Jesús M. Landart
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Las galerías porticadas son una espléndida solución arquitectónica para el lado sur de un sinnúmero de templos románicos peninsulares. Como su nombre indica, consta de una galería bajo tejado , adosada al flanco sur del edificio, con una portada normalmente frente a la portada de entrada al templo, y dos arquerías dispares en el caso más general a derecha e izquierda de dicha portada. En algunos casos la galería se extiende en escuadra hasta el lado oeste, como ocurría originalmente con la iglesia de San Miguel Arcángel de Andáluz, en la provincia de Soria.
Se cree que el uso habitual de estas galerías era civil: reuniones bajo el cobijo de la iglesia, a salvo de los fríos vientos del norte pero en el exterior de la misma para tratar asuntos de índole social, celebraciones de concejos o incluso de actos comerciales.
El interés de las galerías porticadas es doble: añadido al hecho arquitectónico está el hecho de que los arcos de ambos lados de la entrada portan capiteles historiados del máximo interés iconográfico. Hay quien ha definido a las galerías porticadas como verdaderos claustros de una única crujía. La mayor diferencia con los claustros verdaderos es la evidente: se trata de lugares exteriores al templo, y por lo tanto sin una especial vinculación con lo sagrado, más allá de ser un anexo del templo y estar bajo su amparo.
La fotografía de la derecha pertenece a la maravillosa iglesia de Rebolledo de la Torre, en la provincia de Burgos. Este templo mantiene en perfecto estado una iconografía espléndida, atribuída a Juan de Piasca. Las dos fotos siguientes son una muestra de la riqueza de los capiteles de esta galería burgalesa y la vista desde el interior de la galería de la ventana del muro oeste:
La siguiente fotografía pertenece al templo de San Miguel de San Esteban de Gormaz, que se disputa con la de San Salvador de Sepúlveda el honor de ser la más antigua galería porticada de la península.