Texto original de Antonio Dieguez Lucena
INTRODUCCIÓN
Ideas como estas dos de Vattimo: el adiós a la verdad es la base misma de la democracia”, o “La diferencia entre verdadero y falso es siempre una diferencia entre interpretaciones” son ideas falsas, y el realismo es la teoría filosófica que explica porqué son falsas. Es importante diferenciar exactamente el realismo crítico del ingenuo, cosa que intentaremos hacen en lo que sigue:
1. EL DESPEGUE DEL REALISMO CRÍTICO.
La idea ingenua del realismo consiste básicamente en la siguiente afirmación: nuestra mente es un receptor pasivo de la información que le llega del exterior (un “espejo de la naturaleza”) y que nuestras teorías (científicas) nos permiten acceder al punto de vista de Dios: una supuesta perspectiva única que refleja sin distorsiones ni pérdidas significativas la realidad tal cual es en sí misma.
Frente a esta idea, el realismo crítico no tiene ningún porblema en admitir:
1. El papel activo del sujeto en el proceso de conocimiento
El carácter culturalmente construido de nuestros lenguajes y de nuestros esquemas conceptuales, sin los cuales es imposible dicho conocimiento.
El mundo es susceptible de ser categorizado y conceptualizado legítimamente de muy diversas maneras y que no existe la conceptualización perfecta.
Lo que ocurre es que estas admisiones no impiden al realista crítico aceptar la posibilidad de un conocimiento genuino de la realidad. Según una interesante encuesta publicada en la revista Philosophical Studies (Bourget y Chalmers 2014), el realismo científico, una variante del realismo crítico, es la posición mayoritaria entre los filósofos actuales de orientación analítica que trabajan en universidades de dicho ámbito filosófico. Algo más del 75% se declara en su favor, siendo ésta la respuesta que más votos consigue en toda la encuesta, mientras que sólo el 11.6% se declara en favor del antirrealismo, que es una de las posiciones filosóficas que menos respaldo recibe.
La división entre la filosofía analítica y la filosofía continental (si aceptamos estos términos controvertidos) marcó una diferencia muy clara en la disponibilidad para la aceptación de las tesis realistas. La filosofía continental quedó en manos de corrientes abiertamente antirrealistas, cuando no neo-idealistas, como la fenomenología (en su orientación más influyente), el existencialismo, la filosofía neo-nietzscheana, las corrientes heideggerianas, el estructuralismo y postestructuralismo, el deconstruccionismo, la hermenéutica y el posmodernismo en general; y estas son justamente las corrientes contra las que se está levantado en la actualidad la decidida recuperación de las ideas realistas dentro de esta tradición continental por parte del realismo especulativo.
2. ALGUNAS CAUSAS DEL ANTIRREALISMO CONTEMPORÁNEO
Los físicos tienen buenas razones para no ser realistas (aunque muchos lo sean), ya que una de sus teorías, la mejor confirmada de toda la historia, la teoría cuántica, es difícilmente compatible con el realismo, al menos en la interpretación tradicionalmente más aceptada, conocida como ‘interpretación de Copenhague’. Hay interpretaciones realistas de la teoría cuántica, pero son minoritarias (aunque el número de sus partidarios parece estar creciendo en los últimos años) y el coste a pagar por ellas es la aceptación de acciones instantáneas a distancia entre dos partículas que han interactuado en el pasado, o universos que se bifurcan tras un acto de medición, y otras rarezas ontológicas que resultan sumamente disuasorias. Sin embargo fuera de la física, en disciplinas científicas como la química o la biología, las posiciones antirrealistas no están ni mucho menos extendidas, ni cuentan en su favor con interpretaciones decididamente antirrealistas y ampliamente acepadas de teorías bien asentadas. Ni siquiera en la física las posturas antirrealistas cubren todo el espectro, sino solo algunos aspectos.
Las razones de los filósofos para no aceptar el realismo son más brumosas y mucho más variadas. Básicametne dos:
La tesis de Nietzsche sobre los límites de nuestro lenguaje y el carácter insoslayablemente interpretativo de nuestras diversas perspectivas sobre el mundo;
La crítica de Heidegger a la dicotomía sujeto/objeto y su insistencia en que desvelamos la realidad y nos relacionamos con ella de modos que están siempre históricamente condicionados.
Ambas ideas han llevado a un importante sector de la comunidad filosófica que no tiene el inglés como lengua habitual de trabajo a considerar como anatema la vieja concepción del conocimiento como una representación verdadera de una realidad objetiva, y han fomentado la creencia de que, por decirlo con el título de un libro de Gianni Vattimo, es hora de ir diciendo “adiós a la verdad” (Vattimo 2010). Detrás de estas posiciones subyace de una forma clara y efectiva lo que el filósofo australiano David C. Stove nominó, previo concurso público, como “el peor argumento del mundo” . La historia es más o menos así:
En 1985 el filósofo australiano David Stove, profesor en la Universidad de Sidney y bien conocido ya por su tendencia a despertar polémicas, convocó un concurso filosófico que merece más atención de la que ha recibido. El concurso consistió en elegir “el peor argumento del mundo” y lo que puntuaba para obtener el premio (300 dólares australianos) eran tres criterios:
1. la atrocidad intrínseca del argumento,
2. su grado de aceptación entre los filósofos y
3. el grado en el que había escapado de las críticas.
Se presentaron diez argumentos como candidatos al premio (Stove 1995, pp. 66-67), pero el que ganó –lo que no es muy sorprendente– fue el que el propio Stove tenía ya en mente al convocar el concurso, al que designó en algunos trabajos posteriores como ‘la Joya’ (the Gem). El argumento es el siguiente:
Sólo podemos conocer las cosas:
- cuando mantienen una relación con nosotros
- bajo nuestras formas de percepción y comprensión
- en tanto que caen bajo nuestros esquemas conceptuales etc.
Por lo tanto no podemos conocer las cosas como son en sí mismas.
Este argumento es falaz, porque para establecer válidamente la conclusión habría que añadir como premisa adicional que el hecho de que conozcamos las cosas bajo esas condiciones necesarias que las diferentes versiones del mismo postulan (a través de nuestros esquemas conceptuales, de nuestros lenguajes, de nuestras capacidades cognitivas, bajo nuestras formas de percepción y comprensión, etc.) impide conocer cómo son las cosas con independencia de nuestra mente. Y nadei ha probado jamás tal cosa. Para los realistas, en cambio, los lenguajes, los esquemas conceptuales, los sentidos, son las herramientas imprescindibles para conocer la realidad, no necesariamente elementos distorsionadores.
Stove menciona a filósofos como Berkeley, Kant, Schopenhauer, William Hamilton, Poincaré, Bradley, McTaggart como usuarios de "La Joya". Si bien con Berkeley parece claro, con Kant no lo está tanto. Desde luego, difiende la incognoscibilidad de la cosa en sí, pero por vericuetos diferentes. También se ha achacado su uso a postmodernos. La postura de Nietzsche al respecto es muy importante por sus consecuencias en la Historia del pensamiento humano. parte de la tesis de que no cabe afirmar que nuestras palabras obedezcan o estén causadas por algo externo a la mente humana. A esto se añade que nuestro lenguaje está constituido por un conjunto de metáforas solidificadas plagadas de oposiciones y conceptualizaciones antropomórficas. Se trata de un lenguaje que ha surgido sobre la experiencia evolutiva humana para servir expresamente a nuestros intereses. Esto ha hecho que arraiguen en nosotros de forma inextirpable ciertas ilusiones que han sido útiles para nuestra supervivencia (existencia de objetos permanentes, identidad, causalidad, etc.). Además nuestros sentidos son sesgados, no recogen la totalidad del espectro de lo real. Pero nada excluye en principio que en otras ocasiones estas informaciones puedan ser aproximadamente verdaderas, especialmente cuando concuerdan las informaciones recibidas por diferentes sentidos. A diferencia de lo que Nietzsche pensaba, una perspectiva puede ser parcial, unilateral, subjetiva y aun así puede proporcionar un conocimiento suficientemente verdadero. El perspectivismo, como después argumentaremos, es compatible con el realismo.
3. EL REALISMO Y EL REALISMO CIENTÍFICO
Definamos qué es el realismo y cuáles son sus tesis basales: El realimso es la tesis filosófica que defiende fundamentalmente las siguientes ideas:
(1) Realismo ontológico: Existe una realidad (un mundo, aunque no sea en la tesis omniabarcante de Markus Gabriel ) que, al menos en algunas de sus características, es independiente de cualquier acto de conocimiento. En particular, su mera existencia no depende de la existencia de sujetos cognoscentes.
(2) Realismo epistemológico: La realidad es cognoscible de forma adecuada, aunque perfectible. Tal conocimiento lo es de dicha realidad, y no –o no exclusivamente– de algo que el sujeto cognoscente ponga en él. Así pues, podemos alcanzar ciertas verdades sobre el mundo.
(3) Realismo semántico: Nuestros enunciados sobre el mundo serán verdaderos o falsos en función de su correspondencia o falta de correspondencia con la realidad independiente.
El realismo científico es algo más delimitado que el realismo a secas, pues añade las siguientes cláusulas:
(a) Las entidades teóricas postuladas por las teorías científicas bien establecidas existen (aunque pueda haber excepciones). Los términos teóricos típicamente tienen referencia.
(b) Las teorías científicas nos proporcionan un conocimiento de la realidad, no son meros instrumentos para salvar los fenómenos.
(c) El enorme éxito predictivo de nuestras teorías científicas ha de deberse a que éstas contienen muchas afirmaciones verdaderas acerca de la realidad. Planteado en pasiva: El sorprendente éxito predictivo de la ciencia –que resulta especialmente manifiesto en la predicción de hechos desconocidos o en la precisión extrema de ciertas predicciones cumplidas– sería un milagro si las teorías implicadas no fueran al menos aproximadamente verdaderas.
(d) Estas afirmaciones verdaderas no se restringen sólo al ámbito de lo directamente observable, sino que en principio pueden ser también enunciados que contienen términos teóricos referidos a entidades no observables.
(e) Las teorías científicas actuales son mejores que las del pasado no sólo porque resuelven más y mejores problemas, sino porque son más verdaderas.
Diferencia entre realismo científico y empirismo constructivo de van Fraasen (ver aquí)
Las teorías científicas no se someten a prueba buscando su implementación tecnológica (aunque esto importa), ni comprobando su simplicidad o coherencia (aunque esto importa), ni preguntando si alguna comunidad cultural, incluyendo a las científicas, está dispuesta a aceptarlas. Se someten a prueba viendo si se adecúan a la evidencia empírica, es decir, viendo si son empíricamente confirmadas. En esto el realista coincide con el empirista constructivo a lo van Fraassen. La diferencia entre ambos está en que el realista cree que la adecuación empírica no corrobora únicamente los enunciados acerca de las entidades y propiedades observables, sino que su apoyo ha de extenderse también a lo que se dice sobre las entidades y propiedades no observables.
No dejar fuera las no observables obedece a una doble razón:
Es discutible que quepa hacer una distinción precisa entre lo observable y lo no observable, y,
Se establecería una separación entre unas entidades/propiedades y otras poco justificable sobre argumentos que no tuvieran una fuerte carga antropológica
El realismo científico viene dado por grados, no es monolítico. Se puede ser Realista mínimo, un realista de sentido común DE COMPROMISO MÍNIMO, y afirmar que lo único que podemos sostener con ciertas garantías es que hay entidades independientes de nuestra mente y que la ciencia logra dar con algunas, pero al mismo tiempo mantenerse cuidadosamente a distancia del espinoso asunto de la verdad en la ciencia (o en la vida, o donde sea). A estos realistas mínimos se les suele designar como realistas sobre entidades. En mi opinión, sin embargo, ningún realismo que merezca el nombre puede dejar de asumir algún compromiso, por mínimo que sea, con el asunto de la verdad; y obviamente hay teorías de la verdad que no podrían ser consideradas como realistas por mucho que se intentara, como es el caso de las teorías coherentistas, de las teorías deflacionarias, de las teorías pragmatistas, y, en general, de las teorías que pretenden caracterizar la verdad en función de ciertas condiciones epistémicas en lugar de en función de la relación que nuestros enunciados guardan con la realidad. La verdad en sentido realista no puede ser una noción epistémica ni meramente pragmática.
4. VERDAD ES SIEMPRE VERDAD EN UN LENGUAJE
Olvidémonos de verdades absolutas. Lo opuesto a las verdades absolutas, si es que queremos hacer una epistemología útil para dar cuenta de la práctica científica, no son las interpretaciones, como sugiere Vattimo en Adiós a la verdad, sino las verdades aproximadas, contextuales, relativas a un lenguaje, pero no por ello menos objetivas. No en vano cuando Tarski define la verdad, lo hace para lenguajes formales, y se trata siempre de una verdad en un lenguaje L, o, para ser más precisos, de una verdad en una determinada función de interpretación en el lenguaje L. Los realistas, como acabo de decir, no mantienen una opinión unánime sobre la verdad. Hay realistas que son deflacionistas (la verdad de un enunciado consiste solo en la afirmación del enunciado, decir que es verdadero no añade nada al enunciado mismo, no le atribuye ninguna propiedad genuina) o que prefieren soslayar por completo el tema complejo de la verdad. Pero muchos realistas aceptan la teoría de la verdad como correspondencia y consideran, como hizo Popper, que una versión de la misma es precisamente la que proporcionó Tarski para los lenguajes formales, solo que estos realistas la consideran trasladable en cierto modo a los lenguajes naturales o, al menos, a partes sustanciales de ellos. Sin embargo, esto no elimina el hecho de que ‘verdad’ es un predicado metalingüístico y que hace siempre referencia a un lenguaje determinado en el que se formula cualquier pretendida verdad. La verdad es un atributo de los portadores de verdad, y estos siempre son proposiciones del lenguaje.
No hay verdades no expresables en ningún lenguaje posible. El que algo sea verdadero en un lenguaje no implica que tenga que ser verdadero necesariamente para todo lenguaje. Un enunciado puede ser verdadero en un lenguaje, o desde un esquema conceptual, y falso en otro. Por ejemplo, el quinto postulado de Euclides es verdadero en la geometría euclidiana y falso en las no euclidianas. El realismo científico crítico acepta, pues, sin problemas que la verdad es relativa a un lenguaje o esquema conceptual (a una perspectiva, si se quiere decir así). Pese a lo que pueda parecer, esto no es una posición relativista. Veámoslo con un ejemplo.
5. LA RELATIVIDAD CONCEPTUAL DE PUTNAM Y EL REALIMSO CIENTÍFICO CRÍTICO DE NIINILUOTO
Según la tesis de la Relatividad conceptual de Putnam el mundo admite muchas formas legítimas de ser representado o “mapeado”, y en cada una de ellas puede elegirse una ontología diferente, porque la propiedad de ser un objeto es relativa a una teoría (theory-relative) . Es más, “los ‘objetos’ no existen independientemente de los esquemas conceptuales.
"Nosotros cortamos el mundo en objetos cuando introducimos uno u otro esquema de descripción” (Putnam 1981, p. 52).
El mundo no tiene una estructura ontológica propia, no nos viene “prefabricado” (ready-made). La estructura ontológica del mundo dependerá en cada caso del esquema conceptual desde el que se contemple. Este planteamiento constituye por lo pronto un rechazo de la posibilidad de alcanzar el ‘Punto de Vista del Ojo de Dios’, es decir, el punto de vista desde el cual solo habría una descripción de la realidad que se correspondiera con la realidad misma, solo habría una única teoría verdadera y completa. Putnam recurre en varias ocasiones al mismo ejemplo:
Supongamos un mundo que consta solo de tres individuos x1, x2 y x3. ¿Cuántos objetos hay entonces ese mundo? Parece obvio que la respuesta a esta pregunta debe ser que hay tres objetos. Pero podemos hacer un análisis diferente, un análisis como el desarrollado por Lesniewski para el cálculo de todos y partes (mereología), en el que la suma de dos objetos particulares sea también un objeto. Desde esta perspectiva, x1+x2, x1+x3, x2+x3, y x1+x2+x3 serían objetos en ese mundo con igual derecho que los tres iniciales. De modo que el mundo tendría siete objetos. Ocho si aceptamos también el “objeto nulo”. Si la relatividad conceptual hace depender de nuestros esquemas conceptuales y, por tanto, en última instancia, de nuestra mente, la ontología que atribuimos al mundo, debería ser considerada como una tesis claramente antirrealista.
Sin embargo, Putnam la presenta como una pieza fundamental de su realismo interno; aunque, como es sabido, el realismo interno, pese al nombre, es una forma de antirrealismo. Él cree que la aceptación de la relatividad conceptual es la forma de alcanzar un realismo más sofisticado (el suyo) capaz de evitar los errores tradicionales del viejo ‘realismo metafísico’. Estos errores se resumen en sostener:
(i) la existencia de un mundo prefabricado constituido por una totalidad fija de objetos,
(ii) la idea de que sólo puede haber una única teoría completa y verdadera acerca del mundo, y
(iii) la concepción de la verdad como una correspondencia única entre teorías y mundo.
Según Putnan, dado que no hay objetos ni hechos estructurados independientes de la mente (o de nuestros esquemas conceptuales), no tiene sentido postular una relación de correspondencia entre nuestros enunciados y los hechos independientes de la mente.
“No se puede señalar una correspondencia entre nuestros conceptos y los supuestos objetos nouménicos sin un acceso a los objetos nouménicos” (Putnam 1981, p. 73).
Durante al menos un par de décadas defendió, en coherencia con esto, una noción pragmatista de la verdad que la entendía como la justificabilidad en condiciones epistémicas ideales, pero desde mediados de los noventa declaró haber abandonado esa concepción de la verdad y postuló la necesidad de encontrar un concepto más fuerte de verdad que sirviera de base a lo que entonces llamó ‘realismo natural’ (Putnam 1994, prólogo). La tesis de la relatividad conceptual implica también el rechazo de la dicotomía fenómeno/noúmeno, o lo que es igual, de la distinción entre lo que ponemos nosotros en el conocimiento y lo que pone el mundo, lo proyectado y las propiedades de las cosas en sí mismas. El realismo interno declara en última instancia que la noción de cosa en sí es vacía y, por tanto, carece de sentido. Es, por ello, errónea la metáfora del pastel nouménico cortado de diferentes formas por nuestros esquemas conceptuales. Pese a su carácter aparentemente antirrealista, la propuesta de la relatividad conceptual tuvo un efecto importante en el campo realista.
El filósofo finlandés Ilkka Niiniluoto fue uno de los realistas que más hizo por incorporarla. Para Niiniluoto, tanto la teoría de la verdad como coherencia como la pragmatista, que son las principales rivales de la teoría de la verdad como correspondencia, son inadecuadas.
Respecto a la verdad como coherencia: El que un enunciado p sea compatible con un conjunto consistente ∑ de enunciados verdaderos no es suficiente garantía de la verdad de p, aunque sea condición necesaria. El hecho de que p sea consistente con ∑ no significa que ¬p no lo sea, y viceversa (la negación del axioma de las paralelas también era consistente con el resto de los axiomas de Euclides). Así pues, cuando se define un enunciado como verdadero si es consistente con ∑, puede suceder que tanto p como ¬p sean verdaderas, lo cual viola el principio de no contradicción.
Respecto a la teoría pragmatista de la verdad: en sus diversas versiones, sostiene que no tiene sentido hablar de verdad y realidad como si estuvieran divorciadas de las actividades humanas prácticas y cognitivas. La realidad en sí es reemplazada por la realidad para nosotros, y la verdad es reemplazada por verdad-en-cuanto-queconocida-por-nosotros. Se trata, por tanto, de una teoría epistémica de la verdad, e implica que carece de sentido la idea de que una opinión que pueda sobrevivir a todas las objeciones podría ser falsa; o dicho de otro modo, resulta ininteligible que una teoría “ideal” desde un punto de vista pragmático pudiera ser falsa. Pero, según Niiniluoto, esto sólo es convincente si expresiones como “todas las objeciones” y “teoría ideal” se refieren a situaciones en las que la comunidad científica tiene acceso a todos los enunciados verdaderos sobre el mundo. En otras palabras, la teoría pragmatista presupone una noción realista de la verdad.
El realismo científico crítico que Niiniluoto propone trata de mostrar que tanto el realismo metafísico como el realismo interno de Putnam son posiciones inaceptables. Niiniluoto, al igual que Putnam, rechaza la idea de un mundo prefabricado, un mundo con una estructura intrínseca acabada que el sujeto cognoscente únicamente se limitaría a copiar. La relatividad conceptual niega la existencia de objetos independientes de nuestros esquemas conceptuales, pero no niega la existencia de un mundo independiente de esos esquemas. Hay un mundo real, EL MUNDO, como él lo designa, así, con mayúsculas, independiente de nuestra mente, pero las estructuras con que se nos presenta provienen de nuestros lenguajes y esquemas conceptuales, y pueden ser variadas. Básicamente el realismo científico crítico de Niiniluoto supone dos cosas:
El sujeto tiene un papel activo en la estructuración de ese mundo.
EL MUNDO no contiene objetos individuales auto-identificantes, sino que puede ser categorizado en objetos en diversos modos alternativos relativos a nuestros esquemas conceptuales y que se solapan. Por ejemplo, dependiendo de la elección de un marco conceptual apropiado, EL MUNDO puede ser ‘cortado’ o ‘estructurado’ como un sistema de eventos momentáneos, como puntos con masa, como sistemas físicos, etc. (Niiniluoto 1999, p. 222).
El realismo metafísico se equivoca al no ser capaz de ver esto, pero Niiniluoto cree que el realismo interno de Putnam no es la solución. Su error fundamental estriba en su rechazo de la teoría (no epistémica) de la verdad como correspondencia para poner en su lugar una teoría pragmatista (epistémica) de la verdad. Un realista razonable –escribe– no debe aceptar ni el realismo metafísico ni el realismo interno en el sentido de Putnam.
El realismo semántico es compatible con el pluralismo ontológico: la teoría no-epistémica de la verdad como correspondencia puede combinarse con la idea de que los objetos pueden ser individuados e identificados de modos alternativos a través de diferentes sistemas conceptuales. (Niiniluoto 1999, p. 205).
Lo que propone Niiniluoto
Niiniluoto no concibe ese MUNDO independiente como un mundo nouménico, pero no porque tal noción carezca de sentido, como cree Putnam, sino porque ese MUNDO, a diferencia del noúmeno kantiano, es cognoscible, aunque sea de forma parcial y falible; y lo es dado que interactuamos con él causalmente: “
El fenómeno kantiano puede ser interpretado como expresión de nuestro conocimiento parcial de las cosas como son ‘en sí mismas’ en la realidad independiente de la mente” (Niiniluoto 1999, p. 91).
Nuestros lenguajes o esquemas conceptuales, al ser aplicados sobre el MUNDO, determinan en él fragmentos o versiones del MUNDO. Cada uno de ellos es el modo en que el MUNDO aparece en función de la capacidad expresiva del lenguaje L usado para describirlo, por eso llama a estas versiones L-estructuras. Ninguna de estas L-estructuras relativas a un lenguaje puede ser, sin embargo, la única descripción adecuada del MUNDO, puesto que no hay un lenguaje perfecto. Que la verdad sea siempre relativa a un lenguaje, a un marco conceptual, no debe llevarnos a concluir que la verdad sea una noción irremediablemente epistémica, como hacen los pragmatistas. La verdad puede ser relativa a un lenguaje, pero no es relativa a ninguna de nuestras creencias o sistemas de creencias. Si una comunidad comparte un lenguaje L, la versión del mundo proporcionada por la L-estructura correspondiente no consiste en las creencias que dicha comunidad tenga sobre el mundo, sino en la forma en que el mundo es en relación a L. Por otra parte, la relatividad de estas estructuras a un lenguaje tampoco debe hacer olvidar que todas son fragmentos del mismo MUNDO y que es éste posee ‘factualidad’, es decir, se nos resiste y es él el que tiene la última palabra acerca de qué estructuras le encajan mejor y, por ende, acerca de lo verdadero y lo falso en cada lenguaje. La información que nos proporcionan estas estructuras relativas a un lenguaje es por ello mismo una información (parcial) acerca del MUNDO (cf. Niiniluoto 1984, p. 178, 1987, pp. 141-142 y 1999, pp. 222-223). Dicho de otro modo, nuestros lenguajes son los que dictaminan qué tipo de propiedades se predicarán de los individuos y qué tipo de individuos se intentarán localizar en el mundo, pero lo que no podrán hacer será decidir cuáles son los hechos en un mundo así estructurado. En resumen, el realismo puede aceptar que el mundo no viene con las etiquetas puestas, no está pre-fabricado, como nos enseñó Putnam. Podemos someterlo a diversas conceptualizaciones, describirlo con lenguajes diversos. Pero, como subraya Niiniluoto, no todos nuestros intentos por estructurarlo conceptualmente funcionan igualmente bien. El mundo se resiste en formas diversas a nuestros intentos de conceptualización y de estructuración. Esa resistencia, esa ‘factualidad’, es la que determina qué es lo verdadero y qué es lo falso una vez que hemos elegido un lenguaje o un esquema conceptual. El realismo científico crítico de Niiniluoto es, pues, un buen ejemplo de lo alejado que el realismo actual está del realismo ingenuo y de todo lo que puede incorporar de la tradición kantiana sin renunciar un ápice a los elementos centrales del realismo.
6. EL REALISMO CIENTÍFICO Y EL NUEVO REALISMO.
Las relaciones precisas entre el realismo científico y el nuevo realismo o el realismo especulativo están aún por precisar, y está siendo poco estudiado. Siendo una corriente que pretende superar la dicotomía entre filosofía analítica y filosofía continental, es extraño ese descuido. Tanto el realismo científico como el nuevo realismo coinciden en señalar que lo que Kant llamaba la cosa-en-sí es cognoscible (y por tanto, el idealismo transcendental yerra en esto). El realismo científico cifra precisamente en esa cognoscibilidad de la realidad el éxito de nuestras teorías científicas. Hay muchas similitudes, por ejemplo, entre el realismo científico crítico, tal como lo hemos descrito, y lo que Maurizio Ferraris llama la ‘mesoverdad’, que es la posición que él quiere defender sobre el tema de la verdad (Ferraris 2019a).
Hay asimismo un paralelismo entre las L-estructuras de las que habla Niiniluoto y los campos de sentido de Markus Gabriel. El realismo científico crítico y el nuevo realismo coinciden en rechazar el Punto de Vista del Ojo de Dios, o, en terminología de Gabriel, “el mundo sin espectadores”. Esas similitudes y paralelismos son una indicación de que el cruce de ambos debates podría proporcionar resultados fructíferos. Pero hay también algunas diferencias significativas. en ls motivaciones de los diversos realismos:
La motivación principal del realismo científico es explicar el éxito predictivo de la ciencia, en especial en lo que se refiere a la capacidad para predecir hechos completamente novedosos (existencia de planetas desconocidos, curvatura de la luz en campos gravitacionales, existencia de la antimateria, etc.), al tiempo que ha tratado de ofrecer una imagen del cambio científico diferente de la neopositivista o del relativismo kuhniano. Asume básicamente una clara inspiración del naturalismo filosófico (aunque haya excepciones).Considera que la tarea de elaborar una ontología, al menos en el sentido de qué tipo de entidades existen, cuáles son sus propiedades, cómo interactúan, etc., corresponde a las ciencias, no a la filosofía.
La motivación principal del nuevo realismo, en cambio, ha sido sacar a la filosofía de las aporías a las que conducía en neoidealismo, el constructivismo, el deconstruccionismo, el “correlacionismo”, el postmodernismo, etc. Mantiene en general la sospecha hacia la ciencia tan extendida en la filosofía continental. Se caracteriza por la exigencia de un compromiso ontológico claro, que no delegue en la ciencia las preguntas sobre existencia de la realidad y que no reduzca la filosofía a una mera función edificante.” (Ferraris 2019b, p. 418). También Marcus Gabriel ha sido muy claro en su crítica a la filosofía naturalista. Su rechazo de la noción de mundo externo es una consecuencia de ese antinaturalismo . Además, su concepción de la ontología como “la respuesta sistemática a la pregunta de qué significa ‘existencia’ o qué es la existencia” (Gabriel 2019a, p. 449), priva a la ciencia de cualquier papel relevante en ella.
Ambas corrientes coinciden en otorgar un papel central a la ontología frente a la epistemología. Hay sin embargo una tendencia en estas críticas al naturalismo a identificarlo erróneamente con el reduccionismo, con el eliminativismo, con el materialismo o con el cientifismo. El naturalismo no se identifica necesariamente con ninguna de estas cosas, aunque algunas formas de naturalismo sí lo hayan hecho. Cabe un naturalismo no cientifista y no reduccionista. El naturalismo bien entendido es solo la pretensión (quizás ilusoria, pero argumentable) de que no hay una discontinuidad esencial entre la tarea de la ciencia y la de la filosofía, ni por sus problemas, ni por sus conceptos, ni siquiera por sus métodos. Este desligamiento del naturalismo que el nuevo realismo pretende tiene, por otro lado, consecuencias que deberían afrontarse con más detenimiento y voluntad de clarificación. ¿Puede acaso la filosofía volver a reivindicar ante las ciencias el papel fundacional y normativo, con pretensiones de fundamentación de las demás disciplinas, del que gozó antaño bajo la forma de una filosofía primera?
CONCLUSIONES
El debate entre realistas y antirrealistas se ha convertido en uno de los principales debates filosóficos de las últimas décadas, primero en el ámbito filosófico heredero del positivismo lógico y de la filosofía analítica y, en los últimos años, en el ámbito de la filosofía continental. Es un debate en el que difícilmente los argumentos pueden vencer por KO al adversario. Hay buenos argumentos en ambos lados y ningún bando puede reclamar la victoria. Este hecho ha motivado que algunos lo vean como una confrontación de temperamentos más que de argumentos. Pero un juicio así parece injusto cuando consideramos cómo ha contribuido a mejorar nuestra comprensión de la ciencia y a percibir la variedad en el uso y desarrollo de las teorías científicas y filosóficas. Este debate ha tenido ya, en mi opinión, algunos efectos saludables: ha traído de nuevo a primer plano filosófico a la metafísica y a la epistemología. Pero hay algo aún más importante en este retorno del realismo, y para decir qué es ese algo recurro (traicionando probablemente algo de su intención) a una cita de Hilary Putnam, quien primero fue realista, después no lo fue, y luego casi volvió a serlo:
“La falta de responsabilidad filosófica de una década puede convertirse en la tragedia política de unas décadas más tarde. Y la deconstrucción sin reconstrucción es irresponsabilidad.” (Putnam 2002, p. 191).
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