jmlandart@gmail.com
En muchos aspectos el románico es extraordinariamente desenfadado. Bajo la apariencia a veces tosca del imaginario, subyace un mundo de relaciones, de críticas, de juegos, de picardías y de chistes antiguos.
El maestro cantero no pretendió en general reproducir de forma realista los objetos, animales o personas que esculpía. Eso ya fue conseguido milenio y medio atrás por los griegos, de una manera imposible de superar. El arte románico es un arte mucho más abstracto, y por ello menos fiel a la realidad objetiva de los objetos que representa.
Por ejemplo: no le importa diferencias de tamaño entre personas situadas en el mismo plano porque quiere expresar diferencias de importancia.
En los temas recurrentes e importantes, el tratamiento es especialmente jugoso, porque hay mucho de lo que hablar, y las piedras hablan por medio de sus formas y significantes ya que no lo pueden hacer de otra manera.
Concretemos un tema: la sagrada familia. En la tradición cristiana, puritana de por sí, no existe cosa igual: una virgen, un esposo casto que no ha yacido con su mujer, un recién nacido, una mula (animal estéril) y un buey (un animal castrado).
Puede alguien imaginarse un alejamiento mayor de cualquier contenido sexual?
En este estado de las cosas, hay que reconocer que la figura de San José es una figura difícil: le ha tocado ser padre sin ser padre. No tiene otra misión que la de acompañante; lo mismo podría ser el esposo de la virgen que ser un simple bienhechor que acompaña siempre a la madre y al hijo para protegerla.
Más aún, el ser esposo hace aún más difícil la situación vista desde el lado humano: tan sólo el hecho de que sea el mismo Dios el que ha embarazado a su esposa hace posible que San José acepte una situación que de otro modo hubiera sido inaceptable.
En la ilustración que encabeza este post vemos la escena de la adoración de los Reyes Magos, en la que aparecen los personajes habituales: la virgen, el niño, San José y los tres reyes ofreciendo sus presentes.
San José está, pero parece que no está. Está ausente, impropiamente mirando distraído hacia otro lado, ajeno completamente a una escena que se supone importante.
Manuel Guerra en su libro Simbología románica (1) afirma que San José aparece invariablemente en un extremo en la escena de la adoración de los magos, siempre con cachava y envejecido.
Jaime Cobreros en su obra Las rutas del románico en España (2) cuenta que esta apariencia de San José de estar de prestado en la escena es completamente habitual en el románico.
¿Es posible que el maestro, o los maestros que esculpieran estos tímpanos nos quisieran contar chascarrillos sobre la situación peculiar del casto José?
Uno diría que sí, porque el maestro no escatimó esfuerzos a la hora de mostrar la extraña disposición del santo: incluso está con la cabeza indolentemente apoyada en su brazo derecho, como quien espera con aburrimiento a que termine una reunión familiar especialmente pesada...
No obstante, para interpretar correctamente la simbología románica (o cualquier otra) no basta con dejarse llevar por la imaginación. Muchas veces viene bien acudir a la iconografía universal de los hechos relatados en la escena para ver cómo ha sido tratada la cuestión a lo largo del tiempo. Este estudio diacrónico nos acercará un poco al magma discursivo existente en la mentalidad de la época. La hermenéutica, o arte de interpretar, nunca es un asunto cerrado, siempre está abierto a mejores interpretaciones. ¿Qué nos dice la iconografía, no ya románica, sino general, sobre san José?
La primera imagen es un óleo de Gaetano Gandolfi, pintor italiano del XVIII. La segunda imagen corresponde a un óleo de Anton Raphael Mengs, pintor neoclásico del siglo XVIII. Ambos reproducen el mismo evento: el sueño de san José, . En él se reproduce la escena que se relata en la Biblia en Mateo, 1:20:
Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
Así pues, comprobamos que dejar volar demasiado la imaginación no es una buena manera de intentar acceder al significado de las imágenes románicas. A veces son los textos relacionados con la escena, otras veces es la iconografía general sobre el asunto, un símbolo vive en su entorno y conocer el entorno es tener más datos para su interpretación.
Obviamente, unos óleos posteriores varios siglos a los tímpanos románicos no pueden hablar retroactivamente sobre los mismos. Es la participación de una cultura común la que nos da las claves para sospechar que nuestra intuición inicial, aunque plausible y seguramente con cierta parte de verdad, no es completa. De hecho, el sueño de san José es una manera de asumir su difícil papel en la Sagrada Familia...
Aún queda un asunto curioso por comentar, es el del anacronismo que supone el sueño de san José (que se produce según la Biblia antes del nacimiento del niño), inserto en una escena de la epifanía. Tal anacronismo no debe sorprendernos excesivamente: se trata seguramente de dar a cada personaje una cualidad que le es específica, si en el imaginario popular del momento es muy fácil reconocer a José viendo a un anciano acodado y adormilado, se le representa de tal manera y punto. Muchas veces la respuesta es la más sencilla posible. Sin embargo tampoco pensemos que la representación del sueño de José es invariante; en san Juan de la Peña, Huesca, la representación es totalmente acostado en su camastro, como se puede observar en la fotografía siguiente:
____________________________________________
(1). "Simbología Románica". Manuel Guerra. Fundación Universitaria Española.
(2). "Las rutas del románico". Jaime Cobreros. Grupo Anaya.
La primera foto es del tímpano de la iglesia de San Miguel de Biota, en la provincia de Zaragoza.
La segunda foto es del tímpano de la iglesia de Santiago de Agüero, en la provincia de Huesca.
La tercera foto es del tímpano de Ahedo de Butrón, en la provincia de Burgos.
Las tres parecen copias casi idénticas del mismo tema, como bien se puede apreciar.