Jesús M. Landart
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La fotografía que encabeza este artículo pertenece a un capitel de la galería porticada de la iglesia de Nuestra Señora de Las Vegas, en Requijada, Segovia. Presenta a un centauro vuelto hacia atrás, portando un arco que tensa dispuesto a disparar una flecha. Tal imagen corresponde al llamado sagitario, o portador de flechas. Como sucede con otras imágenes simbólicas utilizadas por el románico, ésta proviene de civilizaciones muy anteriores. La mitología griega está plagada de Κένταυρι, seres mitad humanos y mitad equinos. En general el centauro griego es una criatura salvaje, que toma la peor parte de cada una de sus dos mitades: la capacidad de hacer mal del hombre y la violencia, fuerza y animalidad del caballo. El personaje general de los centauros es el de seres salvajes, sin leyes ni hospitalidad, esclavos de las pasiones animales. Dos excepciones a esta reglas son Folo y Quirón, que expresaban su «buena» naturaleza, siendo centauros sabios y amables. Al igual que los centauros, las quimeras, las sirenas y las arpías son seres mitológicos elaborados mediante collages de partes humanas y animales. Sus significados serán generalmente malignos, como parece desprenderse de la unión contra natura de dichas partes.
Eukene Martínez de Lagos, citando a M. Guerra en su obra Simbología Románica. EL Cristianismo y otras religiones en el arte románico escribe que:
El hecho de que estas escenas, en principio de carácter profano, convivan con otras específicamente religiosas en los Templos, lugares de encuentro del hombre con Dios, es fruto de esa visión unitaria del cosmos que se tiene en esta época, donde la Iglesia resalta así, como conjunción simbólica de lo celeste y lo terrestre "y se erige en paradigma de la fusión de lo divino con lo humano, de la inserción de las cosas y seres profanos en lo sagrado, cargados además de valencias teológicas por obra de la simbología religiosa y moral"
Como también nos recuerda Jesús Herrero Marcos en su obra Bestiario románico en Castilla-León y Cantabria, a pesar de toda la tradición literaria del centauro, ya Lucrecio nos asegura en su De rerum natura que tal combinación de hombre y caballo no puede existir en la naturaleza. El motivo que da Lucrecio para avalar la imposibilidad de tal mezcla es curioso y racional: dado que el hombre y el caballo tienen desarrollos a velocidades muy diferentes, a los pocos años de edad un cuerpo de caballo ya adulto sostendría a un torso infantil, y poco después un caballo viejo y a punto de fallecer soportaría el peso de la mitad superior de un hombre que aún es un joven sin terminar de alcanzar la edad adulta.
La actitud favorita en la que el románico presentará a tal animal fantástico es, como se ha dicho, con el arco, a punto de disparar una de sus flechas, y en alguna ocasión a punto de agredir a persona o animal que se halle en sus inmediaciones, haciendo gala de la versión bestial y violenta a la que nos referíamos más arriba.
Iglesia de San Pedro de Olite. Navarra
Esta imagen del centauro con arco y flechas tiene además un significado astrológico, pues se asimila a una da las doce partes en las que se divide la franja del cielo por la que discurre el sol en su aparente paseo anual (el zodiaco), de muy importante presencia en toda la simbología medieval. Tanto es así que aún hoy la astrología, residuo de épocas precientíficas y reducida a una colección de falsedades sobre las supuestas influencias de los astros sobre las vidas humanas, se resiste a desaparecer del imaginario popular en pleno siglo XXI.
La fotografía anterior pertenece a la galería de la iglesia de San Ginés en la población de Rejas de San Esteban, provincia de Soria. Podemos contemplar el especial primitivismo de esta imagen, que no obstante comparte todos y cada uno de los elementos importantes de las dos imágenes anteriormente mostradas. Más primitivismo si cabe presenta la siguiente, obtenida por mi en el verano de 2.009 en la población soriana de Andáluz. Pertenece a uno de los capiteles de la parte de la galería porticada hoy desaparecida de esta iglesia, que se conserva en el interior, en un pequeño museo que vale la pena visitar:
Más extraño aún es el canecillo que presento más abajo, perteneciente a la iglesia de San Miguel de Fientidueñas, en la provincia de Segovia, en la que aparece una centauro hembra (centáuride) amamantando a un niño humano que está cabalgando sobre ella. Canecillo espectacular donde los haya, por doble motivo: por la temática y por lo poco habitual que es en un canecillo un altorelieve tan pronunciado, prácticamente de bulto redondo.
En la maravillosa galería porticada de Rebolledo de la Torre, en la provincia de Burgos podemos admirar el singular combate de dos centauros, armados uno con un arco y el otro con escudo y fracturada espada, entre abundante fronda vegetal que en parte dificulta la apreciación de la escena. Todas las fotografías utilizadas en este artículo son mías.