Jesús M. Landart
jmlandart@gmail.com
¿Se imaginan ustedes que un párroco, para ilustrar los peligros de la carne utilizara los lugares más significativos del exterior de su parroquia para colocar fotografías del Penthouse? Es realmente difícil de imaginar
Sin embargo, las imágenes eróticas en los edificios románicos son algo bastante habitual. Y no estamos hablando de erotismo light, algo así como una imagen de Eva en la que se entrevé un pecho, no. Estamos hablando de masturbaciones, coitos, sexo oral y zoofilia. Todo ello en iglesias, de cara a todo el mundo.
La explicación estándar es precisamente la que comentaba al principio: se trata de una advertencia, una admonición contra la lujuria y los pecados de la carne. Hay otra posible explicación, y es que en el siglo XII la vida sexual se llevaba de una manera mucho más abierta que actualmente, no siendo motivo de escándalo que ciertas imágenes aparecieran en las portadas de las iglesias, por promiscuas, e incluso pornográficas que fueran. Esta posibilidad choca frontalmente con la idea que tenemos de una edad media de un puritanismo absoluto...
Evidentemente quien esto escribe es ignorante de los verdaderos motivos de la presencia de este erotismo tan subido de tono en el románico, pero ciertos indicios que apuntan más bien a la segunda posibilidad, y es que los canteros esculpían en función de sus vivencias, en función de su tiempo y en función de sus intereses inmediatos. Toda obra humana es hija de su tiempo, y está realizada por seres humanos que sienten las pulsiones de su tiempo. Esto parece ser un comentario obvio, pero parece que a veces se olvida. Puedo ilustrar varios ejemplos:
Yo he visto personalmente un escudo del Athlétic de Bilbao en la torre de la iglesia de Santa María de Trujillo, y un astronauta con su escafandra y tubo a modo de cordón umbilical en la catedral nueva de Salamanca.
Vean si no lo creen, fotografiado por mí el 7 de Julio de 2003:
En la catedral de Calahorra se puede ver asimismo un teléfono móvil en una jamba de la misma. No, no existe ninguna relación entre los constructores de catedrales y los extraterrestres, y no; tampoco los constructores de catedrales tenían acceso a la máquina del tiempo. La realidad es mucho más sencilla: los casos de Trujillo y Salamanca ilustran una tendencia profundamente humana de reflejar los acontecimientos cotidianos en cada momento. Ambos casos son restauraciones modernas, y en ambos casos, alguien quiso reflejar instantáneas de su tiempo para que quedaran inmortalizadas en piedra. Aunque estos casos han suscitado numerosas críticas, no parece descabellado suponer que esa pulsión de plasmar lo cotidiano, la vida diaria del cantero y de sus sociedad sea eterna y ubicua.
Estos ejemplos nos inducen a pensar que las imágenes de fuerte contenido sexual son fruto de una permisividad temporal que luego desapareció con la llegada del gótico. Cuando aparece una mujer desnuda cuyos pechos son succionados por sapos, o por serpientes no cabe duda: se trata de una alegoría de la lujuria. Pero es que muchas de las imágenes románicas nos sorprenden por su vivacidad, su frescura y descaro. Algunas son decididamente fuertes.
El románico cántabro es especialmente rico en manifestaciones eróticas, destacando la colegiata de San Pedro de Cervatos por encima de todas las demás. Esta colegiata se encuentra a escasa distancia de Reinosa, y es una verdadera gozada. La crecana de San Cipriano de Bolmir posee imágenes similares, si bien de menor realismo.
La población de cántabra Cervatos, con su formidable colegiata de San Pedro es un ejemplo paradigmático de la utilización de imágenes eróticas en el románico. Vean la siguiente fotografía:
Para que se hagan idea de la magnitud de lo ilustrado en ocasiones, vean el siguiente canecillo fotografiado por mí en Julio de 2005 en la iglesia de Santa María do Sar, en Santiago de Compostela:
Tras observar un rato, podemos entender lo que se ilustra en este canecillo...
Decididamente, en este último caso concreto la hipótesis de que los canteros reflejaban la vida real en sus obras no parece muy aplicable. En todo caso, la libertad de expresión parecía casi absoluta en ciertos momentos.
Cuando en el románico se pretender simbolizar el pecado de lujuria, cualquier texto de introducción a la simbología románica explicaba hasta hace poco que suelen quedar pocas dudas del propósito del símbolo, como ocurre con la foto que aparece a la derecha de estas líneas, y que pertenece a la iglesia de Santa María La Real de Sangüesa, en la provincia de Navarra. En este caso, un sapo y una serpiente succionan los pechos de una presunta pecadora. No deja lugar a dudas en cuanto a la intención de presentar algún tipo de acción como algo nauseabundo y punible, pero lo que no está nada claro que sea la lujuria. El tema iconográfico de estos dos animales succionando pechos femeninos es bastante común. Las imágenes de la colegiata de San Pedro de Cervatos no transmiten esa fuerza repulsiva, sino que se muestran mucho más naturales.
Aunque hasta hace poco tiempo existía un consenso más o menos explícito respecto al significado de los pechos succionados por bestias, esto ya no es así. Parece ser que los pechos femeninos tenían poco de eróticos en la edad media, que focalizaba en exclusiva el sexo en los órganos genitales. En palabras del investigador Raphaël Guesugara:
"Todos los argumentos presentados, tanto iconográficos como textuales, convergen hacia la idea según la cual es poco probable que la mujer con serpientes sea una representación de la lujuria. Más que aludir a la lujuria como pecado capital, quizás nos remita al pecado de un cierto tipo de mujeres culpables. Proponemos , pues, un cambio de mirada sobre los vicios en el arte románico, para pasar de una aproximación alegórica y general hacia una aproximación más social. La idea de la "mala madre", muy presente en los textos, abre nuevas perspectivas de investigación, y en un futuro trabajo se debería relacionar estrechamente la aproximación estadística, el entorno iconográfico y la perspectiva histórica, con el fin de proponer una nueva interpretación de este tema" (1)
El Dr. Guesuraga explica en su artículo que muy pocas representaciones de mujeres con pechos succionados por serpientes o sapos tienen también el sexo devorado por una alimaña, esta sí, representación explícita del castigo por lujuria. Concretamente, en tres casos de u total de ciento cuatro conocidos. Sin embargo, es frecuente encontrar tratados sobre iconografía románica que explican esta doble devoración (senos y genitales) como castigo a la lujuria, tomando una parte exigua por el todo, lo que nos lleva a considerar un agudo efecto de sesgo cognitivo por parte de muchos investigadores: el conocido como sesgo de confirmación, que consiste en tener en cuenta sólo los casos favorables a nuestras preconcepciones.
De una u otra forma, el románico erótico tiene poco que ver con esto: no muestra consecuencias punitivas del uso del sexo, sino las propias escenas sexuales, muy explícitas en total ausencia de dolor, pecado, o mancha. Los canteros, dentro de la libertad de acción que poseían, reflejaban su mundo habitual con la naturalidad de una desinhibición que poco cuadra con nuestras ideas de lo que era el medievo. De la misma manera que un cantero del siglo XX refleja un astronauta o un teléfono móvil, un cantero medieval reflejaba actos sexuales que formaban parte de su vida cotidiana. Sin mayor malicia, doctrina ni sentimiento de culpa.
(1) Raphaël Guesuraga: "La mujer con serpientes y sus dudosas relaciones con la lujuria". Revista "Románico" nº 17, diciembre 2013