La conciencia del yo, de Descartes a Sartre
Tema VIII: Psicopatología y Fenomenología la “Conciencia del Yo”
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De la “conciencia de existir”, como única verdad insoslayable, a la “angustia existencial” de Sastre.
¿Qué soy, entonces ? Una cosa que piensa. Y qué es una cosa que piensa ? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente.
-Descartes, Meditaciones metafísicas, (Alfaguara, Madrid 1977, p. 26).
Repasemos los textos previos sobre la clínica de la conciencia yoica:
" Yo soy diferente de todas mis sensaciones. No logro comprender cómo. No logro ni siquiera comprender quién las experimenta. Y por cierto, ¿Quién es ese yo del comienzo de mi proposición?"· . E. Cioran. "Ese maldito yo". Ed. Tusquets. 1987
Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan, 1927- Zaragoza, 2005
OTRO.
No soy yo.
Pero sus conocidos me saludan por la calle.
Como en su misma mesa.
A la noche me acuesto en su cama.
Su mujer no le es infiel.
Realmente somos iguales y yo mismo podría confundirme.
Ella tiene una forma extraña de gozar.
Después se queda fría y duerme como un animalito.
Temario a estudio:
Introducción: Cómo definir al “yo”. Una breve introducción según la RAE, los empiristas J. Locke, D. Hume, idealistas, desde el punto de vista lingüístico, psicológico y psicoanalítico.
Introducción filosófica a la adquisición de la conciencia del yo: el mundo de las ideas de Platón.
Conciencia del yo” (conciencia “del ser”, de “existir”) de DESCARTES a Sartre y Camus.
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Introducción: Cómo definir al “yo”. Una breve introducción según la RAE, los empiristas J. Locke, D. Hume, idealistas, desde el punto de vista lingüístico, psicológico y psicoanalítico.
Según Real Academia Española DRAE el yo señala la realidad personal del que habla o del que escribe y refiere asimismo a todo sujeto humano en su calidad de persona.
Haremos un repaso desde el “ cogito ergo sum” de Descartes ( je y moi, como yo) que pretende la independencia del alma o mente (el yo) del cuerpo.
Un repaso también al filósofo empirista John Locke que definía al yo como :
"esa cosa de pensamiento consciente (cualquiera que sea la sustancia, ya sea espiritual, material, simple o compuesta, no importa) que sea sensible o consciente de placer y dolor, capaz de felicidad o miseria, y así se preocupa por sí mismo, en la medida en que esa conciencia se extienda".
- Locke, John (1997), Woolhouse, Roger, ed., An Essay Concerning Human Understanding, New York: Penguin Books, pp. 306-307.
A nuestro David Hume , que desde el empirismo, escepticismo, sostuvo que toda idea viene de una impresión sensible, pero al igual que la sustancia, no tenemos ninguna impresión del yo en sí. Él declaraba en su Tratado de la naturaleza humana:
«Por mi parte, cuando penetro más íntimamente en lo que llamo "yo mismo", siempre tropiezo con una u otra percepción particular, de frío o de calor, de luz o de sombra, de dolor o de placer. Nunca puedo captar un "yo mismo" sin encontrar siempre una percepción, y nunca puedo observar nada más que la percepción».
-Hume, David «6. De la identidad personal». Tratado de la Naturaleza Humana. FV Éditions.
«Un hombre es un conjunto o colección de diferentes percepciones que se suceden con una rapidez inconcebible y están en un flujo y movimiento perpetuos; la identidad que atribuimos a la mente [...] del hombre es ficticia».[20]
-Treatise of Human Nature (1888).djvu/691 - Wikisource,»
El idealismo subjetivo, o idealismo teórico, es la doctrina metafísica monista de que solo existen las mentes y los contenidos mentales. Berkeley. Las cosas materiales no son más que ideas en la mente de un observador o, más bien, un espíritu. La existencia de los objetos depende enteramente de ser percibidos por una conciencia ("ser es ser percibido"), para Berkeley,
Nuestro gran William James:[23] postuló dos aspectos del "yo": el yo empírico ("Mí"), que es el yo como objeto de conciencia (cuerpo, posesiones, rol social), y el yo puro ("Yo" o "I"), que es el sujeto que conoce y experimenta el mundo y el yo empírico.
«Sin embargo, en su más amplio sentido, el yo de un hombre es la suma total de todo lo que puede llamar suyo, no solo su cuerpo y sus poderes psíquicos, sino su ropa y su casa, su mujer e hijos, sus antepasados y amigos, su reputación y obras, sus tierras y caballos, y su yate, y su cuenta bancaria. (...) En primer lugar su cuerpo, sus amigos luego y, finalmente, sus disposiciones espirituales, deben ser los objetos de supremo interés para toda mente humana».
-«H. B. van Wesep: William James». www.unav.es.
“Si mismo como otro”. Paul Ricoeur. 1996
Una Dialéctica entre el si mismo y el otro. La identidad narrativa.
Identidad personal, alteridad y ética en la hermenéutica.
El si mismo nunca como identidad cerrada o transparente, sino en relación constante con la alteridad. Ser uno mismo es ser también otro.
-La identidad como idem (mismidad) : lo mismo, la permanencia en el tiempo, continuidad del ser.
-La identidad como ipse (ipseidad): si mismo reflexivo, la capacidad de prometer, narrar, responsabilizarse.
Reconocerse como el mismo, a través del cambio, gracias al relato que da coherencia a la vida: La identidad narrativa.
Dimensión individual vs comunitaria. Si mismo como individualidad e interacción con los demás, en un reconocimiento reciproco.
El si mismo es frágil, narrativo, responsable, siempre en dialogo con lo otro que lo habita.
Una antropología hermenéutica, una Filosofía de la acción.
https://archive.org/.../ricoeur-paul.-si-mismo-como-otro...
El yo en lingüística y crítica literaria
Los términos primera persona, yo y ego pueden referir a distintos conceptos relacionados todos con el fenómeno conocido como deixis (punto de referencia en el habla, según contexto, .) y con el concepto de emisor.
El yo – en psicología- es dinámico: emisor y receptor.
El yo, como emisor de un enunciado en determinado código durante un acto de habla o conducta. La primera persona gramatical (yo, nosotros)
El plural mayestático es el uso de una primera persona plural gramatical («nosotros») para codificar a un emisor único.
En teoría literaria y narratología, yo de la narración, yo poético o narrador en primera persona sirve para referir al emisor ficticio de una obra literaria, para distinguirlo del autor.
El yo En psicología
En psicología, yo, (como en antropología) referido con el universal latinismo egō; y en alemán: Ich, en francés je (yo deíctico) o moi (yo pronominal, usado en francés moi como equivalente a egō), se define como la unidad dinámica que constituye el individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio; es, pues, el punto de referencia de todos los fenómenos físicos, psíquicos y sexuales.
En distintas corrientes psicológicas y psicoanalíticas a partir de la concepción propia del yo que manejan se utilizan las formas adjetivas yoico y yoica en expresiones como: función yoica, actividad yoica, control yoico, etc.
"Yoicidad" : la condición de ser yo o de tener un yo. Se relaciona con la autoconsciencia, la identificación personal y la experiencia individual del "yo", y puede ser entendida como un proceso cambiante y cooperativo, influenciado por las interacciones con otros y la reflexión sobre sí mismo.
El “yo neurótico”, el “yo psicótico”, el “yo perverso”, como tres formas de estructurar el yo, bien diferenciadas, que condicionan el ser, la conducta, la personalidad y emociones del la persona.
el yo neurótico. "El yo psicótico". y "el yo perverso"
- La Mismidad como la unicidad del ser: lo invariable, estructural, de nuestra identidad, que debería de prevalecer a pesar del tiempo y del devenir del yo con los otros.
- La mismidad no se ve alterada en el yo neurótico, es un yo que se reconoce en su conflicto, como algo esencial en su ser. (El neurótico se reconoce en su mismidad)
- La ipseidad, esa condición de la identidad, adquirida por el hecho de devenir,..
Según Sartre (“El Ser y la Nada”), la mismidad, es la dimensión estructural del ser, y debe perdurar en el tiempo, la ipseidad del ser, es la identidad del yo, en su existir, en su devenir en la historia,..un ser histórico, mutable,..
El yo y las circunstancias, el yo y los otros, forman mi ipseidad.
El yo en el psicoanálisis
S. Freud, en 1923, "El yo y el ello" (en alemán Das Ich und das Es)
El Yo no es la totalidad de la conciencia, sino una instancia psíquica que comprende una parte consciente, preconsciente e inconsciente, encargada de mediar entre los impulsos del Ello, las normas del Superyó y las exigencias del mundo exterior.
El Yo opera bajo el Principio de Realidad, buscando satisfacer las necesidades del Ello de forma realista y segura, a diferencia del Ello que busca el placer inmediato. Vs. Principio del placer: gobernado por el ello, búsqueda del placer y evitación del sufrimiento con el fin de satisfacer sus necesidades biológicas y psicológicas de manera inmediata
El yo utiliza los rasgos que lo identifican y los ideales del "superyó" para controlar los instintos animales del "ello".
-Freud, S. (1949). El ego y el id. El ego y el id (pp. 19-33). Londres
- Freud, Sigmund. Obras completas de Sigmund Freud. Volumen XIX - El yo y el ello, y otras obras (1923-1925).
El yo según Lacan.
El egō (en francés el Moi) según Lacan, es una instancia del registro de lo imaginario y por eso mismo una especie de alienación.
-Lacan: Écrits (Escritos), París, Le Seuil, 1966.
El sujeto se ve en su egō. La formación del egō según Lacan implica una primera triangulación entre la madre (cuidador), el infante y el objeto a (objeto causa del deseo). El egō del sujeto se constituye a partir de una percepción especular en un otro (la madre o quien cumpla la función materna), durante el estadio del espejo. (dos formas del yo: je y moi)
Desde la psicología analítica de Carl Gustav Jung debe entenderse por «yo» el factor complejo al que se refieren todos los contenidos de la consciencia.
Constituye en cierto modo el centro del campo de la consciencia y, en la medida en que este campo comprende la personalidad empírica, el yo es el sujeto de todos los actos conscientes. La relación de un contenido psíquico con el yo representa el criterio de la consciencia, pues no sería consciente ningún contenido que no se hiciera presente al sujeto.
- Jung, Carl Gustav (2011). «I. El yo». Obra completa. Volumen 9/2: Aion. Contribuciones al simbolismo del sí-mismo. Editorial Trotta. pp.
-
En el posracionalismo (cognitivo-constructivista)
Para Guidano, el sí-mismo no es un ente, sino un proceso de construcción de sentido que dura todo el ciclo vital, donde se hace la distinción semántica entre el "Yo" y el "Mi", que vienen a ser los dos niveles de procesamiento de la experiencia humana. George H. Mead.
-Mead, G.H. (1932). Mind, Self, and Society. University of Chicago Press.
- Guidano, Vittorio F. (1994). El Sí-mismo en proceso: hacia una terapia cognitiva posracionalista. Ediciones Paidós.
El Yo como el sentido corporal-emocional del sí-mismo, que experimenta momento a momento. Corresponde al conocimiento tácito del sí mismo y de la realidad. En primera persona (yo vs. tu), que incluye por identificación al “nosotros”, único, histórico, con su “mismidad e ipseidad”.
El Mi es el nivel semántico de la experiencia, que observa, evalúa y se explica mediante el lenguaje, construyendo el conocimiento explícito del sí-mismo y de la realidad. Mi como alusión, referencia, posesión, atributos del yo.
En las filosofías místicas orientales:
Particularmente en el budismo, se considera al yo como una "ilusión" (el Atman*) que se revela al alcanzar el Anātman*.
*Ātman es el primer principio, el verdadero yo de un individuo, más allá de la identificación con los fenómenos, la esencia de un individuo. Para alcanzar la liberación (moksha*) , uno debe adquirir autoconocimiento (atma jnana), que es darse cuenta de que el verdadero ser (Ātman) es idéntico al yo trascendente Brahman.
*El Anātman. (Insustancialidad, No-yo, ausencia o insustancialidad de un alma (Atman), carencia de un ego (yo) perdurable o carencia de una existencia intrínseca)
*moksha ‘liberación espiritual’.[1]
«Aquel que es el más allá del cual nada existe; aquel a quien el aliento no alcanza, aquel que ni siquiera el pensamiento puede abarcar...
Es inaprehensible, pues no puede ser aprehendido; indestructible, pues no puede ser destruido; no se le puede atar, no tiembla, no sufre» Brihadaranyaka Upanishad (III.9.26)
El Budismo no afirma la existencia del alma permanente, ni de un "sí mismo" o "yo" duradero en el ser. El yo se presenta como un velo de la mente que induce al sujeto al engaño.
Introducción filosófica a la adquisición de la conciencia del yo: el mundo de las ideas de Platón.
- El “mito de la caverna” de Platón, conciencia del yo y conciencia de realidad .
¿Es nuestro conocimiento verdadero o una mera opinión?. Es nuestra conciencia yoica una realidad intangible abstracta, inmaterial e incluso imaginaria, una mera ficción o una realidad tangible, concreta, que se puede percibir o tocar a través de los sentidos, especialmente el tacto, como los objetos físicos, los animales o los lugares.
Las "ideas" de Platón, también llamadas Mundo de las Ideas o Formas, son entidades inmateriales, eternas, perfectas e inmutables que representan la esencia de las cosas y constituyen la verdadera realidad.
El mundo físico que percibimos es solo una copia imperfecta y cambiante de estas Ideas, que sirven como modelos para las cosas sensibles.
El conocimiento verdadero (episteme) se alcanza a través de la razón para captar estas Ideas, mientras que la percepción sensorial solo ofrece una opinión (doxa) del mundo sensible.
Características de las Ideas platónicas:
-Inmateriales y Trascendentes: Existen independientemente del mundo físico y de nuestra mente.
-Eternas e Inmutables: No cambian ni desaparecen, son perfectas y no están sujetas al paso del tiempo.
-Universales: Son los modelos o arquetipos de todas las cosas que vemos.
Causa de la realidad que vivimos y experimentamos?. Causa de nuestra conciencia del ser?: Las Ideas son la fuente y el fundamento del mundo sensible, nuestro conocimiento verdadero.
Ejemplos de Ideas:
-La Idea del Bien: Es la idea suprema, que ilumina y da sentido a todas las demás Ideas y a la realidad en sí.
-Ideas éticas y de virtudes: La Justicia, la Bondad, la Belleza.
-Ideas matemáticas y lógicas: Mayor que, menor que, igual a.
Relación entre las Ideas y el mundo sensible. Dualismo ontológico: Platón distingue entre el Mundo de las Ideas (Mundo inteligible) y el mundo de las cosas (Mundo sensible).
Tomamos conciencia de la realidad de las ideas por la Imitación: las cosas sensibles son copias imperfectas de las Ideas. Por ejemplo, todas las sillas en el mundo son copias de la Idea de "silla". Por Conocimiento y reminiscencia . Conocer es recordar: "El alma, que pertenece al mundo de las Ideas, ha contemplado estas formas perfectas antes de caer en el cuerpo" .
-Fedón (R. Verneaux, Textos de los grandes filósofos. Edad antigua, Herder, Barcelona 1982, p.40-42).
- Platón: 10 claves para entender las ideas y los mitos . Filosofía&Co
Conciencia del yo” (conciencia “del ser”, de “existir”) de DESCARTES a Sartre y Camus.
El cogito de Descartes: latín, cogitare: pensar. La autorreflexión como vía para la conciencia personal.
En Discurso del método (parte IV). Finalidad de la duda cartesiana:
- Establecer verdades absolutas que sean, a la vez, claras y evidentes por sí mismas. Verdades irrefutables.
- Estas verdades servirían de base para una metafísica sólida.
- La duda metódica: dudar de cuanto hay con la intención de descubrir si existe algo de lo que no quede la menor duda.
(Descartes no es un escéptico, utiliza la duda para alcanzar la “verdad indudable”).
- Duda de los sentidos. Éstos nos engañan, dejándonos llevar por las apariencias.
¿Es real lo que vemos?.
- Duda de nuestros razonamientos, que nos llevan a error, a falsas verdades,..
- Duda del mundo que nos rodea. ¿Es real el mundo, o ilusión de nuestros sueños?.
- Duda sobre nosotros mismos ¿existimos como tales, o somos un ideal soñado?.
¡el acto mismo de dudar es una prueba de mi existencia¡
“Yo soy quién duda, quién plantea la duda; luego, existo en tanto que dudo”.
“No sólo dudo, sino que también pienso, me interrogo a mi mismo”.
Pensar consiste –según Descartes- en cualquier actividad llevada a cabo con la conciencia: dudar, entender, desear, imaginar, recordar, ¿soñar?. ...
Siempre que me descubro dudando, recordando, deseando, establezco una primera verdad absoluta: ¡ que existo.¡
“cogito, ergo sum”. Es decir: “pienso, luego soy (existo)”.
El cogito como una existencia pensante. Un sujeto que piensa.
Subjetivismo.
Así, para que exista conocimiento, se precisará de un sujeto que piense (que dude, que desee, que recuerde,..)
- El pensamiento se da sólo en un sujeto consciente de su actividad mental.
- El conocimiento de la realidad, es siempre un conocimiento consciente.
- “La ideas no existen fuera de nosotros”. (ver Platón).
El cogito como intuición (no deducción): descubrimos de manera inmediata y directa nuestra propia existencia.
“Yo soy, en tanto que pensamiento consciente”
Todo lo demás, todo aquello en lo que pienso, (los objetos de mi pensamiento) ya no son inmediatamente evidentes.
Una vez tenida la conciencia de mi existencia, ¿Cómo sabré que existe lo vivido, el mundo exterior visto, o sentido?
Cuando parece que los escépticos iban a tener razón, Descartes nos remite a la única verdad absoluta: “pienso, luego soy o existo”.
Y nos define como un Dualismo:
- Res extensa : el cuerpo y lo material, sujeto a un determinismo similar al de las máquinas –mecanicismo-
- Res cogitans : concepto del yo o conciencia, pensamiento.
[Descartes] Sustancia pensante. Sustancia espiritual, el alma o el yo, cuyo atributo esencial es el pensamiento. “Sustancia cuya esencia entera o naturaleza es la de pensar” y que “para ser no necesita de lugar alguno ni depende de ninguna cosa material”.
“yo soy una cosa que piensa”.
Donde se fragua el conocimiento, y no sujeto al mecanicismo puro.
Conciencia = alma y espíritu.
Descartes R. Meditaciones metafísicas. Alfaguara, Madrid. 1977. p. 23-24:
"Así, pues, supongo que todo lo que veo es falso; estoy persuadido de que nada de cuanto mi memoria me representa ha existido jamás; pienso que carezco de sentidos; creo que cuerpo, figura, extensión, movimiento, lugar, no son sino quimeras de mi espíritu. ¿Qué podré entonces tener por verdadero? Acaso eso solo: que nada cierto hay en el mundo. Pero. ¿Qué sé yo si no habrá otra cosa, distinta de las que acabo de reputar inciertas, y que sea absolutamente indudable?
¿No habrá un Dios, o algún otro poder, que me ponga en el espíritu estos pensamientos? Ello no es necesario: tal vez yo soy capaz de producirlos por mí mismo. Y yo mismo, al menos, ¿no soy algo? Ya he negado que yo tenga sentidos ni cuerpo. Con todo, titubeo, pues ¿qué se sigue de esto? ¿Soy tan dependiente del cuerpo y de los sentidos que, sin ellos, no puedo ser? Ya estoy persuadido de que nada hay en el mundo; ni cielo, ni tierra, ni espíritus, ni cuerpos, ¿y no estoy asimismo persuadido de que yo tampoco existo? Pues no: si estoy persuadido de algo, o meramente si pienso algo, es porque soy. Cierto que hay no se qué engañador y astutísimo, que emplea toda su industria en burlarme. Pero entonces no cabe duda de que, si me engaña, es que soy; y, engáñeme cuanto quiera, nuca podrá hacer que yo no sea nada, mientras yo estoy pensando que soy algo. De manera que, tras pensarlo bien y examinarlo todo cuidadosamente, resulta que es preciso concluir y dar como cosa cierta que esta proposición "yo soy, yo existo", es necesariamente verdadera, cuantas veces la pronuncio o concibo en mi espíritu".
E. Kant: En su “crítica de la razón pura”. Dos conciencias:
- Conciencia empírica: mundo de los fenómenos. Integra las intuiciones puras del espacio, tiempo, junto con los conceptos elaborados con el entendimiento.
Plano empírico o fenomenológico, perceptible como fenómeno a través de la conciencia empírica.
-Conciencia trascendental: soporte de toda capacidad de conocimiento.
Un Yo inteligible o nouménico, la "cosa en sí", más allá de la experiencia y del que sólo sabemos -por la razón práctica- que pertenece al mundo de la libertad y de la ética.
La cosa en sí no puede ser conocida, sino sólo pensada; es un puro inteligible; su existencia la exige la presencia de algo que sólo puede ser su apariencia, o su fenómeno
(del griego noumena, las cosas pensadas, los inteligibles, término que Platón aplica a las ideas, en Timeo 51b)
Idealismo: La realidad es mental, se explica mejor como idea, o que el ser es idea
(opuesto al materialismo, realismo y formas de empirismo).
- Un idealismo empírico, que pone en duda (Descartes) o niega (Berkeley) la existencia de cosas exteriores (ver texto )
- Un idealismo trascendental: las condiciones trascendentales de la estructura del conocer humano (ej: el espacio y tiempo como condiciones necesarias para la experiencia).
- La primera postura, que defiende que sólo la afirmación empírica «Yo existo» es indudable, constituye el idealismo problemático de Descartes. La segunda postura es el idealismo dogmático de Berkeley. Este idealismo afirma que el espacio, con todas las cosas a las que va ligado y a las que sirve de condición inseparable, es algo imposible en sí mismo y que, consiguientemente, las cosas del espacio constituyen meras fantasías.
“El idealismo subjetivo” de Fichte. Conciencia como sinónimo de “yo”.
- Toda entidad exterior (alteridad,) se opone al yo.
- Un yo, primario u originario, dialécticamente opuesto a su contrario, el "no yo".
- Todo objeto es objeto en la medida que se opone a un sujeto yo trascendental y autoconciencia y está puesto por este yo.
(supera la tesis kantiana de la existencia de coas en-sí o nóumenos independientes del yo)
Oposición entre el Yo y no-yo es sustituida por el ser y el saber.
- Para Kant, el yo empírico precisa de lo externo para ser conocido.
- Para Hegel, el yo, sin un tú, sería la mera expresión abstracta de la identidad inmediata consigo mismo (ver cita).
"...una autoconciencia sólo alcanza su satisfacción en otra autoconciencia. [...] El yo es el nosotros y el nosotros el yo. [...] La autoconciencia es en y para sí en cuanto que y porque es en sí y para sí para otra autoconciencia; es decir, sólo lo es en cuanto se la reconoce.
Hegel, Fenomenología del espíritu, FCE, México 1973, p.113
- Para Marx , la individualidad a partir de la relación con los otros, y critica las ficciones romántico-idealistas de un yo puro, o de un sujeto aislado.
- Para Husserl , un yo fundamentalmente a partir de la intencionalidad y de la orientación hacia objetos.
Para Husserl, el yo (la subjetividad) se constituye fundamentalmente a través de la intencionalidad, característica esencial de la conciencia de dirigirse o tender hacia los objetos. No se trata de la conciencia de un yo aislado, sino un yo siempre dado en su orientación hacia algo, que puede ser un objeto real o uno intencional (un objeto mentalizado o imaginado).
- Para Heidegger la existencia humana se caracteriza como un estar en el mundo.
- Para Ortega el yo es "el yo y su circunstancia".
"El mundo exterior no existe sin mi pensarlo, pero el mundo exterior no es mi pensamiento, yo no soy teatro ni mundo -soy frente a este teatro, soy con el mundo-, somos el mundo y yo. Y generalizando, diremos: el mundo no es una realidad subsistente en sí con independencia de mí - sino que es lo que es para mí o ante mí y, por lo pronto, nada más. Hasta aquí marchamos con el idealismo....
"Estamos este teatro y yo frente a frente el uno del otro, sin intermediario: él es porque yo lo veo y es, indubitablemente, al menos lo que de él veo, tal y como lo veo, agota su ser en su aparecerme. Pero no está en mí ni se confunde conmigo: nuestras relaciones son pulcras e inequívocas. Yo soy quien ahora lo veo, él es lo que ahora yo veo -sin él y otras cosas como él, mi ver no existiría, es decir, no existiría yo. Sin objetos no hay sujeto. El error del idealismo fue convertirse en subjetivismo, en subrayar la dependencia en que las cosas están de que yo las piense, de mi subjetividad, pero no advertir que mi subjetividad depende también de que existan objetos. El error fue el hacer que el yo se tragase el mundo, en vez de dejarlos a ambos inseparables, inmediatos y juntos, mas por lo mismo, distintos. Tan ridículo quid pro quo fuera decir que yo soy azul porque veo objetos azules, como decir que el objeto azul es un estado mío, parte de mi yo, porque sea visto por mí. Yo soy siempre conmigo, no soy sino lo que pienso que soy, no puedo salir de mí mismo -pero para encontrar un mundo distinto de mí no necesito salir de mí, sino que está siempre junto a mí y que mi ser es un ser como el mundo. Soy intimidad, puesto que en mí no entra ningún ser trascendente, pero a la vez soy lugar donde aparece desnudo el mundo, lo que no soy yo, lo exótico de mí. El mundo exterior, el Cosmos, me es inmediato y, en este sentido, me es íntimo, pero él no soy yo y en este sentido me es ajeno, extraño.
Necesitamos, pues, corregir el punto de partida de la filosofía. El dato radical del Universo no es simplemente: el pensamiento existe o yo pensante existo -sino que si existe el pensamiento existen, ipso facto, yo que pienso y el mundo en que pienso- y existe el uno con el otro, sin posible separación. Pero ni yo soy un ser substancial ni el mundo tampoco -sino que ambos somos en activa correlación: yo soy el que ve el mundo y el mundo es lo visto por mí. Yo soy para el mundo y el mundo es para mí. Si no hay cosas que ver, pensar e imaginar, yo no vería, pensaría o imaginaria - es decir, yo no sería.
-¿Qué es filosofía?, en «Obras completas», vol. VII, Revista de Occidente, Madrid 1966-69, p.401-404.
Tanto Heidegger como Sartre ponen de relieve que sólo a partir de su existencia comprende el hombre su esencia. A la existencia del hombre, a su manera de estar en el mundo, que no es el mero «estar ante los ojos» de una cosa, llama Heidegger Da-Sein, «ser ahí»
La «esencia» del «ser ahí» está en su existencia.
M. Heidegger, El ser y el tiempo, FCE, México 1974, 5ª ed., p. 54.
Sartre llama a la realidad humana - que define como mero existir - subjetividad (ver texto )
“El ser y la nada”: ansiedad y existencialismo en J. P. Sastre.
El existencialismo ateo que yo represento es más coherente. Declara que si Dios no existe, hay por lo menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto, y que este ser es el hombre, o como dice Heidegger, la realidad humana.
¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia?
Significa que el hombre comienza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y que después se define. [...] El hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo. Es también lo que se llama subjetividad. [...] Porque queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza a un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia el porvenir.
El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será ante todo lo que habrá proyectado ser.
-El existencialismo es un humanismo, Huáscar, Buenos Aires 1972,p.15 -16.
- Para Sartre sitúa la relación, expresada por la mirada, entre el yo y el no-yo («un yo que no soy yo») en el centro de su filosofía (ver texto).
La experiencia de mi condición de hombre, objeto para todos los otros hombres vivientes, arrojado en la arena bajo millones de miradas y escapándome a mí mismo millones de veces, la realizo concretamente con ocasión del surgimiento de un objeto en mi universo, si este objeto me indica que soy probablemente objeto actualmente a título de esto diferenciado para una conciencia. Es el conjunto del fenómeno que llamamos mirada. Cada mirada nos hace experimentar concretamente --y en la certeza indubitable del cogito-- que existimos para todos los hombres vivientes, es decir, que hay conciencia(s) para la(s) cual(es) existo.
[...]
Así, la mirada nos ha puesto tras la huella de nuestro ser-para-otro y nos ha revelado la existencia indubitable de este otro para el cual somos. Pero no podría llevarnos más lejos: lo que debemos examinar ahora es la relación fundamental entre el Yo y el Otro, tal como se nos ha descubierto; o, si se prefiere, debemos explicitar y fijar temáticamente ahora todo lo que se comprende en los límites de esa relación original, y preguntarnos cuál es el ser de ese ser-para-otro.
[...]
Si hay un Otro en general, es menester, ante todo, que yo sea aquel que no es el Otro, y en esta negación misma operada por mí sobre mí yo me hago ser y surge el Otro como Otro. Esta negación que constituye mi ser y que, como dice Hegel, me hace aparecer como el Mismo frente al Otro, me constituye en el terreno de la ipseidad no-tética en Mi-mismo.
-El ser y la nada, Losada, Buenos Aires 1976, 4ª. ed., traducción de Juan Valmar, p. 360-363.
La realidad es mental pero:
Husserl. (“Fenomenología del espíritu” de Hegel).
Niega la existencia de una conciencia en sí, independiente de sus propios contenidos, o carácter meramente intencional.
“toda conciencia debe referirse obligatoriamente a un objeto”
Cualquier contenido mental consciente, es contenido mental de algo: pienso algo, deseo algo, siento algo,..”
- Análisis de la conciencie desde una perspectiva intencional.
- No se puede ir más allá de mis fenómenos, de mi contenido,...
- Existe una correlación universal y a priori entre los objetos y sus formas de percepción en el sujeto, que llama «Intencionalidad». El «Epojé» y la «Reducción fenomenológica», permiten conocer desde la subjetividad la correlación sujeto-objeto.
" La intencionalidad es lo que caracteriza la conciencia en su pleno sentido [...] Entendemos por intencionalidad la peculiaridad de las vivencias de «ser conciencia de algo». Ante todo nos salió al encuentro esta maravillosa peculiaridad, a la que retrotraen todos los enigmas de la teoría de la razón y de la metafísica, en el cogito explícito: una percepción es percepción de algo, digamos de una cosa; un juzgar es un juzgar de una relación objetiva; una valoración, de una relación de valor; un deseo, de un objeto deseado, etc. El obrar se refiere a la obra, el hacer a lo hecho, el amar a lo amado, el regocijarse a lo regocijante, etc. En todo cogito actual, una «mirada» que irradia del yo puro se dirige al «objeto» que es el respectivo correlato de la conciencia, a la cosa, la relación objetiva, etc., y lleva a cabo una muy diversa conciencia de él..."
-Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. (FCE, 1949, p. 198-199).
El existencialismo: Sastre.
Sastre subraya existencialmente el carácter intencional de la conciencia.
- La conciencia no está cerrada sobre sí misma, sino que se encuentra abierta al mundo.
- El mundo no existe sin la conciencia
- El mundo entendido como un sistema de fenómenos, no sería nada sin alguien que lo percibiera y fuera consciente de él.
" Toda conciencia, como lo ha demostrado Husserl, es conciencia de algo. Esto significa que no hay conciencia que no sea posición de un objeto trascendente, o, si se prefiere, que la conciencia no tiene «contenido». Es preciso renunciar a esos «datos» neutros que [...] podrían constituirse en «mundo» o en «lo psíquico». Una mesa no está en la conciencia, ni aún a título de representación. Una mesa está en el espacio, junto a la ventana, etc. La existencia de la mesa, en efecto, es un centro de opacidad para la conciencia; [...]. El primer paso de una filosofía ha de ser, pues, expulsar las cosas de la conciencia y restablecer la verdadera relación entre ésta y el mundo, a saber, la conciencia como conciencia posicional del mundo. Toda conciencia es posicional en cuanto que se trasciende para alcanzar un objeto, y se agota en esa posición misma: todo cuanto hay de intención en mi conciencia actual está dirigido hacia el exterior [...]. No toda conciencia es conocimiento (hay conciencias afectivas, por ejemplo), pero toda conciencia cognoscente no puede ser conocimiento sino de su objeto." J.-P. Sartre, El ser y la nada, Alianza, Madrid 1989, p. 21.
Dos formas de existir según Sastre.
El Ser-en-sí, o mundo de los objetos y fenómenos hacia los que se dirige (intencionalidad) la conciencia. .
Las cosas son "en sí", idénticas a sí mismas (cada una es "lo que es"). Lo "en sí" es absolutamente contingente y gratuito
El Ser-para-sí, o conciencia propiamente dicha. La conciencia, que es "para sí", es "una nada de ser y, al mismo tiempo, un poder anonadador, la nada"; es "el ser para el cual en su ser está en cuestión su ser"; es "carencia de ser",
Sartre tomó de la Fenomenología su principio básico, la intencionalidad de la conciencia ("la conciencia es siempre conciencia de algo"); pero criticó el idealismo y el subjetivismo de Husserl.
Según Sartre el "yo" no es la conciencia trascendental, sino el conjunto unitario de la intencionalidad de la conciencia que está "fuera, en el mundo", porque "es un ente del mundo, igual que el ‘yo’ de otro".
"Las cosas no están en la conciencia, como imagen o como representación, las cosas están en el mundo".
"La conciencia es conciencia posicional del mundo", es apertura al mundo, no es el mundo. Mediante este giro, Sartre reintrodujo a la conciencia en el mundo de la existencia, permitiendo que los sufrimientos y las angustias de los hombres reales recuperaran todo su peso.
A su vez, Sartre afirmaba que hay mundo porque hay hombre.
En sí mismo el mundo carece de sentido.
¡¡ Cuando el hombre descubre lo absurdo de lo real, su esencial contingencia y gratuidad, lo invade el sentimiento de la náusea.¡¡
En su novela La náusea, el personaje Antoine Roquentin dice:
«Lo esencial es la contingencia. Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es ‘estar ahí’, simplemente; los seres aparecen, se dejan encontrar, pero jamás se les puede deducir […] No hay ningún ser necesario que pueda explicar la existencia: la contingencia no es una imagen falsa, una apariencia que pueda desvanecerse; es lo absoluto y, por consiguiente, la perfecta gratuidad. […] Todo es gratuito, este parque, esta ciudad, yo mismo. Y cuando uno cae en la cuenta de ello, el estómago da vueltas y todo se pone a flotar. He aquí la náusea.» La náusea. J.P. Sartre. Alianza Editorial. 1981.
La experiencia nos muestra que la conciencia, que es conciencia del mundo, es al mismo tiempo distinta del mundo.
La ontología sartreana distingue dos tipos de ser: en sí y para sí. (ver )
- La conciencia, que está en el mundo, siendo esencialmente diferente de él, no se halla vinculada al mundo y por lo tanto es absolutamente libre.
- Las cosas son lo que son; la conciencia, por el contrario, no es nada, está vacía de ser, es posibilidad, es libertad.
- El hombre está obligado a hacerse, no tiene alternativa, está "condenado a ser libre".
- El ser del hombre es su "hacerse" a sí mismo.
- Por ello nadie llega a ser nada que no haya elegido ser. No valen las excusas, recurrir a ellas es de mala fe, es presentar lo querido como inevitable, es pretender acomodarse al modo de ser propio de las cosas y no al de las conciencias.
- Siempre queda una opción, aunque no sea más que el suicidio.
A. Camus: Ensayos sobre el absurdo.
“el único hecho filosóficamente serio es el suicidio”. El mito de Sísifo.
" Levantarse, tomar el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la comida, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Sólo que un día se alza el «por qué» y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro. «Comienza»: esto es importante. La lasitud está al final de los actos de una vida maquinal, pero inicia al mismo tiempo el movimiento de la conciencia. La despierta y provoca la continuación. La continuación es la vuelta inconsciente a la cadena o el despertar definitivo. Al final del despertar viene, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento. [...]
También la inteligencia me dice, por lo tanto, a su manera, que este mundo es absurdo. Es inútil que su contraria, la razón ciega, pretenda que todo está claro; yo esperaba pruebas y deseaba que tuviese razón. Mas a pesar de tantos siglos presuntuosos y por encima de tantos hombres elocuentes y persuasivos, sé que esto es falso. En este plano, por lo menos, no hay dicha si no puedo saber. Esta razón universal, práctica o moral, este determinismo, estas categorías que explican todo son como para hacer reír al hombre honrado. Nada tienen que ver con el espíritu. Niegan su verdad profunda: que está encadenado. En este universo indescifrable y limitado adquiere en adelante un sentido el destino del hombre. Una multitud de elementos irracionales se ha alzado y lo rodea hasta su fin último. En su clarividencia recobrada y ahora concertada se aclara y se precisa la sensación de lo absurdo. Yo decía que el mundo es absurdo y corría demasiado. Todo lo que se puede decir es que este mundo, en sí mismo, no es razonable. Pero lo que resulta absurdo es la confrontación de ese irracional y ese deseo desenfrenado de claridad cuyo llamamiento resuena en lo más profundo del mundo.
-El mito de Sísifo, Losada, Buenos Aires 1973, p. 22-31.
- El hombre se da a sí mismo su proyecto y puede cambiarlo cuando quiera. Ahora bien, siendo las cosas gratuitas y absurdas, no puede elegir en base a una escala de valores "natural", dada.
- El mundo carece de sentido y de valor. El hombre es "el ser por el cual existen todos los valores", él es su fundamento.
- La elección no sólo es inevitable sino también absurda.
- «El hombre es una pasión inútil.» La experiencia metafísica del absurdo del mundo es la náusea; la experiencia metafísica de esta libertad para nada, de esta libertad inevitable y absurda, es la angustia.
Sartre realiza una descripción descarnada de las relaciones humanas, mostrando su carácter complejo, conflictivo y ambivalente.
"La mirada" es la experiencia en la que el otro se hace presente. Ella establece una relación entre un sujeto que mira a un objeto que es mirado. Respecto de las cosas, esta relación es siempre unidireccional y no reversible, pero cuando el que es observado es otro sujeto, otro ser humano, la situación se torna más compleja.
El ser y la nada, Losada, Buenos Aires 1976, 4ª. ed., trad. de Juan Valmar, p. 360-363.
" Podemos captar ahora la naturaleza de la mirada: hay en toda mirada la aparición de un otro-objeto como presencia concreta y probable en mi campo perceptivo, y, con ocasión de ciertas actitudes de ese otro, me determino a mí mismo a captar, por la vergüenza, la angustia, etcétera, mi «ser-mirado». Este «ser-mirado» se presenta como la pura probabilidad de que yo sea actualmente este esto concreto, probabilidad que no puede tomar su sentido y su naturaleza propia de probable sino de una certeza fundamental de que el otro me es siempre presente en tanto que yo soy siempre para otro. La experiencia de mi condición de hombre, objeto para todos los otros hombres vivientes, arrojado en la arena bajo millones de miradas y escapándome a mí mismo millones de veces, la realizo concretamente con ocasión del surgimiento de un objeto en mi universo, si este objeto me indica que soy probablemente objeto actualmente a título de esto diferenciado para una conciencia. Es el conjunto del fenómeno que llamamos mirada. Cada mirada nos hace experimentar concretamente --y en la certeza indubitable del cogito-- que existimos para todos los hombres vivientes, es decir, que hay conciencia(s) para la(s) cual(es) existo.
[...]
Así, la mirada nos ha puesto tras la huella de nuestro ser-para-otro y nos ha revelado la existencia indubitable de este otro para el cual somos. Pero no podría llevarnos más lejos: lo que debemos examinar ahora es la relación fundamental entre el Yo y el Otro, tal como se nos ha descubierto; o, si se prefiere, debemos explicitar y fijar temáticamente ahora todo lo que se comprende en los límites de esa relación original, y preguntarnos cuál es el ser de ese ser-para-otro.
- Aquél que es mirado como objeto es, a su vez, un sujeto.
- Quien mira degrada al otro a mero objeto, lo ve como algo más entre todo lo que constituye su mundo, le asigna un lugar en su proyecto.
- El sujeto, al sentirse observado, se siente mero objeto, se siente "degradado, dependiente y fijo", y ello le provoca vergüenza. No sólo es un ser "para sí", es también un ser "para otro" que lo convierte en un ser "en sí".
- En su relación con el otro, el hombre busca siempre imponer su voluntad, su proyecto. Por ello las relaciones siempre son conflictivas, tanto las de amor como las de odio.
- Amar es intentar dominar la voluntad del otro.
- Odiar es reconocer la libertad del otro como opuesta a la propia y tratar de anularla.
- El amor conduce al fracaso, porque sólo se logra la posesión del otro siendo uno a su vez poseído por él.
- El odio también conduce al fracaso, porque su expresión extrema, el homicidio, degrada al homicida a asesino.
- No podemos vivir sin relaciones humanas y no podemos evitar que éstas sean conflictivas y ambivalentes.
Desde esta perspectiva no debe extrañarnos que Sartre termine una de sus obras literarias afirmando que «El infierno son los otros».
-«L´enfer c´est les autres» Huis clos (Puerta cerrada), 1944
Sólo una reflexión sobre la conciencia del existir: ¿la conciencia de existir, de ser consciente de un yo que es consciente de sí, es más simple que la conciencia del “yo” como identidad?.
¿la conciencia de existir es necesaria para adquirir una conciencia de identidad yoica?.
ver también los trabajos:
El “mito de la caverna” de Platón, conciencia del yo y conciencia de realidad . .
a) Fenomenología de la Conciencia del yo. K. Jaspers
b) Psicopatología del yo. Repaso textos de R. Ogara, A, Sánchez y J.L. Día.
c) Conciencia de Sí. Estudio de la obra de R. D. Laing. "el yo y los otros".
¿Importancia del discurso filosófico sobre la conciencia del yo para el psicopatólogo?.
Cómo nuestra conciencia del yo es congruente con nuestros estados neuróticos, psicóticos y perversos.
Ejemplos clínicos: la conciencia del yo en la melancolía y en la manía.
- Pensemos en una persona que padece de melancolía. En un paciente que sufre de ideas de ruina, culpa e hipocondría, que incluso padece el nihilismo descrito por Cotard; éste piensa que ya no existe. sic "he muerto", nos refiere atormentado, ante la conciencia de su "no existir"; pero su "identidad yoica", su conciencia del yo, en este caso, un "yo nihilista", un "yo melancólico" que reivindica su "no existencia", está más consciente en él que nunca, hasta el extremo de una hiperrealidad, una hiperconciencia del yo,...
- Pensemos ahora en un paciente que sufre una "fase de manía", (con su euforia, ideas de grandeza, hiperactividad, prodigalidad, etc..) Su euforia está en relación con su yo hipertrófico y expandido, que vive con una identidad yoica que se extiende, se expande al entorno, que todo lo contagia y aprehende: una expansión yoica.
Los límites del yo -en el maniaco- se confunden con su entorno, pues todo lo abarca, y de todo es consciente, con esa hiperclaridad típica del maniaco...
¿Cómo será la conciencia del yo en mi estado maniaco? ¿será un yo inmortal, o será un yo mortal?.
Ejemplos clínicos:
-la conciencia del yo en el "Yo neurótico". Hiperconciencia atormentada, basada en la duda, inseguridad, temor, ansiedad y miedo a ser uno mismo. Autoconciencia vergonzante, culpabilizadora, autorreflexiva.
- La conciencia del yo en el "el yo perverso". Intacta: la acción inmoral o la transgresión se llevan a cabo, pero hay una parte del yo, una suerte de "mala conciencia" o conciencia de sí mismo separada, que permanece ajena a la culpa o a la reflexión profunda, manteniendo una división interna entre el acto y la reflexión crítica sobre él. Autoconciencia narcisista, egocéntrica, con su propia ley moral.
- La conciencia del yo en el "El yo psicótico". Profundamente alterada por los fenómenos psicóticos que padece: delirios de identidad, de control y fenómenos alucinatorios, que afectan radicalmente a su conciencia yoica.
Anexo: Reflexión literaria sobre la identidad.
La novela La identidad de Milan Kundera propone que la conciencia del yo —tan analizada aquí desde Descartes hasta Sartre— no es únicamente una actividad interna del pensar (yo pienso, luego existo) ni únicamente una proyección hacia el mundo, sino también una trama relacional: lo que “soy” está en parte determinado por cómo me ve el otro, por cómo me reconozco en el otro, y por cómo reacciono ante la mirada del otro. En ese sentido, la identidad se revela como algo vulnerable, cambiante, y en última instancia dinámico.
En el relato, Chantal deja de sentirse mirada, y de pronto se enfrenta a que su yo ya no es el que creía; Jean-Marc, al ver que su amada le es ajena por un instante, descubre que su yo también depende de esa relación. Así, la novela ilustra cómo la identidad puede perderse, transformarse, recuperarse —y sugiere que gran parte de nuestra “conciencia del yo” se sostiene en ese entre-lugar del yo y el otro.
En este sentido, y en continuidad con la genealogía filosófica aquí expuesta (Descartes, Kant, Husserl, Heidegger, Sartre), La identidad nos recuerda que el yo, además de pensar y existir, es reconocido, alterado y devuelto por el otro. Una invitación, pues, a no pensar el yo como algo hermético, sino como una trama que se teje entre la interioridad y la mirada-alteridad exterior.
ver temario completo en:
Fenomenología la “Conciencia del Yo”.
¡ esto no está en el DSM - 5 ¡.
Forma de contactar con el organizador:
Dr. J. L. Día Sahún. (Chusé)