• Diccionario de la estampa, 1996

DICCIONARIO DEL ARTE GRÁFICO 

Enlace 

[Javier Blas (coord.), Ascensión Ciruelos y Clemente Barrena, Diccionario del dibujo y de la estampa. 

Vocabulario y tesauro sobre las artes del dibujo, grabado, litografía y serigrafía, Madrid: Real 

Academia de Bellas Artes de San Fernando, Calcografía Nacional, 1996, p. 77-212]. 

 

Abreviaturas: 

Ref.: Referencias bibliográficas. Remiten a la bibliografía general. Cada referencia consta del apellido del 

autor o de la primera palabra del título a excepción del artículo, y, entre paréntesis, el año de la primera 

edición de la obra citada y las páginas donde se recoge información relativa a la entrada del diccionario. Las 

páginas citadas pueden no corresponder a esa primera edición, sino a las ediciones en castellano, cuando 

existen, y, en cualquier caso, a las más recientes. 

V.: Véase. 

 

 

Abanico 

Instrumento constituido por una bandera rígida ajustada en un lateral a una varilla, empleado por 

el litógrafo* para acelerar el secado de la solución aplicada sobre la piedra litográfica* en el 

proceso de acidulación*. 

Ref.: Beguin (1981: 262. Bajo "Torniquete"). V. Litografía 

 

Abrir 

Grabar* en hueco sobre una lámina* de metal. En consecuencia, el verbo abrir solo es aplicable 

a los procedimientos de grabado calcográfico*. El uso de este vocablo era frecuente entre los 

grabadores en talla dulce* de los siglos XVII y XVIII y aparece recogido en los principales 

tratados antiguos, como el Manual de Rueda o el Museo pictórico y escala óptica  de Palomino. 

Ref.: Palomino (1715: I, 663...), Rejón de Silva (1788: 1), Rueda (1761), Trabajo (1988: 19) 

V.a. Grabado calcográfico, Talla dulce, Buril 

 

Aceite litográfico 

Generalmente se emplea un aceite de lino como base para las tintas litográficas*. Sometido a 

cocción, el efecto del calor le espesa, otorgando a la tinta la viscosidad deseada. 

Ref.: V. Litografía 

 

Acerado 

V. Recubrimiento galvánico o electrolítico 

 

Acidulación 

La litografía* consiste en dibujar sobre una piedra calcárea la imagen que desea transferirse a la 

estampa* empleando pigmentos grasos. Debido al efecto de rechazo que existe entre la grasa y 

el agua es posible mantener la zona dibujada dentro de sus límites, sin expandirse por el resto de 

la superficie del soporte, humedeciendo la piedra intensamente. Ahora bien, para hacerla más 

receptiva al agua y limpiar las partículas grasientas de su superficie, y simultáneamente para 

fijar el dibujo, es necesario someter la piedra litográfica* a una preparación previa que se 

conoce con el nombre de acidulación. Con este fin, se aplica una solución de goma arábiga y 

ácido nítrico rebajado en agua —la concentración del ácido varía entre el uno y el tres por ciento 

dependiendo de la técnica litográfica empleada—. El ácido actúa tanto sobre la superficie de la 

piedra que contiene pigmentos grasos provocando una reacción química que integra el dibujo a 

la estructura del soporte, como sobre la zona desnuda aumentando su capacidad higroscópica al 

eliminar cualquier residuo graso. El tiempo de exposición a la acción del ácido no conviene que 

supere los dos minutos. El proceso de acidulación habrá concluido en este punto. 

Si la piedra no va a ser estampada inmediatamente sino que se pretende almacenarla hasta una 

futura estampación*, debe protegerse. Mientras que la piedra esté humedecida no correrá riesgo 

alguno de que alguna partícula inesperada de grasa se fije en la zona desnuda. Pero en el 

momento en que se seque, lo que ocurre durante un almacenamiento prolongado, la superficie 

puede echarse a perder si cae sobre ella una sustancia grasa. Para evitar este riesgo, antes de 

almacenar una piedra litográfica dibujada conviene aplicar en su superficie una capa de goma 

arábiga. Con esta protección puede conservarse todo el tiempo que se quiera. Cuando vaya a ser 

estampada se retirará la película de goma pasando una esponja mojada en agua. 

Ref.: Vega (1990: 16). V. Litografía 

 

Acribillado 

Grabado* en relieve sobre metales blandos que se rebajan con punzones y percutores de punta 

estrellada, circular o cruciforme. Dicha percusión, efectuada en las zonas de negros, crea una 

sensación de punteado blanco muy peculiar y unos valores intermedios que suavizan los 

contrantes violentos de luz-sombra. Así tratada, la estampa* resultante carece de amplias 

superficies de negro uniforme. La plancha grabada al acribillado se estampa en relieve*, es 

decir, los blancos corresponden a las partes vaciadas con punzón o golpeadas con percutor. 

Desde el punto de vista estético, la imagen es similar a la de los primitivos tacos* cortados 

mediante entalladura*, no en vano la técnica se desarrolló en Europa durante el siglo XV y, 

además, también se practicó un punteado parecido con percutores sobre madera a la fibra*. La 

invención del acribillado se debe a los nielistas y orfebres renanos activos en la primera mitad 

del cuatrocientos. 

Ref.: Beguin (1981: 247. Bajo "Criba"), Cabo de la Sierra (1981: 110-111), Krejca (1980: 50) 

 

 

Aguada 

Técnica indirecta de grabado calcográfico*, derivada del aguafuerte* y emparentada con el 

aguatinta*, ya que, como ésta, la aguada consigue efectos pictóricos a base de matices tonales. 

Consiste en aplicar directamente sobre la superficie de la lámina* un pincel mojado en ácido. El 

metal no ha sido protegido con ninguna sustancia aislante, de manera que el ácido del pincel se 

distribuye libremente por la superficie de la lámina ocasionando un suave mordido en las zonas 

con las que entra en contacto. El efecto conseguido en las estampas* mediante esta técnica de 

grabado* se aproxima mucho al de los dibujos realizados con caldo de tinta china o acuarela 

muy diluida. 

Ref.: A.X.B. (1823), Beguin (1977: 321-324), Brunner (1962: 150-151), Castagna (1968), Esteve (1914: 168-170), 

Hayter (1962: 36), Krejca (1980: 124-125), Le Prince (1780), Lostalot (1882: 94-98), Perrot (1830), Peterdi (1959:

149), Pla (1956: 105), Pyle (1941), Ross y Romano (1972: 96-97), Terrapon (1975: 99) 

V.a. Aguafuerte, Grabado calcográfico 

 

Aguada litográfica 

Técnica de litografía* en la que el dibujo se realiza con un pincel mojado en una disolución de 

tinta litográfica* y agua. La repulsión natural entre el agua y la grasa que compone la tinta hace 

que ésta se disperse por la superficie de la piedra litográfica* creando un efecto de manchas 

similar al de los dibujos a la aguada. Para que la dispersión de la tinta pueda ser homogénea, la 

piedra debe estar perfectamente bruñida*. La mayor dificultad del procedimiento radica en la 

fijación de la imagen. El proceso de acidulación* es aquí especialmente importante, porque se 

requiere limpiar la piedra de partículas de grasa con extremo cuidado. Sin embargo, la aguada 

no soporta una acción intensa del ácido, a diferencia de los dibujos realizados con pluma 

litográfica*, por lo que debe estar poco concentrado. Generalmente este procedimiento no se 

aplica de forma autónoma sino como complemento de la litografía a pluma*. Las líneas del 

contorno de las figuras se hacen a pluma y los volúmenes y sombras se consiguen mediante la 

aguada. 

Ref.: Engelmann (1822), Mellerio (1898). V. Litografía 

 

Aguafortista 

Artista que practica el grabado al aguafuerte* para crear composiciones originales. El término 

aguafortista se incorpora al vocabulario de arte gráfico* a mediados del siglo XIX, coincidiendo 

con el resurgir del grabado al aguafuerte sobre cobre protagonizado por los pintores franceses de 

la naturaleza. Estos artistas pretenderán, por una parte, la recuperación de los sistemas 

tradicionales de grabado* en cobre frente a la producción industrializada de imágenes múltiples 

propia del grabado en acero, la xilografía*, la litografía* y la fotografía. Por otra parte, 

reivindicarán la libertad creativa y el consecuente alejamiento de las reglas academicistas y de la 

función reproductora del grabado en dulce* a buril*. La solución técnica adecuada a estos 

principios conduciría al resurgimiento de la técnica del aguafuerte combinada con trucos de 

estampación* —entrapados*— para acentuar los efectos pictóricos en la imagen. Los 

aguafortistas europeos formaron sociedades independientes siguiendo el ejemplo de la pionera 

Société des Aquafortistes de Cadart, constituida en 1861 bajo el decidido apoyo de los pintores 

de la escuela de Barbizon. Una década más tarde, los grabadores españoles Juan José Martínez 

Espinosa, Bartolomé Maura, José María Galván y Francisco Torras se unen en la Sociedad de 

Artistas que acometería el proyecto de El grabador al aguafuerte. En definitiva, no es correcto 

históricamente emplear el sustantivo aguafortista para referirse a los grabadores que practican el 

aguafuerte antes de la segunda mitad del siglo XIX. 

Ref.: Bailly-Herzberg (1972), Vega (1985), Vega (1992. Aguafuertes

 

Aguafuerte 

(1) El aguafuerte es una técnica indirecta de grabado calcográfico*. La lámina* se recubre con 

un barniz* protector sobre el que dibuja el grabador* con una punta* metálica, asegurándose de 

que dicha punta toca la superficie del metal sin hacer surco alguno en ella. La punta, en 

consecuencia, puede ser roma o, en cualquier caso, menos afilada que la utilizada en la técnica 

de la punta seca*. La ventaja de no arañar la lámina es que pueden corregirse fácilmente los 

errores cubriendo de nuevo las líneas o zonas no deseadas mediante un pincel mojado en barniz. 

Por el contrario, si el grabador araña el metal, aunque vuelva a tapar la línea con barniz el 

pequeño surco abierto por la punta se llenará de tinta durante la estampación* y quedará visible 

el defecto. Una vez realizado el dibujo sobre el barniz, se sumerge la lámina en una cubeta de 

ácido mordiente rebajado con agua —aguafuerte— que tiene la capacidad de atacar el metal y 

disolverlo en aquellas zonas en que se ha hecho desaparecer el barniz. La profundidad de las 

tallas* depende del tiempo de exposición al ácido y de la concentración de éste. Existen dos 

procedimientos para crear surcos de diferente profundidad: el primero de ellos consiste en 

realizar el dibujo completo e ir creando reservas*, es decir, tapando progresivamente con barniz 

las zonas o líneas que han sido suficientemente expuestas a la acción del ácido; el segundo 

consiste en realizar primero las líneas y zonas que se desea que salgan más ocuras en la 

estampa*, sumergiendo la lámina en el aguafuerte por intervalos a medida que se abren nuevas 

líneas, hasta llegar a las más superficiales. Las líneas del aguafuerte carecen de la precisión de 

las de buril* y punta seca, sus perfiles no son tan regulares, porque la mordida del ácido no corta 

el metal sino que lo desgasta irregularmente. Son líneas nerviosas, entrecortadas y de grosor 

variable.  

La dificultad de esta técnica estriba en el cálculo de la capacidad de corrosión del ácido, 

teniendo en cuenta que la mordida será más activa cuanto más concentrado esté el aguafuerte, 

mayor sea su temperatura y menos veces haya sido utilizado. Dependiendo de su poder de 

corrosión y de la profundidad que se quiera dar a las líneas, el grabador debe calcular el tiempo 

de exposición de la lámina al ácido. Esta operación es sumamente delicada, pues un cálculo 

incorrecto de tiempos puede provocar un desgaste excesivo del metal y la destrucción de la 

matriz. Por otra parte si el barniz protector no ha sido eliminado correctamente del dibujo, el 

metal no será atacado por el ácido y quedará sin grabar*. 

Una vez abiertas la totalidad de las tallas se limpia el barniz sobrante con un trapo mojado en 

alcohol quedando la lámina en condiciones de ser estampada. 

Conocida desde el siglo XV, en un primer momento la técnica del aguafuerte se empleó como 

complemento del buril en los grabados en talla dulce. Los contornos de las figuras y los fondos 

se grababan en aguafuerte, y sobre las líneas abiertas por el ácido el grabador introducía las 

colecciones de buriladas. Durante mucho tiempo el buril fue considerado como la única técnica 

noble de grabar y el aguafuerte se supeditó siempre a ella como un procedimiento auxiliar —en 

los Países Bajos del norte la situación era distinta, alcanzando la técnica del aguafuerte un 

importante desarrollo durante el siglo XVII bajo la estela de Rembrandt—. Con la incorporación 

definitiva de los pintores del resto de Europa a las técnicas de grabado calcográfico, a finales del 

siglo XVIII, acaba el largo dominio del buril. A lo largo de la centuria siguiente el aguafuerte se 

convierte en la técnica dominante del grabado en metal. Así hasta llegar a nuestro siglo, en el 

que cada vez son más escasas las estampas realizadas a buril mientras que los grabadores 

calcográficos practican profusamente los procedimientos derivados del aguafuerte. 

Ref.: Banister (1967), Baroja (1910), Beguin (1977: 426-428), Boutet (ca. 1890), Browne (1660), Browne (1669), 

Brundson (1965), Buckland-Wright (1953), Castagna (1968), Chamberlain (1972), Cochet (1947: 188-208), 

Courboin (1906), Donjean (1949), Donjean (1975), Edmonston (1972), Faithorne (1962: 1-24), Fraipont (s.a. Eau-

forte), Gariazzo (1907), Gemmel (1974: 18-28), Griffiths, A. (1980: 25-29, 56-74), Gross (1970), Hamerton (1868), 

Hamerton (1871), Herkomer (1892), Koehler (1885), Krejca (1980: 90-106), L'acquafuerte (1988), Lalanne (1866), 

Leaf (1976), Longhi (1830), Lostalot (1882: 61-74), Lumsden (1924: 23-99, 109-112), Lunsingh Scheurleer (1938), 

Martial (1873), Melis-Marini (1924), Peterdi (1959: 73-113), Pla (1956: 59-63), Plowman (1914), Potemont (1864), 

Potemont (1873), Profit (1913), Pyle (1941), Robert (1891), Robins (1922), Saint-Roman (1876), Seymour-Hayden 

(1869), Seymour-Hayden (1890-1891), Short (1912), Short y Pott (1910), Singer y Strang (1897), Tedeschi (1971), 

Terrapon (1975), Trevelyan (1963), Vega (1985), Vega (1992), West (1932), Woods (1965) 

V.a. Grabado calcográfico 

 

(2) Mordiente empleado en las técnicas indirectas de grabado calcográfico*. Tiene la propiedad 

de atacar la lámina* de metal en aquellas partes no protegidas por una sustancia aislante 

formando tallas* de diferente profundidad. El aguafuerte más habitual es el ácido nítrico diluido 

en un volumen similar de agua. Cuanto menor sea la proporción de agua en la disolución mayor 

será la capacidad de mordida. Al actuar sobre cobre, el ácido genera nitrato de cobre, óxido 

nítrico y peróxido de nitrógeno. Los dos primeros compuestos son sales solubles en agua, el 

tercero es un gas tóxico. Las burbujas que produce la reacción del aguafuerte sobre la lámina 

pueden dificultar la mordida. En efecto, en aquellas zonas en que se forman burbujas el ácido no 

ataca. Ello explica porqué las líneas abiertas al aguafuerte aparecen con mucha frecuencia rotas 

o interrumpidas en la estampa*. Para evitar la formación de burbujas, el grabador* pasa una 

pluma de ave sobre las tallas al tiempo que balancea la cubeta de ácido. El nítrico no es el único 

mordiente empleado por el grabador calcográfico, aunque sí el más frecuente. También puede 

conseguirse aguafuerte diluyendo en agua percloruro de hierro. La desventaja del percloruro 

sobre el nítrico es que su mordida resulta más difícil de controlar. El ácido clorhídrico diluido en 

clorato de potasa es el componente esencial del llamado mordiente holandés, cuya acción sobre 

el metal suele ser más retardada que la del aguafuerte convencional con ácido nítrico, lo que 

explica la demanda de este tipo de mordiente para grabar* al aguatinta* o al barniz blando*. 

Durante los siglos XV a XIX, antes de ser utilizados los compuestos químicos mencionados, el 

propio grabador elaboraba sus mordientes mezclando, en distintas proporciones, vinagre, sal de 

amoniaco, sal común y carbonato de cobre —cardenillo—. Después de moler los ingredientes 

sólidos, se mezclaban con el vinagre en un puchero puesto al fuego. La mezcla se removía 

lentamente hasta hervir, y, por último, tras dejarla enfriar, era almacenada en tarros de vidrio.  

Ref.: V. Aguafuerte (1) 

 

Aguatinta 

El aguatinta se basa técnicamente en el mismo principio del aguafuerte*, pero a diferencia de 

aquél las líneas se sustituyen por superficies tonales. Es una técnica pictórica de grabado 

calcográfico* que permite la obtención de semitonos o infinitas gradaciones de un mismo color. 

Sobre la superficie de la lámina* se espolvorea uniformemente resina de pino pulverizada. El 

punto de resina, como la capa de barniz* en la técnica del aguafuerte, actúa de aislante. Es decir, 

al sumergir la lámina en el ácido éste solo ataca los intersticios que se encuentran entre los 

puntos de resina, que previamente han debido ser fijados al metal. Para ello se calienta el dorso 

de la lámina sujetando ésta con unas tenazas —antenallas*—. Tal calentamiento provoca la 

dilatación de la resina y su adherencia a la plancha. El tiempo de exposición al calor debe ser 

suficiente para que se adhiera el punto de resina, pero no exagerado, porque una dilatación 

excesiva de los granos provocaría la fusión de éstos con sus vecinos formando una capa 

uniforme que impediría la actuación del aguafuerte. Para crear zonas de puntos de diferente 

profundidad se emplea el mismo recurso de las reservas* con barniz descrito en la técnica del 

aguafuerte. 

A finales del siglo XVIII, los pintores comienzan a interesarse por el arte gráfico. Abrirán 

composiciones originales y volverán a recuperar la libertad creativa que había perdido el 

grabador de reproducción en talla dulce. Desde el punto de vista técnico, al estar más 

acostumbrados a la mancha, los pintores indagarán en nuevos procedimientos de grabado 

calcográfico, las técnicas pictóricas —aguatinta, manera negra, barniz blando—. El aguatinta 

permite imitar los dibujos a la aguada, el barniz blando se aproxima a la textura y calidad de los 

diseños hechos a lápiz. En este contexto histórico cabe situar los extraordinarios aguatintas de 

las series de Goya, en particular Los Disparates, donde el poder expresivo de la técnica es 

llevado por el artista hasta unos límites apenas igualados con posterioridad. 

Ref.: Allhusen (1924), Beguin (1977: 13-24), Castagna (1968), Chamberlain (1972: 57-62), Dawson (1982: 91-93), 

Dianna (1975), Donjean (1975), Durupt (1951), Gariazzo (1907), Gemmel (1974: 48-51), Green, J.H. (1801), Gross 

(1970: 82-89), Hamerton (1871), Krejca (1980: 112-121), L'acquatinta (1989), Leaf (1976: 89-98), Lostalot (1882:

99-106), Lumsden (1924: 118-124), Morrow (1935), Perrot (1830), Pla (1956: 97-107), Prideaux (1909), Pyle 

(1941), Ross y Romano (1972: 90-95), Seymour-Hayden (1890-1891), Terrapon (1975: 75-91), Trevelyan (1963), 

Wilder (1969: 144-147) 

V.a. Aguafuerte, Grabado calcográfico 

 

Aguatinta al azúcar 

Procedimiento indirecto de grabado calcográfico* emparentado con el aguatinta*. Ciertamente, 

el efecto pictórico producido en la estampa* es similar al del aguatinta, creando zonas punteadas 

de diferente grosor. Sobre una plancha metálica desengrasada se deposita azúcar en polvo allí 

donde desea conseguirse una superficie granulada. A continuación se recubre la lámina* con una 

delgada capa de barniz* protector, y después de secar, se sumerge en agua. Al humedecerse, 

cada partícula de azúcar sufre un fenómeno de dilatación haciendo saltar el barniz de ese punto 

concreto y dejando al descubierto el metal. Cuando la lámina es introducida en la cubeta de 

ácido, éste ataca los puntos desprotegidos. Serán esos intersticios los que ocupe la tinta durante 

la estampación*, de manera que, a diferencia de las estampas obtenidas al aguatinta, donde el 

punto es blanco por coincidir con el polvo de resina y su contorno negro, en el grabado al azúcar 

el punto es negro y su contorno blanco. Existe otra modalidad de este procedimiento que 

consiste en aplicar con pincel el azúcar disuelto en tinta china. La tinta china permite visualizar 

la imagen sobre la superfice de la lámina tal como resultará después de ser grabada por el ácido. 

La solución de tinta china y azúcar se cubre con barniz protector, repitiéndose los pasos 

descritos. En esta modalidad, el resultado visual en la estampa no serán superficies de puntos 

sino manchas de mayor o menor extensión. 

Durante el periodo de entreguerras Stanley William Hayter abre en París el Atelier 17, un taller 

de grabado experimental en el que se investigan las variantes del aguatinta en composiciones 

abstractas. El camino abierto por Hayter encontró una rápida respuesta en varios pintores de la 

Escuela de París, André Masson y Picasso entre otros, a quienes se deben un importante número 

de interesantes láminas grabadas mediante aguatinta al azúcar. 

Ref.: Allhusen (1924: 362-366), Beguin (1977: 491), Bickford (1976: 93-98), Edmonston (1972: 32-34), 

Eichenberg (1976: 292-293, 322-324), Fuentes (1985: 104-123), Hayter (1949), Hayter (1962: 45-46), Krejca (1980: 

122), Leaf (1976: 99-106), Melis-Marini (1924: 97), Peterdi (1959: 150-154), Ross y Romano (1972: 95-99), Saff y 

Sacilotto (1978: 148-149), Taliber (1956: 40-43), Wilder (1969: 147) 

V.a. Aguatinta 

 

Aguatinta al azufre 

Como el aguatinta al azúcar*, y otros procedimientos pictóricos, el grabado al azufre es una 

técnica auxiliar de los métodos lineales de grabado calcográfico*, válida por sus posibilidades 

para crear sombras y producir efectos de semitonos mediante un punteado de gran finura. Para 

grabar* al azufre es necesario desengrasar cuidadosamente la lámina*, que debe ser de cobre 

pues en otro metal el azufre no actúa. Seguidamente, se pasa un pincel empapado en aceite de 

oliva sobre las partes de la plancha que van a ser mordidas, es decir, las zonas correspondientes 

a la imagen. Después, se espolvorea sobre la superficie metálica flor de azufre, hasta que una 

delgada capa de este elemento químico cubre la totalidad de la lámina. Para efectuar dicha 

operación, el grabador* puede utilizar un recurso similar al empleado para espolvorear resina en 

la técnica del aguatinta*, que consiste en servirse de un tarro tapado con una media de seda a 

modo de tamiz. El polvo de azufre caído sobre el aceite de oliva, al entrar en contacto con el 

cobre, reacciona generando sulfuro de cobre, ácido mordiente que ataca el metal creando un 

punteado uniforme, traducido en la estampa* en una superficie gris de gran delicadeza. La 

intensidad del mordido depende del tiempo de exposición del metal a la combinación azufre- 

aceite. Cuando el grabador considera suficiente el tiempo de mordida, debe proceder a limpiar 

con rapidez la mezcla, frotando la lámina con un trapo mojado en petróleo o aguarrás. 

Ref.: Pla (1956: 111-113). 

V. Aguatinta 

 

Aguatinta litográfico 

El litógrafo* golpea la piedra*, completamente seca, con un tampón pasado por tinta 

litográfica*. Como consecuencia del golpe, la tinta salpica toda la superficie creando el peculiar 

efecto punteado de los procedimientos de aguatinta*. Lógicamente, las zonas blancas o aquellas 

que han sido suficientemente entintadas deben preservarse de futuras intervenciones con el 

tampón. La función de las reservas* en litografía* es similar a la de las técnicas indirectas de 

grabado calcográfico*, es decir, evitar que determinadas zonas contengan imagen o bien 

permitir que ésta sea más tenue en ciertas partes de la matriz que en otras. En litografía se 

emplea goma arábiga disuelta en agua para crear reservas, solución aplicada con pincel, o bien 

máscaras de papel recortado. La posibilidad de constituir reservas sobre la piedra permite, en el 

procedimiento del aguatinta litográfico, obtener diferentes tonalidades a base de granos más o 

menos marcados. El punteado conseguido mediante esta técnica es más intenso que el logrado a 

partir de la aguada litográfica*. 

Aunque no se trata de un aguatinta litográfico ortodoxo, pueden también conseguirse efectos de 

punteado o salpicado impregnando un cepillo de dientes en tinta y agitando sus pelos con un 

objeto contra la superficie de la piedra. 

Ref.: Mellerio (1898). V. Litografía 

 

Aguja de grabar 

Instrumento de acero con una punta muy afilada, utilizado en la técnica de la punta seca* para 

abrir* tallas* directamente sobre la lámina*. Otro tipo de aguja, de punta redondeada, es la que 

emplea el grabador* al aguafuerte* para repasar el dibujo, eliminando de las líneas el barniz* 

protector que recubre la superficie metálica. 

Ref.: V. Punta seca 

 

Alcograbado 

Técnica indirecta de grabado calcográfico*. La diferencia fundamental entre el alcograbado y 

otros procedimientos basados en la utilización de ácidos mordientes para abrir tallas* en la 

lámina* reside en el tipo de sustancia protectora empleada. La técnica del alcograbado consiste 

en realizar un dibujo con pincel, sobre la superficie metálica desengrasada, mediante una 

solución de betún de judea en polvo mezclado con acetona o alcohol etílico. Estos productos 

actúan como vehículos del betún y tienen la propiedad de la evaporación inmediata. Una vez 

terminado el dibujo, se cubre la plancha con una capa de barniz de laca y se pasa un algodón 

impregnado en white-spirit —disolvente obtenido por destilación del petróleo—. El white-spirit 

no afecta a la laca pero disuelve el betún de judea, de manera que las zonas de la imagen quedan 

desprotegidas del barniz y, al ser expuesta la lámina a la acción del ácido mordiente, éste atacará 

el metal en dichas zonas. El efecto resultante es una imagen construida a base de manchas y, por 

tanto, de un acentuado carácter pictórico. 

Ref.: Fuentes (1985: 174-181). V.a. Aguafuerte 

 

Algrafía 

Neologismo con el que se designa a la litografía* realizada sobre plancha de aluminio, cuya 

superficie ha sido previamente tratada con un graneador* de bolas. El aluminio es receptivo al 

dibujo realizado con tinta grasa, pero como en el resto de procedimientos litográficos, es 

necesario fijarlo mediante acidulación*, aplicando ácido fosfórico mezclado con una disolución 

de goma arábiga en agua. En líneas generales, la diferencia básica entre la algrafía, cincografía* 

y litografía sobre piedra* radica en la naturaleza del soporte de impresión, pero no en la técnica. 

Por este motivo, se aconseja en catalogación sustituir los términos de algrafía o cincografía por 

el dato del soporte acompañado del nombre específico de la técnica litográfica empleada —por 

ejemplo: aluminio, litografía a lápiz*—. Es cierta, no obstante, la incoherencia etimológica que 

supone la expresión litografía sobre cinc o litografía sobre aluminio, ya que su raíz procede del 

griego lito que significa piedra. A pesar de ello, el vocablo litografía designa un conjunto de 

técnicas que en principio se ejecutaron sobre piedra y, con el tiempo, han terminado aplicándose 

también a soportes alternativos. Como sucede con el grabado calcográfico —que puede 

realizarse sobre un metal distinto del cobre— o la serigrafía —donde la pantalla puede ser de un 

tejido sintético o metálico y no exclusivamente de seda—, el significado del término litografía 

trasciende la naturaleza del soporte. 

Ref.: Beguin (1981: 244), Krejca (1980: 177) 

 

Almohadilla 

Saco de cuero de pequeñas dimensiones relleno de arena o serrín y utilizado por el burilista para 

favorecer la rotación de la lámina*. Para obtener líneas curvas en el grabado a buril* se hace 

girar la lámina en sentido inverso al que avanza el instrumento. Dicho giro es posible colocando 

debajo del cobre la almohadilla. 

Ref.: V. Buril, Talla dulce 

 

Antenallas 

Instrumento metálico, generalmente de hierro, en forma de tenaza, constituido por dos piezas 

unidas mediante un tornillo con tuerca de palomilla. El grabador* se sirve de las antenallas para 

sujetar la lámina* cuando se calienta su dorso, con el objeto de fijar el punto de resina, en el 

procedimiento del aguatinta*. Aunque tal vez sea éste su uso más frecuente, las antenallas se 

utilizan también en el ahumado de la lámina, operación realizada para obscurecer el barniz* 

protector en la técnica del aguafuerte*. La finalidad de ahumar el barniz es que resalten las 

líneas a medida que son abiertas por la punta*. 

 

Ref.: Rejón de Silva (1788: 18). V. Aguafuerte, Aguatinta 

 

Arte gráfico 

La característica esencial que diferencia al arte gráfico de cualquier otra manifestación artística 

es su multiplicidad, es decir, su capacidad para obtener imágenes exactamente repetibles. Arte 

gráfico es, por tanto, una denominación genérica aplicada a los diferentes procesos empleados 

por el artista para actuar sobre un soporte dejando en él su impronta—una imagen, una forma, 

una línea, un color—, impronta susceptible de ser trasladada a otro soporte, generalmente 

papel*, al poner en contacto las superficies de ambos, mediante la presión ejercida con una 

prensa, después de entintar el primero de estos soportes o matriz. Dicho proceso puede repetirse 

tantas veces como desee el artista y de acuerdo siempre con las limitaciones específicas de cada 

técnica. El papel resultante, al que se transfiere la impronta entintada de la matriz, recibe el 

nombre de estampa*, ya que el proceso de impresión se denomina estampación*. Si el artista 

incide en la matriz con instrumentos cortantes o por medio de la acción de un ácido mordiente, 

formando tallas*, surcos, huecos, cortes... las técnicas de arte gráfico utilizadas reciben la 

denominación de grabado*. No todo el arte gráfico es grabado. La litografía* y la serigrafía*, 

por ejemplo, permiten obtener estampas múltiples y exactamente repetibles, es decir, son 

manifestaciones de arte gráfico, pero en estas técnicas no se graba, no se incide sobre la matriz, 

de manera que no pueden incluirse dentro de la definición de grabado. 

La utilización del término arte gráfico para referirse al conjunto de procedimientos empleados 

en la obtención de estampas, no está exenta de ciertas imprecisiones de carácter etimológico que 

conviene apuntar. Resulta habitual encontrar en muchos manuales de técnica e historia del arte 

el vocablo grabado identificando todos los aspectos relativos a la estampa, a cualquier tipología 

de estampa. Ya se ha comentado la incorrección de este uso, perpetuado por el hecho histórico 

de que hasta el siglo XIX los únicos procedimientos conocidos para obtener estampas eran 

procedimientos de grabado. Pero una vez admitidas sus limitaciones para aglutinar a todos los 

tipos de estampas y a las técnicas asociadas a dichas estampas, se hace necesaria la búsqueda de 

un significante totalizador. La solución propuesta es la expresión arte gráfico. Evidentemente, no 

hay duda de que la estampa es una manifestación artística de la misma entidad que una pintura o 

un dibujo, de los que, entre otros aspectos de índole estética, se diferencia por la condición de 

unicidad de éstos. El problema se plantea, sin embargo, con el adjetivo gráfico. 

Etimológicamente su raíz se encuentra en el vocablo griego grapho, cuyo significado es el de 

línea, trazo. Teniendo en cuenta que el lenguaje de muchas estampas es la línea resultaría 

conceptualmente apropiada la expresión arte gráfico. Sin embargo, a partir de la segunda mitad 

del siglo XVIII, el artista gráfico emplea con mayor frecuencia procedimientos basados en la 

sintaxis de la mancha, es decir, técnicas de naturaleza pictórica. Por otra parte, una segunda 

acepción del vocablo griego hace referencia a la escritura y al dibujo. Es cierto que muchos 

dibujos están construidos a partir de un lenguaje estrictamente lineal, de modo que parecería 

correcto definirlos como obras de arte gráfico. De hecho, son muchos los especialistas que 

utilizan la expresión arte gráfico para designar tanto a la estampa como al dibujo. No obstante, a 

pesar de las dificultades apuntadas y ante la inexistencia de una alternativa más idónea, 

admitimos la validez el significado propuesto. 

Ref.: El término arte gráfico solo aparece en la bibliografía en español más reciente. A continuación se proporcionan 

una serie de referencias bibliográficas de manuales u obras de carácter general. Aunque en ellos difícilmente podrá 

encontrarse el vocablo arte gráfico, su contenido responde a la definición dada al término, al ofrecer un recorrido 

global por los distintos procedimientos empleados por el artista para obtener imágenes múltiples a partir de una 

matriz.  

Adeline (1887), Albert (1927), Arms (1934), Beguin (1977), Beguin (1981), Berenguel (1985), Bianchi (1984), 

Bonfils (1939), Cabo de la Sierra (1981: 37-38), Capon (1972), Dawson (1981), Eichenberg (1976), Fernández 

Marco (1992), Ferrer y López Ballester (1984), Gascoigne (1986), Goldman (1981), Goldman (1988), Guardi 

(1984), Hamerton (1882), Hayter (1962), Herberts (1958), Holman (1929), Ivins (1953), Kollecker y Matuschke 

(1956), Krejca (1980), Kubas (1959), Lützon (1887-1903), Manzorro (1982), Mayer (1970), Mayor (1964), Peterdi 

(1959), Porte (1941), Prints (1990), Rodrigues (1875), Romand (1978), Ross y Romano (1972), Russ (1975), Saft 

(1981), Trabajo (1988), Vives (1994), Wallis (1986), Watelet (1792), Ziegler (1901). 

 

Autografía 

Para obtener una litografía* no es necesario dibujar directamente sobre la piedra*. Una de las 

ventajas del procedimiento es que el artista puede trabajar sobre un papel* especial, siempre que 

utilice pigmentos grasos. Después de crear la imagen en el papel, ésta es susceptible de ser 

transferida a la piedra. Dicho proceso de reporte* recibe el nombre de autografía. El papel 

autográfico o papel reporte* se presenta encolado con una delgada capa compuesta de goma 

adragante, cola de carpintero, gutagamba, creta, yeso y almidón. En la cara encolada del papel 

dibuja el artista y es precisamente esta cara la que apoya, una vez dibujada, sobre la piedra. A 

continuación se moja abundantemente el reverso y se pasa por la prensa litográfica*. Como 

consecuencia de la presión ejercida por la prensa la tinta queda adherida a la piedra. Solo resta 

esperar a que seque el dibujo para efectuar la operación de acidulación* y proceder a la 

estampación*. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 60-61 y 539. Bajo "Reporte o transporte litográfico"), Vega (1990: 21-22). V. 

Litografía 

 

Barbas 

Además de ser sinónimo de rebabas*, el término define también las irregularidades en los bordes 

del papel* de una estampa*, especialmente características en los papeles hechos a mano. 

V. Rebabas 

 

Baren 

Objeto duro elaborado a base de fibras vegetales —hojas de bambú— con el que se frota el 

papel* contra el taco* entintado en la estampación en relieve*. Este sistema de frotamiento con 

baren o con cualquier instrumento duro —una simple cuchara, por ejemplo— constituye una 

alternativa a la estampación por prensado y puede considerarse como el método más antiguo 

practicado en la obtención de estampas*. El baren, cuyo plano de frotación es circular y 

ligeramente convexo, procede de Asia oriental. 

Ref.: Beguin (1981: 245), Cabo de la Sierra (1981: 83), Gutiérrez Larraya (1952: 128), Monreal y Haggar (1992: 

51). 

V. Estampación en relieve  

 

Barniz  

Materia grasa con la que se recubre la superficie de la lámina* para aislarla del ataque del ácido 

mordiente en las técnicas indirectas de grabado calcográfico*. Compuesto de aceites y resinas 

disueltos en alcohol, trementina y otros vehículos volátiles, el barniz empleado en el 

procedimiento del aguafuerte* es líquido, por lo que se aplica con pincel, y seca rápidamente. Si 

a los compuestos citados se añade sebo, se obtiene barniz blando*. De naturaleza sólida, debido 

a otro elemento de su composición —la cera—, el barniz blando suele presentarse en forma de 

bola y se reparte sobre la lámina efectuando un intenso frotamiento. Este tipo de barniz seca 

lentamente y su característica más notable es la extraordinaria capacidad de adherencia por 

contacto. 

Ref.: Chamberlain (1972: 47-51), Fuentes (1985), Gross (1970: 80-81), Leaf (1976: 57-58), Perrot (1830: 30-48), 

Peterdi (1959: 110-113) 

V.a. Aguafuerte 

 

Barniz blando 

Técnica pictórica de grabado calcográfico*, se diferencia del procedimiento del aguafuerte* en 

la naturaleza y características del barniz* protector utilizado. El barniz blando, formado por una 

mezcla de cera, resina y sebo, no es tan líquido como el empleado en el aguafuerte pero sí más 

viscoso, aunque su cualidad principal es que tarda mucho en secar y se adhiere a cualquier 

objeto con el que entra en contacto. Esta cualidad permite dejar como impronta sobre el barniz 

la textura material del objeto que se desee —la trama de un tejido, los nervios de una hoja, los 

poros de un papel—, textura que será reproducida fielmente en la lámina* al sumergir ésta en la 

cubeta de ácido. 

Entre los efectos de las estampas* obtenidas con este procedimiento, uno de los más frecuentes 

es el que imita el dibujo a lápiz. Para ello basta colocar sobre el barniz protector una hoja de 

papel* y realizar en ella un dibujo con lápiz plomo. Debido a la presión ejercida por el lápiz, la 

naturaleza granular del papel dejará su impronta sobre el barniz y este efecto poroso quedará 

grabado en la lámina siendo transferido a la estampa. 

Ref.: Beguin (1977: 104-107), Brunner (1962: 119-120), Buckland-Wright (1953: 99-102), Castagna (1968), 

Eichenberg (1976: 285-287), Esteve (1914: 187-193), Fuentes (1985), Gemmel (1974: 29), Griffiths, A. (1980: 98-

100), Hayter (1949: 68-70), Hind (1921), Krejca (1980: 108-110), Leaf (1976: 81-88), Lumsden (1924: 113-118), 

Melis-Marini (1924: 86-91), Pyle (1941), Sáez del Álamo (1989), Trevelyan (1963) 

V.a. Aguafuerte, Grabado calcográfico 

 

BAT 

V. Bueno para estampar  

 

Berceau 

V. Graneador (2) 

 

Boj 

Arbusto de la familia de las euforbiáceas, de hoja persistente, cuya madera es compacta, pesada, 

muy dura, de grano uniforme y apretado. Estas características hacen del boj un material 

especialmente apropiado para trabajar con la técnica de xilografía*. En efecto, el taco* de boj, 

cortado a la testa, es muy apreciado por el grabador* en madera. Durante el siglo XIX se 

utilizaban pequeños tacos, de la misma altura que los tipos de imprenta, previamente grabados, 

para ilustrar publicaciones. Estos bloques de boj se unían mediante encolado y se mantenían 

apretados con tornillos, que podían aflojarse permitiendo la separación de los tacos, de manera 

que pudieran ser tallados cada uno de ellos de forma separada por distintos grabadores conforme 

a un sistema de trabajo en cadena. 

Ref.: V. Xilografía 

 

Bon á tirer 

V. Bueno para estampar 

 

Borriquete 

V. Levigador 

 

Bruñido 

Una vez corregidos los desniveles de la piedra litográfica* mediante la operación de pulimento*, 

el artista litógrafo*, observando su composición y defectos, debe decidir la técnica más 

adecuada. Las piedras de desigual dureza, por ejemplo, no son aptas para dibujar con tinta 

litográfica* a pluma o pincel, pero, sin embargo, si pueden utilizarse piedras con vetas de 

diferente color; por su parte, los dibujos a lápiz litográfico* exigen piedras de coloración 

uniforme y gran dureza. Sea como fuere, si el artista va a crear una imagen mediante los 

procedimientos de la aguada*, la aguatinta*, la punta seca*, la pluma* o el pincel* litográficos, 

es decir, las técnicas de litografía* que se basan en el empleo de tintas, debe procederse, después 

del pulimento, al bruñido de la piedra. Bruñir una piedra supone dejar su superficie 

absolutamente lisa, frotándola, primero, con arenilla extremadamente fina y, después, con piedra 

pómez o carbón de encina en polvo. 

En grabado calcográfico* la operación de bruñido consiste en alisar la superficie metálica de la 

lámina* para eliminar cualquier irregularidad o hendidura. Véase al respecto la entrada 

bruñidor*. 

Ref.: La utilización del término aplicado a la litografía se recoge en Trabajo (1988: 28). Sobre la preparación y los 

tipos de piedras, Vega (1990: 14). 

V.a. Litografía 

 

Bruñidor 

Utensilio de acero carente de aristas y cuya punta aparece ligeramente doblada, de manera que 

el perfil del extremo del instrumento presenta forma en curva. Se emplea en grabado 

calcográfico* para determinados trabajos cuya finalidad común consiste en alisar la superficie 

de la lámina*. Así, el bruñidor, con unas gotas de aceite, solía pasarse por la plancha en su 

preparación, con objeto de reducir al máximo cualquier posible irregularidad del metal. 

También el bruñidor se utiliza para corregir tallas* defectuosas después de haber procedido al 

rebote* de los surcos en el dorso de la lámina. Pero, sin duda, la aplicación más extendida del 

instrumento es la de sacar luces, suprimiendo el graneado, en la técnica de la manera negra*. 

Resulta muy frecuente que el bruñidor vaya unido en la misma pieza con el rascador*, ya que, en 

definitiva, ambos útiles se complementan al ser similares sus funciones: tras reducir el metal que 

delimita las tallas con el rascador, se aplasta con el bruñidor. El resultado es una superficie lisa 

que no retendrá tinta durante la estampación*. 

Ref.: V. Manera negra 

 

Bueno para estampar 

Prueba de estampación* definitiva a la que debe adaptarse toda la tirada*. Después de que el 

artista ha concluido su trabajo sobre la matriz, se llevan a cabo una serie de ensayos destinados a 

la búsqueda de las tintas adecuadas, los papeles* idóneos o el método de estampación que 

conviene al procedimiento gráfico empleado. Dichos ensayos —pruebas de estampación— se 

realizan bajo la supervisión del artista, pero teniendo muy en cuenta los consejos técnicos 

sugeridos por el estampador*. Cuando se llega a la prueba definitiva, ante la total conformidad 

del artista, el estampador procede a marcarla con la expresión bon á tirer BAT—, o su 

equivalente en español, bueno para estampar. A partir de este momento, la totalidad de la tirada* 

debe hacerse conforme a las pautas establecidas en el bon á tirer

Ref.: Cabo de la Sierra (1981: 44-45) 

 

Buril 

(1) La técnica del buril recibe este nombre del instrumento utilizado por el grabador para abrir 

las tallas sobre la superficie del cobre. El mango del buril se acopla en el hueco de la mano. El 

grabador* lo impulsa ejerciendo presión con el brazo y lo dirige mediante el dedo índice. 

Ningún dedo debe quedar debajo de la barra de acero, evitando de este modo que aumente su 

ángulo de inclinación, ya que si el ángulo de inclinación de la barra es demasiado abierto, es 

decir, su posición tiende hacia la perpendicular, la punta del buril se clavará en el cobre 

impidiendo su avance. El instrumento debe estar casi en paralelo con la superficie del cobre, 

motivo por el cual la forma del mango es de media seta y no de seta entera. La intensidad de la 

línea trazada a buril, y en general en cualquier técnica de grabado calcográfico*, depende de la 

cantidad de tinta que posea, lo que equivale a afirmar que depende de la cantidad de tinta 

depositada en la talla*. La talla recibirá más tinta cuanto más ancha y más profunda sea. Tal 

profundidad se consigue aumentando la presión sobre el instrumento y variando el ángulo de 

inclinación. Las líneas de buril en las estampas* antiguas se identifican fácilmente por ser 

estrechas en su extremo inicial, más anchas en el centro y nuevamente estrechas en su extremo 

final. Esta diferencia de grosor, traducida en una mayor intensidad de negro por el centro, es 

consecuencia de la manera normalizada de trabajar el burilista: comenzaba a trazar la línea 

ejerciendo una ténue presión y colocando el instrumento en paralelo con el cobre y muy próximo 

a su superficie; a medida que avanzaba iba aumentando la presión y variando el ángulo de 

inclinación del buril; por último, salía del surco moderando nuevamente la presión y bajando el 

ángulo. Por la forma de trabajar con el buril, con la punta hacia delante, y por los cortes 

aristados de su sección abiselada, el metal arrancado al abrir el surco no se queda a los lados del 

mismo sino que avanza por delante de la punta en forma de viruta metálica. Los perfiles 

laterales de la línea abierta a buril son nítidos y limpios. La viruta debe cortarse, con el propio 

filo del instrumento, para evitar que se dañe el estampador* la palma de la mano y también que 

esta viruta retenga la tinta formando un punto negro. Para efectuar una curva, el burilista 

impulsa el instrumento con la mano derecha intentando formar un arco en dirección izquierda, al 

mismo tiempo, la lámina*, que descansa sobre un pequeño cojín de arena, la almohadilla*, es 

desplazada hacia la derecha con la mano izquierda, es decir, se produce un juego de 

movimientos contrarios. 

Ref.: Bosse (1645), Buckland-Wright (1953: 15-49), Carrete (1989), Cochet (1947: 177-188), Donjean (1975), 

Eichenberg (1976: 278-279, 314-318), Esteve (1914: 117-127), Faithorne (1962: 41-48), Flocon (1952), Fraipont 

(s.a. Eau-forte), Gariazzo (1907), Gross (1970: 30-53), Longhi (1830), Lostalot (1882: 75-84), Moreno y Tejada 

(1804), Perrot (1830), Peterdi (1959: 1-42), Pla (1956: 77-84), Profit (1913), Rueda (1761), Sánchez Toda (1965), 

Terrapon (1974: 27-72), Wilder (1969). 

La bibliografía sobre la técnica del buril se complementa con la proporcionada bajo Talla dulce. 

V.a. Grabado 

calcográfico.


(2) Instrumento para grabar sobre una lámina* de metal, perfectamente lisa, en la técnica del 

mismo nombre, o sobre madera a la testa*, en el procedimiento de la xilografía*. Consiste, en 

esencia, en una barra de acero templado, de sección prismática —cuadrangular, romboidal, 

triangular— cortada a bisel en uno de sus extremos y embutido el contrario en un mango de 

madera en forma de media seta. La diferente sección de la punta del buril permite obtener 

distintos tipos de buriladas*. Esta punta debe afilarse con frecuencia. Para ello, se frota repetidas 

veces sobre una piedra de amolar mojada en aceite con movimientos en forma de ocho. 

Ref.: V. Buril (1) 

 

Burilada 

Talla* abierta con buril* sobre una lámina* de metal. En los tratados de grabado* en talla 

dulce* de los siglos XVII y XVIII, se indica explícitamente que las buriladas, conforme a la 

teoría de trazos, debían constituir colecciones de líneas ligeramente curvas, paralelas entre sí. 

Estas series de líneas se cruzaban en ángulo oblicuo con otras buriladas trazadas también en 

paralelo, formando redes de rombos en las zonas de sombra. 

Ref.: Rejón de Silva (1788: 42). V. Buril, Talla dulce 

 

Cabecera 

Ilustración* u ornamentación* que se coloca en la parte superior de las páginas del libro donde 

empieza un capítulo o parte. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 84), Terreros (1786) 

 

Calco 

Operación de reporte* de un dibujo a una lámina* o a un taco* para ser grabado. La fijación del 

dibujo a la matriz se lleva a cabo poniendo en contacto su superficie con la hoja de papel* que 

contiene el diseño y repasando las líneas de éste con una punta. El sistema de calco fue habitual 

en el grabado* antiguo y, especialmente, en el procedimiento de la talla dulce*. Las primeras 

líneas abiertas en la lámina* lo eran al aguafuerte*, de manera que el paso previo consistía en 

calcar el dibujo sobre el barniz* protector. Debido a la proyección especular común a todas las 

técnicas de arte gráfico*, la imagen contenida en el soporte de estampación* se invierte en la 

estampa*. Así pues, para que la imagen transferida a la estampa no aparezca invertida respecto 

al dibujo es necesario que sobre la matriz se calque el inverso de éste. En el caso de que no 

importara el sentido de la imagen estampada respecto a su modelo dibujado, bastaba con 

impregnar el dorso del papel con polvo de sanguina, colocar este lado en contacto con el barniz 

y repasar las líneas con una punta poco afilada. La presión ejercida por la punta hacía que las 

líneas del dibujo se trasladaran en rojo, color del polvo de sanguina, al barniz. Ahora bien, el 

problema se planteaba cuando el grabador deseaba respetar el sentido del dibujo en la estampa. 

Para invertir el calco sobre la lámina se empleaban dos sistemas dependiendo de que el dibujo 

estuviera realizado a lápiz o a tinta. En el primer caso, era posible obtener un contradibujo 

poniendo el original en contacto con una hoja de papel humedecida y pasando ambos soportes 

por el tórculo*. La extraordinaria presión del tórculo hacía que el lápiz se calcara en el papel 

húmedo. Dejando secar el contradibujo, solo restaba seguir los pasos descritos anteriormente. 

Por lo que respecta a los diseños a tinta, el proceso resultaba más complejo, debido a la 

imposibilidad de obtener un contradibujo. El primer paso consistía en empapar un papel en 

aguarrás, convirtiéndolo en translúcido. Su transparencia hacía posible calcar fácilmente el 

original y también que las líneas calcadas pudieran ser vistas por el dorso del papel dando la 

vuelta a éste. A continuación, sobre el barniz de la lámina se colocaba el reverso impregnado en 

polvo de sanguina de una hoja en blanco y sobre ésta, en posición invertida, el papel translúcido 

con el dibujo. A partir de aquí, el repaso de las líneas con una punta, así como las siguientes 

intervenciones, coincidían con los demás métodos de calco. 

Ref.: Carrete (1988), Rueda (1761). V. Talla dulce 

 

Calcografía 

Desde el punto de vista de la técnica, equivale a grabado calcográfico*.  

En otro aspecto, aunque relacionado con el anterior, el término se emplea para designar al 

establecimiento donde se guarda una colección* de láminas*, bajo el control de un equipo de 

especialistas que se encargan de su conservación, tratamiento, estudio y difusión. 

Etimológicamente, la elección del vocablo no es correcta, ya que la raíz grapho significa dibujar 

o escribir mediante trazos —calcografía = hacer trazos en cobre—. Más apropiado sería 

denominar al lugar en el que se conservan las matrices de metal calcoteca; tal sufijo procede de 

la voz griega theke, caja, derivada a su vez de títhemi cuyo significado es guardar —calcoteca = 

lugar donde se guardan cobres—. 

V. Grabado calcográfico 

 

Calcotipia 

Procedimiento de grabado* en relieve sobre una matriz de cobre. Obviamente, para la impresión 

de la plancha grabada se adopta un sistema de estampación en relieve*, ya que la parte no 

rebajada del metal es la que recibe la tinta y a la que corresponde la imagen que va a ser 

transferida al papel*. 

Ref.: Biggs (1958), Dembour (1835), Gusman (1916), Martín y Tapiz (1981: 89) 

 

Camafeo 

Procedimiento de entalladura* cuya finalidad es la de obtener estampas* con un color uniforme 

de fondo mediante la superposición de dos tacos*. Una de las maderas, apenas rebajada con 

ligeros toques de gubia*, se utiliza para crear la tonalidad de fondo; en la otra, se graban los 

contornos de las figuras, los detalles y las sombras. El primer taco se estampa en un color 

generalmente terroso —ocre, bistre, castaño— o de la gama de los grises. El entintado del 

segundo taco puede hacerse en una variación tonal del mismo color o bien en negro, de forma 

que los contornos destaquen nítidamente contra el fondo. Se consigue, en definitiva, un efecto 

estético similar al de los camafeos tallados en piedras finas. Este procedimiento es similar al 

claroscuro* con el que suele confundirse. 

Ref.: Colas (1952), Giubbini y Parma Armani (1980: 239), Platt (1938), Strauss (1973) 

V.a. Entalladura 

 

Carborundo 

(1) Técnica aditiva* de arte gráfico*, inventada por Henri Goetz en los años setenta del presente 

siglo. Consiste en crear efectos pictóricos de mancha a partir de la adición de una materia sobre 

la superficie de una matriz metálica, con frecuencia de aluminio. Dicha materia está constituida 

por carborundo en polvo aglutinado con resina sintética, que no solo facilita la unión de las 

partículas sino también su adherencia al soporte de estampación*. Evidentemente, para 

estampar* la matriz hay que entintar la materia aditiva, cuya textura rugosa y granular retiene 

perfectamente la tinta produciendo sobre la estampa* una fuerte impresión de mancha, además 

de dejar un profundo relieve en el papel* al pasar por el tórculo*. La calidad de los grises 

conseguidos dependerá de la cantidad de grano existente en la mezcla y de la impronta del 

instrumento utilizado para crear la imagen sobre la masa. Es frecuente la combinación de la 

técnica de carborundo con procedimientos indirectos de grabado calcográfico*. 

Ref.: Beguin (1977: 82-83), Fuentes (1985: 7), Goetz (1974), Terrapon (1975: 101-103) 

V.a. Técnicas aditivas, Grabado calcográfico 


(2) Carburo de silicio de extraordinaria dureza y aspecto gris metálico, empleado como materia 

aditiva en la técnica del mismo nombre. También se usa como abrasivo en el proceso de 

graneado* de una piedra litográfica*. 

Ref.: V. Carborundo (1) 

 

Celar 

V. Grabar 

V. Abrir 

 

Cerograbado 

Técnica indirecta de grabado calcográfico*. El grabador* dibuja con lápices grasos o ceras sobre 

una lámina* desengrasada y levemente graneada mediante un aguatinta* muy suave. El 

graneado de la superficie tiene por objeto facilitar la adherencia de los productos de dibujo. 

Seguidamente se da una capa de barniz de laca a toda la lámina, creando una protección 

inalterable a la acción del aguafuerte*. Si a continuación se pasa un algodón mojado en 

aguarrás, el líquido penetra a través del barniz* protector disolviendo solo la cera o materia 

grasa del lápiz. Es decir, las zonas correspondientes al dibujo quedan desprotegidas, y en ellas 

actuará el ácido mordiente. Las texturas conseguidas mediante este procedimiento son de una 

considerable calidad pictórica. 

Ref.: Fuentes (1985: 156-167), Martín y Tapiz (1981: 121) 

V.a. Aguafuerte 

 

Chaple 

Buril* de punta abiselada, semejante a la del escoplo* utilizado en el grabado al aguafuerte*. 

Este tipo de buril se empleaba habitualmente para grabar* la letra*. 

Ref.: Rejón de Silva (1788: 58). V. Talla dulce 

 

Chine collé 

V. Estampación sobre papel de china 

 

Cincel 

V. Escoplo (2) 

 

Cincografía 

Procedimiento de litografía* aplicado sobre una plancha de cinc, en la que la imagen puede ser 

dibujada manualmente o reportada mediante técnicas fotomecánicas —fotocincografía—. La 

dificultad para conseguir piedras litográficas* de calidad y su elevado coste obligaron al 

litógrafo* a la búsqueda de soportes alternativos. Entre ellos, los más extendidos son las 

planchas de cinc y aluminio, que han llegado a sustituir casi completamente a la piedra. 

Ref.: Díaz (1864), Gómez Joglar (1937), Loche (1971: 70-72), Martín y Tapiz (1981: 124), Monroca (1891), 

Seward (1931) 

V.a. Litografía 

 

Claroscuro 

Modalidad técnica de entalladura* que, como el camafeo*, se basa en la obtención de estampas* 

en diversos tonos a partir de la superposición de tacos*. Pero existen varios aspectos que 

diferencian el claroscuro del camafeo. Uno de ellos tiene que ver con el número de tacos 

empleados, ya que en el procedimiento del camafeo son siempre dos, mientras que el grabado* 

al claroscuro se realiza en tres, cuatro o más maderas. En el primer taco se dejan solo en relieve 

las líneas fundamentales de la composición y los contornos preferentes, en el segundo aumenta 

la superficie en relieve, ya que además del dibujo básico se tallan nuevas líneas, y así hasta el 

último taco en el que simplemente quedan rebajadas las zonas que deben resultar en blanco en la 

estampa. Ésta es una nueva diferencia respecto al camafeo, en el que una de las dos maderas 

contiene todos los trazos del grabado y, en consecuencia, puede estamparse con absoluta 

autonomía. Aquí, por el contrario, ningún taco presenta la imagen al completo, de modo que es 

imprescindible estampar* todas las maderas. El resultado final es una suerte de superposición 

articulada de diferentes niveles. Por otra parte, cada uno de estos niveles se estampa en un tono 

diferente del mismo color, comenzando por el último taco grabado, que se entinta en la 

tonalidad más clara, hasta llegar a la madera de los contornos fundamentales cuyo entintado es 

el más obscuro. Tono sobre tono, desde el claro al obscuro: he aquí la razón del nombre de este 

procedimiento. 

La técnica del camafeo fue empleada principalmente por los grabadores holandeses, flamencos y 

alemanes de los siglos XV y XVI. Hugo da Carpi, por su parte, se atribuyó la invención del 

procedimiento del claroscuro en una carta remitida al Senado de Venecia en 1516. Su desarrollo 

en Italia fue notable hasta finales del siglo XVII. 

Ref.: Giubbini y Parma Armani (1980: 239), Platt (1938), Strauss (1973) 

V.a. Entalladura 

 

Cliché verre 

V. Clisé de cristal 

 

Clisado 

Operación que consiste en reproducir en relieve una imagen sobre una plancha metálica 

mediante la esterotipia, galvanotipia o cualquier procedimiento de fotograbado*. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 128) 

 

Clisé de cristal 

Proceso de impresión descubierto durante la primera mitad del siglo XIX y basado en el mismo 

principio del positivado en fotografía. La superficie de una placa de vidrio se cubre con un 

barniz opaco, sobre el que se dibuja con una punta poco afilada. El dibujo realizado por el artista 

deja al descubierto, en aquellas zonas repasadas por la punta, la superficie de vidrio. Una vez 

abierto el dibujo, la placa actúa como un negativo fotográfico al proyectar sobre ella un foco de 

luz que incide sobre un papel* recubierto por una emulsión fotosensible colocado debajo. De 

esta forma, pueden obtenerse tantas impresiones en positivo como se deseen. 

La técnica de clisé de cristal fue utilizada por los aguafortistas* franceses de la Escuela de 

Barbizon, en especial por Corot y Daubigny, quienes sustituyeron el lenguaje estrictamente 

lineal desarrollado por medio de la punta, por unas calidades pictóricas de gran expresividad, al 

dibujar sobre el cristal con pincel impregnado en un pigmento oleaginoso semiopaco. El 

pigmento permitía filtrar cierta cantidad de luz provocando efectos de mancha sobre el papel. 

Ref.: Cliché-verre (1980), Carrete y Vega (1993: 8), Giubbini y Parma Armani (1980: 275), Goldman (1981: 1-2), 

Goldman (1988: 18), Krejca (1980: 193) 

 

Colección 

Conjunto de estampas* reunidas por una persona o una institución de acuerdo con un 

determinado criterio: cronológico, de pertenencia a una escuela o artista, estético, temático, 

geográfico, etc. Por ejemplo, la "Colección Antonio Correa" o la colección de estampas de la 

Calcografía Nacional. Para facilitar la conservación y el estudio de una colección su propietario 

debe imponerse una serie de actuaciones que van desde la adquisición selectiva, hasta el 

inventario y catalogación, depósito o almacenamiento, conservación y restauración, puesta al 

servicio del investigador, etc. Aunque empleado, a veces, como sinónimo de serie* su 

significado es diferente. 

Ref.: Lugt (1921), Monreal y Haggar (1992: 96-97) 

Por lo que respecta a la conservación de estampas véase el apéndice sobre este asunto que complementa la 

bibliografía general. 

 

Collagraph 

V. Técnicas aditivas 

 

Contraprueba 

Estampa* obtenida a partir de otra cuando la tinta de ésta se encuentra todavía fresca. El paso de 

la imagen de un papel* a otro se realiza poniendo en contacto la cara entintada de la estampa 

con cualquiera de las dos caras de la hoja que va a recibir la imagen y sometiendo ambas a la 

acción de un tórculo* o una prensa*. El asunto de la contraprueba resulta invertido respecto a su 

modelo original, lo que implica, en definitiva, que el sentido de la imagen de la contraprueba y 

de la matriz de estampación coinciden. Esta peculiaridad permite al artista gráfico servirse de 

ella para controlar el trabajo sobre la matriz, por lo que, en realidad, casi todas las contrapruebas 

pueden ser consideradas pruebas de estado*. 

Ref.: Beguin (1981: 258), Bianchi (1984: 8-9), Cabo de la Sierra (1981: 44) 

 

Cordellates  

Tejido de lana confeccionado con trama de cordoncillo. Cortado regularmente, en paños de 

forma rectangular, dicho tejido se utiliza para amortiguar la presión del tórculo* sobre la 

estampa*. La disposición de los distintos soportes y elementos que intervienen en la 

estampación en hueco* es la siguiente: encima de la platina del tórculo se coloca la lámina* con 

su cara entintada hacia arriba, sobre ésta, el papel* humedecido y, por fin, entre dicho papel y el 

rodillo superior de la prensa, los cordellates. La flexibilidad del tejido hace que el papel se 

acople a él evitando el contacto directo con el rodillo, cuya naturaleza es rígida. Disminuye, de 

este modo, el riesgo de ruptura del papel en las zonas coincidentes con los biseles de la lámina. 

Ref.: Rueda (1761). 

V. Estampación en hueco 

 

Corondel 

Hilo de latón que recorre en vertical la forma* usada para fabricar papel a mano* y que sirve de 

apoyo a los puntizones*. La separación entre los corondeles, como se aprecia en un papel 

verjurado* si se le mira al trasluz, es mayor que en los puntizones. 

Ref.: Beguin (1981: 247), Martín y Tapiz (1981: 149), Valls (1978: 16) 

 

CPR 

V. Privilegio 

 

Criblé

V. Acribillado 

 

Cromado 

V. Recubrimiento galvánico o electrolítico 

 

Cromolitografía 

Procedimiento de litografía* que tiene por objeto la obtención de estampas* en color. La 

operación de entintado de una piedra litográfica* para su estampación*, repartiendo la tinta con 

rodillo* sobre la superficie de la matriz, hace inviable la posibilidad de obtener imágenes en 

colores a partir de una sola piedra. En cromolitografía, pues, debe emplearse una piedra 

diferente para cada color. La mayor dificultad radica en el registro* de los colores, algo común a 

todos los tipos de estampación en color* con varias matrices, ya que es necesario encajar 

perfectamente las imágenes para evitar el desagradable efecto visual provocado por el 

desdoblamiento de los contornos. El registro se realiza mediante un sistema de puntos dispuestos 

a igual distancia en todas las piedras. Con unas agujas se traspasa la estampa y se buscan los 

puntos. La superposición de colores final es el resultado de estampaciones consecutivas, 

comenzando con la piedra correspondiente a los colores más claros hasta acabar con la matriz 

del dibujo en negro. Al hacerlo de este modo, la tinta negra tapa las uniones disimulando los 

defectos. 

La cromolitografía se extendió durante la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo para ilustrar 

libros de lujo, debido a su extraordinaria calidad cromática y notable vistosidad. 

Ref.: Audsley (1883), Griffiths (1948) 

V.a. Litografía 

 

Cromotipia 

V. Cromotipografía 

 

Cromotipografía 

Procedimiento de impresión a colores, inventado por el grabador francés L. Desjardins en la 

segunda mitad del siglo XIX, que se basa en la utilización de clichés en relieve obtenidos por 

fotograbado*. Cada color se imprime a partir de un cliché diferente. 

Ref.: Carrete y Vega (1993: 21-22), Martín y Tapiz (1981: 160) 

 

Cuchilla 

Utensilio de acero constituido por una hoja afilada en un solo lado e inserta en un mango de 

madera, utilizado para cortar tacos* a la fibra*. El grabador* hace converger los cortes 

efectuados con la cuchilla para arrancar la astilla de madera que queda entre las líneas del 

dibujo, de acuerdo con el característico sistema de talla*-contratalla. La cuchilla también se 

emplea, del modo descrito, en la técnica de la linografía*.  

Ref.: V. Entalladura 

 

Cuentahílos 

La forma óptima de contemplar una estampa*, también un dibujo, es la de acercarse a ella del 

mismo modo como lo hace quien mira un libro. Pero la aproximación, en este caso, debe ser 

incluso mayor, ya que solo el detalle ampliado de una zona de la estampa permitirá descubrir las 

claves del proceso de su elaboración. Por este motivo el estudioso de la estampa o del dibujo, el 

encargado de su catalogación o el coleccionista se sirven de un instrumento auxiliar, el 

cuentahílos, lupa montada en una estructura de metal o plástico y cuyo nombre deriva de su uso 

en la industria textil donde se empleaba para contar los hilos de un tejido. 

Ref.: Beguin (1981: 247), Cabo de la Sierra (1981: 251) 

 

Delineavit 

V. Dibujo para grabar  

 

Dibujo para grabar 

El grabador* en talla dulce* de los siglos XVII y XVIII solía calcar sobre la lámina* un dibujo 

concebido específicamente para ser grabado*. Este diseño previo recibe el nombre de dibujo 

para grabar. Coincidiendo con la época del grabado de reproducción* y con la intervención de la 

figura del editor* en las diferentes fases de la producción y comercio de estampas*, tuvo lugar 

un proceso de división del trabajo. Tareas que antes eran realizadas por un solo artesano, el 

grabador, a partir del siglo XVI serán ejecutadas por distintos individuos. El pintor* crea la obra 

original, que trasladará al papel* el dibujante. Por último, el grabador lleva a la lámina el dibujo 

para grabar. Ya que el dibujante trabajaba para el grabador, y estaba a su servicio, debía 

facilitarle el trabajo, traduciendo la superficie pictórica del cuadro original a un lenguaje de 

línea fácil de interpretar en grabado. Así pues, los dibujos para grabar presentan imágenes 

construidas mediante rasgos lineales o transiciones nítidas de claroscuro. En la estampa antigua, 

la participación del dibujante se hacía constar poniendo su nombre delante del término latino 

delineavitdel. en abreviatura; en español, lo dibujó—. El lugar que ocupa la mención de 

dibujante en la estampa es, habitualmente, el ángulo inferior izquierdo, pero cuando también 

aparece la mención de pintor, la de dibujante suele desplazarse al centro. 

Cuando el grabado de reproducción deje paso al de libre creación y el grabado en dulce sea 

desplazado por técnicas de factura más suelta como el aguafuerte*, el dibujo para grabar perderá 

su razón de ser. Eso no significa que el grabador al aguafuerte no tome como referencia un 

modelo dibujado, pero éste será un dibujo preparatorio y no un dibujo para grabar. Es decir, el 

artista sigue creando a medida que graba, introduciendo modificaciones o cambios que alejan la 

imagen del modelo dibujado. Dicho alejamiento resultaba impensable para el grabador en dulce 

que trabajaba por invención y dibujo ajenos, ya que su reto profesional consistía en reproducir lo 

más exactamente posible el modelo. De modo que mientras para el grabador en dulce el dibujo 

para grabar es siempre un objetivo final, un punto de llegada, para el grabador al aguafuerte el 

dibujo preparatorio es solo un punto de partida. 

Ref.: Ivins (1953: 102), Rueda (1761), Trabajo (1988: 19). 

V. Talla dulce 

 

Ectipografía 

Término usado de forma incorrecta para designar las diversas técnicas de grabado* en relieve. 

La ectipografía, sistema ideado por Valentín Haüy en 1784, es un método de impresión de 

signos y caracteres en relieve para ser interpretados por los ciegos mediante el sentido del tacto. 

V. Entalladura 

V. Xilografía 

V. Linografía 

V. Acribillado 

V. Calcotipia 

 

Edición 

V. Tirada 

 

Editor 

Persona encargada de la publicación de estampas*, costeando la tirada* y administrándola 

comercialmente. Las características específicas del trabajo, así como las condiciones de 

estampación*, distribución, remuneración y otras, son pactadas y aceptadas mediante vínculos 

contractuales entre el editor y los distintos responsables: el estampador* y, sobre todo, el artista. 

La presencia del editor en el dominio de la estampa data del Renacimiento. Su incorporación 

definitiva, durante el siglo XVII, aparece directamente relacionada a la talla dulce* y al grabado 

de reproducción* de pinturas. La mención de editor en las estampas antiguas se indica mediante 

el término excudit. 

"A diferencia del pintor o del grabador independiente, el editor de estampas era un empresario 

capitalista. Contrataba los servicios de artesanos que le hicieran los grabados que él almacenaba 

y publicaba. Hacer dinero era la única motivación que le impulsaba a penetrar en aquella 

actividad" [Ivins (1953: 102)], y pronto se dio cuenta de que las estampas más demandadas por los 

compradores eran las reproducciones de cuadros, cuadros que no estaban en condiciones de 

adquirir. Así comienza la historia del grabado de reproducción, cuya única ventaja será la 

difusión por toda Europa, primero del arte italiano y más tarde del francés, convirtiendo al 

Renacimiento y a los movimientos artísticos posteriores en estilos universales, y aumentando 

considerablemente la influencia sobre el resto del mundo de los países que dieron vida a tales 

movimientos. Pero el grabado de reproducción acabó radicalmente con las posibilidades 

creativas del grabador y condicionó la evolución de las técnicas de arte gráfico, elevando la talla 

dulce a la categoría de única técnica válida. 

Ref.: Cabo de la Sierra (1981: 55), Ivins (1953), Trabajo (1988: 19) 

 

Electrografía 

Término genérico con el que se designan un conjunto de procedimientos técnicos basados en la 

reproducción de imágenes en máquinas copiadoras por impresión electrostática. Uno de estos 

procedimientos es la xerografía, cuyo conocido producto, la fotocopia, tiene una extraordinaria 

implantación en trabajos de oficina. Las tintas de impresión son pigmentos orgánicos en polvo 

tóners— o aerosoles. La electrografía no pertenece de manera estricta al dominio del arte 

gráfico*, aunque es posible su explotación en la generación de imágenes artísticas y su 

aplicación al grabado calcográfico*. 

Ref.: Alcalá y Canales (1986), Alcalá y Canales (1987), Martín y Tapiz (1981: 200-201), Pastor (1989) 

 

Entalladura 

Durante los siglos XV a XVII recibía el nombre de entallador el artesano de la madera, quién, 

entre otros oficios, grababa en madera a la fibra*.  

Sobre una tabla de madera cortada del tronco en el sentido de las vetas y preparada para dotarla 

de un formato manejable —taco*—, actúa el grabador*, provisto de los instrumentos 

tradicionales de carpintería —cuchillas*, gubias* y escoplos*—. Con tales instrumentos da 

varios cortes sobre la superficie del taco. Si estos cortes convergen en la base —acción de tallas* 

y contratallas—, saltará el trozo de madera que queda entre ellos. De este modo el artista va 

rebajando la madera en determinadas zonas. En definitiva, la entalladura es una modalidad de 

grabado* que consiste en vaciar —cavar— la superficie que debe salir en blanco en la estampa* 

y dejar en relieve las zonas correspondientes a la imagen. 

Hasta los años finales del siglo XVIII todas las técnicas empleadas para tallar una madera eran 

de entalladura y no de xilografía*, procedimiento muy distinto de aquél. Durero y su taller, por 

poner un ejemplo conocido, no practicaron la xilografía, sin embargo nadie discute su 

extraordinaria destreza como grabadores en madera. Todavía hoy, y quizá más que nunca, existe 

una confusión generalizada que tiende a unificar el grabado en madera bajo la común 

denominación de xilografía. No todo el grabado en madera actual se obtiene a partir de la 

técnica de xilografía ya que muchas de las estampas contemporáneas proceden de tacos 

trabajados a la fibra —el caso de los expresionistas alemanes es suficientemente significativo al 

respecto—. La reivindicación del término entalladura no es arbitraria, ni responde a un afán 

purista fuera de lugar. No se trata tampoco de rechazar la palabra xilografía porque fuera 

inventada cuatro siglos más tarde de la técnica a la que erróneamente se aplica. Simplemente, la

xilografía es un procedimiento muy distinto de la entalladura, aún a pesar de tratarse, en ambos 

casos, de grabado en madera. La resistencia a aceptar este hecho contrasta con la claridad con 

que se pone de manifiesto en el vocabulario de otros países de larga tradición en el ámbito del 

arte gráfico. Los anglosajones, por ejemplo, diferencian claramente ambos procedimientos 

mediante dos vocablos: wood cut —madera cortada, es decir, entalladura— y wood engraving 

—madera grabada, o sea, xilografía—. Su equivalente en francés sería taille d'épargne

gravure sur bois de fil y gravure sur bois de bout. También el idioma alemán distingue entre 

holzschnitt y holzstich. Por otra parte, la palabra entalladura no es exclusiva del español; sin ir 

más lejos, la voz italiana intaglio procede de la misma raíz y su significado es análogo. 

No obstante, el uso del término plantea ciertos problemas que es justo evidenciar. En primer 

lugar, aunque el Diccionario de autoridades define claramente entalladura como "la obra abierta 

con el buril o cincel en madera, piedra o bronce, cortando sutilmente y cavando las líneas para 

formar las imágenes o letras que se quieran", en otros diccionarios y fuentes de época el 

significado no se reduce al ámbito del grabado sino que, por el contrario, se amplía a otros 

trabajos de carpintería. Por ejemplo, Sebastián de Covarrubias [Tesoro de la lengua castellana o 

española, Madrid, 1611] define al entallador como "el que hace figuras de bulto que cortando la 

madera va formando la figura". Así pues, en la mayor parte de los documentos antiguos la 

entalladura va asociada genéricamente a la escultura en madera y, con mucha frecuencia, a la 

talla de retablos. Evidentemente, esta vinculación artesanal con el oficio de carpintero no 

corresponde a la consideración que el grabador actual tiene de su arte. De manera que 

entalladura, además de ser una palabra en desuso, no designa la técnica empleada por el 

grabador en madera contemporáneo. Del mismo modo como resulta anacrónico aplicar el 

término talla dulce al grabado calcográfico de las dos últimas centurias, así resulta, también, 

utilizar el de entalladura. 

A efectos de catalogación se recomienda, pues, el empleo de entalladura en aquellas estampas 

obtenidas de tacos grabados fechadas con anterioridad al siglo XIX, y la expresión grabado en 

madera a la fibra para las de los siglos XIX y XX. 

Las primeras estampas conocidas datan de fines del siglo XIV y se obtuvieron a partir del 

entintado y prensado de tacos de madera a la fibra grabados mediante el procedimiento de la 

entalladura. Manteniendo la tradición altomedieval estas primitivas imágenes no pretendían la 

representación naturalista del objeto, sino una síntesis elemental y primaria del mismo capaz de 

provocar una asociación de ideas o una evocación puramente conceptual. Lo que se buscaba es, 

en definitiva, una primera identificación para, a través de ella, alcanzar el significado del 

mensaje. No importaba que la representación de la figura humana fuera absolutamente 

naturalista, totalmente creíble, bastaba con el hecho de poder ser identificada como tal figura. 

En otras palabras, el grabador no pretendía que sus estampas proporcionaran información, sino 

que "fueran el instrumento para despertar, por sí mismas, emociones piadosas: la mayoría de 

tales imágenes representaban santos a los que se rezaba para pedir protección contra 

enfermedades o peligros concretos" [Ivins (1953: 43)]. 

En la segunda mitad del siglo XV era ya practicado y conocido el grabado a buril. Tenía ciertos 

inconvenientes respecto a la entalladura: la lámina de metal se desgastaba en el proceso de 

estampación con mayor rapidez que el taco y resultaba más difícil de grabar y de estampar. Por 

ello, mientras las dos técnicas cumplieron la misma función, mientras lo único que se exigía a la 

imagen era una rápida e inmediata identificación del objeto en escasos y toscos rasgos, el 

grabado a buril no pudo competir con la entalladura. 

Ref.: En cuanto a la acepción antigua de entalladura y entallar véase La Nueva Recopilación de las Leyes del Reino

libro 5, tít. 21, l. 27; citada en Diccionario de la lengua castellana en que se explica su verdadero sentido de las 

voces, su naturaleza y calidad..., Madrid: Real Academia Española, 1732, p. 497-498. Manuel Gómez Moreno en El 

arte de grabar en Granada (Madrid: M. Tello, 1900) recoge una cita documental del siglo XVI con el término 

entallador aplicado al grabador en madera, reseñada a su vez por Páez (1981: vol. I, p. 34, n. 79).  

Por lo que respecta al grabado en madera a la fibra: Banister (1968), Beltrand (1938), Biggs (1950), Biggs (1958), 

Busset (1925), Colas (1952), Chamberlain (1978. Woodcut), Charbonneau (1972), Elfrink (1973), Figuerola (1931), 

Fournier (1759), Gariazzo (1907), Gusman (1916), Gutiérrez Larraya (1952), Hope (1887), Hutton (1974), Ivins 

(1953), Morin (1961), Morley Fletcher (1916), Papillon (1776), Relief (1945), Ross (1974. Relief), Rumpel (1972), 

Salaman (1930), Seara (1981), Van Hear (1968), Vega (1992), Watson y Kent (1945), Westheim (1954), Wilder 

(1969), Woods (1968) 

V.a. Grabado, Arte gráfico, Xilografía 

 

Entrapado 

Operación propia de la estampación artística* que consiste en dejar sobre las zonas no grabadas 

de la lámina*, después de una primera limpieza, una sutil película de tinta. Al pasar la tarlatana* 

esta tinta sobrante retiene la impronta del trapo, lo que, traducido a la estampa*, provoca un 

característico efecto de aguas o veladuras. Similar al entrapado es el método de resaltado de las 

tallas* —retroussage— en el que, a partir de una estampación natural*, se manchan los planos 

no grabados de la lámina con tinta extraída de las tallas pasando suavemente la tarlatana en 

sentido circular. La tinta del fondo de los surcos aflora a la superficie desvaneciendo la pureza 

de las líneas. 

Ref.: Cabo de la Sierra (1981: 47). V. Estampación artística 

 

Escoplo 

(1) Instrumento utilizado por el grabador* al aguafuerte* para dibujar sobre la capa de barniz* 

que recubre la lámina*. Es, en esencia, una barrita de acero de sección cilíndrica u ovalada con 

punta a bisel —échoppe—. La anchura de las líneas abiertas en el barniz depende del diámetro 

de la barrita. 

Ref.: V. Aguafuerte 


(2) Herramienta empleada para rebajar superficies amplias de linóleo* o de madera en tacos* 

cortados a la fibra*. Estas superficies corresponden a zonas sin dibujo, de modo que las partes 

excavadas coinciden con espacios blancos en la estampa*. Es un complemento eficaz a las 

tallas* efectuadas por cuchillas* y gubias*, diferenciándose de ellas en la amplitud de los 

rebajos. Consta de una pieza rectangular de acero con su extremo abiselado, acoplada a un 

mango de madera. Se impulsa mediante percusión en el mango: un golpe seco cuya potencia 

varía dependiendo de la profundidad y longitud del corte que se quiera dar, ya que la anchura 

está condicionada por las dimensiones del filo. 

Ref.: V. Entalladura 

 

Estado 

V. Prueba de estado 

 

Estampa 

Soporte no rígido, generalmente papel*, al que se ha transferido la imagen —línea, forma, 

mancha, color— contenida en una matriz trabajada previamente mediante alguno de los 

procedimientos de arte gráfico*. La imagen del soporte original pasa a la estampa tras entintar 

aquél, poner en contacto ambos y someterlos a presión. En definitiva, la estampa es el producto 

final del arte gráfico, y la multiplicidad, su característica más genuina. Recibe este nombre 

porque el proceso de impresión se denomina estampación*. A pesar de tan evidente argumento, 

existe una injustificada resistencia al empleo del término, debido, en parte, a su asociación con 

imágenes de temática religiosa —circunstancia que puede justificarse por la inmensa producción 

de estampas religiosas en los países católicos de Europa y especialmente en España—. En el 

ámbito popular están muy extendidos términos como grabado* o lámina* para referirse a las 

manifestaciones en papel obtenidas a partir del entintado y prensado de una matriz. Sin 

embargo, la utilización en tal sentido de cualquiera de los dos significantes mencionados no es 

correcta. Por lo que respecta al primero, conviene tener en cuenta un hecho obvio: sobre el papel 

no se graba. Además, no todas las técnicas empleadas para trabajar una matriz lo son de 

grabado. De modo que si no todas las estampas se obtienen a partir de procedimientos de 

grabado, llamar grabado a cualquier tipo de estampa es un error. Por otra parte, se denomina 

habitualmente lámina a la ilustración* a página entera de un libro, ya sea una estampa o una 

reproducción fotomecánica. Su uso deriva de la ilustración de impresos tipográficos mediante 

estampas calcográficas que se estampaban por separado y se encartaban entre las hojas del texto. 

Con el objeto de facilitar la tarea al encuadernador, el grabador* numeraba los cobres según el 

orden en el que debían ir colocadas las ilustraciones dentro del libro. Para ello, delante del 

número correspondiente se ponía la palabra lámina. Así pues, lámina equivale a plancha grabada 

pero no a estampa. Al ser entintado e impreso el cobre, la expresión Lámina I... —o su 

abreviatura Lám. I...— pasaba al papel, razón por la que terminaron llamándose láminas las 

ilustraciones y, por extensión, todas las estampas. 

Ref.: Carrete (1981: 21-44), Ceán (1827), Mayor (1964), Martínez, J. (1866), Palomino (1715: I, 663), Prints 

(1990), Rejón de Silva (1788: 101). 

Para todo lo relacionado con las distintas tipologías de estampas y los diversos procedimientos empleados para 

obtener imágenes múltiples, es válida la bibliografía recogida bajo Arte gráfico y, más específicamente, la incluida en 

Estampación. 

 

Estampación 

 

Una estampa* nace de la conjunción de dos tipos de actividades: el trabajo sobre una matriz a 

partir de técnicas de grabado*, litografía* o serigrafía*, y la impresión de dicha matriz o 

estampación. En definitiva, la estampa es el producto salido de la colaboración de dos categorías 

de especialistas —el artista gráfico y el estampador*—. Una estampación se define como el 

conjunto de operaciones llevadas a cabo sobre un soporte para hacer posible que la imagen 

contenida en el mismo pueda ser impresa en un papel* reiteradas veces. En todos los casos, a 

excepción de la serigrafía, tal imagen se imprime presionando a mano o a máquina una hoja de 

papel contra la matriz entintada. Entintado, limpieza de la tinta sobrante, colocación del papel 

en contacto con la matriz, prensado y secado de la estampa son las operaciones básicas en 

cualquier proceso de estampación. Pero además, esta difícil e importante actividad, de la que 

depende en amplia medida el éxito de la estampa, requiere el conocimiento de la composición 

de las tintas, la naturaleza de los papeles, el manejo de las prensas, las peculiaridades de los 

diversos sistemas de entintado y prensado... Obviamente, cada técnica de arte gráfico* exige un 

método de estampación propio: el grabado sobre madera se estampa en relieve*, el grabado 

calcográfico*, en hueco*, la litografía y la serigrafía, en plano. Pero dentro de cada una de estas 

categorías también existen peculiaridades en el método de estampación: no es lo mismo 

estampar* una madera a la fibra* del siglo XV que un taco* a la testa* del XIX; tampoco es lo 

mismo estampar un cobre abierto en dulce* del XVIII que una lámina* de cinc grabada al 

aguafuerte* del XX. La fidelidad a los modelos de cada época histórica, así como la capacidad 

para interpretar correctamente la obra del artista contemporáneo, son exigencias que un buen 

estampador debe conocer y respetar. 

Ref.: Andrews (1964), Arms (1934), Giubbini y Parma Armani (1980), Peterdi (1959), Poortenaar (1933), Russ 

(1975), Saft (1981), Vega y Corral (1988) .

V.a. Arte gráfico 

 

Estampación artística 

Método de estampación en hueco* vinculado a las técnicas indirectas de grabado calcográfico*. 

El estampador* acentúa los efectos pictóricos al dejar sobre la superficie de la lámina* tinta sin 

limpiar, de manera que a la estampa* no solo se transfiere la tinta depositada en las tallas* sino 

también aquella que no ha sido retirada del plano superficial de la matriz. Estos efectos, 

similares a veladuras, reciben el nombre genérico de entrapados*. Otra posibilidad de 

estampación artística, propia del siglo XX, es la que, partiendo de una limpieza natural*, se sirve 

del pincel o la muñequilla* para volver a dar sobre la superficie metálica nuevos toques de tinta, 

aunque esta vez mezclada con aceite para incrementar su fluidez y provocar la sensación de 

aguas. Con la tarlatana* se sacan las luces limpiando determinadas zonas. En general, esta 

modalidad permite obtener, a base de trucos de estampación*, efectos no grabados en la lámina. 

Así pues, a partir de un mismo grabado* pueden conseguirse estampas muy diferentes según el 

color de la tinta, la clase de papel* o el método de estampación que se emplee. Por tal motivo y 

aún pretendiéndolo, mediante la estampación artística es muy difícil obtener dos estampas 

exactamente iguales. El éxito de la tirada* depende, en este caso, de la destreza del estampador 

y de su perfecta compenetración con el artista, quien, en ocasiones, estampa personalmente sus 

obras. 

Ref.: Gutiérrez Larraya (1944), Hayter (1949), Pyle (1941), Vega y Corral (1988) 

V.a. Aguafuerte, Estampación en hueco 

 

Estampación calcográfica 

V. Estampación en hueco 

 

Estampación en color 

Con la incorporación de los pintores a las técnicas de arte gráfico*, a partir de la segunda mitad 

del siglo XVIII, no solo se introdujeron procedimientos pictóricos en grabado* —que 

culminarán en la siguiente centuria con el desarrollo de la litografía* y, ya en nuestro siglo, con 

el descubrimiento de la serigrafía*—; también, se buscó la forma de obtener estampas* en 

varios colores. Sea cual fuere el método de impresión, en la estampación en color cobra 

extraordinaria relevancia la elección del papel*, pues repercutirá en el tono de las tintas. Por lo 

que respecta al grabado calcográfico*, es posible conseguir estampas en color a partir de una 

sola lámina*. En este caso, el primer color que se aplica es el negro —excepto en el método de 

la superposición de rodillos*— y, después de la limpieza de la tinta sobrante, se extienden los 

claros intentando evitar al máximo la mezcla de tintas, lo cual es prácticamente imposible, ya 

que al pasar la tarlatana* una parte de la tinta sale de los surcos entrando en contacto con la de 

las tallas* próximas. Como consecuencia, en los sectores limítrofes es frecuente la degradación 

de los tonos. Dicha degradación no se produce en la estampación a color con varias láminas. La 

utilización de una matriz diferente para cada color es el único sistema posible en el grabado en 

madera, la litografía* y la serigrafía*, ya que el entintado global de la superficie de la matriz con 

rodillo* o rasqueta* impone la necesidad de utilizar varios soportes para obtener una estampa en 

colores. Cuando se utilizan distintas láminas, tacos*, piedras litográficas* o pantallas*, la parte 

de la imagen correspondiente a cada color ha sido trabajada en una matriz diferente, lo que 

obliga al estampador* a utilizar el registro* de puntos. Este registro le permite saber donde tiene 

que colocar el papel en las sucesivas impresiones. Además, el estampador debe acelerar el 

entintado de las matrices, para evitar que se seque en exceso el papel. La cuatricomía resulta de 

la combinación de los tres colores básicos de la escala cromática —rojo, amarillo y azul— más 

el negro. Es precisamente éste, a diferencia del método descrito para estampar* en color una 

sola lámina, el que se aplica ahora en último lugar, comenzando con los colores claros. 

Repartiendo el negro al final pueden ocultarse posibles defectos de registro. 

Ref.: Dumand (1978), Durupt (1951), Edmonston (1972: 51-75), Griffiths (1948), Le Blon (1756. L'art), Le Blon 

(1756. Operations), Leaf (1976: 127-180), Newick (1964), Peterdi (1959: 193-212), Sáez del Álamo (1989), 

Soullier (1903), Vega y Corral (1988) 

 

Estampación en color por superposición de rodillos 

Método de estampación en hueco* por el que se obtiene una estampa* en varios colores de una 

sola pasada de tórculo*, a partir del entintado de una única lámina*. El principio en el que se 

fundamenta este procedimiento de estampación en color*, inventado por Hayter y practicado por 

los artistas  vinculados al Atelier 17 de París, es el de abrir tallas* de diferentes niveles de 

profundidad, cada una de los cuales retendrá una tinta de un color distinto. La selección de los 

niveles por las tintas es posible gracias a la utilización de rodillos de diferente dureza y tintas 

cuya composición varía en viscosidad. Cuanto más duro sea el rodillo empleado y más compacta 

la tinta, menos penetrará en las tallas. El desarrollo práctico de este método consiste en aplicar 

primero las tintas más líquidas con los rodillos más blandos de manera que queden rellenas las 

tallas de mayor profundidad. Progresivamente, se van aplicando, con rodillos de superior dureza, 

tintas más viscosas cada una de las cuales cubre la capa anterior, excepto los niveles de mayor 

profundidad en los que no penetran debido a su composición menos fluida. Por último, se 

extiende la tinta más espesa, que no pasará del nivel superficial. Tan aparentemente sencillo 

procedimiento es, por el contrario, de una extrema dificultad técnica ya que exige un gran 

dominio de los tiempos de mordida del ácido hasta conseguir la profundidad deseada en los 

surcos, en relación con el color que se asigne a cada uno de ellos. También exige un notable 

control de las mezclas en la elaboración de las tintas, ya que de su exacta viscosidad dependerá 

el éxito de la operación. 

Ref.: Hayter (1949) 

 

Estampación en hueco 

Sistema de estampación* asociado a las técnicas de grabado calcográfico*. Los surcos o 

intersticios abiertos por el grabador en una lámina* de metal se rellenarán cuando el 

estampador* extienda sobre ella una capa de tinta. Ésta ocupará tanto los huecos como la 

superficie metálica no grabada. En la estampación natural* el estampador* limpia la tinta 

sobrante con un trapo o tarlatana*, asegurándose que solo contengan tinta los surcos o tallas*. 

Por el contrario, en la estampación artística* la tinta superficial no se elimina del todo, 

provocando efectos de veladuras. Al poner en contacto el metal entintado con una hoja de 

papel* y hacer pasar ambos entre los dos cilindros de un tórculo*, la tinta de las tallas pasa a la 

estampa*. Es decir, la imagen transferida a la estampa coincide con los huecos de la lámina 

metálica. 

El entintado de la lámina se realiza con una muñequilla* de trapo. Previamente, el metal ha 

debido ser calentado por medio de un hornillo para que la tinta gane en fluidez y penetre con 

mayor facilidad en las incisiones. El paso siguiente consiste en limpiar, con mayor o menor 

intensidad, la superficie de estampación empleando la tarlatana. La lámina ya está dispuesta para 

ser estampada, solo resta depositarla sobre la platina del tórculo, con la cara del dibujo hacia 

arriba, y colocar encima un papel ligeramente humedecido —de esta forma aumenta su 

elasticidad evitando el riesgo de rupturas y favoreciendo su penetración en las tallas—. El 

estampador debe comprobar la presión y, para amortiguar el rozamiento del cilindro superior del 

tórculo, entre éste y el papel coloca un trapo de algodón, los cordellates*. Activando dicho 

cilindro superior se desplaza la platina y, con ella, la lámina y el papel, que pasan, así, entre 

ambos rodillos. Como resultado de la presión, la tinta se traslada a la hoja, en la que, además, 

queda marcada claramente la huella* del metal. Por fin, el secado de la estampa completa el 

proceso. 

Ref.: Beguin (1977: 434-438), Carrete (1988), Frerebeau (1974), Fuentes (1985: 224-226), Gross (1970: 126-130), 

Pla (1956), Ross (1974. Intaglia), Singer y Strang (1897), Strang (1936), Vega y Corral (1988) 

V.a. Grabado calcográfico 

 

Estampación en relieve 

Sistema de estampación* correspondiente a las técnicas del grabado en madera a la fibra*, 

xilografía* y linografía*. Las partes de la madera o plancha de linóleo* que no han sido 

eliminadas quedarán en relieve respecto a las zonas rebajadas y serán precisamente estas partes 

en relieve las que retendrán la tinta al hacer pasar sobre el taco* un rodillo entintado. Es decir, el 

relieve corresponderá a la imagen trasladada a la estampa* y las zonas rebajadas quedarán en 

blanco en el papel*, puesto que la tinta no llega al fondo de los cortes, y aunque así fuera, al 

poner en contacto el taco entintado con el papel éste solo tocará a aquél en las partes en relieve. 

El proceso de estampación en relieve consiste en colocar el taco entintado en la platina de una 

prensa vertical*. Sobre la madera se dispone una hoja de papel humedecida. La imagen pasa del 

taco al papel al hacer descender la plancha superior de la prensa y ejercer una gran presión. 

Las primeras estampas en relieve datan del último cuarto del siglo XIV. Son anteriores, pues, al 

descubrimiento de la imprenta tipográfica. Ya que la invención de la prensa vertical, a mediados 

del siglo XV, coincidió con la aparición de la imprenta de caracteres móviles, es obvio que las 

primitivas estampas en relieve no se consiguieron por prensado. El sistema empleado en esos 

momentos consistió en frotar el papel colocado sobre la superficie del taco entintado con un 

objeto duro. Este método de frotamiento con baren es el habitual en la estampa japonesa. 

Ref.: Beltrand (1938), Biggs (1958), Morley Fletcher (1916), Ross (1974. Relief), Van Hear (1968), Watson y Kent 

(1945) .

V.a. Entalladura, Xilografía 

 

Estampación natural 

Propia del grabado* en talla dulce* de los siglos XVII y XVIII, la estampación natural se basa en 

el principio de la limpieza absoluta de la superficie no grabada de la lámina*, de forma que solo 

contengan tinta las tallas*. La pureza de la línea de buril* es contraria a una estampación con 

veladuras, que desfigure sus precisos y nítidos perfiles. Por ese motivo, una vez aplicada la tinta 

con muñequilla*, el estampador* procede a limpiar la que sobra, pero teniendo cuidado de no 

sacar la de los surcos poco profundos, pues son éstos los que van a proporcionar la calidad de 

grises necesaria, modulando la transición del blanco al negro. Una limpieza profunda, 

eliminando todo resto de tinta o grasa superficial, se lleva a cabo frotando suavemente el metal 

con la palma de la mano impregnada en carbonato de cal en polvo —blanco de España—; pero 

si la lámina no queda perfectamente limpia puede emplearse carbonato de potasa. Por lo que 

respecta al color más apropiado de tinta para el grabado en dulce, los estampadores recomiendan 

el negro mezclado con blanco o bistre, ya que el tono resultante de la mezcla se aproxima a la 

intensidad de los negros fabricados artesalmente en los siglos XVII y XVIII. 

Ref.: Vega y Corral (1988). V. Talla dulce, Buril, Estampación en hueco 

 

Estampación sobre papel de china 

Método de estampación* basado en el empleo de un tipo de papel* específico al que será 

trasladada la imagen de la matriz. Fino y resistente, el papel de china* ofrecía un tono muy 

apreciado por los artistas gráficos del siglo XIX, en particular por los aguafortistas* y 

litógrafos*. La estampación sobre papel de china va asociada a estampas* de calidad y a 

ediciones de lujo. El tamaño de la hoja de papel suele coincidir con la parte grabada de la 

lámina* o la zona dibujada de la piedra litográfica*. Después de ser humedecido, se coloca, con 

unas pinzas de cartón o chapa, sobre el soporte entintado. Es tal su delgadez que cuando el 

estampador* lo dispone encima de la matriz apenas se le distingue. El paso siguiente consiste en 

poner encima una hoja de formato más grande, tonalidad generalmente blanca y mayor gramaje. 

La zona de este papel que está en contacto con el de china debe haber sido previamente encolada 

con engrudo natural —harina de trigo diluida en agua—. Debido a la presión que reciben ambos 

papeles contra la matriz entintada, no solo pasa la tinta a la estampa, sino que, además, el papel 

de china queda adherido, por medio del engrudo, a la hoja de refuerzo. El contraste tonal de los 

dos papeles provoca una sutil variación cromática, de notable belleza. 

Aunque este es el método más habitual, muchos artistas gráficos contemporáneos como Robert 

Motherwell o Misch Kohn suelen estampar sobre fragmentos de papel de china o japonés de 

diferentes colores y tonalidades y formatos no coincidentes con la matriz. A dicha modalidad de 

estampación se la conoce con las expresiones francesas chine collé o chine appliqué; en 

castellano, papel de china encolado o, más genéricamente, estampación sobre papel de china. 

Ref.: Vega y Corral (1988), Lo Monaco (1992: 230-233). V.a. Papel de china 

 

Estampador 

Profesional que conoce y practica los métodos de entintado, prensado y cuantos aspectos 

intervienen en el proceso de estampación*. Su labor constituye el paso fundamental en la 

producción de la estampa*, lo que requiere la suficiente dosis de habilidad, destreza, 

conocimiento y, también, de sensibilidad. 

Ref.: V. Estampación 

 

Estampar 

Acción de imprimir una matriz entintada —lámina*, taco* de madera, piedra litográfica*, 

pantalla* de seda— mediante una máquina —tórculo*, prensa vertical*, prensa litográfica*— 

con el propósito de obtener estampas*. 

Ref.: V. Estampación 

 

Estampero 

Persona dedicada al negocio del comercio de estampas*. Aunque esta figura ha desaparecido del 

horizonte del arte gráfico* contemporáneo debido, sobre todo, a la diferente consideración y 

función de la estampa pero también a la diversificación y mayor complejidad del mercado de la 

obra de arte, su presencia fue muy popular durante los siglos XVII a XIX. 

Ref.: Portús (1990), Trabajo (1988: 20)   

 

Estarcido 

Sistema conocido desde antiguo para transferir un dibujo a un soporte distinto mediante el 

punzado de las líneas del diseño con una aguja, de manera que al poner en contacto ambos y 

pasar sobre el papel* del dibujo un pincel entintado o un pigmento en polvo, el color pasaba a 

través de los puntos impregnando el nuevo soporte. Este método, sustituyendo el dibujo punzado 

por unas plantillas sobre las que se pasa una brocha empapada en tinta líquida que se filtra por 

las zonas abiertas imprimiendo un papel colocado debajo, es el antecedente directo de la 

serigrafía*. 

Ref.: Cabo de la Sierra (1981: 239), Krejca (1980: 185), Rejón de Silva (1788: 101), Work (1986) 

V. Serigrafía 

 

Excudit 

V. Editor 

 

Ex-libris 

Estampa* de pequeño formato colocada en un libro —generalmente en el verso de la cubierta—, 

a través de la que se hace constar la identidad del propietario de la publicación. Su empleo se 

generaliza a partir del siglo XVI coincidiendo con la aparición y consolidación de la figura del 

bibliófilo. El ex-libris combina texto —nombre del poseedor del libro...— e imagen, cuyo 

contenido es, normalmente, alegórico o simbólico, y, por tradición, suele realizarse en grabado* 

sobre madera o metal. 

Ref.: Beguin (1981: 249), Esteve (1949), Martín y Tapiz (1981: 236), Riquer (1952) 

 

Facsímil 

Reproducción fotomecánica* exacta de una estampa* o un dibujo. Algunos autores aplican el 

término a las estampas* del siglo XIX obtenidas a partir de tacos* de madera grabados mediante 

la técnica de xilografía* sobre los que se ha calcado previamente un dibujo de línea. En estos 

casos, la fidelidad de la estampa respecto a su modelo es tal que recibe la denominación de 

facsímil. Pero siendo rigurosos con su definición, el producto de cualquier procedimiento 

manual de grabado* no puede ser nunca un facsímil, ya que por muy diestro que sea el 

grabador* jamás podrá conseguir una copia exacta del original. 

Ref.: Adeline (1887: 254), Beguin (1981: 249) 

 

Fecit 

V. Grabador 

 

Filigrana 

Marca que identifica al fabricante de papel*. Cosida con hilo metálico sobre el verjurado de la 

forma*, representa motivos muy variados que, a veces, se reducen a las iniciales o el nombre 

completo del papelero. Como sucede también con los corondeles* y puntizones*, debido a que 

la cantidad de pasta depositada sobre los alambres es menor que en el resto de la forma, la 

filigrana se detecta fácilmente mirando la hoja al trasluz. Las marcas de agua del papel 

continuo* se obtienen por procedimientos mecanizados empleando rodillos desgotadores que 

dejan su impronta por presión en el papel acabado cuando se encuentra todavía húmedo. Ésta es 

una diferencia importante respecto a la filigrana propiamente dicha de los papeles hechos a 

mano, en los que se realiza durante el proceso de formación de la hoja, no después. Para la 

datación de una obra de arte sobre papel no fechada, ya sea un dibujo o una estampa*, debe 

examinarse en profundidad el soporte. Dentro de este examen la filigrana es uno de los 

elementos más reveladores ya que puede proporcionar una información precisa sobre quién, 

cuándo y dónde se fabricó el papel. Por lo que respecta a la estampa, la filigrana es un recurso 

de notable interés para la identificación de las distintas ediciones tiradas* de un mismo 

grabado*. 

Ref.: Briquet (1923), Churchill (1935), Fulacher y Doizy (1989), Hidalgo, Labarre (1952), Martín y Tapiz (1981: 

247-248), Rabal (1992), Valls (1978) 

 

Firma 

La letra* en las estampas* antiguas contiene frecuentemente el nombre del grabador*, así como 

el de otros artistas responsables del proceso de creación de la imagen —inventor*, pintor*, 

dibujante—. Dichas menciones de responsabilidad aparecen grabadas en la matriz, como lo 

estaban los monogramas* de los artesanos grabadores del Renacimiento. En la estampa 

contemporánea también se reconoce explícitamente la autoría del artista gráfico, en este caso, a 

través de su firma. La firma supone la conformidad y la absoluta aceptación de la estampa por 

parte del artista, garantizando su autenticidad, pero tiene además evidentes implicaciones en 

relación con los mecanismos de mercado de la obra de arte, al actuar como elemento de reclamo 

ante un comprador potencial. La firma no forma parte de la letra de la estampa, de hecho, la 

estampa contemporánea carece de letra. Es el propio artista quien la traza manuscrita, a lápiz, 

sobre el papel*, generalmente en el ángulo inferior derecho, justo debajo de la huella* o de la 

mancha*, acompañada a veces de la fecha. 

El motivo de utilizar lápiz para cualquier anotación sobre la estampa —firma, numeración...— 

es el de evitar borrones de tinta siempre que el papel sea humedecido, acción habitual cuando se 

desea lavarlo o estirarlo para eliminar arrugas. 

Ref.: Bianchi (1984: 5), Krejca (1980: 13), Trabajo (1988: 20), Vives (1994: 108-111) 

 

Fisionotrazo 

Ligeramente anterior a la cámara lúcida de Wallaston, el fisionotrazo, aparato inventado por el 

grabador* francés Giles Louis Chrétien en 1786, se basa en el mismo principio de aquella. 

Sirviéndose del fisionotrazo, un grabador puede dibujar sobre el barniz* protector de una 

lámina* el perfil de un rostro o el contorno de un objeto. Al sumergir la lámina en el aguafuerte* 

quedan abiertas en ella las tallas* esenciales de la imagen representada. Para crear sombras se 

recurre al procedimiento del aguatinta*. Por extensión, se aplica el nombre de fisionotrazo al 

grabado calcográfico* realizado del modo descrito. Quenedey y Gonord perfeccionaron este 

método, cuya fidelidad al modelo, unido a su bajo coste y a la rapidez de su ejecución, son las 

claves que explican el éxito, en el género del retrato, alcanzado por el fisionotrazo durante los 

años posteriores a su invención. 

Ref.: Ezquerra del Bayo (1934: 27-28), Gallego (1979: 298), Hennequin (1932) 

 

Forma 

Molde para la fabricación de papel de tina*. Consta de un marco de madera cruzado a lo ancho, 

en parrilla, por una serie de listones paralelos, los fustes. Dicha estructura constituye el 

esqueleto básico de la forma. Su función es la de sostener la retícula de hilos de latón — 

verjuras— a través de los que se extiende la pasta y filtra el agua. Es decir, las verjuras actúan de 

tamiz. Están formadas por dos tipos de alambres que se cortan perpendicularmente. Los 

verticales, más distanciados, son los hilos de apoyo o corondeles*. Sobre ellos se trenzan, muy 

próximos entre sí, los puntizones*. Una vez elaborado este tejido metálico y tensado en un 

bastidor de brazos móviles, se colocaba sobre los fustes. Para completar la forma podía tejerse 

un dibujo encima del verjurado, con hilos de plata o latón, que servía para identificar al molino 

papelero, la filigrana*. El modo habitual de trabajar con la forma consistía en sumergirla dentro 

de la tina para extraer la cantidad necesaria de materia en estado líquido, eliminando a 

continuación el agua sobrante mediante sacudidas que, por otra parte, favorecían la distribución 

homogénea de la pasta. 

El tamaño de la hoja de papel* depende de la dimensión de la forma —de forma deriva 

precisamente el vocablo formato—. Sinónimo de papel de tina es papel de marca y, debido al 

hecho de que en sus inicios el formato de la hoja era único, el término marca se asocia con la 

medida común de estos primeros papeles, a saber, 32 x 44 cm. Pronto se introdujeron nuevos 

formatos, como la marca mayor —64 x 88 cm.—, la marquilla —47 x 68 cm., 

aproximadamente— y la marca holandesa —20 x 26 cm.—. Los molinos papeleros franceses 

pusieron en circulación durante los siglos XVII y XVIII, una serie de formatos asociados a 

filigranas muy conocidas por los dibujantes y estampadores* como JesúsJHS—, de 56 x 76 

cm., o Racine. A mediados de la presente centuria los comités internacionales de normalización 

aprobaron los formatos A, que resultan de subdivisiones consecutivas a partir de un patrón base 

de 84 x 119 cm. obtenido de una proporción matemática, y a los que vulgarmente se conoce 

anteponiéndoles las siglas de la norma, DIN. 

Ref.: Valls (1978: 12-16). Respecto a los formatos véase Cabo de la Sierra (1981: 66-67) o Martín y Tapiz (1981: 

431) 

 

Fotograbado 

De forma genérica, se agrupan bajo la denominación de fotograbado todos aquellos 

procedimientos que permiten la obtención de una superficie de estampación* sobre una matriz a 

partir del reporte* fotográfico de una imagen. Específicamente, la técnica consiste en grabar* en 

relieve un cliché sirviéndose de métodos fotoquímicos. Sobre una plancha de cinc, preparada 

con una emulsión fotosensible, se proyecta el negativo de una imagen colocado en una 

ampliadora. Así, el positivo de la imagen se reporta sobre la plancha, o dicho de otra forma, la 

luz pasa a través de las zonas del negativo correspondientes a tal imagen. Al ser insoluble en 

agua tras su exposición a la luz, la sustancia fotosensible desaparecerá de las superficies de cinc 

no incididas por el foco cuando se frote con agua caliente la matriz. La emulsión actúa de capa 

protectora, a modo de reserva*, en el momento de sumergir la plancha en un baño de ácido, de 

forma que solo las partes sin imagen son atacadas porque solo se ha eliminado la emulsión de 

dichas partes, lo que supone, en definitiva, que la imagen queda en relieve. Si se desean obtener 

semitonos es necesario intercalar entre el negativo y la plancha de cinc una trama. La cuadrícula 

de esta trama es fácilmente detectable con cuentahílos* en muchas reproducciones fotográficas. 

El antecedente del fotograbado en relieve cabe situarlo en el método fotográfico ideado por 

Charles Guillot hacia 1875 a partir de la adaptación de la técnica del guillotaje*. 

Ref.: Beguin (1977: 409-417), Beguin (1981: 250), Chamberlain (1972: 76-82), Coke (1975), Curwen (1924), 

Edmonston (1972: 85-95), Eichenberg (1976: 294-299), Gross (1970: 152-156), Guardi (1984), Martín y Tapiz 

(1981: 261), Newman (1977: 79-91), Newton (1979), Peterdi (1959: 248-252), Poortenaar (1933), Ross y Romano 

(1972: 217-227), Sacilotto (1982), Saff y Sacilotto (1978: 171-175),  Steg (1968), Yesares (1931) 

 

Fotolitografía 

El principio de la fotolitografía es, en líneas generales, el mismo del fotograbado*: en ambos 

procedimientos la imagen se reporta* a la matriz de estampación* por métodos fotográficos. En 

el caso de la fotolitografía, la superficie que recibe la imagen es una piedra litográfica* o una 

plancha de cinc. Sobre la piedra, recubierta con una capa de albúmina bicromatada, se proyecta 

el negativo del original. Después del fototransporte de la imagen a la piedra, se aplica una 

disolución de goma arábiga que solo queda adherida a las partes libres de dibujo. Éstas no son 

otras que las partes libres de sustancia bicromatada, ya que al recibir la luz durante el proceso de 

revelado la albúmina forma una película fotoendurecible fijándose a la piedra. Así pues, la 

superficie de estampación queda constituida por zonas impresoras, las recubiertas de albúmina 

bicromatada endurecida, y zonas no impresoras, las engomadas e higroscópicas. 

Ref.: Curwen (1924), Díaz (1864), Guardi (1984), Hunter (1984), Krejca (1980: 159-160), Martín y Tapiz (1981: 

254, 264), Newton (1979) 

V.a. Litografía 

 

Frontispicio 

Como en arquitectura, la fachada del libro propiamente dicha —sin considerar la cubierta— es 

su frontis. Desde este punto de vista, frontispicio equivale a portada, el espacio previo que da 

entrada al contenido y lo presenta por medio del título. Pues bien, durante los siglos XVII y 

XVIII, el frontispicio, reservado a los datos de identificación del libro —nombre del autor, título 

y pie de imprenta—, solía estamparse* de una lámina* grabada en dulce*. Llevando hasta sus 

últimas consecuencias la caracterización alegórica del libro como templo de la sabiduría, es 

decir, manteniendo el simil con los edificios más emblemáticos —el templo o el arco de 

triunfo—, los motivos elegidos para grabar* el frontispicio procedían del repertorio 

arquitectónico clásico. Estas portadas arquitectónicas encuadraban los juegos tipográficos 

correspondientes a la información textual. Por un proceso de asociación de ideas, se ha 

terminado llamando frontispicio solo a la estampa* que hace de portada o a la que ocupa el 

verso de la portadilla. 

Ref.: Beguin (1981: 250), Martín y Tapiz (1981: 270) 

 

Fuera de comercio 

Estampa* definitiva de una tirada*, no incluida en la edición venal numerada con cifras 

arábigas, ni tampoco entre las pruebas de artista* numeradas en romano. Como su nombre 

indica, tales estampas no pueden ser objeto de comercio, es más, lo honesto sería prescindir de 

estampar ninguna de ellas o, en caso de hacerlo, tirar un número muy reducido, de cuyo destino, 

distribución o uso debería ser único responsable el artista. Los fuera de comercio llevan la 

anotación manuscrita H.C. —correspondiente a la expresión francesa hors commerce — o F.C. 

Ref.: Cabo de la Sierra (1981: 56) 

 

Galvanografía 

Procedimiento que consiste en la reproducción de una lámina* de cobre a partir del 

recubrimiento electrolítico de un molde de la misma lámina. En uno de los extremos de un 

depósito que contiene una disolución de sales se coloca el molde de la lámina y se conecta al 

polo negativo de una fuente de corriente continua. Metal de cobre ocupa el extremo opuesto del 

depósito y recibe el polo positivo de la misma corriente. El metal se desplaza a través de las 

sales recubriendo el molde. Después de ser sacado del depósito se elimina el molde dejando tan 

solo el envoltorio de cobre que, de este modo, reproduce fielmente la impronta de la lámina 

original. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 273-274) 

 

Glaseado 

Operación que consiste en dar tersura y brillo a la hoja de papel*. Para satinar su superficie se 

hace pasar el papel a gran presión entre dos rodillos calientes —si se desea el glaseado de ambas 

caras— o bien entre uno caliente y otro frío —si solo se pretende satinar una de las caras—. 

Ref.: Beguin (1981: 250), Martín y Tapiz (1981: 276) 

 

Glifografía 

V. Galvanografía 

 

Gofrado 

Técnica de grabado calcográfico* que consiste en someter la lámina* a un mordido muy 

profundo en las zonas libres de reserva*. La intensidad del mordido puede ser tal que la lámina 

quede agujereada, traspasada materialmente de parte a parte. A continuación la matriz se 

estampa en seco, penetrando el papel* en las zonas comidas por el ácido, lo que provoca sobre 

la estampa* el efecto característico de esta técnica: formas en relieve, sin tinta. Cuanto mayor 

sea la presión del tórculo y el gramaje del papel, más notable será el efecto de relieve producido 

por la lámina en la estampa. 

Ref.: Beguin (1977: 175-176), Brunner (1962: 172), Chamberlain (1972: 69-73), Eichenberg (1976: 293-294, 328-

336), Fuentes (1985: 30), Hayter (1949: 97-98), Hayter (1962: 42-44), Kneeland (1963), Krejca (1980: 63), Martín y 

Tapiz (1981: 277), Newman (1977: 153-155, 163-193, 234-258), Peterdi (1959: 154-161), Saff y Sacilotto (1978: 

354-370), Terrapon (1975: 103) 

 

Grabado 

El concepto de grabado incluye un conjunto de técnicas de arte gráfico* cuya característica 

común es la creación de imágenes a partir de los cortes o tallas* que un grabador* efectúa sobre 

una matriz de madera o de metal. Desde todo punto de vista, el grabado va asociado 

inequívocamente a un acto de incisión. Para cortar o abrir tallas se utilizan instrumentos 

cortantes —cuchilla*, gubia*, escoplo*, buril*—, punzantes —aguja de grabar*, punta*— o 

soluciones químicas mordientes —aguafuerte*—. La clasificación más simple de las técnicas de 

grabado es la que introduce dos categorías, dependiendo del sistema de impresión 

correspondiente a cada una de ellas: estampación en hueco* o en relieve*. Al primer grupo 

pertenece el grabado calcográfico*, cuya matriz de incisión es una lámina* de metal. El segundo 

grupo está constituido por las técnicas del grabado a la fibra* y la xilografía*, es decir, los 

procedimientos de grabado sobre un taco* de madera. Por efecto metonímico se ha popularizado 

el empleo del término aplicado a la estampa*. Sin embargo, grabado no es sinónimo de estampa. 

Los significados que encierran cada uno de estos significantes son muy distintos. Sin entrar en 

otro tipo de consideraciones, no hay que olvidar que grabado es una operación técnica y que 

estampa es un producto artístico, el resultado último del proceso de estampación de una matriz 

trabajada previamente, que puede estar grabada o puede no estarlo. Más sencillo todavía, de 

acuerdo con la definición de grabar*, la imagen soportada en el papel* no está grabada sino 

estampada o impresa, es decir, sobre la estampa no se graba. Conclusión, una estampa no es un 

grabado. 

Ref.: Adhémar (1964), Brunner (1962), Diderot y D'Alembert (1751-1780), Fielding (1844), García Hidalgo (1691), 

Giubbini y Parma Armani (1980), Jacquemin y Bersier (1937), Koehler (1894), Lairesse (1801), Lavalleye (1969), 

Lostalot (1882), Martínez, F. (1788), Perrot (1830), Poortenaar (1933), Rejón de Silva (1788: 114), Tormo (1955), 

Villon (1894), Work (1985) 

Sobre la confusión terminológica que afecta a este vocablo véase Cabo de la Sierra (1981: 55-56) 

V.a. Arte gráfico 

 

Grabado al estilo del lápiz 

Variante del grabado de puntos* que permite la creación, sobre la superficie de la lámina*, de 

una imagen en medios tonos utilizando ruletas* u otros instrumentos dentados capaces de 

producir efectos de graneado. Las líneas continuas que delimitan el contorno de las figuras son 

sustituidas en esta técnica por sucesiones de puntos más o menos equidistantes, de forma que la 

estampa* imita a la perfección el dibujo a lápiz. 

La invención del grabado al estilo del lápiz se atribuye al francés J.C. François, quien a 

mediados del siglo XVIII ideó el procedimiento con la intención de copiar los diseños a tiza de 

artistas como Boucher o Fragonard. François no utilizó directamente las ruletas y rascadores 

sobre la superficie desnuda del cobre sino que previamente lo graneaba mediante un suave 

aguatinta, entintando, por último, en bistre o rojo. 

Ref.: Goldman (1988: 23-25), Krejca (1980: 84), Le Blon (1756. Operations), Pla (1956: 89-90). V. Grabado de 

puntos 

 

Grabado al humo 

V. Manera negra 

 

Grabado calcográfico 

Sobre la superficie de una lámina* de metal, delgada y perfectamente lisa, el grabador* incide 

abriendo surcos con instrumentos cortantes, como el buril*, punzantes, como una punta* de 

acero, o mediante la utilización de ácidos corrosivos que tienen la capacidad de atacar el metal 

disolviéndolo. Las tallas* abiertas en la superficie metálica corresponden a la imagen de la 

estampa*, lo que significa que este tipo de grabado va asociado a una estampación en hueco*. 

Las modalidades técnicas del grabado calcográfico son múltiples, como múltiples son sus 

posibles clasificaciones. Solo con finalidad estrictamente didáctica suelen establecerse 

divisiones que ayudan a clarificar tan amplia diversidad de métodos y procedimientos. Una de 

las clasificaciones más extendidas es la que se basa en la manera de actuar el grabador sobre la 

lámina. Conforme a este criterio existen técnicas directas de grabado calcográfico, aquellas en 

las que el grabador incide sobre el metal con un instrumento —buril*, punta seca*, manera 

negra*...—, y técnicas indirectas, aquellas en las que las tallas son abiertas por medio de la 

acción de un ácido —aguafuerte*, aguatinta*, barniz blando*...—. Otra clasificación posible 

tiene que ver con el lenguaje empleado en la estampa. Así, se distinguen técnicas lineales — 

buril, punta seca, aguafuerte de línea...— y pictóricas —manera negra, aguatinta, barniz 

blando...—. Tales clasificaciones son simplemente un recurso teórico porque, aunque 

susceptibles de aplicarse con exclusividad, lo usual es que el grabador se sirva de varios 

procedimientos para la ejecución de su idea. Es frecuente, por ejemplo, la utilización simultánea 

de técnicas indirectas de línea para la definición de los contornos, técnicas pictóricas para la 

gradación tonal de los fondos y las sombras, y técnicas directas para la resolución de pequeños 

detalles. 

La raíz del adjetivo calcográfico deriva del vocablo griego khalkós cuyo significado es cobre, 

único metal empleado para grabar en hueco hasta el siglo XIX. A partir de esta fecha el grabado 

calcográfico comienza a realizarse, además, sobre láminas de acero y, más tarde, cinc. 

Ref.: Arms (1967), Banister (1967), Battistoni (1973), Betti (1968), Browne (1660), Browne (1669), Brundson 

(1965), Bruscaglia (1988), Buckland-Wright (1953), Carrete (1984), Carrete (1988), Courmont (1927), Chamberlain 

(1972), Donzelli (1978), Dubouchet (1891), Dumand (1978), Esteve (1914), Faithorne (1962), Figuerola (1930), 

Fraipont (s.a. Procèdès), Frerebeau (1974), Fuentes (1985), Gemmuel (1974), Gross (1970), Gutiérrez Larraya 

(1944), Heller (1823-1836), Leaf (1976), Lo Monaco (1992), Manual (1854), Melis-Marini (1924), Ostermann 

(1977), Pla (1956), Plowman (1914), Profit (1900), Ross (1974. Intaglia), Short (1912), Singer y Strang (1897), 

Strazza (1976), Strazza (1979), Vitalini (1904) 

V.a. Grabado, Arte gráfico 

 

Grabado de línea 

Grabado a buril* en el que la retícula de rombos resultante de la aplicación del método clásico 

de la teoría de trazos se simplifica al prescindir del cruce de las tallas*. Las sombras y 

volúmenes se consiguen solo mediante juegos de líneas paralelas. Ambas versiones de la talla 

dulce*, la taille rangèe o talla ordenada —en la que se respeta la ortodoxia del lenguaje de las 

redes de rombos— y la taille simple —donde la imagen se construye a base de líneas paralelas 

sin cruzar—, encontraron su definición y aplicación en la época de mayor esplendor de la 

historia del grabado* en dulce, el periodo protagonizado por la estampa* francesa de la segunda 

mitad del siglo XVII. Claude Mellan fue el máximo representante del grabado de línea propio de 

la talla simple, desarrollando un particular sistema de representación mediante líneas paralelas, 

cuyo ejemplo más significativo es su Santa Faz de 1649. Frente al método de Mellan, Robert 

Nanteuil, a quien puede considerarse como el genuino exponente del buril clásico en talla 

ordenada, desarrolló una fórmula codificada a base de colecciones de buriladas* cruzadas en 

oblicuo con otras. 

El grabado de línea, a la manera de Mellan, encontró también sus adeptos entre los grabadores 

españoles de la segunda mitad del siglo XVIII, como Fernando Selma. Juan Brunetti abrió en 

1799 un cobre con el retrato de Carlos IV siguiendo este sistema, al que se refieren los libros de 

cuentas del Archivo de la Calcografía Nacional con la expresión "grabado a una raya". 

Ref.: Carrete y otros (1987: 29, n. 108), Archivo de Calcografía Nacional (Madrid) "Libro de cuentas, año 1799" 

 

Grabado de puntos 

Método directo de grabado calcográfico* sobre metal en el que la imagen se compone de 

pequeños puntos dando como resultado una sutil gradación de matices tonales. Un pequeño 

cincel acoplado a un martillo es el instrumento habitual para la creación de puntos, cada uno de 

los cuales, al ser incidido manualmente sobre la lámina*, se distingue de los otros en su forma, 

profundidad y distancia. Tal heterogeneidad es la diferencia fundamental entre estos puntos y los 

abiertos con ruleta* en el grabado al estilo del lápiz*, que, al fin y al cabo, no es sino una 

modalidad de la técnica del punteado. Aunque para grabar* a puntos de forma ortodoxa, la 

incisión debe realizarse mediante golpes directos en la lámina de cobre, existe la variante de 

puntear el barniz* protector, siguiendo la técnica indirecta del aguafuerte*. 

Conocido desde el siglo XV, el grabado de puntos es un procedimiento de considerable lentitud, 

en cuyos comienzos fue empleado para crear tonos sobre láminas grabadas en dulce con buril. 

Fue en la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XVIII donde el grabador de origen italiano 

Francesco Bartolozzi adquirió una gran reputación, transmitida a su taller, mediante esta técnica, 

a la que supo independizar del buril para crear un lenguaje autónomo en estampas caracterizadas 

por su suavidad y delicadas gradaciones tonales. Sin embargo, la lentitud del procedimiento hizo 

que no pudiera soportar la competencia de las técnicas pictóricas de grabado calcográfico y, 

sobre todo, de la litografía, desapareciendo del panorama del arte gráfico en el siglo XIX. 

Ref.: Beguin (1981: 259), Carrete (1988), Goldman (1981: 14), Goldman (1988: 55-56), Krejca (1980: 107). 

V. 

Grabado calcográfico, Talla dulce 

 

Grabado de reproducción 

Un porcentaje muy grande de estampas* de los siglos XVII y XVIII reproducen pinturas que 

antes de ser grabadas fueron traducidas a dibujo. Esta función del grabado*, que genéricamente 

se denomina de reproducción, íntimamente asociado a la talla dulce*, impuso una absoluta 

especialización en las distintas fases de la actividad, de forma que el inventor*, pintor*, 

dibujante y grabador* eran personas distintas. La consecuencia de este proceso fue que la 

estampa resultante, como señala Ivins, no era sino una interpretación de una interpretación del 

original. La libertad creativa del artista cedió paso a un virtuosismo técnico estrictamente 

artesanal, hasta el punto de que, avanzado el setecientos, los grabadores elegían las pinturas a 

reproducir, no por su valor, sino por la capacidad de convertirse en instrumentos para que 

aquellos pudieran lucir su propia habilidad. Citando de nuevo a Ivins, "las tramas tejidas por 

estas atareadas arañas —véase lo apuntado bajo talla dulce respecto a la teoría de trazos y a las 

redes de plazas— eran perfectas construcciones geométricas que englobaban todos los puntos y 

líneas pretendidamente racionales del espacio. La consecuencia de estas tramas racionalizadas 

fue una tiranía para la visión que, antes de su derrocamiento a finales del XVIII, había sometido 

grandes regiones del mundo a la dominación de un sentido común visual cegador y 

metódicamente agotador. Aquello que no se ajustaba al manual de urbanidad de los realizadores 

de estampas eran malos modales". Por otra parte, la estandarización del trabajo lineal que 

llevaba implícita el grabado de reproducción se consolidó y perpetuó en los manuales, ya que 

solo los grabadores con espíritu comercial, a quienes les interesaba mantener y conservar estas 

formas de representación, se decidieron a escribir métodos para grabar* que seguían los 

aprendices en los talleres. El caso más significativo de esta actitud es el del grabador y editor* 

Abraham Bosse, autor del tratado más conocido y traducido sobre los métodos de grabar en talla 

dulce, editado en París en 1645 y reeditado en numerosas ocasiones posteriores. 

Las estampas de reproducción son fácilmente identificables, entre otras cosas porque en su 

letra* suele constar el nombre de los diferentes responsables participantes en su creación — 

inventor, pintor, dibujante, grabador e, incluso, editor—. 

Ref.: Beguin (1981: 251), Cabo de la Sierra (1981: 56). Fundamentalmente, Carrete (1986) e Ivins (1953: 101-104) 

 

Grabado en hueco 

En la documentación del siglo XVIII, esta expresión significa grabado de medallas. Para 

referirse al calcográfico sobre lámina* de cobre se utiliza la fórmula grabado en dulce. 

Ref.: Rejón de Silva (1788: 114)  

V. Grabado calcográfico 


Grabado en madera a la fibra 

Como su nombre indica consiste en cortar y rebajar un taco* de madera al hilo, utilizando para 

ello cuchillas*, gubias* o escoplos*. Desde el siglo XIV, momento en que se empleó por vez 

primera en Occidente, hasta el XVIII esta técnica fue conocida con el nombre de entalladura*. A 

partir de entonces el término desaparece del vocabulario técnico de arte gráfico*. Por este 

motivo y por sus evidentes connotaciones históricas conviene referirse a las estampas* de los 

dos últimos siglos obtenidas por medio de este procedimiento con la expresión grabado en 

madera a la fibra, reservando entalladura para las anteriores al XIX. 

V. Entalladura 

 

Grabado en madera a la testa 

Equivale a xilografía*. Para evitar posibles confusiones derivadas del significado genérico que 

habitualmente se concede a xilografía puede ser aconsejable en catalogación de estampas* 

utilizar la expresión grabado en madera a la testa. 

V. Xilografía 

 

Grabado leucográfico 

Expresión introducida por algunos autores para referirse a las estampas* cuya imagen está 

construida visualmente por líneas blancas sobre fondo negro. Ello es posible en particular en 

aquellas técnicas asociadas a la estampación en relieve* (véase al respecto la definición de la 

voz pirograbado*). El uso de esta expresión no está justificado en ningún caso, porque siempre 

hace referencia al producto final, es decir, al efecto visual sobre la estampa, y no al 

procedimiento de grabado* empleado por el artista. 

 

Grabado tipográfico 

Desde el punto de vista técnico no existen diferencias sustanciales entre el grabado tipográfico y 

la xilografía*. Es decir, el proceso comienza con el vaciado con buriles* de un taco* de madera 

o plancha de bronce u otros metales dejando en relieve las partes correspondientes a la imagen o 

a la letra. Esta matriz grabada se duplica para obtener una plancha susceptible de ser manipulada 

en máquinas de impresión. El duplicado de la matriz original se consigue por galvanotipia o por 

estereotipia. 

En el primer caso, la matriz se hinca a presión sobre un molde o flan de cera, plomo o plástico. 

Dicho molde, después de hacerse conductor mediante grafito en polvo, se sumerge en un baño 

de ácido sulfúrico y sulfato de cobre y se conecta al polo negativo de una corriente eléctrica, 

actuando de cátodo. El ánodo es, generalmente, una barra de cobre puro. Al activar la corriente 

se produce una deposición electrolítica de cobre sobre el flan. La cascarilla depositada 

electrolíticamente, después de su separación del flan es retocada y rellenada en su dorso con 

estaño. El duplicado así obtenido se denomina galvano y se imprimirá en relieve. 

La duplicación por estereotipia consiste en dejar la impronta de la matriz original sobre un flan 

de yeso o de cartón preparado con pasta de trapo, greda y cola. A continuación se vacía sobre 

dicho molde un cazo que contiene una aleación tipográfica fundida de plomo, antimonio y 

estaño, que una vez fría reproduce la imagen o letra de la matriz. La estereotipia es el 

procedimiento más rápido y económico para la duplicación de matrices grabadas en relieve. 

Ref.: Sánchez Toda (1969: 31-46). Para galvanotipia, Martín y Tapiz (1981: 274), y para estereotipia, Martín y 

Tapiz (1981: 228). 

 

Grabador 

Artista cuyo campo de actividad es el grabado*. En las estampas* anteriores al siglo XIX y en 

algunas de este siglo la mención de grabador se hacía constar mediante el término sculpsit

incipit o fecit —en abreviatura, sc. o sculps., inc. y f., fec.o ft. respectivamente—; en español, lo 

grabógo.—. Dicho término se colocaba después del nombre. El lugar destinado en la letra* 

de la estampa a la mención de grabador es el ángulo inferior derecho justo debajo de la imagen. 

Por tradición, también es éste el espacio reservado habitualmente a la firma* en las estampas 

contemporáneas. 

Ref.: V. Grabado 

 

Grabar 

Incidir, abrir*, morder* un soporte rígido, directamente con instrumentos cortantes o punzantes, 

o indirectamente por medios químicos, con el objeto de crear sobre una matriz de estampación* 

una imagen susceptible de ser transferida por entintado y presión.  

Ref.: V. Grabado 

 

Graf 

Punzón de acero con el que se dibuja directamente en la lámina* o bien sobre el barniz* 

protector, en la técnica del aguafuerte*. 

Ref.: Rejón de Silva (1788: 116). 

V. Talla dulce 

 

Graneado 

Después de pulimentada* la piedra* puede ser bruñida* o graneada, dependiendo de la técnica 

de litografía* con la que vaya a ser dibujada su superficie. Cuando se trabaja con lápiz 

litográfico*, por ejemplo, resulta imprescindible granear la matriz para que el pigmento quede 

bien retenido en los poros. La primera acción para sacar grano consiste en esparcir arena fina o 

arenisca pulverizada por la superficie de la piedra, frotándola a continuación con otra, sabiendo 

que cuanto más tiempo dure esta operación más fino será el grano obtenido. Si los trazos del 

lápiz van a ser gruesos y enérgicos conviene aumentar la intensidad del graneado mediante un 

incremento del grosor de la arena proporcional al tipo de dibujo.  

Además de la función descrita, el graneado es una operación que también se realiza cuando el 

litógrafo* desea reaprovechar una piedra dibujada. Empleando abrasivos de diferente grosor y 

dureza puede desgastarse el plano dibujado de la piedra hasta hacer desaparecer cualquier 

imagen. Las técnicas de litografía son aplicables no solo en piedras calcáreas sino también sobre 

planchas metálicas de cinc o aluminio. Pues bien, para conseguir el graneado de este tipo de 

matrices debe recurrirse a graneadores* mecánicos.  

Ref.: Vega (1990: 19). V. Litografía 

 

Graneador 

(1) Máquina para el graneado* de planchas de cinc o aluminio, formada por un depósito a modo 

de cubeta cuya base está recorrida por barras en las que apoya el metal y a las que se comunica 

un movimiento de oscilación excéntrica. Una vez colocada la plancha encima de las barras, se 

cubre con abrasivos granulares sobre los que actúan bolas de acero de diferente diámetro. El 

movimiento de las barras provoca el desplazamiento de las bolas que golpean insistentemente la 

plancha graneando su superficie. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 283). V. Litografía y Ofset 


(2) Utensilio con un mango de madera y una pieza de acero rectangular que termina en curva 

achaflanada llena de dientes con aristas muy menudas. Se emplea para granear uniformemente 

la lámina* en la técnica de la manera negra*, antes de rebajar el graneado con rascadores* y 

bruñidores*. El movimiento en balanceo del instrumento justifica su nombre en francés, 

berceau

Ref.: Rejón de Silva (1788: 116). 

V. Manera negra 

 

Gubia 

Especie de formón de sección arqueada o en V, vaciado para rematar en bisel muy cortante. Se 

emplea en el rebajo de zonas de madera o linóleo* en las técnicas del grabado en madera a la 

fibra* y linografía*. 

Ref.: V. Entalladura 

 

Guillotaje 

Técnica de grabado* que consiste en la obtención de una superficie de estampación en relieve* 

mediante el reporte* de un dibujo o una estampa* a una plancha de cinc. Sobre el papel* que 

contiene la imagen original se pasa tinta de transferir cuya propiedad es la adherencia exclusiva 

a las zonas dibujadas siempre que el resto del papel, es decir, las partes blancas, haya sido 

previamente aislado con una solución química. La tinta fresca permite el traslado de la imagen a 

la superficie de cinc. A continuación, el dibujo se protege con un compuesto llamado sangre de 

dragón, de forma que al ser sometida la matriz a la acción del ácido éste solo ataca el metal en 

las partes no dibujadas, dejando la imagen en relieve. Como en la calcotipia*, el sistema de 

impresión requerido por la técnica del guillotaje es el de la estampación en relieve*, lo que 

permitió, en el momento de su descubrimiento —atribuido a Firmin Guillot, hacia 1850—, 

imprimir simultáneamente texto e imagen. Ésta es una de las grandes ventajas del guillotaje, a 

cuya perfección contribuyeron artistas de la talla de Gustave Doré, hasta que en el último cuarto 

del siglo pasado el hijo del inventor, Charles Guillot, terminó adaptando el procedimiento al 

fotograbado*. 

Ref.: Beguin (1981: 250), Carrete y Vega (1993: 8-11) 

 

HC 

V. Fuera de comercio 

 

Heliograbado 

Aún a pesar de incluirse dentro del grupo genérico de los procedimientos de fotograbado*, por 

servirse de medios fotográficos para obtener una matriz de estampación*, el heliograbado se 

diferencia del fotograbado propiamente dicho en que por medio de aquél se consigue una 

imagen en relieve mientras que éste proporciona imágenes grabadas en hueco. La superficie de 

la lámina* se espolvorea uniformemente con betún de judea, cuyo fijado sobre el metal se lleva 

a cabo por acción del calor, siguiendo el método del aguatinta*. A continuación se vierte una 

capa de gelatina cromada, sustancia fotosensible cuya cualidad específica es la insolubilidad en 

agua tras quedar expuesta a la luz. La imagen que va a transferirse, realizada en papel* 

transparente, se proyecta sobre la capa de gelatina, de manera que las partes que no reciben la 

luz, es decir, las partes correspondientes al dibujo, quedan desprotegidas cuando se pasa un 

algodón empapado en agua tibia por encima de la lámina. Al ser eliminada de estas zonas la 

gelatina aflora el grano de betún de judea, por lo que después de sumergir la lámina en un baño 

de percloruro de hierro, la imagen resulta constituida por superficies de medios tonos similares a 

los conseguidos al aguatinta. De hecho, el heliograbado está a medio camino entre el aguatinta 

convencional y el fotograbado. 

Al pintor checo Karel Klíc se atribuye la invención del heliograbado en el último cuarto del siglo 

XIX. Sus primeras estampas obtenidas mediante este procedimiento datan de 1878 y diecisiete 

años más tarde daba el paso definitivo hacia el heliograbado industrial al sustituir la base 

graneada mediante el polvo de betún de judea por un entramado de rejilla colocado entre la 

imagen que se proyecta y la capa de gelatina que cubre la lámina. 

Ref.: Beguin (1981: 251), Krejca (1980: 126), Martín y Tapiz (1981: 289), Niepce de Saint-Victor (1854). 

V. 

Fotograbado 

 

Hialografía 

Procedimiento de grabado* sobre una matriz de vidrio. La operación puede realizarse 

mecánicamente, mediante el empleo del hialógrafo, o químicamente, sirviéndose de la acción de 

ácidos corrosivos rebajados en agua, en particular el ácido fluorhídrico. Aunque la matriz de 

vidrio grabada es susceptible de ser estampada, el número de impresiones que puede conseguirse 

es pequeño debido, lógicamente, a la frágil naturaleza del soporte y a la necesaria presión que 

debe recibir durante el proceso de estampación*. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 290), Niepce de Saint-Victor (1854), Zein (1988) 

 

Huella 

Marca correspondiente al perímetro de la lámina* formada sobre la estampa* como 

consecuencia de la presión a la que se somete el papel* contra el metal durante la estampación*. 

Normalmente la huella es uno de los signos más inmediatos que permiten la identificación de las 

estampas calcográficas, sin embargo éste no debe ser nunca un criterio definitivo. Conviene 

examinar con cuidado las características de la imagen antes de decidir el tipo de técnica 

empleada por el artista, ya que la existencia de huella no equivale siempre a estampación en 

hueco* con lámina de metal, ni tampoco su ausencia equivale a lo contrario. Por ejemplo, la 

huella puede simularse conscientemente en reproducciones fotomecánicas* para provocar el 

engaño o, en el extremo opuesto, una estampa calcográfica puede haber sido guillotinada 

eliminando la marca de la huella.  

En la catalogación de estampas es aconsejable anotar las medidas de la huella ya que, aún a 

pesar de las oscilaciones de contracción o dilatación del papel, dan una idea bastante 

aproximada del tamaño de la lámina. La elección de estas dimensiones para identificar a las 

estampas tiradas de una matriz es siempre un criterio más científico que el correspondiente a las 

medidas de la hoja de papel, porque la misma lámina puede ser estampada en papeles de 

formato muy diferente. 

Ref.: Rejón de Silva (1788: 120), Trabajo (1988: 23). 

V. Estampación en hueco 

 

Iluminar 

Acción de aplicar manualmente color a una estampa*. La iluminación es independiente de la 

estampación*, es decir, las tintas de color no se dan sobre la matriz de estampación sino 

directamente en el papel*, con posterioridad a su impresión. Antes del descubrimiento y 

desarrollo de la estampación en color* con varias matrices, éste fue el modo habitual de colorear 

estampas. Para iluminar se aplican con pincel pigmentos diluidos en agua o anilinas. 

Ref.: Amades (1957), Browne (1660), Browne (1669), Método (1833: 87, 168-171), Palomino (1715: I, 666), 

Rejón de Silva (1788: 121), Trabajo (1988: 20) 

 

Ilustración 

Estampa* o reproducción fotomecánica* que complementa al texto impreso. Su función es 

fundamentalmente informativa al cumplir un importante objetivo didáctico facilitando la 

comprensión del mensaje escrito. No es necesario insistir en la trascendental importancia de la 

imprenta en el progreso de las ciencias, las ideas y, en general, la cultura. No obstante, conviene 

recordar que un porcentaje muy alto de la población europea, antes del siglo XIX, no sabía leer, 

de forma que su única posibilidad para comprender el contenido del libro era acompañarlo con 

imágenes. Por otra parte, también para los lectores de tratados de ciencias prácticas resultaba de 

extraordinaria dificultad el entendimiento de ideas escritas, abstractas, si no iban ilustradas con 

imágenes. Hasta el siglo XIX las únicas ilustraciones de los libros impresos fueron las estampas. 

A partir de este momento, el desarrollo de las técnicas fotomecánicas derivadas de la fotografía 

y la aparición del ofset* inundaron las páginas de reproducciones fotomecánicas. 

En catalogación bibliográfica es preferible el empleo del término ilustración a otros como 

lámina*, cuyo uso, en este sentido, es equívoco. Sin embargo, cuando la publicación aparezca 

ilustrada con estampas, lo que sucede no solo en los impresos anteriores al siglo XIX, sino 

también en algunas ediciones de lujo o bibliofilia del XX, es conveniente referirse a tales 

ilustraciones con el término estampa.  

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 303), Trabajo (1988: 20) 

 

Impresión 

V. Estampación 

 

Incipit 

V. Grabador  

 

Invenit 

V. Inventor  

 

Inventor 

En la estampa* de reproducción* en talla dulce* de los siglos XVII y XVIII el grabador* 

traslada al cobre el dibujo de una pintura o de un programa iconográfico establecido 

previamente en forma gráfica o textual. Pues bien, quien concibe la idea, el creador del 

programa iconográfico, es el inventor. La mención de inventor ocupa en la estampa el mismo 

lugar asignado a la mención de pintor*, o sea, el ángulo inferior izquierdo, y se indica 

precediendo el nombre al término invenitinv. en abreviatura—; en español, lo inventó

Ref.: Carrete (1981: 46-47), Carrete (1986), Krejca (1980: 13), Trabajo (1988: 20) 

V. Talla dulce 

 

Lámina 

Plancha de metal, de espesor proporcional a su superficie y formato rectangular o cuadrado, 

grabada* con el fin de ser estampada*. El más común y noble de los metales empleados en 

grabado calcográfico* es el cobre, aunque a partir del siglo XIX comienza a trabajarse sobre 

láminas de acero, y más recientemente de cinc. Al grabador* le correspondía la tarea de preparar 

la lámina antes de ser grabada. Para ello batía el metal de cobre en frío hasta conseguir una 

plancha delgada cuya superficie debía pulirse para eliminar las señales del martillo. Téngase en 

cuenta que cualquier hendidura o hueco no deseado en el metal retendrá tinta durante la 

estampación* pudiendo estropear el trabajo. La operación de pulido se realizaba colocando la 

lámina sobre una tabla y frotándola sucesivamente con piedra de afilar, piedra pómez y carbón 

de haya para terminar pasando el bruñidor*. Llegado a este punto solo faltaba redondear las 

esquinas y matar en bisel los lados, con objeto de que los bordes del metal no fueran cortantes 

para no romper el papel* en la estampación.  

Dentro del vocabulario técnico de la estampa, lámina es uno de los términos de significado más 

debatido y de aplicación más controvertida. Atendiendo a las fuentes, en todos los tratados y 

manuales en español anteriores al siglo XIX así como en la documentación de archivo 

correspondiente al mismo periodo, la palabra lámina aparece reseñada en el sentido y con el 

significado descritos [Ceán afirma: "entre los grabadores en dulce, lámina es una plancha de 

cobre lisa y pulimentada, en la que graban o abren con punta o buril las figuras que quieren 

representar en la estampa"]. Hay que admitir, sin embargo, que entre los artistas contemporáneos 

dicho concepto de lámina está en desuso. Los grabadores actuales prefieren la palabra plancha,

 

y, en general, se emplea lámina para referirse a la estampa. Pero, aunque pueda admitirse 

plancha en lugar de lámina nada justifica su empleo en el sentido de estampa ni de ningún tipo 

de ilustración. 

Ref.: Carrete (1988), Ceán (1827: 227), Palomino (1715: I, 663), Rejón de Silva (1788: 127), Rueda (1761: 184), 

Trabajo (1988: 23). 

V. Estampación en hueco, Grabado calcográfico, Talla dulce 

 

Lámina cansada 

La estampación* prolongada de una lámina* termina desgastando su superficie, eliminando la 

sutileza de los contrastes y la intensidad de las tallas*. En estos casos se dice que la lámina está 

cansada. Ciertas técnicas de grabado calcográfico* resisten un número menor de estampaciones 

que otras. El caso límite es el de la punta seca*. Una lámina grabada* en punta seca, sin acerar* 

o cromar*, puede estar cansada a partir de los treinta ejemplares. 

Ref.: Rejón de Silva (1788: 47) 

 

Lápiz litográfico 

Lápiz graso adecuado para dibujar sobre piedras litográficas* o planchas de aluminio o cinc, 

cuyos ingredientes básicos son los mismos que componen la tinta litográfica*, a saber, negro de 

humo, cera blanca, sebo, pasta de jabón, goma de laca y salitre. De hecho, el lápiz litográfico se 

obtiene de la misma tinta empleada para dibujar la piedra a pluma* o pincel*, dejándola secar y 

fragmentándola en porciones o barras de sección elíptica cuya dureza es, por lo general, escasa y 

grande la dificultad para afilarlas. 

Ref.: V. Litografía 

 

Lavis 

V. Aguada 

 

Letra 

Texto grabado* sobre una lámina*, un taco* o dibujado en la piedra litográfica*, que 

proporciona información acerca de los responsables de la creación y ejecución de la estampa*, 

de su contenido, distribución, etc. Por estar trabajada en la matriz, la letra se estampa 

simultáneamente con la imagen, a la que sirve de complemento. Cada tipo de información ocupa 

un lugar específico en la estampa. El nombre de la serie* y el número de orden dentro de ella, 

por ejemplo, se sitúan encima del borde superior de la mancha*, mientras que el margen ubicado 

debajo del inferior suele reservarse al título, los responsables —inventor*, pintor*, dibujante, 

grabador* o litógrafo*, editor*, estampador*—, la dedicatoria o las condiciones de venta. Al 

perder el arte gráfico* contemporáneo la función informativa, ha desaparecido también la letra 

de la estampa. 

Ref.: Beguin (1981: 253), Carrete (1981: 46-47), Goldman (1981: 6), Goldman (1988: 35), Krejca (1980: 13), 

Trabajo (1988: 20) 

 

Levigador 

Utensilio formado por un disco metálico al que va acoplado un mango vertical. Se emplea en las 

operaciones de pulimento* y graneado* de la piedra litográfica* presionando contra su 

superficie arena o cualquier sustancia abrasiva mojada en agua. La misma acción de frotamiento 

efectuada por el levigador, mediante movimientos en espiral, puede también realizarse con una 

segunda piedra de calidad inferior a la que va a ser graneada.  

Ref.: Trabajo (1988: 30). V. Litografía 

 

Linograbado 

V. Linografía 

 

Linografía 

Técnica de grabado* sobre una plancha de linóleo* con instrumentos cortantes. El principio en 

que se basa la linografía es el mismo del grabado en madera a la fibra* por lo que puede 

considerarse como un procedimiento derivado de aquél. Consiste, en definitiva, en grabar* en 

relieve una imagen rebajando los blancos con cuchillas* y gubias* de diferente sección. Como 

sucede en el caso de la entalladura*, también de la xilografía*, el método de impresión 

correspondiente a esta técnica es el de la estampación en relieve*. Obviamente, la naturaleza del 

soporte condiciona el tipo de imagen creada por el artista, quien debe saber aprovechar las 

caraterísticas expresivas de la materia, y así, en la medida en que el linóleo absorbe bien la tinta, 

creando masas compactas en la estampa*, es adecuado para trabajar mediante tallas* anchas y 

amplias superficies de color. 

La técnica de la linografía se desarrolló a comienzos del siglo XX. Artistas como Matisse y, 

sobre todo, Picasso obtuvieron excelentes estampas en colores planos utilizando diferentes 

planchas de linóleo. Es justo destacar también el extraordinario dominio técnico alcanzado por 

la escuela de grabadores en linóleo gallegos de la primera mitad de siglo. 

Ref.: Banister (1968), Beltrand (1938), Biggs (1958), Chamberlain (1978. Woodcut), Elfrink (1973), Flight (1934), 

Relief (1945), Ross (1974. Relief), Van Hear (1968), Watson y Kent (1945) 

V.a. Entalladura 

 

Linóleo 

Material flexible, impermeable, ligero y fácil de cortar empleado como soporte en la técnica de 

la linografía*. Básicamente es una pasta de aceite de linaza cocido, resinas de pino, corcho en 

polvo e ingredientes colorantes, prensada y laminada sobre tela de yute. Debido a que el linóleo 

es una matriz sobre la que se graba* y no un procedimiento propiamente dicho, no es correcto 

usar por metonimia este término para referirse a la técnica. Tal argumento, perfectamente 

asumido por lo que respecta a otros soportes como lámina*, taco*, piedra litográfica* o pantalla 

serigráfica*, ninguno de los cuales designa a la técnica con la que se asocian, no encuentra igual 

respuesta en el caso de la linografía. En efecto, el uso impropio del término linóleo aplicado al 

procedimiento se encuentra muy extendido en la catalogación de estampas*. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 343). V. Linografía 

 

Litografía 

El soporte sobre el que interviene el artista litógrafo* en este procedimiento es una piedra* 

calcárea, porosa, que tiene la capacidad de absorver tanto la grasa como el agua. Sirviéndose de 

un lápiz* o de tinta* de composición grasa, el artista efectúa un dibujo sobre la piedra una vez 

que su superficie ha sido convenientemente pulimentada* y graneada* o bruñida*. La tinta o el 

polvo de lápiz grasos penetran en los poros de la piedra que coinciden con la zona dibujada. Si la 

superficie de la piedra se moja, el agua penetrará en los poros libres y será expulsada de los 

ocupados por la tinta, debido al rechazo natural que existe entre el agua y la grasa. Por su 

naturaleza el agua y la grasa se repelen, no se mezclan. Mediante un procedimiento químico, 

conocido con el nombre de acidulación*, se aplica sobre la piedra una capa de ácido nítrico 

mezclada con goma arábiga que permite fijar la zona dibujada y limpiar de grasa los poros de la 

zona libre, haciéndola más receptiva al agua. Para estampar el dibujo de la piedra basta 

humedecer ésta y a continuación pasar un rodillo* empapado en tinta grasa. La tinta solo 

penetrará en los poros ocupados anteriormente por el dibujo y será repelida de los poros donde 

esté el agua. La estampación litográfica es plana, ya que la tinta se deposita en la superficie de la 

piedra, superficie que no ha sido rebajada en las zonas blancas ni tampoco incidida con 

instrumento alguno. 

El mismo proceso puede ser aplicado sobre otros tipos de soportes, en particular, planchas 

metálicas de cinc —cincografía*— o aluminio —algrafía*—. 

El descubrimiento de la técnica se debe a Aloys Senefelder, quien en los años finales del siglo 

XVIII obtuvo las primeras estampas litográficas. Al fin se disponía de un procedimiento gráfico 

en el que la única persona que necesitaba un adiestramiento técnico era el estampador, pues 

cualquiera capaz de hacer dibujos con el lápiz o la pluma podía realizar una litografía con su 

ayuda. Dando por supuesta la habilidad de dibujante, nadie necesitaba ya estudiar el manejo de 

un sistema de rayado complicado, como el que se derivaba de la teoría de trazos que durante 

más de dos siglos había caracterizado a la talla dulce, para conseguir una superficie de 

estampación. Ni siquiera era necesario que el dibujante autor de la litografía fuera al 

establecimiento litográfico, ni que hubiera visto una de las piedras utilizadas al efecto, pues 

podía dibujar, según prefiriera, sobre la piedra o sobre un papel autográfico, con lápiz, pluma o 

pincel con la única condición de emplear sustancias grasas. 

Ref.: Alloueteau y Roudil (1977), Andrews (1964), Armi (1826), Arnold (1941), Bankes (1813), Bardet Di 

Villanova (1830), Basic (1926), Bickford (1976), Bouchot (1895), Boyen (1877), Brégeaut (1827), Brown (1930), 

Calabi (1958), Cliffe (1965), Colas (1952), Cumming (1904), Dehn y Barrett (1950), Desportes (1840), Dohmen 

(1982), Dorn Hoffer (1903), Duchatel (1907), Dumouchel (1972), Eichenberg (1978), Elizalde (1834), Engelmann 

(1816), Engelmann (1822), Engelmann (1840), Fraipont (s.a. Eau-forte), Fraipont (s.a. Procèdès), Fritz (1901), 

Gómez Joglar (1937), Grant (1941), Green, P. (1968), Grisso (1993), Hartrick (1932), Hartsuch (1952), Heiderich y 

Schultze (1976), Hullmandel (1824), Hunter (1984), Ivins (1953), Jones (1967), Knecht (1867), Knigin y Zimiles 

(1970), Kruck (1962), L.J.D.B. (1818), Lieure (1939), Loche (1971), Lorilleux (1889), Lunsingh Scheurleer (1938), 

Mairet (1818), Maurou y Broquelet (1907), Mayor (1969), Mellerio (1898), Passos (1932), Rancourt (1832), 

Rhodes (1924), Richmond (1878), Sansom (1960), Senefelder (1819. Brevet), Senefelder (1819. Complete), 

Senefelder (1819. L'art), Serra (1873), Serres (1809), Serres (1814), Seymour (1904), Sicardi (1824), Soderstrom 

(1937), Theory (1964), Trivick (1960), Valette (1903), Vega (1990), Vega (1992), Vicary (1976), Vicary (1977), 

Weaver (1964), Wengenroth (1936), Woods (1965), Woods (1969), Work (1987), Zapater y García Alcaraz (1878) 

V.a. Arte gráfico 

 

Litografía a lápiz 

Procedimiento de litografía* que consiste en dibujar en seco sobre una piedra* con lápices 

litográficos* después de haber preparado adecuadamente su superficie. Esta preparación no es 

otra que la del graneado*. He aquí la primera regla: no puede dibujarse con lápiz sobre una 

matriz que no haya sido previamente graneada. Las piedras más adecuadas son las de color 

uniforme y gran dureza. Para dibujarlas, es conveniente tener a mano varios lápices ya que, por 

una parte, se despuntan con notable rapidez y, por otra, cada zona del dibujo puede exigir trazos 

de diferente grosor y distinta intensidad de negro. Así pues, el artista debe proveerse de lápices 

cuyos componentes hayan sido mezclados en proporciones variables, de modo que su dureza y 

color no sean iguales. Finalizado el dibujo se recomienda dejar la piedra en reposo al menos un 

día, protegiéndola adecuadamente para evitar riesgos de manchas grasas, con el fin de dar el 

tiempo suficiente a la penetración del pigmento en los poros. El paso siguiente es la 

acidulación* de la matriz vertiendo sobre la piedra un ácido diluido en agua en una proporción 

del uno por ciento. Por lo que respecta a la estampación* de una piedra dibujada con lápiz, hay 

que decir que se trata de un proceso extraordinariamente delicado y que exige una gran pericia 

al litógrafo* porque existe bastante riesgo de que la tinta de estampar se expanda por la 

superficie provocando borrones irreparables. 

Ref.: Antreasian y Adams (1971: 19-33), Arnold (1941: 18-28), Knigin y Zimiles (1970: 38-42), Mellerio (1898), 

Senefelder (1819. Complete: 111-134), Vega (1990: 19-21), Vicary (1976: 47-56) 

V. a. Litografía 

 

Litografía a pluma 

Técnica de litografía* en la que, por medio de una pluma* de acero, se dibuja sobre la piedra* o 

plancha metálica con tinta* química fluida. A diferencia de la litografía a lápiz*, la piedra debe 

haber sido alisada perfectamente mediante la operación de bruñido*, solo así podrá desplazarse 

con facilidad la plumilla. Siguiendo con el soporte, la mayor ventaja de este procedimiento es 

que no necesita usar piedras de buena calidad. Antes de iniciar el dibujo, y para que la tinta no 

se corra, resulta útil aplicar una delgada capa de sebo mezclado en aceite de trementina, limpiar 

y, por fin, secar firmemente la superficie. La concentración de ácido para acidular* una piedra 

dibujada a pluma puede ser del tres por ciento, de manera que esta técnica aguanta el mordido 

más activo e intenso de todos los procedimientos litográficos. A pesar de su escasa complejidad 

y delicadeza, la dificultad en el manejo de la pluma ha apartado al artista contemporáneo de la 

práctica de esta modalidad prefiriendo la aguada* o el lápiz litográficos* por su mayor libertad 

de ejecución. 

Ref.: Mellerio (1898), Vega (1990: 18-19). V. Litografía 

 

Litógrafo 

Operario que conoce y practica la técnica de la litografía*. Compete al litógrafo la preparación y 

prueba de las piedras*, el reporte* del dibujo realizado en papel autográfico*, la acidulación* de 

la matriz y su estampación*. Por extensión, también se llama litógrafo al artista que dibuja 

directamente en la piedra, aunque como se ha indicado son precisamente las operaciones previas 

y posteriores ejecutadas sobre la matriz de estampación las que definen la actividad fundamental 

del litógrafo. Es por este motivo que la abreviatura lith. en la letra* de la estampa* suele 

referirse con mayor frecuencia al establecimiento litográfico donde se preparan y estampan las 

piedras que al propio artista. 

Ref.: V. Litografía 

 

Maculatura 

Hoja de papel* defectuosa entintada obtenida en una prueba de impresión o estampación*. Más 

específicamente, el término se utiliza para designar a la estampa* que resulta de volver a 

imprimir una lámina* sin entintarla de nuevo con objeto de limpiar la tinta sobrante retenida en 

las tallas*. Obviamente, esta segunda estampa es de una calidad muy inferior a la anterior, al 

haber perdido la lámina gran parte de la tinta tras la primera estampación, lo que se traduce en 

líneas de escasa intensidad y bajo contraste. 

Ref.: Goldman (1981: 8), Goldman (1988: 38), Martín y Tapiz (1981: 354) 

 

Madera a la contrafibra 

V. Madera a la testa  

 

Madera a la fibra 

El taco* de madera a la fibra es el cortado en la dirección de las vetas del árbol. Su desarrollo es 

longitudinal, siguiendo el tronco del árbol de arriba a abajo. La madera a la fibra es fácil de 

tallar, por lo que se trabaja con cuchillas* y gubias*. Con las cuchillas se dan dos cortes a ambos 

lados de la línea que el grabador* desea que quede en relieve. Para hacer saltar la astilla de 

madera se efectúa una contratalla o corte convergente con otro de forma que la zona en relieve 

quede más ancha por su base que por su altura, para evitar que se fracture durante el proceso de 

estampación*. Las superficies anchas de blanco se rebajan con gubias y escoplos*. 

Ref.: V. Entalladura 

 

Madera a la testa 

El taco* de madera a la testa sigue la dirección de los anillos, su desarrollo es, por tanto, 

transversal a las vetas del árbol. Ya que el grosor de un tronco siempre es menor que su altura, 

los tacos de madera a la testa suelen tener unas dimensiones más reducidas que los cortados a la 

fibra*. Para hacer más grande la superficie de una madera a la testa pueden unirse varios tacos 

pequeños con grapas u otros procedimientos de encolado, cuidando de que alternen los lados de 

unión para evitar que se origine una grieta que, lamentablemente, daría como resultado una línea 

blanca en la estampa*. La madera a la testa se trabaja a buril* por el procedimiento de la 

xilografía*. 

Ref.: V. Xilografía 

 

Madera al hilo 

V. Madera a la fibra  

 

Mancha 

Marca que la tinta de la matriz deja sobre la estampa* después de su impresión. Dicho de forma 

más sencilla y directa, la mancha de una estampa es la zona dibujada, esto es, la imagen y la 

letra*. Cuando en su catalogación no resulta posible determinar sobre la estampa las 

dimensiones de la matriz por no dejar huella* —lo que sucede en el caso de la estampación* del 

grabado* en madera, la litografía* o la serigrafía*—, se dan las medidas de la mancha, tomando 

como referencia los puntos de tinta más distantes a lo ancho y a lo largo. 

 

Manera negra 

Técnica pictórica de grabado calcográfico*. La manera negra, también llamada mezzotinta o 

grabado al humo, consiste en obtener los blancos de la estampa* a partir de un negro total. Así 

pues, mientras las demás técnicas de grabado calcográfico parten del blanco a partir del que se 

obtienen líneas o superficies tonales, en el grabado al humo el proceso es a la inversa. Para 

conseguir que la lámina* proporcione un negro absoluto debe ser graneada uniformemente. En 

este proceso se utiliza un instrumento achaflanado que termina en una curva llena de pequeños 

dientes: el graneador*. El graneador debe recorrer la superficie metálica unas veinte veces en 

cada sentido —vertical, horizontal y diagonal— con movimientos en balanceo. Una vez 

finalizada esta operación se sacan los blancos rebajando el graneado con el rascador* y el 

raedor* o aplastándolo completamente mediante el bruñidor*. De este modo se obtienen 

transiciones de claroscuro de gran delicadeza, suaves efectos tonales y negros brumosos e 

intensos.  

Existe un método indirecto, menos convencional, para conseguir el graneado absoluto de la 

lámina, que consiste en recurrir al procedimiento técnico del aguatinta*. Espolvoreando

 

uniformemente sobre la superficie resina en polvo —colofonia— y sometiendo el metal a la 

acción de un ácido mordiente se consigue un graneado regular que a continuación será rebajado 

mediante raedores, rascadores y bruñidores. 

Como el resto de las técnicas pictóricas de grabado calcográfico, la manera negra fue 

desarrollada en el siglo XVIII y alcanzó entre los pintores ingleses una notable aceptación, sobre 

todo en la reproducción de retratos. Así, un número importante de retratos de Reynolds, 

Gainsborough o Romney fueron llevados a la estampa por medio de la manera negra. 

Ref.: Avati (1968), Beguin (1977: 336-341), Buckland-Wright (1953: 60-61), Chamberlain (1972: 136-142), 

Davenpont (1904), Dawson (1981: 94-95), Eichenberg (1976: 346-364), Esteve (1914: 178-183), Evelyn (1755: 

127-130), Gariazzo (1907), Gemmel (1974: 16-17), Griffiths, A. (1980: 85-91), Gross (1970: 108-113, 145-152), 

Hayter (1949: 94-95), Hayter (1962: 41-42), Herkomer (1892), Krejca (1980: 85-89), Melis-Marini (1924: 105-108), 

Miciano (1974: 40-42), Rueda (1761: 157-166), Terrapon (1975: 87-92), Wax (1990) 

V.a. Grabado calcográfico 

 

Manera negra litográfica 

Técnica de litografía* basada en la misma idea de su homóloga en grabado calcográfico*, es 

decir, el principio sustractivo de partir de una superficie negra para sacar de ella las luces y los 

blancos. El procedimiento consiste en cubrir la totalidad de la piedra* con lápiz* graso o tinta 

litográfica* líquida. A continuación, sirviéndose de raspadores*, cuchillas, puntas* o piedra 

pómez en barra, se rasca suavemente la superficie entintada recuperando los blancos y las 

gradaciones de grises, que provocarán en la estampa* el característico efecto de claroscuro. 

Ref.: Mellerio (1898). 

V. Litografía 

 

Marca de agua 

V. Filigrana  

 

Margen 

Espacio en blanco de una estampa* delimitado por los bordes del papel* y la imagen o zona 

impresa. Los márgenes laterales son iguales en dimensión, pero la anchura del superior es algo 

menor que la del inferior para compensar visualmente la mancha*. Hasta el siglo XIX era 

frecuente cortar los márgenes dejando la imagen a sangre, pero a partir de esta centuria, y 

debido, en parte, a la utilización de papeles de gran calidad, se convierten en un elemento 

fundamental, perdiendo valor la estampa que carece de ellos. En el siglo XX, el margen inferior 

se destina a la firma* del artista así como a la numeración*. 

Ref.: Beguin (1981: 254) 

 

Marmosete 

Clase específica de remate*. Ilustración* de carácter alegórico estampada al final de un libro o 

bien de una parte o capítulo del mismo. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 380), Terreros (1786) 

 

Matriz [de estampación] 

V. Lámina 

V. Taco 

V. Linóleo 

V. Piedra litográfica 

V. Pantalla serigráfica 

 

Mezzotinta 

V. Manera negra 

 

Molinete 

V. Abanico 

 

Monograma 

Letras enlazadas o yuxtapuestas correspondientes a las iniciales del nombre y apellidos del 

artista, grabadas* sobre el taco* o la lámina*. El reconocimiento de la autoría de las estampas* 

antiguas mediante monogramas era una práctica muy extendida, hasta el punto de que, en la 

actualidad, la identificación de un número importante de ellas solo es posible a través de esta 

fórmula abreviada del nombre de los grabadores*, a quienes se conoce como monogramistas. 

Ref.: Beguin (1981: 255), Goldman (1988: 42), Hind (1963). El más completo repertorio de monogramistas 

europeos sigue siendo Nagler (1858) 

 

Monotipo 

Estampa* a la que se transfiere por contacto la imagen pintada o dibujada en un soporte rígido 

cuando el pigmento está todavía fresco. Desde el punto de vista no solo de la técnica sino 

también del lenguaje, el monotipo está a caballo entre la pintura, el dibujo y el arte gráfico*, con 

el que coincide en el hecho de que el producto final es una estampa, es decir, el soporte que 

contiene la imagen definitiva es distinto de aquel en el que ha intervenido el artista. Sin 

embargo, se diferencia del arte gráfico en la más específica, genuina y peculiar de sus 

características: la multiplicidad del producto. En efecto, al no ser fijada permanentemente la 

impronta en el soporte y, en consecuencia, no ser entintada durante la estampación* —el propio 

pigmento empleado por el artista es el que crea la imagen transferida—, resulta imposible 

obtener más de una estampa por este método —de ahí su nombre—. El pigmento usado con 

mayor frecuencia para pintar es el óleo. 

Aunque conocido desde el siglo XVII, han sido los artistas del XX quienes se han sentido 

verdaderamente atraídos hacia el monotipo debido a la originalidad de sus texturas. 

Ref.: Beguin (1981: 255), Eichenberg (1976: 515-520), Goldman (1981: 10), Goldman (1988: 42-45), Krejca 

(1980: 192), Trabajo (1988: 20) 

V.a. Arte gráfico 

 

Morder 

Abrir* tallas* en una lámina* por medios químicos al exponerla a la acción del aguafuerte*. El 

resultado de dicha acción sobre el metal se denomina mordido y, por definición, es éste el modo 

de grabar* genuino en las técnicas indirectas de grabado calcográfico*. 

Ref.: Beguin (1981: 255), Cabo de la Sierra (1981: 58), Lalanne (1866: 44), Lumsden (1924: 84) 

V. a. Aguafuerte 

 

Mordiente 

V. Aguafuerte (2) 

 

Muletón 

V. Cordellates 

 

Muñequilla 

Pequeño hatillo de trapo, del mismo tejido de la tarlatana*, usado por el estampador* para 

entintar la lámina* en la estampación en hueco*. 

Ref.: Trabajo (1988: 24). V. Estampación en hueco 

 

Numeración 

La justificación de una tirada* es la indicación explícita del número de ejemplares estampados 

con una misma matriz y del orden que cada ejemplar concreto ocupa dentro de la edición. La 

numeración se ha impuesto en el arte gráfico* contemporáneo al modificarse la valoración de la 

estampa* y pasar a ser considerada obra de arte y, en consecuencia, objeto de mercado. El 

número de ejemplares tirados depende de la técnica de arte gráfico empleada. La litografía*, 

xilografía*, serigrafía* y grabado* a buril* aguantan tiradas muy amplias. Por el contrario, en el 

extremo opuesto, la punta seca*, manera negra* y ciertas técnicas pictóricas de grabado 

calcográfico* solo permiten obtener un número reducido. No es menos cierto, sin embargo, que 

conforme a la ley de la oferta y la demanda, el valor venal de un objeto depende del número de 

ejemplares que existan del mismo, lo que llevado al campo del arte gráfico significa que cuanto 

más reducida sea una tirada mayor será el precio de cada estampa. Por otra parte, en lo que 

respecta a su singularización por medio de la numeración, responde al deseo de convertir en 

único un objeto que, por principio, no lo es: un residuo, en definitiva, de la anacrónica teoría de 

la unicidad de la obra de arte. 

Existen dos posibles numeraciones, una en cifras arábigas, correspondiente a la edición venal, y 

otra en romanas para las pruebas de artista*. En ambos casos, se anotan a lápiz dos cantidades 

separadas por una barra: la del denominador indica el número global de estampas y la del 

numerador, el orden de cada una de ellas dentro del total. En cuanto al lugar reservado a la 

numeración, ocupa el ángulo inferior izquierdo debajo de la huella* o de la mancha*. 

Ref.: Beguin (1981: 256), Bianchi (1984: 5), Krejca (1980: 14), Trabajo (1988: 20) 

 

Obra gráfica 

En ciertos ámbitos —galerías de arte, editoriales...— se recurre a la expresión "obra gráfica 

original" refiriéndose a la estampa* de creación del artista contemporáneo, por oposición a 

cualquier tipo de reproducción fotomecánica*. Sin embargo, su significado, además de 

excesivamente genérico, es impreciso, y su uso parece aceptado para la estampa del siglo XX 

pero, por razones difíciles de justificar, no tiene el mismo grado de aceptación la expresión 

"obra gráfica original" referida a los siglos XVI, XVII o XVIII. La Declaración de Venecia del 

año 1992 define el término e indica que "una obra gráfica puede considerarse original cuando ha 

sido expresamente concebida para ser realizada únicamente con los procedimientos del arte 

gráfico". 

Ref.: Cabo de la Sierra (1981: 29-38) 

 

V. Estampa 

Ofset 

Procedimiento en el que convergen las operaciones básicas de la litografía* y la fotografía, junto 

con un método revolucionario de impresión a base de máquinas rotativas, lo que le sitúa en el 

epicentro de los sistemas de reproducción modernos, habiendo convulsionado el panorama de 

las técnicas tradicionales de impresión y estampación* al ofrecer una producción cuantitativa sin 

precedentes en la industria del libro y de la imagen múltiple. Para definirlo de un modo rápido, 

desde el punto de vista de las técnicas de arte gráfico*, el ofset no es otra cosa que la aplicación 

industrial de la litografía. La superficie impresora es una plancha de cinc adecuadamente 

preparada para retener tinta y agua. Esta preparación comienza con el graneado*, mediante 

graneadores* mecánicos de bolas de acero o cristal duro, para continuar con la acidulación* de 

la superficie que, sometida a la acción del ácido, resulta mordida en forma de punteado. Después 

de este proceso la plancha se sensibiliza, es decir, se recubre con una sustancia fotosensible a la 

que será reportada la imagen contenida en un cliché negativo. Al revelarse, sobre la plancha de 

cinc aparece en positivo la imagen latente transferida por el cliché. Nuevas operaciones de 

acidulación antes de la impresión refuerzan las zonas de dibujo y aumentan su capacidad de 

retener tinta. A continuación, la plancha se acopla al cilindro de una máquina impresora rotativa 

que al ponerse en movimiento vierte mecánicamente agua y tinta sobre la superficie de 

impresión. Si el cinc estuviera en contacto directo con el papel*, éste se mojaría en exceso, 

deformándose y empastando el dibujo, por ello la plancha de cinc imprime primero en un nuevo 

cilindro de caucho elástico, la mantilla, que reproduce el original con absoluta fidelidad y lo 

transfiere a su vez a la hoja de papel. El movimiento de los cilindros es vertiginoso produciendo 

un considerable número de ejemplares por hora. Desde el punto de vista del producto, el ofset no 

genera estampas* sino reproducciones fotomecánicas*. 

La adaptación de la litografía al ofset se debe al checo Kaspar Hermann, quien en 1909 pondría 

en funcionamiento una máquina capaz de imprimir simultáneamente las dos caras de una hoja 

de papel. 

Ref.: Curwen (1924), Field (1973), Figuerola (1929), Guardi (1984), Krejca (1980: 177-178), Martín y Tapiz (1981: 

407), Poortenaar (1933) 

 

Oleografía 

Técnica de estampación* cromolitográfica* cuyo resultado sobre la estampa* se aproxima 

considerablemente a los efectos pictóricos del óleo. La gran época de la oleografía fue la 

segunda mitad del siglo XIX. 

Ref.: Griffiths (1948) 

V.a. Litografía 

 

Orla 

Franja decorativa que forma parte de la ornamentación* del libro, y que, con frecuencia, 

encuadra el texto. Empleadas profusamente en los impresos tipográficos anteriores al siglo XIX, 

las orlas se grababan en tacos* de madera o en láminas* de cobre, estampándose en el lugar 

reservado dentro de la hoja, junto a los caracteres. Avanzado el tiempo, sobre todo si los motivos 

eran geométricos y de cierta simplicidad formal, pudieron obtenerse moldes tipográficos de los 

mismos que, como en el caso de los tacos, se imprimían simultáneamente con el texto. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 413) 

 

Ornamentación 

Cualquier de imagen estampada* o reproducida por medios fotomecánicos* que decora las 

páginas de una publicación. A diferencia de la ilustración*, dotada generalmente de un 

contenido figurativo y narrativo o informativo, como complemento del mensaje escrito, la 

ornamentación está constituida por imágenes geométricas o vegetales, formalmente abstractas y 

conceptualmente vacías, cuyo única función es adornar, ornar, decorar. Mientras que la 

ilustración es un elemento fundamental en la estructura del impreso moderno, la ornamentación 

casi ha desaparecido, al modificarse la valoración estética del libro, siendo desplazada por la 

arquitectura gráfica —tipos y cuerpos de letra, justificación y longitud de las líneas, relación 

entre el texto y los blancos, espacio de la interlínea...—. Los motivos ornamentales genuinos del 

libro antiguo recibían nombres específicos dependiendo de su forma. Así, las orlas* son bandas 

decorativas relativamente estrechas que enmarcan la caja tipográfica; las viñetas*, formas 

vegetales a modo de racimos y hojas de vid; los filetes y bigotes, juegos geométricos de rayas 

con diferente anchura y longitud. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 413) 

 

PA 

V. Prueba de artista  

 

Pantalla serigráfica 

Matriz —forma de impresión— empleada en serigrafía*, constituida por un marco o bastidor de 

madera sobre el que va tensado un tamiz de seda, nylon u otros tejidos sintéticos. La calidad y 

tensión de la malla, su permeabilidad y elasticidad, son condiciones fundamentales de las que 

depende el éxito de la estampación* serigráfica. 

Ref.: Krejca (1980: 183-185), Martín y Tapiz (1981: 419). V. Serigrafía 

 

Papel 

Soporte característico de la estampa* y el dibujo, elaborado a partir de fibras vegetales 

mezcladas con agua. La pasta es sometida a diferentes operaciones hasta convertirla en una hoja 

flexible, resistente y adecuada para retener pigmentos líquidos o sólidos. La escasez de las 

materias empleadas hasta la introducción del papel en Occidente —pergamino y vitela— 

condicionaba la producción de textos e imágenes múltiples en grandes cantidades. Así pues, el 

papel contribuyó de una manera definitiva al nacimiento y expansión de la imprenta y el 

grabado*. Por otra parte, la abundancia de la materia prima de la que se obtiene el papel — 

fibras vegetales— le convertían en un producto inagotable, abaratando considerablemente sus 

costos y permitiendo al artista disponer de un soporte económico para el trazado de sus dibujos. 

Como se sabe, la introducción del papel en los países occidentales de Europa fue consecuencia 

de la expansión del Islam, que a su vez había importado de Oriente el método de fabricación. 

Desde su invención en el siglo II, o si se prefiere, desde la creación del primer molino papelero 

de Europa a finales del XI —Játiva— hasta bien entrado el siglo XVIII, el papel se fabricó a 

mano, a partir de trapos de algodón, primero, y de cáñamo, lino o hilo, más tarde, a los que se 

maceraba en una tina con agua y cola de pescado. La pasta resultante se vertía en un tamiz 

rectangular —forma*— constituido por una cuadrícula de alambre —corondeles* y 

puntizones*—, que facilitaban el reparto regular de la pasta y la eliminación de agua. Por 

último, la hoja se extraía de la forma y se sometía a nuevas operaciones de secado. Este papel de 

tina*, exclusivo hasta el ochocientos, sufrió a partir de ese momento la competencia del papel 

continuo* obtenido por métodos mecanizados. También durante el siglo XIX, se descubrió la 

posibilidad de conseguir papel directamente de la celulosa de ciertas variedades de árboles. La 

celulosa procede de la madera, en cuya composición existen además elementos poco aptos para 

la bondad del papel, como la resina y la lignina, a los que es necesario eliminar mediante 

disolventes. A la pasta resultante se le añaden, por fin, cargas, adhesivos, colorantes y aditivos 

de distinta naturaleza tendentes a conseguir las condiciones más idóneas de resistencia, 

flexibilidad, fragilidad y blancura. 

En los dibujos y estampas antiguos el examen del soporte resulta de fundamental importancia 

para dataciones cronológicas y, por lo que respecta al diseño y al arte gráfico* contemporáneos, 

la textura, márgenes*, formato, gramaje y tonalidad del papel constituyen aspectos 

condicionantes del resultado final y a los que el artista presta una considerable atención. 

Entre las marcas de papel empleadas con mayor frecuencia en la estampación* de arte gráfico 

cabe citar: Arches, Creysse, Fabriano, Geller, Guarro, Hahnemüler, Ingres, Johannot, Michel, 

Montval, Rives o Vidalon. Desde el siglo XVIII hasta nuestros días las marcas más conocidas de 

papeles utilizados en dibujo, entre otras, son: C & Honning, Canson & Montgolfie, Carbó, B. 

Cramer, Ferreros, Guarro, Ingres, Jan Kool, Romaní o James Whatman. 

Ref.: Cabo de la Sierra (1981: 64-67), Carta (1988), Clapp (1978), Contribución (1975), Dollof y Perkinson 

(1971), Ellis (1987), Fulacher y Doizy (1989), Hauser (1980), James y otros (1991), Kenyon (1980), Kraemer 

(1973), Krejca (1980: 19), La Lande (1778), Labarre (1952), Lambert (1984: 14-18), Mac Ausland (1986), Martín y 

Tapiz (1981: 420), Pla (1956: 131-139), Plenderleith (1956), Valls (1978) 

 

Papel autográfico 

V. Papel reporte 

 

Papel avitelado 

En los años centrales del siglo XVIII se introduce un cambio en la forma* de hacer papel* a 

mano. El verjurado tradicional de hilos de alambre se sustituye por una fina tela metálica, tejida 

a máquina, cuyo entramado es tan espeso que no deja señal en la hoja. Observado al trasluz, este 

papel, de aspecto semejante a la vitela de los códices, es liso y uniforme, sin rayado. La 

introducción de la máquina continua de fabricación de papel supuso la consolidación definitiva 

del avitelado, relegando al papel verjurado* a una producción muy limitada. Como en el caso de 

la relación del papel de tina* con el verjurado, se puede establecer un paralelismo similar entre 

el papel continuo* y el avitelado. Pero esta equivalencia no se cumple siempre de forma 

sistemática, ya que existen papeles continuos con verjuras y papeles avitelados hechos a mano. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 457), Pla (1956: 134), Valls (1978: 18). V.a. Papel continuo 

 

Papel continuo 

Papel* compuesto de fibras celulósicas obtenidas de la madera, paja, esparto o caña y fabricado 

mecánicamente. Su producción se generaliza a partir del siglo XIX y, a pesar de que su calidad 

no es comparable a la del papel de tina*, ha desplazado completamente a éste. Sea cual fuere la 

materia prima de la que se obtiene la celulosa, las fibras siempre están soldadas con lignina, 

sustancia termoplástica que debe ser disociada de aquellas cuando se fabrica papel. La calidad 

del papel depende de la longitud de las fibras. Es obvio que a superior longitud, mayor será la 

resistencia de la hoja. Las fibras de celulosa más largas proceden de árboles sometidos a 

condiciones ambientales duras, como abetos, álamos o cipreses, es decir, especies arbóreas 

localizadas en la zona boreal donde el frío es intenso. 

Los troncos se cortan y descortezan en máquinas que los hacen girar oprimiéndolos contra una 

superficie dentada. Eliminada la corteza, la madera pasa a la máquina desfibradora donde los 

troncos son convertidos en una masa de fibras de celulosa, resina y lignina. La operación 

siguiente consiste en depurar la masa separando las fibras de los otros compuestos mediante 

sustancias químicas que tienen la propiedad de disolver la lignina y las resinas e iniciar el 

blanqueado de la pasta. Esta operación no es imprescindible para obtener papel. Puede que la 

masa no sea depurada químicamente: el papel resultante estará, entonces, elaborado con pasta 

mecánica. Ahora bien, cuanto mejor es la calidad del papel menos componente de pasta 

mecánica lleva y más de pasta química. La pasta química resulta de añadir sustancias 

depuradoras a la masa, como puede ser el sulfato, bisulfato, sulfito y bisulfito de sosa, 

sometiendo la mezcla a presión y calor. Tanto una pasta como otra deben recibir las cargas, 

productos que además de acentuar el blanqueado hacen que el papel sea receptivo a cualquier 

tipo de pigmento, en definitiva, que se pueda estampar* o dibujar sobre él. Entre otros 

compuestos, las cargas suelen llevar caolín, talco o carbonato cálcico y colofonia. Todos estos 

ingredientes se mezclan con la pasta en un depósito al que pueden incorporarse desperdicios de 

papel o trapos previamente triturados. A partir de aquí actúa la máquina continua. Existen dos 

versiones de esta máquina: la de mesa plana —N.L. Robert y Fourdrinier, 1800-1804— y la 

redonda —J. Dickinson, 1809—. La pasta de papel se extrae del depósito y se dispone sobre una 

cinta transportadora en movimiento permanente. De la cantidad de pasta colocada sobre cada 

unidad de superficie de la cinta dependerá el gramaje de la hoja de papel. Tras sucesivos 

calentamientos la pasta pierde todo el agua. Una vez seco el papel se enrolla en bobinas. 

Aunque el papel continuo impulsó la revolución de las artes gráficas durante el siglo pasado y 

posibilitó la producción de una cantidad extraordinaria de estampas* xilográficas* y 

litográficas* para ilustrar todo tipo de publicaciones, no puede competir en calidad con el papel 

hecho a mano. Por este motivo, tanto los dibujantes como los estampadores* calcográficos 

siempre han preferido papeles de tina o, en cualquier caso, continuos pero sin pasta mecánica ni 

cargas excesivas, elásticos y absorbentes y, en el caso de la estampa, de bastante gramaje. 

Ref.: Contribución (1975: fascículo 4), Hauser (1980), Labarre (1952). Por lo que respecta a la máquina continua y 

sus variantes véase Martín y Tapiz (1981: 358-362) 

 

Papel cuché 

V. Papel estucado 

 

Papel de china 

Papel* hecho a mano a base de fibras sacadas del interior de la corteza de la caña de bambú. 

Otra clase puede obtenerse de la paja de arroz. Como en el caso de los papeles japoneses*, las 

fibras de bambú son extraordinariamente largas, lo que convierte al de china, a pesar de su 

delgadez, en un papel de notable tenacidad. Su aspecto traslúcido, con un ligero tono 

amarillento, su finura exquisita, su textura fibrosa y flexible, han hecho de él un papel muy 

demandado por los grabadores* en madera y los estampadores* calcográficos. Su empleo en la 

estampación en hueco* se generalizó durante el siglo XIX, dando lugar a una modalidad 

específica que lleva precisamente su nombre. 

Ref.: Hauser (1980), La Lande (1778), Labarre (1952), Martín y Tapiz (1981: 427), Siuming (1955), Valls (1978: 

47-60) 

 

Papel de china encolado 

V. Estampación sobre papel de china  

 

Papel de marca 

V. Papel de tina  

 

Papel de tina 

Papel* fabricado manualmente a partir de una solución acuosa de fibras vegetales obtenidas de 

trapos de algodón, lino, cáñamo o ramio. Hasta el descubrimiento de la máquina continua y la 

aplicación de celulosa procedente de la madera, a comienzos del siglo XIX, la de tina fue la 

única clase de papel conocida. Hoy su fabricación es muy reducida debido, entre otras cosas, a la 

lentitud de un proceso de elaboración completamente artesanal y cuyo método se ha mantenido 

inalterable durante más de dieciocho siglos. No obstante, el papel de trapo es el de mejor calidad 

y el más estable al envejecimiento. 

Los trapos se ponen a pudrir antes de ser troceados. A continuación se les sumerge en agua 

limpia y se les golpea en pilas provistas de grandes mazos. La pasta resultante tras la maceración 

es transportada a tinas o cubas con orificios inferiores de desagüe que permiten una pérdida 

inicial de agua. En la tina se sumerge la forma*, extrayendo, en posición horizontal, una cierta 

cantidad de pasta que, mediante sacudidas, termina repartiéndose homogéneamente entre las 

verjuras. Una vez que la pasta adquiere suficiente consistencia, es decir, después de perder gran 

parte de su saturación de agua, se vuelca la forma sobre unos sayales o fieltros de lana. Cuando 

se tienen varias hojas superpuestas, intercaladas entre fieltros sucesivos, reciben la presión de 

una prensa vertical cuya finalidad es la de eliminar todo el agua posible. Como resultado de esta 

operación, y debido también a que el contacto de la retícula verjurada con los listones del marco 

de la forma no es hermético, los bordes de las hojas presentan unas irregularidades 

características llamadas barbas. La fase final consiste en el secado de las hojas en tendederos al 

aire libre. 

Todos los dibujos y estampas* antiguos están soportados en papeles de tina. Su composición no 

ácida ha garantizado la pervivencia de muchos de ellos en buen estado de conservación. Tan 

extraordinaria calidad convierte a esta clase de papeles en soportes muy apreciados por los 

grabadores*, estampadores* y dibujantes. 

Ref.: Carta (1988), Contribución (1975: fascículo 1), Fulacher y Doizy (1989), Hauser (1980), James y otros 

(1991), La Lande (1778), Labarre (1952), Martín y Tapiz (1981: 420-421 y 432), Valls (1978) 

 

Papel estucado 

Papel* recubierto por una o por sus dos caras con una capa que aumenta la opacidad del soporte, 

su acabado, blancura y receptividad a la tinta. Los componentes del estuco son pigmentos 

minerales de coloración blanca como el caolín, carbonato de calcio, sulfato de bario o bióxido 

de titanio, mezclados en una solución acuosa con una o varias substancias adhesivas —caseína, 

almidón o resinas sintéticas—. A la calidad de los pigmentos se debe el brillo y el poder 

cubriente del estuco, que actúa rellenando las irregularidades superficiales del papel. Para 

incrementar la tersura es frecuente el calandrado o satinado de sus caras y, como consecuencia, 

la tinta transferida de la matriz durante la estampación* adquiere un aspecto brillante y un color 

intenso. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 230-231, 433-435, 474) 

 

Papel hecho a mano 

V. Papel de tina  

 

Papel japonés 

Papel* elaborado a mano con materias primas vegetales autóctonas del Japón. Junto con el de 

china*, son los tipos más antiguos conocidos de papel, con una larga tradición histórica de casi 

dos mil años. La pulpa se obtiene generalmente de la corteza de la morera, pero también del 

kodsu, mitsumata y gampi. Todas estas plantas tienen en común una estructura vegetal de fibras 

muy largas que las hace especialmente aptas para producir papeles de gran calidad, flexibles y 

de una extraordinaria resistencia a la tracción. Debido a la longitud de sus fibras, los papeles 

japoneses son generalmente muy delgados, de pequeño gramaje y una transparencia especial que 

permite adivinar su composición. No constituyen una clase única sino un conjunto muy variado 

de tipos de papel diferentes entre sí por su aspecto, peso o tonalidad. Los grabadores* en madera 

japoneses han legado al mundo magníficas estampas* soportadas en papeles muy finos de 

morera y kodsu, satinados manualmente mediante frotamiento regular con piedras pulimentadas. 

Importados desde Oriente, los papeles japoneses han sido muy queridos y valorados durante los 

dos últimos siglos por los dibujantes y artistas gráficos occidentales. 

Ref.: Goto (1958), Hauser (1980), Jugaku (1959), La Lande (1778), Labarre (1952), Martín y Tapiz (1981: 438- 

439), Narita (1954), Narita (1959), Valls (1978: 47-60) 

 

Papel reporte 

Papel* preparado para transferir por autografía* un dibujo a una piedra litográfica*. La 

adherencia de la imagen a la superficie de la piedra es posible gracias al encolado de la cara del 

papel que va a contener dicha imagen. Tal operación consiste en aplicar con un pincel ancho y 

flexible una sustancia especial, formando una capa delgada. Senefelder sugiere como 

ingredientes goma arábiga, cola cocida, creta o tiza, cal apagada y almidón, pero basta aplicar un 

engrudo de harina de trigo o almidón de arroz diluido en agua tibia. Una vez seco el papel se 

coloca sobre una piedra bruñida* y se pasa por la prensa*, adquiriendo, de este modo, mayor 

tersura y un apresto fino que facilita el dibujo. 

Ref.: Krejca (1980: 153-154), Vega (1990: 21). 

V. Litografía 

 

Papel seda 

Papel* muy ligero y delgado, de gramaje inferior a 25 g./m2. Existen diferentes tipos de papel 

seda, algunos de poca calidad, compuestos a base de pasta mecánica, pero los usados para la 

conservación de dibujos y estampas* se elaboran con celulosa de madera depurada 

químicamente y blanqueada. Se utilizan para proteger la obra de arte sobre papel de la 

incidencia de factores externos como el polvo o la luz. Estas barreras protectoras deben 

colocarse en ambas caras de las estampas y dibujos, entre ellos y el paspartú*. Al estar en 

contacto con las obras, un requisito imprescindible del papel seda es la neutralidad de su PH. El 

valor neutro del PH es 7. Por debajo de este índice aumenta la acidez del papel y los ácidos 

degradan su estructura interna, provocando la aparición de manchas, la pérdida de tenacidad y 

flexibilidad y el amarilleamiento de su color natural. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 455). Por lo que respecta a la conservación de estampas y dibujos: Almela (1949), 

Antón (1989), Bolas (1901), Bonnardot (1846), Carta (1988), Clapp (1978), Dollof y Perkinson (1971), Ellis 

(1987), Glaser (1972), Gunn (1911), Hauser (1980), James y otros (1991), Kenyon (1980), Kraemer (1973), 

Lepeltier (1977), Mac Ausland (1986), Petherbridge (1987), Plenderleith (1937), Plenderleith (1956), Pravitoka y 

Justrubtsima (1968), Rogers (1980), Shelley (1990), Viñas (1990), Waechter (1975), Zigrosser y Gaehde (1964) 

 

Papel verjurado 

Papel* en el que se observa por transparencia una malla reticular de líneas verticales — 

corondeles*— que cortan perpendicularmente a otras horizontales muy próximas entre sí — 

puntizones*—. Estas líneas son la impronta de los alambres de la forma* con que se hace papel 

a mano. En las zonas ocupadas por los hilos metálicos, la menor cantidad de pasta depositada 

hace que dichas partes sean menos densas y opacas, lo que permite visualizarlas fácilmente 

mirando a través de la hoja. Aunque existe una relación evidente entre ambos, no puede 

afirmarse que todo el papel de tina* sea verjurado, ni tampoco que éste se fabrique siempre de 

modo manual. A mediados del siglo XVIII comienza a elaborarse un papel a mano en formas 

donde la verjura es sustituida por una tela metálica muy tupida que no deja marca alguna en la 

pasta: el papel avitelado*. Por otra parte, también es posible conseguir papel continuo* 

verjurado en máquinas redondas o bien pasando sobre la hoja todavía húmeda un rodillo 

desgotador similar al usado para imprimir filigranas*. 

Ref.: Labarre (1952), Martín y Tapiz (1981: 457). 

V.a. Papel de tina 

 

Paspartú 

Neologismo español del término francés passe-partout. Marco de cartón en el que se montan los 

dibujos y las estampas* para su conservación y exposición. Consta de dos partes entre las que se 

intercala la obra: una trasera sin apertura alguna y otra delantera con una ventana generalmente 

inferior al formato de la hoja de papel*. La conservación ideal exige el menor índice de acidez 

así como la mayor rigidez y blancura del paspartú, para evitar que una coloración no blanca 

impregne la obra. Como en el caso del papel seda*, usado de barrera, el PH del paspartú debe 

ser neutro. La influencia negativa de la luz y los cambios bruscos de humedad y temperatura, 

responsables de la dilatación y contracción de las fibras del papel, son causas que inciden de 

forma directa en su deterioro. Por ello, son manifiestamente desaconsejables exposiciones 

prolongadas en espacios donde no estén controladas las condiciones de seguridad y 

conservación. 

Ref.: Parma Armani (1980: 230), Teissig (1984: 180). Por lo que respecta a la conservación de dibujos y estampas 

V. Papel seda 

 

Piedra litográfica 

El soporte ideal para la práctica de la litografía* es la piedra de carbonato de calcio, de grano 

fino y color uniforme de la gama de los ocres, azules o grises. Aunque su grosor debe estar en 

relación con su tamaño, no conviene que supere los diez centímetros, porque de lo contrario 

sería tal el peso que la haría inmanejable. En general, cuanto más claro es el color, menor es la 

dureza de la piedra y más fácil y cómodo el dibujo sobre ella pero mayor la posibilidad de que se 

emborrone durante la estampación*. Por este motivo, las piedras blandas aguantan un número 

mas corto de estampaciones. En cualquier caso, es preceptivo cortarlas en ángulo recto, sin 

biselar los bordes, lo que facilitará su colocación en la prensa litográfica*, y pulimentarlas* 

antes de ser usadas. Deben conservarse en lugar seco con una temperatura moderada y constante 

para reducir el riesgo de fractura y, por la misma razón, debido a su extraordinaria fragilidad, el 

litógrafo* tiene que evitar golpearlas mientras las manipula. 

Para obtener una estampa* con un fondo de color continuo, la piedra utilizada para dicho fondo 

recibe el nombre de piedra de tinte. 

Originadas en la era terciaria, las mejores piedras litográficas son las procedentes de las canteras 

de Baviera —Solenhofen—, Renania y Sajonia, cuya merecida fama se extendió por Europa 

siendo demandadas en todo el continente. 

Ref.: Vega (1990: 13-14). 

V. Litografía 

 

Pincel litográfico 

El pincel se emplea en distintos procedimientos de litografía*, como la aguada* o la oleografía*, 

y en la acidulación* de la piedra*, pero también va asociado a la práctica de una técnica 

autónoma de dibujo litográfico. La libertad para diseñar trazos a tinta* con pincel es muy 

superior a la que permite la pluma*. Los tipos más indicados son los de pelo de camello y marta, 

para rayas finas, suaves y delicadas. En el momento de preparar un pincel destinado al dibujo de 

líneas conviene tener presente que debe acabar en una sola punta y sus pelos no presentar una 

densidad excesiva favoreciendo, así, su empapado en tinta. 

Ref.: Vega (1990: 16). 

V. Litografía 

 

Pintor 

En la estampa* de reproducción* en talla dulce*, el nombre del pintor cuya obra se traduce a 

grabado* se indica acompañado del término pinxit —abreviado, pinx.—; lo pintó, en español. La 

mención de pintor ocupa el ángulo inferior izquierdo de la estampa. 

Ref.: Carrete (1981: 46-47), Carrete (1986), Krejca (1980: 13), Trabajo (1988: 21). V.a. Talla dulce 

 

Pinxit 

V. Pintor 

 

Pirograbado 

Procedimiento de grabado* en un taco* de madera mediante una punta metálica incandescente 

con la que se incide sobre las líneas de un dibujo realizado previamente en su superficie. Puesto 

que la punta rebaja los trazos de la imagen y la madera se estampa en relieve*, el efecto 

dominante en el papel* es el de líneas blancas sobre fondo negro. Eso no significa que todas las 

estampas* de trazos blancos se obtengan a partir del pirograbado. Cualquier técnica de grabado 

en relieve es susceptible de crear este tipo de lenguaje. En el grabado en madera a la fibra*, 

linografía* o xilografía* basta con vaciar en hueco mediante gubias* o buriles* las líneas de un 

dibujo para conseguir una imagen de trazo blanco. 

Ref.: Beguin (1981: 257), Martín y Tapiz (1981: 475), Yesares (1930) 

 

Plancha 

Los autores en lengua castellana de los tratados de grabado* en talla dulce* llaman plancha a la 

matriz de cobre antes de ser abierta al aguafuerte* o buril*, y lámina* a la plancha después de 

ser grabada. Por influencia del vocabulario técnico procedente del francés, a partir del siglo XIX 

plancha ha acaparado el significado de lámina, llegando a desplazar a este término en el 

lenguaje común. 

Ref.: Martínez, F. (1788), Rejón de Silva (1788: 167), Rueda (1761: 161), Terreros (1786)  

 

V. Lámina 

Pluma litográfica 

Instrumento de acero, similar al empleado para dibujar con tinta sobre papel*, que se utiliza en 

la técnica de la litografía a pluma*. Para escribir o trazar líneas finas es aconsejable la de 

plumilla ligeramente elástica con sus puntos cortados al mismo nivel, de modo que toquen 

simultáneamente la piedra*. 

Ref.: Vega (1990: 16). V. Litografía 

 

Pochoir 

V. Estarcido 

 

Prensa litográfica 

Máquina para estampar* piedras litográficas*, inventada por Senefelder en 1798, compuesta de 

dos pies laterales que soportan un cilindro móvil de acero sobre el que descansa un carro o 

plataforma horizontal de madera. El carro se pone en movimiento al activar una manivela que 

hace girar el cilindro. Encima del mismo se coloca la piedra con la cara dibujada hacia arriba. 

En contacto con la superficie entintada de dicha piedra se dispone la hoja de papel* de la futura 

estampa*, sobre ella, una maculatura* o papel de mala calidad y, por fin, una delgada chapa 

metálica o plancha de plástico que al impregnarse de grasa facilitará el desplazamiento de un 

rastrillo de madera acoplado a la prensa. Este rastrillo, cuya sección es en V, desciende y 

presiona fuertemente el papel contra el soporte de estampación gracias a una palanca. El cálculo 

de la presión se efectúa en el borde de la piedra, por este motivo conviene dejar un margen sin 

dibujo alrededor del soporte, reservándolo con goma arábiga. 

La descrita, con carro móvil y rastrillo superior fijo, es una tipología de prensa litográfica —en 

ella la piedra se desplaza junto con el carro hasta pasar completamente por debajo del rastrillo— 

. Pero existe otro tipo, en el que la plataforma y, en consecuencia, la piedra no se mueven, y la 

presión es ejercida por un rastrillo que se desplaza lateralmente. 

Ref.: Krejca (1980: 172-173), Vega (1990: 18). V. Litografía 

 

Prensa tipográfica 

V. Prensa vertical 

 

Prensa vertical 

Máquina utilizada para estampar en relieve* tacos* grabados* y para imprimir formas de 

caracteres móviles. Como es de sobra conocido, su descubrimiento se debe a Gutenberg y 

responde, en esencia, al sistema de prensado plano contra plano. Dos pies laterales de madera 

maciza sujetan una platina horizontal en la que se apoya el taco entintado y sobre él, la hoja de 

papel*. Para llevar a cabo la estampación*, desciende en vertical una plancha metálica superior 

al ser accionada con un volante, presionando intensamente el papel contra el taco. 

Ref.: Krejca (1980: 54-56). V. Estampación en relieve, Entalladura, Xilografía 

 

Privilegio 

Licencia para imprimir libros o estampas* concedida por el rey al editor*, que además solía 

llevar emparejada los derechos a disfrutar con exclusividad del beneficio de su comercio. Esta 

autorización garantizaba la absoluta inmunidad de la estampa frente a cualquier tipo de censura. 

En las estampas antiguas el disfrute del privilegio se hace constar mediante las siglas APDR, 

correspondientes a la expresión francesa avec privilège du roi, o su equivalente en latín CPR — 

cum privilegium regis—. 

Ref.: Beguin (1981: 253. Bajo "Letra"), Cabo de la Sierra (1981: 44) 

 

Prueba antes de la letra 

Prueba resultante de estampar* una matriz en la que la imagen está terminada pero falta por 

grabar* o dibujar la letra*. Generalmente, la frase "antes de la letra" se aplica cuando ha sido 

introducido en el soporte de estampación parte del texto, sin estar completo, reservándose la 

fórmula "prueba antes de toda letra" para aquella estampa* obtenida de una matriz en la que aún 

no ha sido grabada letra alguna. Avant la lettre y avant tout la lettre son las expresiones en 

francés utilizadas por los coleccionistas para referirse a estas pruebas. 

Ref.: Beguin (1981: 258), Bianchi (1984: 6), Cabo de la Sierra (1981: 41), Krejca (1980: 13) 

 

Prueba de artista 

A pesar de su nombre las de artista no son pruebas en un sentido estricto sino estampas* tan 

definitivas como las de la edición venal o los fuera de comercio*. En realidad, es muy poco lo 

que las diferencia de estos últimos, ya que se trata de ejemplares no destinados a la venta sino 

reservados al artista para su colección* personal o, en su caso, para el depósito legal. Aunque el 

número de ellos varía dependiendo de la exclusiva voluntad del artista, existen unos límites 

normalizados y aceptados. De acuerdo con dichos límites, las pruebas de artista no deben 

superar el diez por ciento de la tirada*. La Declaración de Venecia de 1992 ratificó a este 

respecto las conclusiones expuestas en el III Congreso Internacional de Artistas celebrado en 

Viena en 1960. En las conclusiones de la Declaración de Venecia se indica expresamente que 

"para prevenir cualquier abuso en la difusión de la obra gráfica original es recomendable 

precisar claramente el número de ejemplares estampados, indicando de modo particular los 

numerados para la difusión en el mercado, los eventualmente destinados a colecciones públicas 

y los ejemplares para el autor, que por norma no tendrían que superar el 10% de la tirada total". 

A las pruebas de artista se las reconoce por llevar anotada a lápiz la abreviatura P.A.E.A., en 

francés—, pero también es frecuente individualizar cada una de ellas con una numeración* en 

cifras romanas. 

Ref.: Beguin (1981: 258), Bianchi (1984: 5), Goldman (1981: 1), Goldman (1988: 8). 

 

Prueba de color 

Producto del ensayo en el taller de estampación con tintas de diferentes colores son estas 

pruebas que el estampador* lleva a cabo ante la supervisión directa del artista. Tanto las de color 

como el resto de las pruebas realizadas para comprobar el tipo de papel* más adecuado o el 

método de estampación* idóneo, se obtienen cuando el trabajo sobre la matriz está 

completamente terminado y culminan con el bon á tirer* que regula la tirada*. Es habitual que 

el estampador anote en cada una de estas pruebas las características específicas de las tintas y 

mezclas de color empleadas. 

Ref.: Krejca (1980: 13).

V. Estampación 

 

Prueba de estado 

Durante el proceso de intervención en la matriz, el artista gráfico examina en fases sucesivas el 

desarrollo de su trabajo y el efecto del mismo sobre el papel*. Esta comprobación se realiza 

estampando la matriz en el estado en que se encuentra. Las pruebas de estado son, por tanto, un 

instrumento de apreciación de extraordinario valor para el artista, ya que le permiten reorientar 

la intervención en el soporte, tomando, en su caso, decisiones que afectarán a la composición de 

la imagen o a la construcción de las luces y las sombras. En la medida en que los resultados 

varían considerablemente de una prueba de estado a otra, como consecuencia de la adición o 

sustracción de elementos, cada una de ellas será única, porque, aunque lo intentara el artista, 

cosa que carece de sentido, volver con absoluta exactitud a los estados anteriores resulta 

imposible. Su carácter de unicidad y su rareza han convertido a estas pruebas en objetos muy 

cotizados por los coleccionistas y gabinetes de estampas. Si se tiene la fortuna de reunir todas las 

pruebas de estado se estará en condiciones de conocer paso a paso las etapas creativas de una 

estampa*. A veces el artista ordena las sucesivas pruebas marcándolas con la expresión primer 

estado, segundo estado... 

Por definición, una prueba de estado procedente de una superficie de estampación implica que el 

trabajo en la matriz se encontraba inacabado en el momento de obtenerla. Obviamente todas las 

pruebas y, por supuesto las de estado, son estampas. Pero no todas las estampas son pruebas. De 

hecho la mayoría de las estampas, aquellas que forman parte de la tirada*, no lo son. Esto nos 

conduce a la conclusión de que en las observaciones tan frecuentes de tirada compuesta por tal 

número de pruebas, u otras similares, se emplea de forma incorrecta el término. 

Ref.: Beguin (1981: 258), Bianchi (1984: 7), Cabo de la Sierra (1981: 47), Krejca (1980: 12-13), Trabajo (1988: 

21), Vives (1994: 87-90) 

 

Pulimento 

Después de haber escogido la piedra* adecuada para realizar en ella una litografía* debe 

procederse a la primera fase de su preparación. Si la piedra no hubiera sido dibujada 

anteriormente tiene que ser acondicionada dejando plana su superficie, eliminando cualquier 

cavidad o desigualdad de nivel. Si, por el contrario, no es la primera vez que se utiliza, debe 

borrarse el dibujo anterior —hay que tener en cuenta que una piedra litográfica apenas sufre 

desgaste, de modo que puede dibujarse muchas veces—. Tanto en un caso como en otro la 

operación a la que se somete es la misma: el pulimento. Para ello se frota la piedra, después de 

mojarla y cubrirla con una materia abrasiva, generalmente gres o polvo de sílex, con otra del 

mismo tamaño, desplazándola mediante movimientos circulares o en S en todas direcciones. 

Mientras dura el frotamiento hay que seguir añadiendo agua y abrasivo, porque si éste llega a 

agotarse se forma un barrillo compacto que adhiere las piedras, corriendo el riesgo de fracturarse 

al separarlas. El levigador* puede sustituir a la piedra de frotación. Una vez concluida la 

operación de pulimento, la superficie queda preparada para ser graneada* o bruñida*, de 

acuerdo con la técnica de litografía elegida. 

Ref.: Loche (1971: 12-14). V. Litografía 

 

Punta 

Aguja de acero, con un extremo afilado y punzante, de la que se sirve el grabador* calcográfico 

para abrir tallas* a la punta seca* y el artista litógrafo* para rayar en la técnica de la punta seca 

sobre piedra*. La intensidad del afilado varía según el tipo de incisión que quiera practicarse. 

Hay puntas idóneas para tallas profundas y superficiales, anchas y estrechas, para metales 

blandos y duros. Al respecto de estos metales duros, como el acero, resulta obvio que un útil 

metálico de la misma naturaleza no puede efectuar tallas sobre ellos; en estos casos se emplean 

puntas de diamante, rubí o zafiro cuya extraordinaria dureza es capaz de rayar la lámina* de 

acero dejando unos trazos característicos, de efecto gris en la estampa*. Generalmente van 

montadas en mangos o porta-puntas. 

Ref.: Beguin (1981: 258). V. Punta seca. V. Litografía 

 

Punta seca 

Técnica directa de grabado calcográfico* que se basa en la utilización de una punta* de acero 

afilada con la que el grabador* dibuja directamente sobre la superficie del metal. La posición de 

la punta es similar a la de un lapicero, perpendicular al plano de la lámina*, de manera que la 

profundidad del surco va a depender de la fuerza que se ejerza y de lo afilada que esté la punta. 

La sección de la punta es cónica, sin arista alguna. Este hecho y la forma de coger el instrumento 

permiten explicar porqué el metal arrancado de la lámina se queda a ambos lados del surco, 

formando unos abultamientos llamados rebabas*. Las rebabas retienen la tinta durante el 

proceso de estampación*, de forma que la línea de punta seca no es tan rotunda, limpia ni nítida 

como la del buril*. Al contrario, sus límites son imprecisos, difuminados, lo que la otorga una 

sensación aterciopelada, sensación que es la característica fundamental de esta técnica. Las 

rebabas terminan agotándose tras sucesivas operaciones de frotamiento, operaciones necesarias 

para entintar y limpiar la lámina, y si a ello se añade el aplastamiento producido por la presión 

de los rodillos del tórculo*, es fácil comprender porqué las láminas grabadas con punta seca 

soportan un número muy limitado de estampaciones. 

La punta seca fue una técnica despreciada por los editores de estampas de los siglos XVII y 

XVIII debido a su escasa rentabilidad comercial si se la compara con el buril, ya que tal 

procedimiento de grabado calcográfico aguanta un número corto de estampaciones y lo que el 

editor pretendía era obtener tiradas muy amplias para aumentar sus beneficios. Este es el motivo 

del escaso número de estampas antiguas en punta seca que han llegado hasta nosotros —con la 

notable excepción de las realizadas por Rembrandt—. Por el contrario, tiene gran aceptación 

entre los artistas gráficos contemporáneos, porque a través de esta técnica pueden expresarse de 

forma libre y espontánea. 

Ref.: Beguin (1977: 426-428), Brunner (1962: 101-104), Buckland-Wright (1953: 50-58), Chamberlain (1972: 127-

135), Donjean (1975), Esteve (1914: 195-198), Fraipont (s.a. Eau-forte), Gemmel (1974: 12-15), Gross (1970: 26-

28), Hayter (1949: 16-24), Hayter (1962: 40-41), Krejca (1980: 80-83), Leaf (1976: 183-188), Longhi (1830), 

Lumsden (1924: 127-134), Melis-Marini (1924: 102-105), Pla (1956: 65-75), Peterdi (1959: 45-47), Profit (1913), 

Ross y Romano (1972: 105-106), Terrapon (1974: 73-86) 

V.a. Grabado calcográfico 

 

Punta seca sobre piedra 

En litografía* el empleo de puntas* para rayar la superficie entintada de la piedra* no constituye 

un procedimiento autónomo sino un método auxiliar al servicio de otras técnicas como la 

manera negra litográfica*. El rayado con la punta se lleva a cabo en zonas cubiertas de tinta*, 

obteniendo trazos en blanco que se traducen sobre la estampa* en líneas de una intensa 

luminosidad. Aunque el principio esencial de este procedimiento coincide con el de la manera 

negra no se trata de la misma técnica ya que no es necesario haber entintado completamente la 

superficie de la piedra, basta con que existan zonas de sombra susceptibles de ser rayadas. 

Ref.: Mellerio (1898). V. Litografía 

 

Punteado 

V. Grabado de puntos  

 

Puntilla 

Cuchilla* de tamaño reducido que el grabador utiliza para dar cortes finos y próximos en tacos* 

de madera al hilo*. 

Ref.: V. Entalladura 

 

Puntizón 

Alambre metálico que constituye la retícula fundamental de la forma*. A través del tamiz que 

crean estos finos hilos, paralelos y muy próximos entre sí, se escurre el agua de la pasta de 

papel*. Para mantener la regularidad de la trama los puntizones van trenzados en perpendicular 

con otros alambres, los corondeles*. Por extensión, reciben también el nombre de puntizones las 

marcas transparentes dejadas por tales hilos en los papeles verjurados*. 

Ref.: Beguin (1981: 259), Martín y Tapiz (1981: 509), Valls (1978: 16) 

 

Racleta 

V. Rasqueta 

 

Raedera 

De acuerdo con el procedimiento de la serigrafía*, el tamiz de la pantalla* se deja permeable a 

la tinta de impresión en las zonas correspondientes a la imagen e impermeable en el resto. Estas 

zonas no impresoras se tapan con líquido de relleno en la operación de entelado. Pues bien, para 

repartir el líquido de relleno sobre el tamiz de la pantalla serigráfica se emplea un útil 

rectangular de material rígido, metálico o plástico: la raedera. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 514). 

V. Serigrafía 

 

Raedor 

Herramienta de acero utilizada junto con el rascador* para rebajar el graneado de la lámina* en 

la técnica de la manera negra*. 

Ref.: Rejón de Silva (1788: 177). V. 

Manera negra 

 

Rascador 

Varias operaciones relacionadas con la preparación o el grabado* de una lámina* consisten en 

arrancar metal, lo que se consigue raspando su superficie con un instrumento duro y cortante. 

Pongamos algunos ejemplos: para la correción de una talla* indeseada hay que rascar el metal 

que delimita sus bordes, de forma que no quede retenida tinta durante la estampación*; los 

blancos y las luces en una plancha graneada para ser grabada al humo* se sacan eliminando el 

metal que define el punteado; en el biselado de los perfiles de la lámina y redondeado de sus 

esquinas hay que quitar el metal de las aristas; la viruta metálica arrancada por el buril* debe ser 

rebanada. El rascador, un instrumento de acero de sección piramidal con sus tres vértices muy 

cortantes, es la herramienta de la que se sirve el grabador* en cada una de estas operaciones, 

rematando la intervención con el uso del bruñidor*. 

Ref.: Rejón de Silva (1788: 177-178). 

V. Manera negra 

 

Raspador 

Cuchillo de metal con el que se despeja, mediante raspado, tinta de la piedra* o plancha de 

aluminio o cinc en la técnica de la manera negra litográfica*. Las zonas intervenidas con 

raspador corresponden en la estampa* a blancos luminosos. 

Ref.: V. Litografía 

 

Rasqueta 

Útil empleado en serigrafía* que consta de una tira de goma sintética o PVC acoplada a un 

mango rectangular de madera del que sobresale dos centímetros. En la impresión serigráfica, a 

diferencia de las estampaciones en hueco*, en relieve* y litográfica, el papel* se coloca debajo, 

en contacto con el tamiz sin entintar de la pantalla*. La tinta se vierte dentro del marco, 

repartiéndose con la rasqueta a base de movimientos laterales en los que aquella recorre varias 

veces, de izquierda a derecha, la forma de impresión. Como resultado de estos desplazamientos 

la tinta penetra a través de las zonas permeables de la malla, correspondientes a la imagen, 

transfiriéndose a la estampa*. Después de su uso, la tira de goma de la rasqueta no debe 

guardarse en contacto con ningún objeto y conviene recortarla cada cierto tiempo para igualar el 

lado de fricción, de modo que garantice una distribución homogénea de la tinta. 

Ref.: Krejca (1980: 189), Martín y Tapiz (1981: 309 y 514). 

V. Serigrafía 

 

Rebabas 

Metal levantado al incidir sobre la lámina* en el procedimiento de la punta seca*. Debido a la 

sección cónica de la punta*, ésta no corta el cobre, formando abultamientos en los bordes de las 

tallas*. Dichos abultamientos o crestas, las rebabas, quedan impregnadas de tinta al estampar* la 

lámina dando lugar a trazos de efecto vaporoso. Pero es tal su fragilidad que se desgastan con 

rapidez al ser sometidas a los consecutivos frotamientos de entintado y limpieza y a la presión 

del tórculo*. 

Ref.: Beguin (1981: 259), Trabajo (1988: 24). 

V. Punta seca 

 

Rebote 

Operación a la que es sometida la lámina* grabada cuando se procede a corregir una talla* por 

eliminación de la misma. Consiste en golpear el dorso de la plancha con un martillo de percutor 

fino en la zona correspondiente a la incisión. Para conocer el lugar en el que debe golpearse se 

utiliza un compás de brazos largos uno de los cuales se coloca en la talla defectuosa por delante 

de la lámina y el otro, a igual distancia, por su dorso. Como resultado de la percusión, el metal 

de la base del surco sale hacia afuera, donde será nivelado con el rascador* y alisado con el 

bruñidor*. 

Ref.: Beguin (1981: 259. Bajo "Rebatir"). 

V. Talla dulce, Grabado calcográfico 

 

Recubrimiento galvánico o electrolítico 

Operación consistente en recubrir una lámina* de cobre mediante una delgada capa de metal — 

acero o cromo— empleando un procedimiento electrolítico. La operación se basa en el principio 

de deposición del metal sobre la lámina de cobre al sumergir ambos en un depósito de sales. El 

acero o el cromo se conecta al polo positivo de una fuente de corriente continua, mientras que la 

lámina sobre la que va a ser depositada es conectada al polo negativo de la misma corriente. El 

metal —ánodo— se atomiza pasando a la solución de sales y se desplaza a través de ella 

depositándose, finalmente, sobre la lámina de cobre —cátodo—. La cantidad de metal que se 

deposita es proporcional a la intensidad de la corriente. El recubrimiento galvánico de láminas 

se convirtió en una práctica usual a finales del siglo XIX y todavía en la actualidad muchos 

grabadores* recubren sus cobres con la intención de reducir la intensidad de desgaste a la que 

está sometida la lámina durante el proceso de estampación*, posibilitando de este modo la 

obtención de tiradas* más amplias. Es cierto que el cobre se desgasta con extraordinaria rapidez 

al estar sometido a distintas operaciones de frotamiento —entintado, limpieza de la tinta 

sobrante— y prensado —estampación—, pero no es menos cierto que el recubrimiento reduce la 

sutileza de los efectos tonales, sobre todo en el caso de las técnicas pictóricas de grabado 

calcográfico*. 

Ref.: Goldman (1981: 13), Goldman (1988: 55), Pla (1956), Vives (1994: 91) 

V.a. Grabado calcográfico 

 

Registro 

Método para ajustar los colores en el lugar exacto que les corresponde dentro de la estampa* 

cuando se imprimen varias matrices, una por color. Si el registro no es correcto las imágenes 

parecen desdobladas, corridas, desplazadas de sus contornos, provocando una vibración óptica. 

El sistema más extendido es el de establecer referencias o guías mediante puntos incisos a 

idéntica distancia en todas las matrices. Durante la estampación*, se levanta el papel* después 

de cada impresión solo por uno de los lados y para evitar su desplazamiento se pisa el lado 

opuesto con un peso. Finalmente, tras colocar la nueva matriz entintada, se traspasa la estampa 

con una aguja y se buscan los puntos, garantizando, de este modo, la perfecta correspondencia 

de los colores. El papel queda, así, dispuesto para ser sometido a la acción de la prensa. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 527), Vega y Corral (1988). 

V. Estampación en color 

 

Remarque 

Galicismo con el que se designa a las imágenes marginales de ciertas láminas* abiertas al 

aguafuerte*. Su práctica es antigua. Durante el siglo XVII se dibujaba sobre el barniz* de los 

bordes del cobre un motivo de pequeño tamaño que servía al grabador* como prueba de la 

capacidad de mordida del ácido. Una vez grabada* la lámina, los remarques se rascaban y 

bruñían hasta hacerlos desaparecer. Por este motivo, debido a su rareza, las pruebas con 

remarques son ejemplares muy cotizados por los coleccionistas. Desde el siglo XIX es también 

posible que tales imágenes no sean abiertas con una finalidad práctica sino con el deseo de dejar 

un testimonio significativo para el artista —su retrato, por ejemplo—. En estos casos, el 

remarque no solo no es eliminado de la lámina sino que forma parte del grabado definitivo, 

apareciendo en el margen* de todas las estampas* de la tirada*. 

Ref.: Cabo de la Sierra (1981: 60), Goldman (1988: 50) 

 

Remate 

Ilustración* u ornamentación* colocada en los impresos tipográficos al final de un capítulo. Una 

de las ilustraciones más frecuentes en los remates de los libros antiguos fue el marmosete*, entre 

las ornamentaciones eran habituales las viñetas*. 

Ref.: Rejón de Silva (1788: 181) 

 

Reporte 

Operación de transporte de un dibujo previo a un soporte de estampación. El uso de este vocablo 

es válido en cualquier procedimiento de arte gráfico*, no obstante, existen sistemas específicos 

de reporte para grabado* y litografía*. Así, el traslado de un dibujo para grabar* a una lámina* o 

a un taco* recibe el nombre de calco*, mientras que la autografía*, salvando distancias relativas 

al proceso, podría considerarse como su equivalente en la técnica litográfica.  

Ref.: Beguin (1977: 11, 447-448), Beguin (1981: 260), Bickford (1976: 125-132), Buckland-Wright (1953: 139-

140), Edmonston (1972: 94-95, 117-121), Hayter (1949: 64, 130), Leaf (1976: 213-216), Lumsden (1924: 109-112), 

Martín y Tapiz (1981: 539), Peterdi (1959: 154), Ross y Romano (1972: 101-102) 

 

Reportista 

Operario litógrafo* especializado en la autografía* de imágenes dibujadas sobre papel reporte* a 

piedras litográficas* o planchas de metal. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 539) 

 

Reproducción fotomecánica 

Imagen soportada en papel*, obtenida a partir de la copia fotográfica de un original e impresa 

mediante ofset* o cualquier otro método de fotorreproducción. La mayor parte de las 

ilustraciones de las publicaciones que hoy se editan, con tiradas de varios miles de ejemplares, 

son reproducciones fotomecánicas. Evidentemente, cualquier imagen original, por supuesto 

también una estampa* o un dibujo, puede reproducirse por medios fotomecánicos y su valor de 

mercado es mucho menor, como mucho menor es, en líneas generales, su interés museístico. 

Diferente es el recurso a los sistemas fotomecánicos como medios de creación al servicio del 

artista. La mayor aportación de la Declaración de Venecia de 1992 respecto a anteriores 

congresos internacionales de artistas gráficos es la aceptación explícita de la evolución histórica 

de las técnicas y la libertad del artista para apropiarse con fines creativos de cada nuevo 

descubrimiento, procedimiento o soporte material o inmaterial. Los puntos b y c de sus 

conclusiones reconocen que "cualquier procedimiento técnico (incluidos los procedimientos 

fotomecánicos) y cualquier material de soporte son lícitos cuando son necesarios para los fines 

del artista. Desde esta perspectiva, se admite cualquier contribución técnica a la hora de la 

elaboración de la matriz". 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 265-267 y 539-541). V. Ofset 

 

Reprografía 

V. Electrografía 

 

Reserva 

Barnices, ceras, gomas... preservan aquellas partes de las matrices de estampación que no han de 

recibir tinta y que, en consecuencia, corresponden a los blancos. En las técnicas indirectas de 

grabado calcográfico* las reservas son las zonas protegidas de la acción del aguafuerte*. Para 

evitar el mordido se recubre la lámina* con barnices* u otras sustancias aislantes. Por lo que 

respecta a la litografía*, las superficies de la piedra* no dibujadas se reservan con soluciones 

acuosas de goma arábiga, y en serigrafía* las zonas no impresoras de la pantalla* se tapan con 

líquido de relleno. 

Ref.: Beguin (1981: 260), Fuentes (1985: 212-221), Krejca (1980: 122), Lalanne (1866: 43-55), Lumsden (1924: 

66-84), Peterdi (1959: 137), Ross y Romano (1972: 95) 

 

Retallar 

Incidir con buriles* o puntas* sobre tallas* abiertas en la lámina* para hacerlas más profundas. 

Dicha intervención es ejecutada por un operario distinto al autor del grabado* cuando la lámina 

está cansada*, con el objeto de prolongar su capacidad de estampación* mediante el refuerzo de 

las líneas grabadas. Sin embargo, por muy diestro que sea el retallador, las re-incisiones 

difícilmente pueden disimularse y la calidad de la imagen no es comparable a la original. 

Ref.: V. Grabado 

 

Rodillo de entintar 

Cilindro para el entintado de matrices grabadas en relieve —taco* de madera, linóleo*— y 

soportes litográficos —piedra*, plancha de cinc o aluminio—. Consta de un alma de madera 

revestido de piel, franela, goma o caucho y provisto de dos empuñaduras laterales enfundadas en 

cuero. Después de su uso conviene limpiar la tinta pegada, lavando el rodillo con trementina. 

En litografía* el rodillo no solo se emplea para entintar la piedra durante la estampación*. 

También se utiliza, a veces, para la creación del propio dibujo. Para ello previamente se reservan 

con goma arábiga las zonas que no van a ser dibujadas y a continuación se pasa el rodillo 

entintado que definirá la imagen. Las superficies de color conseguidas en la estampa* mediante 

este método de imprimación por rodillos son homogéneas, cubrientes y planas. 

Ref.: Beguin (1981: 260), Krejca (1980: 173). V. Estampación en relieve, Litografía 

 

Roll-up 

V. Estampación en color por superposición de rodillos 

 

Ruleta 

Útil empleado por el grabador* calcográfico para crear zonas de puntos sobre la lámina* de 

cobre. Se trata, en esencia, de una ruedecilla con dientes que gira alrededor de un eje unido a un 

mango. La rotación de la rueda provoca en el metal pequeñas incisiones distribuidas a intervalos 

regulares. Mediante el empleo de este instrumento se crean superficies de grises que sugieren los 

matices del dibujo a lápiz. 

Ref.: Goldman (1981: 12), Goldman (1988: 53). V. Grabado de puntos, Manera negra 

 

Satinar 

V. Glasear 

 

Sculpsit 

V. Grabador  

 

Serie 

Grupo de estampas* realizadas para formar parte de un proyecto, programa o plan concebido a 

priori. Las series son cerradas, a diferencia de las colecciones* que pueden estar abiertas y ser 

susceptibles de crecimiento. Son series de estampas por ejemplo, Retratos de los Españoles 

Ilustres, Vistas de los puertos de España, Batallas de Alejandro Magno, Trajes de Italia, Peces 

del Cantábrico o Gritos de Madrid

Ref.: Monreal y Haggar (1992: 368) 

 

80 

 

Serigrafía 

Procedimiento de arte gráfico* basado en un método permeográfico de estampación*. El artista 

interviene sobre una pantalla* de seda, tejido sintético o malla metálica obturando ciertas zonas 

de su trama. Dicha operación puede realizarse de forma manual, aplicando un líquido de relleno 

o adhiriendo una película o plantilla recortada, pero también existen sistemas de obturación 

fotomecánicos previa sensibilización de la pantalla. Esta preparación de la matriz de impresión 

constituye la fase más delicada del trabajo del artista serígrafo y su resultado se traduce en la 

existencia de superficies tapadas, correspondientes a los blancos de la estampa*, junto con otras 

abiertas, o zonas de imagen. Para estampar* se esparce tinta líquida sobre el tamiz de la pantalla 

mediante una rasqueta*, tinta que pasará al papel* solo por las partes no obturadas. Como puede 

observarse por esta descripción, la diferencia fundamental de la serigrafía respecto a otras 

técnicas de arte gráfico es que en ellas la imagen se transfiere desde la matriz de estampación a 

la estampa por presión, mientras que aquí se genera a través de una pantalla por filtración. Esta 

diferencia explica la distinta cantidad de tinta depositada sobre el papel en uno y otros 

procedimientos y permite entender porqué las superficies de color son tan compactas, sólidas y 

homogéneas en las estampas serigráficas. La extraordinaria ductilidad de este sistema de 

impresión ha posibilitado su desarrollo industrial, completamente mecanizado, con 

producciones considerables de imágenes múltiples soportadas en objetos de naturaleza variable. 

El método esencial de los sistemas de impresión permeográficos se conoce desde antiguo en las 

culturas orientales; no obstante, el antecedente más directo de la serigrafía se encuentra en el 

estarcido con plantillas de comienzos del XX. Su definitiva incorporación a la esfera de la 

estampa artística es, en efecto, muy reciente. En la década de los años sesenta los artistas más 

representativos del Pop americano reivindicaron este procedimiento, capaz de adaptarse a su 

imaginería de consumo arrancada a la cultura popular a través de los medios de masas. 

Ref.: Andrews (1964), Auvil (1965), Bickford (1976), Biegeleisen (1976), Carr (1961), Caza (1983), Chieffo 

(1967), Eichenberg (1978), Fosset (1959), Green, P. (1968), Kinsey (1968), Kosloff (1968), Lunsingh Scheurleer 

(1938), Mara (1988), Ross Nielsen (1980), Russ (1974), Shokler (1960), Work (1986) 

V.a. Arte gráfico 

 

Taco 

Tabla de madera utilizada en entalladura* y xilografía*. El tronco del árbol puede cortarse en el 

sentido de las vetas —madera a la fibra*— o de los anillos —madera a la testa*—. Antes de 

grabar* un taco cada uno de sus lados tiene que haber sido nivelado con lijas, limas o escofinas, 

y si va a imprimirse junto con caracteres de imprenta, su grosor debe equivaler a la altura 

tipográfica. 

Ref.: V. Entalladura, Xilografía, Estampación en relieve 

 

Talla 

Surco, incisión o corte grabado en una lámina* de metal, un taco* de madera o una plancha de 

linóleo*. En la estampación en hueco*, propia del grabado calcográfico*, las tallas se rellenan 

de tinta y corresponden a los trazos de la imagen. Por el contrario, en la estampación en relieve*, 

característica del grabado* en madera y la linografía*, el lugar donde se efectúan las tallas 

coincide con los blancos o zonas no entintadas de la estampa*. 

Ref.: V. Grabado 

 

Talla dulce 

La talla dulce no es, en el sentido estricto, un procedimiento sino, más bien, un tipo de lenguaje 

visual que caracteriza a la estampa* europea de los siglos XVII y XVIII, resultado de la 

conjunción de dos técnicas de grabado calcográfico* —el aguafuerte* y el buril*— y de un 

método normalizado para el trazado de líneas —la teoría de trazos—. Solo la imbricación de 

todos estos aspectos, unos de índole técnica otros de carácter estético, permiten entender el 

concepto de talla dulce. Obviamente, la talla dulce se sustenta sobre un sistema visual ajeno a la 

estética contemporánea, de manera que el término solo es aplicable en la catalogación de 

estampas antiguas. Aunque se tiende a confundir con el grabado a buril, por ser éste el 

procedimiento dominante, las láminas de cobre comenzaban a grabarse al aguafuerte. En efecto, 

en aguafuerte se trazaban las líneas generales de la composición, los contornos de las figuras y 

los paisajes de fondo. Sobre estas líneas, el burilista introducía las colecciones de buriladas* 

para crear sombras y conseguir efectos de volumen y profundidad. 

La talla dulce permitía obtener imágenes infinitamente más naturalistas que las conseguidas con 

la entalladura*, y con una extraordinaria riqueza en matices tonales y en aproximación de líneas. 

Porque, al fin y al cabo, un taco de madera solo tiene dos planos posibles: la zona en relieve o 

zona de negro y la parte rebajada o zona de blanco. Poco importa la profundidad de la talla ya 

que siempre provocará el mismo efecto de blanco. Por el contrario, las líneas abiertas en hueco 

en el metal pueden dar una impresión de mayor o menor oscuridad dependiendo de la cantidad 

de tinta que contengan, lo que equivale a decir, dependiendo de su profundidad: aquí existe un 

único plano de blanco, la superficie de la lámina, y múltiples niveles de negro, tantos como 

profundidades diferentes tengan las tallas. La talla dulce se convertirá en la técnica dominante 

de arte gráfico desde el siglo XVI hasta finales del XVIII, estando vinculada a una de las 

funciones básicas de la estampa en estos momentos: la reproducción de pinturas. 

Para garantizar una producción masiva de estampas, cuya imagen estuviera construida conforme 

a los mismos cánones visuales, el grabado de reproducción impuso una sintaxis del trazado de 

líneas. He aquí la teoría de trazos. La teoría de trazos se basa en el elemental principio de que las 

líneas próximas entre sí provocan mayor sensación de oscuridad que las distantes. Así se 

consiguen todos los tonos de la escala cromática. Las calidades y texturas de los objetos se 

alcanzan mediante el entrecruzamiento de líneas. El resultado de esta sintaxis es una increíble 

malla de rombos: una red de rombos —a los que Manuel de Rueda llama plazas [Rejón de Silva 

(1788: 168)]—. La mayor parte de las estampas en talla dulce de los siglos XVII y XVIII presentan 

inequívocamente estas plazas. 

Ref.: Berthiaud y Boitard (1837), Bosse (1645), Browne (1660), Browne (1669), Carrete (1986), Carrete (1989), 

Durupt (1951), Frerebeau (1974), Ivins (1953), L'atelier (1989), Laran (1938), Rueda (1761) 

La bibliografía sobre la talla dulce se complementa con la proporcionada bajo Buril 

 

Tarlatana 

Trapo de hilos espaciados formando una rejilla regular, utilizado por el estampador* para 

limpiar la tinta sobrante de la superficie de la lámina*. Su textura reticular deja una impronta 

característica cuando, en la estampación artística*, quedan sobre el metal zonas de entrapado*. 

El mismo tejido de la tarlatana sirve para fabricar muñequillas*. 

Ref.: V. Estampación en hueco 

 

Técnica mixta 

Expresión a la que se recurre frecuentemente en la catalogación de estampas* contemporáneas 

obtenidas de matrices trabajadas con varios procedimientos, en particular, procedimientos poco 

convencionales. Puesto que tal expresión no proporciona información alguna sobre los métodos 

de arte gráfico* utilizados por el artista, debe evitarse y sustituirse por el nombre de las técnicas 

predominantes en cada estampa. 

V. Nombre específico de cada técnica de arte gráfico 

 

Técnicas aditivas 

Conjunto de técnicas de arte gráfico* en las que la imagen de la estampa* se crea a partir de la 

adición de materiales sólidos a un soporte rígido. Estos materiales son muy variados —acetato 

de polivinilo, caucho sintético, poliéster, derivados de celulosa—, utilizándose como 

aglutinantes y adhesivos resinas sintéticas polimerizadas. También las matrices pueden ser de 

naturaleza múltiple —metal, madera, cartón, linóleo, vinilo, PVC—. La superposición de 

productos sobre la superficie del soporte permite crear diferentes niveles que facilitan la 

retención de tinta y, en consecuencia, resultan susceptibles de ser estampados. Efectos matéricos 

y de textura caracterizan estas técnicas de arte gráfico. En algunos casos, como el carborundo*, 

suelen ir asociadas con procedimientos indirectos de grabado calcográfico*. A efectos de 

catalogación conviene utilizar el nombre concreto de cada técnica, diferenciándose entre sí, 

básicamente, por la diferente textura del aditivo empleado. 

Ref.: Bernard (1962), Bickford (1976: 55-60), Edmonston (1972: 76-80), Eichenberg (1976: 338-344), Fuentes 

(1985: 7-8), Hayter (1949), Manzorro (1982: 24-25, 35), Nagel (1973), Newman (1977), Pla (1956: 105), Ponce 

(1964), Ramos (1992), Ross y Romano (1972: 156-162), Saff y Sacilotto (1978: 176-178), Stoltenberg (1975), 

Wenniger (1975) 

 

Tinta litográfica 

Cuando de litografía* se trata hay que diferenciar las tintas para dibujar sobre la piedra* de las 

tintas de impresión empleadas en la estampación* de aquella. Por tintas litográficas deben 

entenderse las primeras, aunque en realidad la composición de las tintas de estampar no difiere 

mucho de éstas. Con la tinta litográfica se dibuja directamente, en su estado sólido, mediante 

lápices* y, en su estado líquido, con pluma* o pincel*. Ante los sucesivos pasos a los que va a 

ser sometida la imagen dibujada en la piedra, la tinta debe cumplir ciertos requisitos 

fundamentales como el de su capacidad de adherencia, insolubilidad en agua y resistencia al 

ácido. Los porcentajes de las mezclas pueden variar según el grado de liquidez que se desee, 

pero, en general, los componentes de las tintas litográficas son siempre los mismos: negro de 

humo, cera, jabón, sebo y goma laca. 

Ref.: Vega (1990: 14). V. Litografía 

 

Tirada 

Conjunto de estampas* correspondientes a una misma obra obtenidas en una o varias sesiones 

consecutivas y continuas de estampación* hasta completar un número de ejemplares establecido 

de antemano por el artista o el editor*. La tirada propiamente dicha incluye los fuera de 

comercio*, pruebas de artista* y edición venal, aunque el término hace referencia, casi siempre, 

a esta última, numerada en cifras arábigas. Todas las estampas de una tirada presentan idénticas 

características en cuanto al tipo y formato de papel*, color de las tintas y método de 

estampación. De hecho, el estampador* está obligado a respetar y procurar dicha igualdad. 

Ref.: Bianchi (1984: 10), Goldman (1988: 26), Krejca (1980: 14), Trabajo (1988: 21), Vives (1994: 101-102). 

V. 

Estampación 

 

Tirar 

V. Estampar 

Ref.: Rejón de Silva (1788: 203) 

 

Tisú 

V. Papel seda 

 

Tórculo 

Prensa para estampar en hueco*, por el sistema de impresión cilindro contra plano. Se compone 

de una estructura con dos pies laterales entre los que descansan, en paralelo y uno sobre otro, 

dos cilindros macizos, antes de madera y ahora de acero. El eje del cilindro superior va unido a 

una aspa en cruz impulsada manualmente o a una rueda activada por motor, mediante las que se 

le imprime un movimiento giratorio. Entre los dos cilindros apoya, en horizontal, una platina de 

acero —plano de impresión— sobre la que se coloca la lámina* entintada y encima de ella, el 

papel* y los cordellates*, por este orden. Al girar el rodillo superior se desplaza la platina, 

haciendo pasar bajo aquél la lámina con la estampa. La presión, que en algún caso puede 

alcanzar los 5.000 Kg por cm2, depende de la separación de los cilindros y se regula con dos 

tornillos superiores. Como consecuencia de esta presión, la tinta depositada en las tallas es 

recogida por el papel. 

Ref.: Cabo de la Sierra (1981: 63), Carrete (1988), Rejón de Silva (1788: 205), Thibeau (1994), Trabajo (1988:

25). 

V. Estampación en hueco, Grabado calcográfico 

 

Trepa 

Plantilla de cartón, metal u otra materia en la que se ha recortado una imagen o un texto, y que, 

puesta en contacto con un papel* colocado bajo ella, al pintar encima con una brocha o un 

pincel deja su forma sobre aquél. En esencia el proceso de la trepa coincide con el método del 

estarcido*. Para conseguir una imagen en color pueden superponerse tantas plantillas como se 

desee. El de la trepa fue un sistema común para iluminar* estampas* populares, especialmente 

juegos de naipes. 

Ref.: Monreal y Haggar (1992: 400) 

 

Veladura 

V. Entrapado 

 

Verjura 

V. Corondel 

V. Puntizón  

 

Viñeta 

Los más característicos motivos ornamentales, con una larga tradición en la historia del libro, 

son las viñetas. Colocadas al principio y al final de los capítulos, o en los márgenes de ciertas 

páginas, estas miniaturas de los códices bajomedievales, más tarde estampadas* en libros de 

temática religiosa a partir de tacos* entallados* o láminas* grabadas en dulce*, representan 

racimos y hojas de vid, símbolos de clara connotación eucarística. Las vides dan nombre a estos 

genuinos adornos. Con el tiempo se fue utilizando el término, de manera inadecuada, para 

designar a las ilustraciones de pequeño formato incluidas en cualquier parte del libro. Ya a 

finales del siglo XVIII Rejón de Silva había convertido el vocablo en sinónimo de cabecera*. En 

contra de ambos usos conviene argumentar, en primer lugar, que la viñeta no ilustra, solo 

adorna, y, en segundo, que se trata de un motivo —vid—, mientras que cabecera se refiere a un 

emplazamiento dentro del libro. Así pues, la viñeta es una ornamentación* que puede disponerse 

en la cabecera pero también en el remate* de un manuscrito o de un impreso. Desde otro punto 

de vista cabría afirmar que en la cabecera pueden haber sido estampadas viñetas, orlas* o 

cualquier tipo de ornamentación o de ilustración*. En fin, ni todas las cabeceras representan 

viñetas, ni todas las viñetas se colocan en la cabecera. 

Ref.: Martín y Tapiz (1981: 636), Rejón de Silva (1788: 213) 

 

Xilografía 

Técnica de grabado* en madera y de estampación en relieve*. Etimológicamente, el prefijo xilo 

procede de la raíz griega xylon que significa madera, de modo que el término xilografía podría 

ser entendido genéricamente como el arte de grabar* en madera. Este es el alcance que le dan 

los grabadores* españoles actuales, sin entrar en distinciones relativas al tipo de taco empleado 

ni al modo de rebajarlo. Ahora bien, existen dos variantes para grabar en madera, que se 

diferencian entre sí tanto por las características de la matriz —en un caso se extrae del tronco 

cortándola a la fibra y en el otro cortándola a la testa— cuanto por los instrumentos para 

grabarla —cuchillas*, gubias* o escoplos*, por un lado, y, por otro, buriles*—. Obviamente, los 

resultados obtenidos son radicalmente distintos en uno y otro procedimiento. Referirse a ambos 

como xilografía es simplificar la cuestión y reducir dos técnicas muy diferentes a una idéntica 

categoría. A cada uno de los procesos técnicos de grabado calcográfico* y de litografía* le 

corresponde un nombre específico que le individualiza y distingue de los demás, pues bien las 

técnicas de grabado en madera reclaman el mismo tratamiento. Pero es más, para ser rigurosos 

con la historia, conviene recordar que el término xilografía fue acuñado durante el siglo XIX 

para referirse a un procedimiento concreto de grabado en madera inventado en los años finales 

del XVIII y que consiste básicamente en rebajar con buriles un taco* cortado a la testa. Así pues, 

xilografía equivaldría a grabado en madera a la testa*, excluyendo de su significado al grabado 

en madera a la fibra*. Tal asociación parece aceptada por los artistas ingleses para quienes 

xilography corresponde a wood engraving pero no a wood cut [Eichenberg (1976: 589], y por los 

franceses, quienes asocian xylographie a gravure sur bois de bout. Paradójicamente, no existe en 

español un proceso equivalente de normalización y el paso del tiempo ha ido consolidando el 

uso exclusivo del vocablo xilografía. No obstante, la catalogación de estampas* exige una 

información detallada de la técnica, y xilografía es demasiado genérico —desde el punto de 

vista etimológico— y, a la vez, demasiado parcial —desde el punto de vista de sus 

connotaciones históricas—. Resulta necesaria una mayor precisión. Por otra parte, expresiones 

como xilografía a la testa y xilografía a la fibra son inapropiadas, porque si aceptamos las 

connotaciones históricas a las que nos referíamos, la primera fórmula sería redundante y la 

segunda una contradicción. La solución más adecuada es utilizar para grabado en madera a la 

testa el término xilografía y para grabado en madera a la fibra esta expresión, si las estampas 

pertenecen a los siglos XIX y XX, o bien entalladura*, en el caso de estampas antiguas 

anteriores al siglo pasado. 

¿En qué consiste la xilografía? El taco de madera a la testa, utilizado como soporte del 

procedimiento xilográfico, es considerablemente más duro y compacto que el taco a la fibra 

empleado en la técnica antigua de la entalladura. Las cuchillas no cortan la superficie de este 

tipo de madera, de forma que debe utilizarse el mismo instrumento usado por el grabador en 

cobre: el buril. Debido a la mayor resistencia de estos tacos respecto a los cortados al hilo, las 

líneas en relieve pueden ser de gran finura y la separación de las zonas rebajadas puede hacerse 

extremadamente estrecha, ya que las posibilidades de que se fracturen las partes en relieve 

durante la estampación* son mínimas. Desde el punto de vista del lenguaje visual, la xilografía 

permite conseguir imágenes a base de líneas negras sobre fondo blanco o bien de líneas blancas 

sobre fondo negro. 

Uno de los mayores problemas de los procedimientos de grabado calcográfico es el de "la 

blandura del metal que, incluso en manos de los estampadores más diestros y experimentados, se 

desgasta con una rapidez asombrosa. Y esto es así, sobre todo en las técnicas pictóricas, en que 

la superficie de la lámina está finamente trabajada, algo totalmente necesario para la obtención 

de tintas y tonos" [Ivins (1953: 128)]. De forma que las técnicas pictóricas de grabado calcográfico 

se manifiestan inadecuadas para ilustrar libros y revistas de difusión masiva.  

Ya a comienzos del siglo XIX la demanda de lectura es considerable y cada vez serán más las 

revistas que verán la luz. Revistas que debían ilustrarse. Fue entonces cuando Thomas Bewick 

descubrió que podía grabarse sobre un taco de madera cortado a la testa usando el buril del 

grabador en cobre. Antes del descubrimiento de Bewick las únicas técnicas conocidas y 

practicadas de grabado en madera eran las de entalladura. "La xilografía hizo posible producir 

estampas a partir de grabados de línea sobre madera que, a efectos prácticos, eran tan finos 

como los que habitualmente se grababan en cobre según los procedimientos del grabado a buril 

y al aguafuerte" [Ivins (1953: 129)]. Los tacos de madera, de idéntico tamaño que los tipos de 

imprenta, podían compaginarse y ser impresos al mismo tiempo que el texto, produciendo 

ediciones con un volumen de ejemplares extraordinariamente grande. La invención del papel 

continuo tuvo también mucho que ver en esta revolución de la industria del libro. 

Ref.: Beedham (1948), Beltrand (1938), Biggs (1958), Braby (1953), Branca (1938), Branca (1967), Brett (1994), 

Busset (1925), Colas (1952), Chamberlain (1978. Wood Engraving), Chatto (1839), Elfrink (1973), Farleigh (1954), 

Figuerola (1931), Galanis (1929), Gutiérrez Larraya (1952), Hope (1887), Ivins (1953), Leighton (1932), Leroux- 

Guillaume (1972), Lunsingh Scheurleer (1938), Mackley (1981), Morin (1961), Morley Fletcher (1916), O'Connor 

(1971), Relief (1945), Ricart (1920), Ricart (1936), Ross (1974. Relief), Rumpel (1972), Sander (1978), Seara 

(1981), Servolini (1935), Van Hear (1968), Vega (1992), Watson y Kent (1945), Westheim (1954) 

V.a. Grabado, Arte gráfico, Entalladura 

 

Xilografía a la fibra 

V. Entalladura 

 

Zieglerografía 

Modalidad de la técnica de barniz blando* aplicada al procedimiento de la estampación en 

color* con varias láminas*. Básicamente consiste en superponer, de forma consecutiva, una hoja 

de papel* con bastante grano encima de láminas recubiertas de barniz* blando. Sobre el papel se 

crea una imagen en color mediante tizas o lápices que van dejando su impronta en el barniz por 

efecto de la presión que dichos útiles de dibujo ejercen en la hoja y, simultáneamente, en la 

plancha barnizada colocada debajo. Para descomponer los colores en tantas láminas como 

lápices se utilicen hay que ir sustituyendo las planchas a medida que se cambia de color, es

decir, a cada lápiz le corresponde una lámina distinta. Como el papel donde se dibuja siempre es 

el mismo —lo único que cambian son las planchas dispuestas bajo él—, el grabador* puede 

controlar perfectamente la imagen mientras va formándose, y tener una idea cabal del resultado. 

La invención del procedimiento, en los años iniciales del presente siglo, se debe al grabador de 

origen alemán Walter Ziegler. 

Ref.: Krejca (1980: 130), Sáez del Álamo (1989), Ziegler (1901) 

 

Zincografía 

V. Cincografía 


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