1. INTRODUCCIÓN
El estudio de los seres vivos se conoce desde antiguo como Historia natural. La palabra "historia" se entendía aquí no como desarrollo o evolución temporal, sino en su acepción griega de "testimonio presenciado", se trataba de la investigación y testimonio de lo que existe en el mundo. Sólo a partir del XVII existió la idea de que el mundo tenía una historia entendida como desarrollo temporal,gracias por un lado a la geología de Descartes y por otro a la interpretación de los fósiles. Por tanto, en lo que ahora nos atañe, la Historia natural es el conjunto de descripciones y ordenaciones de los reinos de la naturaleza. Se atenderá más a las estructuras morfológicas que a sus causas, y predominará la descripción empírica sobre la investigación teórica. En el XVII la filosofía natural de orientación empirista e inductiva separaba la historia (descripción de los hechos) de la teoría (explicación que se montaba sobre aquella.
Con todo, la historia natural estaba guiada por diversas filosofías:
Aristotelismo: consideraba que la naturaleza poseía tendencias teleológicas inmanentes, había un plan esencial que daba cuenta de sus propiedades.
Neoplatonismo: de gran auge tras el renacimiento, borraba los límites entre lo vivo y lo inerte y todo estaba en ceirta manera animado. Hay un alma en el mundo, los planetas son animales divinos y los metales y las gemas se engendran en la matriz de la tierra según un modelo biológico. Hay además conexiones ocultas entre el macrocosmos y el microcosmos, simpatías y analogías que atraviesan la naturaleza de significados ocultos. Los "principios plásticos" o formantes podían inducir formas en materiales inusuales, dando así origen a los fósiles en las entrañas de la tierra, a monstruos en matrices naturales.
En el primer cuarto del XVII dos corrientes de pensamiento científico se unieron a pesar de sus diferencias:
Francis Bacon (1561-1626) insistió en la conveniencia de recopilar fielmente historias de las obras de la naturaleza antes de lanzarse a teorizar. Siguiendo la idea de Bacon, los empiristas ingleses y sobre todo la Royal Society trataban de recolectar la mayor información posible relativa a fenómenos mágicos y maravillosos de todo tipo; interrogando a viajeros, marinos y diplomáticos en lugares extraños.
René Descartes (1596-1650) Predicaba las explicaciones a base de choques de partículas materiales en detrimento de fuerzas, formas o principios inmateriales.
Así, en la segunda mitad del XVII el método baconiano de recopilacion de historias sin teoría se mitigó un tanto al combinarse con las artes de la razón que tan frecuentemente se precipitaban a sacar conclusiones sin esperar a que terminase la recolección de todas las obras de la naturaleza. Surgieron así tensiones entre los científicos de tendencia matemática (ávidos de teorías explicativas aún con pocos datos) y los de tendencia naturalista (que disfrutaban con la recolección sin prisas por teorizar). Esta tendencia naturalista era perfecta para los miembros de la Royal Society que no tenían gran preparación pero sí tiempo y dinero, tales como terratenientes ociosos. La verdad era que el mecanicismo no estaba preparado para explicar el funcionamiento de los seres vivos pese a sus buenas intenciones ilustradas. Así, durante los treinta años de las Guerras de religión en Europa dominó la visión aristotélica de una teleología inmanente a los seres naturales dependiente de un Dios personal supramundano. Newton hablaría de un Dios voluntarista que actuaba directamente y de modo continuo en un mundo en el que no había interacciones mecánicas. El naturalista John Ray estaba influido por los neoplatónicos, Henry Moore usaba los espíritus plásticos y Leibniz predicaba las mónadas espirituales.
2. LA HISTORIA NATURAL EN EL RENACIMIENTO
La Antigüedad ofrecía dos modelos de tratamiento de los seres vivos:
1.- El aristotélico. Aristóteles y Teofrasto habían presentado excelentes historias de animales y plantas subordinadas a la investigación de la naturaleza, que era la causante de sus características de todo tipo
2.- El modelo de la Historia Natural de Plinio. Era un obra enciclopédica, recopilacion de unos centenares de obras diferentes de otros autores, sin veleidades teóricas y con el único impulso de la erudición.
Este segundo fue el modelo más querido en la Edad Media, y fue el modelo que heredó el renacimiento. A partir del XV se publican los primeros herbarios, que incluían animales y medicinas, tales como el Herbario Latino (1484), el Herbario germánico (1485) y el Hortus sanitatis (1491). Circularon como manuscrito siglo y medio antes de la invención de la imprenta y suponen recopilaciones de informaciones muy anteriores al XV, de fuentes musulmanas y cristianas.
Dos causas motivaron un mayor interés por informaciones de primera mano:
1.- La limitación de las obras clásicas al área mediterránea, sin representación de la flora del norte de Europa por Dioscórides.
2.- El descubrimiento de nuevas tierras en América y la explotación de las Indias orientales, con floras y faunas desconocidas.
A partir del XV, las novedades venidas de América, especias, cacao, tabaco, patata, tomates, maíz y un sinnúmero de productos sirvió de demanda para nuevas publicaciones . Así, las Indias Occidentales fueron descritas en las obras:
Historia natural y general de las Indias (1533, Gonzalo Hernández de Oviedo)
Dos libros de nuestras Indias Occidentales (1565, Fco. Monardes)
Historia naturalis Novae Hispaniae (1576, José Acosta)
Y las Indias Orientales fueron descritas en:
Coloquios dos simples e drogas e cousas midiçinais da India (1563, García d'Orta)
Tractado de las drogas de las Indias Orientales (1578, García d'Orta)
Comenzaron ensayos de aclimatación en el norte de Italia de tomates, pimientos, maíz y patatas que luego se introdujeron por toda Europa, mientras que los Holandeses hicieron lo mismo con los productos orientales, de donde les viene la afición por los bulbos. En interés comercial se sumó al interés científico, y en las universidades se formaron cátedras de botánica(como en Padua en 1533) mientras Luca Ghini fundó los jardines botánicos de Bolonia, Pisa y Florencia y desarrolló el primer hortus siccus (huerto seco), colección desecada y prensada de prototipos montados en pliegos.
En el XVI florecieron además museos, gabinetes, teatros de la naturaleza y cámaras de maravillas donde se acumulaban especímenes de todo tipo con mayor o menor concierto, como le museo de Ole Worm. El estudio de los animales no avanzó tanto como el de las plantas; los primeros zoólogos renacientitas tendían a un enciclopedismo crédulo propio de bestiarios medievales, aunque poco a poco comenzaron a aumentar las descripciones fidedignas de lo observado en primera mano, como consecuencia del empirismo creciente.
De los trabajos de los naturalistas del siglo XVI, conviene destacar a Pierre Belon (1517-1564), Guillaume Rondelet (1507-1566), Konrad Gesner (1516-1565), Ulisse Aldrovandi (1522-1605). Veámoslos uno por uno:
Pierre Belon (1517-1564)
Médico y boticario francés; aparte de sus trabajos médicos escribió una Historia natural de los extraños peces marinos, con la verdadera pintura y descripción del defín y de muchos otros de su especie, observados por P. Belon (1551) Como es usual, entiende por pez a todo animal de hábitat acuático. Es una constante de la época atender ma´al hábitat que a las características morfológicas a la hora de las clasificaciones: castores, delfines e hipopótamos entre los peces, murciélagos entre las aves, etc. Llama insecto a todo animal pequeño que no sea un gusano.
Guillaume Rondelet (1507-1566)
Compatriota de Belon, fue médico y naturalista francés convertido al protestantismo que compuso Libri de piscibus marinis (1554-1555), con excelentes ilustraicones. Es una obra de una enorme vaguedad taxonómica, como es usual en la época y hemos visto con Belon. Como éste, combina la enorme erudición enciclopédica con consideraciones filológicas, noticiarios y una notable credulidad en testimonios ajenos. La especie no es en absoluto la expresión de un plan estructural estable, y se ve como posible todo tipo de mezclas exóticas, que si no se ven como habituales es porque los porgenitores de tales engendros no suelen coincidir en el mismo hábitat.
Konrad Gesner (1516-1565)
Junto a Aldrovani (más abajo) son los dos tratadistas por excelencia del siglo XVI. Naturalista y bibliógrafo suizo; Gesner publicó varios volúmenes de Historiae animalium (entre 1551 y 1587), unas 4.500 páginas en total. Utiliza el esquema clasificatorio aristotélico en cuadrúpedos vivíparos, cuadrúpedos ovíparos, aves, peces y seres acuáticos. En cada uno de estos cuatro epígrafes, aparecen los animales ordenados por un cómodo orden alfabético. El autor no ahorra comentarios morales, fábulas, leyendas y otras anécdotas; y por supuesto no falta todo tipo de seres fantásticos. Entre sus famosísimos dibujos aparece el rinoceronte de Durero.
Ulisse Aldrovandi (1522-1605)
Se inspiró en Plinio para componer sus tres tomos sobre aves y cuadrúpedos, y otro sobre insectos, peces y cetáceos. Cuando estaba en su mano hacia experimentos personales, , sobre la embriología del pollo, por ejemplo, corrigiendo así a Galeno que pensaba equivocadamente que el hígado se desarrollaba antes que el corazón.
En suma, aún faltaba un siglo para que la descripción animal y vegetal abandonada la erudición enciclopedista y se tornase exclusivamente empírica. Para ello hacía falta la introducción de criterios morfológicos de clasificación que pusieran orden en el caos de la variedad biológica. Por lo que respecta a la botánica, la línea de desarrollo fue similar, si bien estaba más avanzada porque partía de una mayor solera y tradición que la descripción zoológica. Destacaremos tres autores: Otto Brunfels (1489-1534), Jerome Bock (1498-1554), latinizado como Tragus; y Leonhart Fuchs (1501-1566), que escribió De storia stirpium, describiendo 550 especies vegetales. En Francia destacaba Jean Ruel (1474-1537), que se basaba en Aristóteles y Teofrasto en sus descripciones, y el Italia el ya mencionado Luca Ghini. Konrad Gesner destaca también en el campo de la botánica suiza con su obra Opera botanica.
3. EL ORDEN DE LOS SERES VIVOS
Los primeros sistemas de clasificación tendían a ser artificiales, agrupando especies que no tenían mucha relación y dejando alejadas especies muy cernadas en realidad. La división de Teofrasto de los vegetales en árboles, arbustos y hierbas es un ejemplo de ello. Una clasificación artificial tiene la ventaja de basarse en unos pocos caracteres fáciles de identificar, como es el caso de las claves dicotómicas antiguas, que separaben por ejemplo a todos los ejemplares que exhibían flores amarillas. Por el contrario, una clasificación natural atiende a un conjunto amplio de caracteres y propiedadesm de manera que con ellas se puedan hacer conjeturas inductivas, formular generalizaciones y establecer leyes con la misma naturaleza o esencia. Así, decir que una planta es un arbusto no es decir mucho, pero decir que un animal es un rumiante sí lo es: supone que seguramente es un ungulad de un número par de dedos, con un estómago de cuatro cámaras sin incisivos superiores, con cuernos, glándulas odoríferas, etc. Todo ello indica que hemos dado con una categoría natural
Hasta el XVII esto no ocurrió. La clasificación de John Ray de 1693 muestra la influencia aristotélica, pero a finales del XVI, al menos en botánica, empieza a notarse la necesidad de diferenciar las especies mediante rasgos relevantes, nombrándolas de forma inequívoca: las plantas ya no se distinguen en "plantas con hojas" y "plantas sin hojas" como hacía Teofrasto, sino entre:
fanerógamas: plantas con flores; las fanerógamas, espermatofitos, o plantas superiores constituyen un grupo de vegetales bastante homogéneo, caracterizado por una organización externa, donde se puede diferenciar claramente la raíz, el tallo, las hojas, las flores y los frutos con las semillas. También presentan una clara diferenciación interna, donde existen tejidos perfectamente diferenciados estructural y funcionalmente. Y
criptógamas: es decir; helechos, musgos y en general toda planta que no es fanerógama. El avance del conocimiento ha hecho reconocer que el concepto de criptógama tiene tan poca utilidad sistemática como el de vegetal, de forma que carece actualmente de cualquier valor científico. Se sigue usando a veces en la clasificación de la parte sistemática de los libros de texto, en los nombres de algunos departamentos universitarios o en las secciones de los viejos museos.
Andrea Cesalpino (1519-1603), discipulo de Gini en Pisa , para determinar qué rasgos son más relevantes, recurrió a las funciones nutritivas y generativas. El plan general de plantas y animales se vio uno como el inverso del otro (las plantas se alimentan por abajo y los animales por arriba), y esta analogía postuló la existencia de un cor medullae, a modo de corazón vegetal, asiento del alma vegetativa y del calor vegetal. Estudió pormenorizadamente las plantas, pero desgraciadamente consideró que las flores eran ornato sin importancia y no las tuvo en cuenta, pues desconocía la función sexual de las mismas. Sin embargo prestó gran atención a las semillas, y a su diferencia entre las que muestran dos partes (dicotiledóneas) o una sola (monocotiledóneas). Aunque los taxones que obtiene son en cierta medida artificiales, marcó el camino para encontrar los verdaderamente naturales. La primera gran división que obtiene dentro del reino vegetal es entre plantas con semilla y sin semilla.. En general, las plantas sin semilla (criptógamas, pero también algas y hongos, que hoy están clasificados en reinos separados) constituye un cajón de sastre que nos e aclarará hasta bien entrado el XIX. Las plantas con semillas eran mejor conocidas, y se clasificaban por Cesalpino de maneras más elaboradas tras pagar el tributo de verse divididas entre árboles y arbustos. Atendía a la posición del fruto, al ovario ínfero o súpero, , al número de semillas por fruto, etc. Obtuvo así agrupaciones de especies en géneros, y de géneros en familias correctas (rosáceas, leguminosas, Labiadas, Umbelíferas, crucíferas,etc.) aunque cometió muchos errores. Dado su antiaristotelismo, su impacto fue muy limitado en su época .
John Ray por su parte usaba sistemas morfológicos para establecer grupos. En su Historia plantarum analizó más de 18.000 especies. Estaba influido por los neoplatónicos como Henry More, y veía la mano de Dios en la naturaleza, por medio de la acción de los espíritus plásticos. Fue una de las grandes figuras de la teología natural iniciada por Robert Boyle (1627-1691). Sus aportaciones en esta línea fueron The Wisdom of God (1691) y los Miscellaneous Discourses (1692). Ray presentó una clasificación dicotómica que fue muy criticada por los aprtidarios de los métodos más multivariantes de Cesalpino. Consideró a la especie como invariable por toda la eternidad hasta el fin de los tiempos. Organizó las especies en géneros y éstos en familias, como Cesalpino, atendiendo a afinidades naturales; y a diferencia del otro, opinaba que las flores y las semillas eran rasgos especialmente estables que correlacionaban con muchas características del género. Gracias a los trabajos de Cesalpino y de Ray se afianzó el estudio de las familias atendiendo no sólo a frutos y flores, sino a la totalidad de la estructura de la planta (Estudios de Pierre Magnol, director del Botánico de Montpellier). Estudió las criptógamas, que consideró como plantas sin flores pero con hojas y semillas; y entre las fanerógamas diferenció las que tenían las semillas desnudas de las que las tenían encerradas en un carpelo (especie de hojas fusionadas que protegen las semillas, conocido comunmente como vaina).Sin embargo, no usó la diferenciación entre gimnospermas (plantas vasculares productoras de semillas, con flores pero sin frutos; representadas principalmente por las coníferas) y angiospermas (plantas con flores, frutos y semillas), a pesar de ser una diferencia conocida desde Teofrasto. El motivo de tal omisión es que Ray confundió semillas desnudas con frutos de una única semilla. En cambio tuvo el buen tino de dividir las plantas con flor y semilla en monocotiledóneas y dicotiledóneas, percibiendo que esta diferencia entre uno y dos cotiledones en el gérmen estaba asociada a otras profundas y estructurales en la planta.
Las principales diferencias entre ellas son:
Dicotiledoneas Monocotiledoneas
4. EL MICROSCOPIO Y LAS TEORÍAS DE LA GENERACIÓN
Novedades en botánica.
Marcello Malpighi y Nehemiah Grew llevaron las observaciones microscópicas vegetales al límite de las posibilidades instrumentales de su época (finales del XVII y principios del XVIII). Malpighi era médico papal, pero publicaba sus investigaciones en la Royal Society, de la que era miembro. Estudió la anatomía comparada de cegetales y animales buscando una estructura general de los seres vivos y postuló que la complejidad de un organismo es inversa al tamaño relativo de su sistema respiratorio. De hecho, el sistema pulmonar en mamíferos es mucho menor que en otrros organismos, y el sistema de túbulos espirales en plantas es el mayor.
Nehemiah Grew siguió los pasos de Malpighi en la Royal Society, de la que fue nombrado Curator of anatomy. Publicó una Anatomy of Plants. En ella, comparaba plantas y animales haciendo consideraciones teológicas muy al gusto británico. Observó vesículas en los tejidos vegetales, pero la teoría celular no estaba aún desarrollada y la célulo estaba muy lejos de verse como la unidad de la vida, capaces de dividirse y transportar información genética. Distinguió el tejido parenquimatoso (formado por sus "vesículas" y el vascular, formado por tubos e incluso intuyó que algunos tubos estaban asimismo formados por vesículas.
Pero lo más novedoso en ambos fue el estudio de la sexualidad vegetal. Ambos estudiaron los órganos de la flor, describieron sus estructuras y aventuraron sus funciones. Malpighi distinguió en las flores compuestas las lígulas (En una flor compuesta, parte de la corola de una flor que tiene forma de lengüeta; los "pétalos de las margaritas") de los flósculos (cada una de las florecitas de corola cerrada que forman parte de una flor compuesta ("los botones amarillos del centro de las margaritas"). Sin embargo, aunque descubrieron la presencia de estambres con anteras que sueltan polen, no llegaron a probar el carácter sexual de las flores. Grew sugirió la analógía entre el polen y el esperma y comparó el ovario cegetal con el útero animal.
La sexualidad de las plantas propuesta por estos dos autores fue demostrada por Rudolph Camerer, latinizado como Camerarius, en una carta a un colega, conocida como De sexu plantarum epistola (1694) estableció que la mayoría de las plantas es hermafrodita y que su anatomía permite que sus anteras introduzcan polen sobre el estigma del pistilo. Así, eliminando los estambres se eliminaba la posibilidad de fecundación. Estudió las plantas monoecias (con flores masculinas y femeninas en el mismo pie) y las dioecias (con flores ambos sexos en pies diferentes), y vió que cuando plantaba espinacas (dioecias) sin flores masculinas, no había fructificación fértil.
Novedades en zoología
En este terreno la microscopía reveló secretos aún más sorprendentes. Malpighi observó en pulmones de rana que los capilares de las venas tenían contacto con los de las arterias, y descubrió que el tejido pulmonar estaba compuesto por vesículas de aire con una membrana que separaba el aire de la sangre. El holandés Jan Swammerdam estudio minuciosamente los insectos, desechando que fueran más simples que animales más grandes: no había una escala de prefección en la naturaleza.
Francesco Redi estudió la generación espontánea, con trozos de carne de serpiente en tarros de plástico. Sus estudios revelaban que los gusanos procedían de huevos puestos por moscas, y de ellos eclosionaban moscas similares a las que había en la habitación. Los frasncos cerrados no generaban gusanos. La crítica a la generación espontánea incluiría a los protozoos con los estudios de Pasteur en pleno XIX.
Sin embargo, el descubrimiento más espectacular fue el de los espermatozoides por el microscopista van Leeuwenhoek. Vió por primera vez cosas jamás soñadas, que relató a la Royal Society en sus cartas que publicó en Philosophical transactions, la revista científica de la sociedad. Descubrió multitud de infusorios y otros protozoos, observó los glóbulos rojos de la sangre y los dcitados espermatozoides. En un primer momento todos estos descubrimientos sólo excitaron la capacidad literaria de imaginar ignotos mundos en gutas de agua, como le sucedió a Voltarie con su Micromegas.
En aquel momento había dos teorías en torno a la generación:
1.- Epigénesis: Proponía que las estructuras de un organismo se desarrollan mediante una complicada elaboración estructural a partir de una materia informe, en lugar de hacerlo por crecimiento de una entidad preformada. Esta teoría sería reafirmada en el s. XVIII por Caspar Friedrich Wolf al observar al microscopio embriones de plantas y ver que los componentes de un organismo nuevo no están prefigurados sino que se forma a partir de materia indiferenciada. Hacia mitades del siglo XIX, fue cuando el concepto de epigénesis tuvo amplia aceptación por los biólogos, como resultado de cuidadosos estudios llevados a cabo por numerosos científicos que demostraron que las porciones del cuerpo solamente se formaban durante el desarrollo embrionario.
2.- Preformismo: al contrario de la anterior, esta teoría era una de los principales conceptos del desarrollo embrionario de los siglos XVII y XVIII que planteaba que en el espermatozoide estaba presente un cuerpo diminuto (homúnculo) perfectamente bien constituido del organismo. Según esta idea, el desarrollo embrionario consiste simplemente en un aumento en el tamaño de las partes preformadas del adulto. La principal diferencia de opinión si el cuerpo diminuto preformado estaba en el espermatozoide o en el óvulo. Luego, con el avance de la tecnología se determinó que lo que había dentro del espermatozoide no era un hombrecillo sino que una estructura llamada acrosoma que contiene enzimas, quienes ayudan en la fecundación.
La tradición aristotélica afirmaba que el semen porta la forma con la que informa a la materia informe que es la sangre menstrual. Para Leewenhoek, el espermatozoide es el portador de la informaicon para la construcción del nuevo ser, siendo el óvulo un mero receptáculo alimenticio. No obstante, los huevos de los mamíferos eran suposiciones, no observados y confundidos con los folículos del ovario. Los óvulos de mamífero no se observaron hasta Karl Bauer (1827). El preformismo, que preconizaba la existencia de animálculos tenía las dos variantes: preformismo animalculista y preformismo ovista, según el lugar en el que se suponía que estaba la preforma: en el espermatoziode o en el óvulo. No faltó quien creyó ver diminutos hombrecillos en la cabeza de los espermatozoides. El epigenismo se renovó con Aldrovandi, Fabrici y Harvey, para quiene los huevos son una sustancia informe que se reorganiza bajo el control de una forma específica para cada especie, procedente del semen. Descartes avaló una forma mecanicista del epigenismo. De todas formas, el epigenismo, ya sea mecánico o aristótélico, no ofrecía explicaciones muy efectivas, y la espectacularidad de los nuevos descubrimeintos microscópicos favoreció el preformismo, que tenía un atractivo doble:
Por un lado eliminaba el problema de la creación de novedades, al suponer que no había generación verdadera, sino mero desenvolvimeinto de una estructurta preexistente.
Por otro lado, resultaba piadosa y antimaterialista, toda vez que preconizaba la carencia de capacidad de la naturaleza de creación ex novo, que había que retrotraer a Dios. Así la materia no era ni autónoma ni activa, por lo que su comprensión exigía la labor del Creador. En una palabra: la humanidad estaba encajada, a modo de infinitos dentro de infinitos, en los óvulos de Eva o en los espermatozoides desde el inicio de los tiempos.
El preformismo inspiró experimentos e investigaciones tales como los de Malpighi observando al microscopio las estructuras embrionarias de huevos de gallina fecundados pero no incubados, en los que se podía observar embriones ya formados con los órganos fundamentales; pero no se consiguió observar lo mismo en los no fecundados: Malpighi no observaba sino masas informes en estos, pero bien pudiera deberse al diminuto tamaño, fuera de las posibilidades de detección, de modo que el asunto quedó en suspenso. Las observaciones contrarias a la generación espontánea parecían asimismo avaar el preformismo más que el epigenismo. Sin embargo, las versiones ovista y animalculista del preformismo no tuvieron igual fortuna. Leeuwenhoek era ferviente partidario del animalculismo, y el huevo femenino no se observaba por lado elguno en mamíferos de modo concluyente. Leeuwenhoek no creía que los folículos fuesen huevos: para él la reproducción era cosa de hombres. Los espermatozoides eran para él animales con ciclos de vida similares a los infusorios, de forma que estudió cómo se formaban en los testículos, cómo nadaban en el útero, cuánto vivían fuera del cuerpo y qué los mataba.
El ovismo gozó de mayor favor que el vermismo, dado que los huevos de los mamíferos habían sido propuestos para dar unidad a la generación de todo el reino animal. El hallazgo de huevos en los supuestos casos de generación espontánea empujó asimismo al ovismo, y otro tanto ocurrió con el descubrimiento de la sexualidad de las plantas, que entraron en el mismo esquema general que los animales. Además el polen, a diferencia de los espermatozoides, no presentaba animálculos por parte alguna.
Para terminarlo de arreglar, a mediados del XVIII Charles Bonnet descubre la partenogénesis de áfidos, con lo que el animalculismo quedaria relegado y el ovismo se presentaba en general como más creíble que la hipótesis de Leeuwenhoek, vista cada vez más marginal. Así, de paso, se intenaba solucionar el problema de los millones de homúnculos desperdiciados en cada eyaculación, visión que hacía estrambotica la visión animalculista a ojos de las gentes del XVII y XVIII. Tal desperdicio decía poco bueno del diseño y previsión del Creador.