacional? Por lo tanto, la realidad europea de hoy parecería edificada sobre un lecho muy frágil, a donde el sentimiento de la propiedad bifurca hacia el de la exclusión. Semejante valoración me parecería la antítesis de la razón, un disparate que seguiría lanzando flechas envenenadas cuya diana es la universalidad del acto civilizador.

Voy a intentar un breve paréntesis narrativo, para hacer más entendible mi sentimiento. Aquel día de 1824, dio Goya un paso por el salón y el comedor de la Quinta del Sordo a donde ya no le podía llegar el murmuro del Manzanares y se quedo abrumado delante de la representación de un perro semihundido en unas arenas letales. No sé lo que entonces pensó. Tal vez dio la vuelta: contempló las Parcas hilando su destino, y la Romería de San Isidro, y Leocadia apareciendo sobre el cielo azul de su pincelada negra. Tal vez pensó que este conjunto, ciertamente pintado para un futuro condenado, no iba a sobrevivir durante su ausencia. Los frescos no se arrancan de la pared de la Quinta de un artista lanzado sobre el camino del exilio. ¡Sí los cobres! ¡Sí los dibujos! Sí unas pocas pinturas de tamaño viajero. Decidió llevarse la obra grabada. Pues no, sabemos que la dejó. No se sabe lo que vio en Burdeos o en París, seguramente le extrañaba la poca diferencia perceptible en los caminos, en lo verde de la hierba, el color de la Garonne, mas ancho que el Manzanares pero mas estrecho que el delta del Ebro. Siguió su camino, en el silencio unánime de la sordera, sin despreciar los colores, sin perder ni un rasgo de su 'identidad nacional' – pues hablaba el idioma del Quijote – que se enfrentaba al de los verdugos de los Desastres de la Guerra. Seguramente apreció toda la distancia que alejaba a un Afrancesado de un Gabacho. Pero Paris era París, y Burdeos quedaba provinciano. En Burdeos se quedo y falleció.

Permanece la aura dorada, ideal: vinculada a Goya como la universalidad del arte, la esencia de la modernidad concebida como el entierro del Humanismo frente al mundo moderno. Y son tantas las razones que apuntan a la universalidad del legado goyesco que me parecería absurdo entrar de nuevo en dicho tema. Me parece más oportuno explicitar la expresión 'herida goyesca'.

La Calcografía Nacional adquiere, en octubre del 1862, 18 cobres de los Disparates. En 1864, Calcografía Nacional estampa la primera edición de estos 18 Disparates, bajo el título Los Proverbios por Don Francisco de Goya. En el año 1877 la revista parisina L’Art estampa cuatro Disparates, los que citamos al inicio de este artículo. Dichos cobres, separados de los demás después de la muerte de Javier Goya, pertenecieron al pintor Eugenio Lucas Velázquez. Parece que dio el Estado español en 1870 la autorización para que los cobres salieran de España. De hecho se estamparon los cobres en París cuando Edouard Manet, Vincent Van Gogh, Odilon Redon, Toulouse Lautrec, Cézanne, Monet y otros más artistas seguían en vida, los ojos abiertos para contemplar obras de arte que no solían limitarse a su identidad nacional.

En París se quedaron los cobres. El 13 de marzo del año 2008 se expusieron al público en 'Goya graveur', exposición organizada por el Petit Palais y donde dos cobres de la Calcografía Nacional también se podían admirar: 'Están Calientes' y 'Volaverunt' (laminas 13 y 61 de 'Los Caprichos'). El 21 de abril 2011, recibimos la confirmación oficial que los cobres estaban en venta en una galería parisina. El 8 de junio 2011, los presenté a la Sociedad de los Amigos del Louvre reunida en Asamblea General extraordinaria, quien votó a favor de la adquisición de los cuatro 'Disparates' de Goya. El 9 de Junio dicha donación fue unánimemente aceptada por la Comisión de adquisición del Museo del Louvre, subrayando que dichos cobres no habían salido nunca del territorio francés desde el año 1870.

Pues bien. Nada más normal hasta entonces que la entrada en las colecciones del primer museo francés de cuatro obras maestras ejecutadas por uno de los artistas españoles más relevantes para el desarrollo de la Modernidad. Supe en Abril que Calcografia Nacional deseaba adquirir las cuatro planchas de los 'Disparates'. Cuando me contactó Juan Bordes, avisé de entrada que nuestra intención era claramente de adquirir estos cobres, entrados en Francia en el año 1870. La legítima argumentación de Juan reposaba sobre el hecho que reunir todos los Disparates en el seno de Calcografia Nacional sería cumplir con la voluntad de reunir toda la obra grabada goyesca en un solo lugar. Debo de admitir que tal vez la palabra 'totalidad' no me agradó. Consideré que la propia historia, sea cual sea, había decidido del destino de estos cuatro Disparates. Mi argumento era que la historia de los cuatro cobres 'franceses' de los Disparates tenía su propia lógica histórica: atestaba por ejemplo de un fallo en el ideal de la continuidad histórica de la Nación, atestaba de heridas comparables a las de otros países occidentales como la Revolución francesa, el nazismo y la colaboración, el absolutismo de Fernando VII, las guerras Carlistas, Cromwell. ¿Porqué deberíamos negar dicha realidad? No somos nosotros quienes modelamos la historia de ayer. ¡Sí la de hoy! A mi punto de vista, que no deja de ser un punto de vista, ningún museo del alcance del Louvre hubiera podido deshacerse de la oportunidad remarcable de adquirir estas obras maestras que residían en Francia desde más de 140 años fuese por completar 'toda' una colección 'global'.

Convenimos con Juan Bordes que no empujaríamos el precio fijado por el vendedor. Defendí mi voluntad de pedir un nuevo examen oficial de prohibición de salida del territorio para estas piezas ya que el Museo del Louvre no había sido consultado para autorizar la exportación: tradicionalmente la Biblioteca Nacional de Francia gestiona estos trámites en lo que concierne a los grabados y a los cobres. Hecho curioso, en este caso nuestros colegas de la Bibliothèque Nationale no nos habían consultado. Me comprometí en exponer no solamente mi argumentación sino también la de Juan Bordes así como la de Juan José Matilla quien también me contactó para exponerme de nuevo los argumentos de Calcografía, a saber este 'deseo de totalidad', delante de la Comisión de adquisición del Museo del Louvre. Cumplí con la palabra dada. En otoño del 2011, los cobres de los Disparates serán expuestos al público en las salas de pinturas españolas del Louvre.

Escribe Borges, en su historia universal de la infamia, cuando se descubre la verdadera cara inmaculada del tintorero enmascarado Hákim: «Primero, hubo un temblor. La prometida cara del Apóstol, la cara que había estado en los cielos, era en efecto blanca, pero con la blancura peculiar de la lepra manchada». Tal fue mi impresión al leer un artículo de 'Público' que me reprochaba «herir al patrimonio nacional».

Para acabar de un modo más literario (tal vez para hacerme perdonar por el lector estos detalles tan prosaicos) y también para contestar a la pregunta que se me ha hecho (a saber: ¿Cuál fue la posición de Jorge Semprún sobre este tema?) recordaré que la misma tarde que presenté los cobres de Goya a los Amigos del Louvre, me fui antes a despedirme de Jorge Semprún en su casa de la rue de l’Université.

Entré. Estaba el hombre sabio, amigo del alma, en su lecho de muerte. Me hizo pensar en la momia de Mao, ya que le había obsequiado, en manera de broma, un marca-páginas a la efigie de Mao cuando presentamos en el Memorial de la Shoah de París el mes de noviembre pasado su último libro. ¿Para qué preguntar? Pensé. En aquel momento, cargado por una emoción retrospectiva, recordé la humilde exposición que también dediqué a Goya, y al propio Jorge Semprún, en Fuendetodos, en Belchite, más tarde en Barcelona: la muestra reunía once piezas maestras, cobres que el grabador Zoran Music había donado al Museo del Louvre (No somos los Últimos se titula la serie grabada) en memoria de su deportación en el campo de Dachau, diez grabados de los 'Desastres de la Guerra', y la película de Resnais 'Nuit et Brouillard'. ¿Para qué pues preguntar? No se puede mirar, titulábase la muestra. No se puede mirar la muerte. ¡Sí la historia! Para retomar una palabra poética de Borges: la obra de arte es la única aleph que valga.

No pretendo detener la verdad: expuse mis motivaciones y razones. Si el sueño de la razón produce monstruos, tal como lo escribe Goya el Capricho 43, diría muy sencillamente que el inconciente existe, y nos devuelve a menudo, cuando más inesperado, esta parte de sombra que nunca podrá tapar el Sol.



El Louvre inaugura hoy la sala Goya

M. Tragacete. Zaragoza|28/03/2012 a las 06:00  

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HERALDO.ES

 

Las estrellas de la estancia, situada junto a la gran sala de la pintura española del museo, son cuatro cobres de la serie 'Los Disparates'.

Desde este miércoles se puede visitar en el Pavillon de Flore del museo del Louvre la sala que la institución parisina ha decidido dedicar a Francisco de Goya. Los moradores estrella de este nuevo rincón son cuatro 'disparates' que tan solo han sido expuestos al público una vez, en el año 2008, pues desde aproximadamente la segunda mitad del siglo XIX han estado en manos privadas.

'Disparate de bestias', 'Disparate conocido', 'Disparate puntual' y 'Disparate de tontos', o 'de toritos', son propiedad del Louvre desde el pasado verano perohan tenido que pasar más de ocho meses para que el público pueda disfrutar de ellos

Desde que las piezas están en poder del museo, estas han sido sometidas a diversos tratamientos de restauración, aunque su estado de conservación era excelente, según señalaron fuentes del departamento de Calcografía del Louvre.

Junto a los 'disparates' se podrán ver cuatro pinturas: tres de ellas se atribuyen a Goya aunque con muchos interrogantes (son ‘Retrato de Mariana de Waldstein, novena marquesa de Santa Cruz’, ‘El matrimonio desigual’ y ‘Cristo en el monte de los Olivos’) y la cuarta es obra de Eugenio Lucas Velázquez (se trata de la obra ‘Escena de la Inquisición’). 

Como explicó a HERALDO.es hace unos días Pascal Torres, conservador del museo parisino, la sala dedicada a Goya se ha pensado como un espacio de debate. "Queremos enriquecer la presentación del museo y que la gente reflexione sobre los interrogantes que planteamos", explicó Torres.

El gabinete dedicado a Goya, ubicado junto a la gran sala de pintura española del museo, tendrá carácter permanente.



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