Rocío Lozano Miranda es licenciada en Psicología por la Universidad de Granada, con mención en Psicología Clínica. Está habilitada en psicología sanitaria habiendo realizado para ello el Máster de Psicología General Sanitaria por la Universidad de Murcia. Además, tiene un Máster en Neurociencia Cognitiva por la Universidad de Santiago de Compostela. Ha estado dos años trabajando dentro del área de psicología jurídica y psicoeducación y su formación en diferentes áreas de la psicología le permite ofrecer un enfoque holístico en terapia. Por otro lado, cuenta con formación específica en terapia cognitivo-conductual y terapia humanista y existencial que pone en práctica en su clínica Psicología y Neurociencia.
—¿Qué razones suelen llevar a una persona a la adicción y a qué edad suelen empezar estos problemas?
—Las razones por las que una persona comienza con una adicción son muy diversas. El inicio en las adicciones suele darse en la adolescencia. Todo tipo de adicción suele comenzar a esa edad porque tienden a ser más impulsivos, están en una etapa madurativa donde hay determinados factores biológicos que hace que sean más impulsivos, lo cual hace que piensen menos las consecuencias de lo que hacen, y eso les lleva a tener comportamientos más de riesgo como, por ejemplo, comenzar con una adicción.
Una adicción se comienza generalmente por no pensar en esas consecuencias y, también, porque a veces son personas evitativas a las que les cuesta enfrentarse a los problemas. En ese caso, el consumo de sustancias o, por ejemplo, las redes sociales, hace que en lugar de pensar en el problema, se evada; esa evasión hace que se sienta más tranquilo y tienda a repetir esa conducta.
—¿Cuáles son los comportamientos que podemos notar cuando una persona es adicta?
—Los comportamientos dependen de la adicción. Los principales comportamientos se dan en personas evitativas que tienden a no afrontar los problemas, que cuando se les dice algo enseguida sienten ansiedad, se callan y se puede ver que a lo mejor se pueden retirar a espacios privados, quizás para comenzar la conducta adictiva. Hablando del consumo de sustancias, hay determinadas sustancias como la marihuana, con lo que se empieza, o el alcohol. Este último es de fines de semana, lo cual no hace que no sea adicción si todos los fines de semana consumimos.En ese caso la persona va a tender a salir mucho de fiesta y a estar por las mañanas más dormida o tranquila porque el alcohol lo que hace es relajarlos demás. Con la marihuana, por ejemplo, el efecto que se va a ver en esa persona es que le cuesta más procesar información.
—¿Cuál es la adicción más frecuente en los jóvenes y por qué?
—Hace unos años era el consumo de alcohol y luego el consumo de marihuana. Actualmente, la adicción más común en jóvenes es la adicción a las redes sociales porque es muy fácil. No es una conducta que conlleve un riesgo a nivel de salud, con lo cual, se comienza a hacer sin darse cuenta del prejuicio que tiene para ellos. Las redes sociales están hechas y diseñadas para crear esa adicción, porque el refuerzo social que a todos nos gusta sentir lo están recibiendo en la red social a partir de “likes”, de “me gusta” en las fotos y, por lo tanto, quieren continuar.
Cada día se meten más en la red social, suben más fotos, esperan más “likes'' y eso lleva a una conducta adictiva.
—¿Qué edad es la más problemática en los jóvenes y por qué?
—La edad más problemática para los jóvenes es cuando comienzan a tener doce, trece, catorce años porque están en una etapa donde ya comienzan a tomar decisiones por su cuenta; pero, aparte, tienen, a nivel neurológico, una zona que se llama el prefrontal, que es lo que hay justo en la frente, que termina de madurar a los veinte en chicas y a los veinticinco en chicos como media. Ese prefrontal es la parte del cerebro que les dice que retengan sus impulsos, les hace pensar en las consecuencias de sus acciones, les permite mantener la atención y controlar la impulsividad. Hasta que se desarrolla, sus decisiones no conllevan bien un razonamiento de las consecuencias; por ello, va a hacer que vuelvan a conductas de riesgo, porque no piensan que la consecuencia vaya a ser mala. Actúan sin pensar y por eso es la edad más peligrosa.
—¿Qué importancia tiene el ambiente social y económico en las adicciones?
—El ambiente social y económico está muy desarrollado con las adicciones. Si se vive en una situación de riesgo de exclusión social, en familias con determinadas problemáticas económicas en las que generalmente ambos padres se encuentran trabajando, pero no ingresan lo suficiente como para tener a sus hijos al cuidado de alguien, eso hace que los niños estén menos atendidos y, como están en una etapa donde las decisiones son más impulsivas, puede ser que comiencen a tener conductas de riesgo, como delincuencia juvenil, consumo de sustancias o un grupo de amigos que no sea el adecuado porque le están llevando a conductas de riesgo. Todo eso hace que ese ambiente social no sea el adecuado porque el niño no tiene toda la atención que necesita. Está relacionado, al mismo tiempo, con ese ambiente económico, porque la falta de atención es por una economía que no permite a esos padres darle al niño esa atención adecuada.
—¿Qué podríamos hacer si notamos un comportamiento de adicto en alguna persona cercana a nosotros y de qué manera suelen reaccionar las familias?
—Lo que hay que hacer es, primero, hacer consciente a esa persona de que la conducta que está llevando a cabo no es buena para él o para ella. Las familias suelen reaccionar bien cuando les indicas que un ser querido está teniendo una conducta adictiva, ya sea en el ámbito que sea, redes sociales, nuevas tecnologías o consumo. La familia se preocupa y generalmente es muy importante para dar ese apoyo y esa educación que esa persona necesita para evitar que continúe con esa conducta. Entonces, la persona es la que quizás va a ser más reticente, porque nadie quiere admitir cuando está haciendo algo mal. Ahí hay que tener mucha constancia y demostrarle, pero sin castigos, con comunicación asertiva, no con comunicación que genere culpabilidad. Hay veces que les dicen: “Mira lo que estás haciendo” o “Nos estás haciendo daño”, pero ese tipo de frases solamente hacen que esa persona continúe porque se va a sentir más ansiosa y va a consumir más o va a hacer mayor la adicción que tenga. En ese sentido, lo que hay que hacer es hacerle consciente de que es malo para él o para ella, no para los demás, que la importancia está en él o en ella, utilizando frases como: “Esto no te va a ayudar en un futuro”, “¿Qué problemas tienes?” o “Él te puede ayudar a superar esos problemas”. En definitiva, hay que darle herramientas a esa persona para que en lugar de consumir o estar adicto a las redes sociales, realice una conducta que sea más productiva para sí misma aprenda cómo enfrentarse a los problemas y, sobre todo, sienta que tiene apoyo social.
—¿Cómo y por qué suelen pedir ayuda las personas adictas y cuál suele ser su peor momento?
—Suelen pedir ayuda cuando ya están muy ahogados. Entonces ya es más problemático, pues es algo que ya tienen muy instaurado. Es como si, en lugar de escribir con la derecha, empiezan a escribir con la izquierda siendo diestros. Es muy complicado, porque la tendencia es escribir con una mano. Entonces, como se nota mucho más fluido ahí, va a querer repetir la conducta que sabe y que sabe hacer, que es escribir o en este caso consumir o la adicción que sea. Por eso, una vez que tienen tan afianzado un aprendizaje, comenzar con otro es más complicado y suele ser cuando están más ahogados y la forma de reaccionar a la terapia suele ser muy buena. Cuando ellos quieren ir es porque realmente la gente quiere ir y la gente sale siempre hacia delante.
—¿Qué actitudes necesita una persona para superar una adicción y como suele ser el proceso de recuperación?
—Las actitudes que suelen necesitar, como son gente que no quieren enfrentarse a los problemas, se van a una forma fácil, que es negarlos, o mirar hacia otro lado con esa conducta adictiva. Por eso la terapia siempre es crear herramientas que les ayudan a resolver los problemas. Aparte, se crea un grupo de apoyo que le ayude a ver que no está solo, que no tiene por qué estarlo, para que vea que él o ella no tiene herramientas o vías suficientes. Saber pedir ayuda suele ser, básicamente, inteligencia emocional. El pedir ayuda, contar con los demás, el reconocer sus emociones y saber enfrentarse a ellas, en ese sentido, es la terapia.
—¿Qué le parecen las medidas que toman las autoridades y los gobiernos en la lucha contra las adicciones?
—Son actitudes que van cuando el problema ya ha aparecido. En lugar de prever que aparezca, se centran en un ámbito más de solventar cuando el problema existe, en lugar de promocionar la salud. Sería mejor tener programas más aplicados en colegios, en escuelas, incluso en trabajos, dando incluso escuela de padres, porque no todo padre sabe ser padre. Ellos son padres cuando deciden quedarse embarazados, pero nadie les enseña. Generan programas de promoción de la salud, que lo que enseñan a la gente son resoluciones de problemas, inteligencia emocional y reconocimiento emocional. Nunca una persona tendría que llegar a consumir y, de hecho, el gobierno ahorraría mucho más, porque es más fácil promocionar la salud que intervenir cuando el problema ya existe.
—Y mirando a los efectos de la pandemia, ¿cómo ha afectado el confinamiento a las personas adictas, particularmente, a las tecnologías y al juego online?
—Ha afectado mucho y para mal. Porque la ansiedad aumenta cuando no tienen relaciones sociales. Una de las primeras cosas y más importantes para evitar consumir es tener una buena red social, y la pandemia la ha quitado en muchas ocasiones porque han estado aislados.
Eso hace que la ansiedad sea más fuerte.
En el ámbito del juego online, las apuestas y las redes sociales aumenta muchísimo más la adicción porque es mucho más fácil. Cuando está aburrido, cuando no tiene herramientas en su día a día y no sabe qué hacer, va a tender a ello. Por lo tanto, se han agravado mucho las adicciones, incluso gente que ya las tenía superadas, han vuelto a recaer.
—¿Qué recomienda usted a personas de nuestra edad para evitar estos problemas?
—Recomiendo saber tener una buena observación de uno mismo. El conocerse tan bien que sepan cuándo están tristes, cuándo están felices y por qué lo están. Las emociones son como el piloto de un coche y nos están indicando algo; todas las emociones.
Si él se encuentra triste un día, es porque tiene una necesidad, ya sea de sentirse querido, de sentirse acompañado, de sentir que es autónomo y que puede tomar sus propias decisiones. Esa tristeza le está diciendo que no está satisfecho. Entonces, en el momento en que él se da cuenta de que está triste porque había quedado con una amiga y le ha dicho que no, eso no le está diciendo que la amiga lo ha hecho mal, sino que él quería sentirse querido. Lo que tienen que buscar es saber satisfacerse ellos mismos sin depender de los demás.
En ese sentido la recomendación sería fomentar la autoestima, la seguridad en ellos mismos de forma que cuando estén, por ejemplo, solos, tengan herramientas suficientes para afrontar esa soledad o determinadas emociones negativas que a veces parece que les invaden y no saben cómo hacer frente a ellas. Además de todo esto, de saber reconocer sus propias emociones, también deben saber pedir ayuda, porque no pasa nada por decir a los demás “Me siento de esta determinada forma y me gustaría que me ayudaras a solventarlo”.
El tener un grupo de amigos donde él realmente pueda confiar, a quien él le pueda contar todo y se sienta apoyado. Si tenemos amigos con quien no sentirnos apoyados y no somos sinceros, tenemos una mala red social. Entonces, siempre es positivo buscar una buena red social. Con ella, y sabiendo reconocer nuestras emociones, nunca generamos este tipo de problemáticas; de hecho, no se suelen generar teniendo esas dos partes.
—¿Cómo ve la situación futura con el paso de las adicciones a las drogas y al alcohol a otras adicciones como las tecnológicas, las redes sociales y el juego online?
—Toda adicción lleva a otras adicciones. El cerebro se va adaptando a esa adicción y las personas que tienen una conducta adictiva comienzan a ser más impulsivas, con lo cual, como piensan menos las consecuencias de sus acciones, tienden a tener más conductas adictivas en otros ámbitos. Siempre va de la mano; por ejemplo, si él comienza a consumir alcohol, va a sentir menos miedo o no va a pensar tanto en las consecuencias de consumir marihuana, le va a ver menos peros a las consecuencias a comenzar a estar todos los días con Instagram o con Facebook con lo cual una adicción siempre va a conllevar otras, porque no son capaces de prever esas consecuencias.
—¿Cómo empiezan las adicciones?
—Depende de la adicción. Generalmente el consumo suele ser en grupo. Si él tiene una autoestima baja, quiere sentirse aceptado por el grupo y, cuando le ofrecen algo, como le da miedo decirles que no porque le pueden rechazar, va a sentir que no es una persona divertida, graciosa, que no es una persona con la que la gente quiera pasar el tiempo. Si le ofrecen algo, le va a dar más miedo rechazarlo porque va a pensar: “Ya no van a volver a quedar conmigo”, ”Ya no me van a aceptar” o “No soy tan divertida como ellos”.
Si tenéis una buena autoestima, no vais a caer ahí porque, si uno está seguro, no consume y puede ser igual de divertido; o si no le caes bien, ya quedarás con otro grupo de amigos.
El consumo en grupo suele ser porque alguien le ofrece o porque a alguien del grupo se le ocurre la “genial idea” de probar algo y todos le dicen que sí.
Las adicciones a las nuevas tecnologías suelen ser solas, porque suele ser gente más introvertida, a la que le cuestan las relaciones sociales en directo. Con lo cual van a comenzar a tener unas relaciones sociales online, porque le cuesta menos abrirse. Lo que le da miedo realmente es el rechazo, pero como ahí no lo siente porque no ve cómo la otra persona le está rechazando o le está ignorando, tiende a hacerlo más en solitario.
—¿Cree que estar mucho tiempo con el móvil puede dañar alguna relación?
—Toda adicción conlleva que pierdan el día a día. En psicología hablamos de problemática cuando él deja sus funciones principales, como estudiar, sus relaciones sociales o la comunicación con su familia. Esa rutina que él tenía, la empieza a abandonar porque la adicción engloba más tiempo.
Aparte, cuando él comienza a tener una adicción en redes sociales o en nuevas tecnologías se está sintiendo tan cómodo en ese mundo online donde no tiene que interactuar con nadie, donde cree que se puede abrir más y, por lo tanto, se siente más seguro y va a tender a tener más inseguridad cuando se relacione en el tú a tú con los demás.
—Si detectamos alguna adicción a una temprana edad, ¿a quién avisamos?
—Si notáis una adicción temprana, lo primero que tenéis que hacer es comunicárselo a sus padres, profesores o familiares, porque son el grupo adulto más cercano a ellos.
Con la persona con la que más confianza tengan deben acudir a un profesional para que les ayude a evitar seguir cayendo en esa conducta de riesgo que supone esa adicción.
—¿Las adicciones causan normalmente sentimientos como depresión o aislamiento?
—Las adicciones generan depresión y desmotivación. Además, comienzan por una cosa que se llama “área de recompensa” en el cerebro.El área de recompensa es una vía que se activa cuando él ha hecho algo que le ha reportado felicidad; se libera un neurotransmisor que se llama dopamina por lo que se siente feliz.
Ese área de recompensa a nivel evolutivo se generó para mantener la especie. Solamente se activaba cuando él come, para mantenerse vivo, cuando bebe para seguir manteniéndose vivo y cuando se reproduce para mantener la especie. Todas esas conductas conllevan limitación. Él no puede estar bebiendo todo el día, no se puede estar reproduciendo todo el día y no puede estar comiendo todo el día, porque sentimos saciedad.
Por lo tanto, el ser humano comienza a crear otro tipo de reforzadores, como son los abrazos, las notas en el colegio o el dinero. Estos son reforzadores que, en psicología, se llaman reforzadores secundarios porque no vienen impresos en su base biológica, sino que lo están construyendo; y esos no tienen saciedad. Él puede estar dando abrazos todo el día y recibiendo likes en Instagram todo el día; pero también puede estudiar todo el día si se siente satisfecho y, en ambos casos, no tiene saciedad. Entonces, la dopamina comienza a liberarse de forma muy continua, algo para lo que su cerebro no está preparado y llega un momento en que ya no es capaz de liberar más. Por eso ahora tiene que repetir más la conducta. Si él antes recibía un vaso entero de dopamina, su cerebro dice que eso no es viable. Entonces comienza a liberarse muy poquito, como en chupitos, por lo que tiene que repetir más la conducta para estar igual de feliz que la primera vez que lo hizo. Eso se llama tolerancia, algo que le pasa a la gente cuando comienza cualquier tipo de adicción. Es decir, que lo que antes hacía una vez, luego tiene que repetirlo mucho en el tiempo para llegar al mismo estado de satisfacción. Cuando todo esto ocurre, se está alterando nuestra bioquímica, con lo que, a la larga, esa felicidad que él siente, que es la que lo motiva a realizar acciones como subir una foto bonita a Instagram por las que luego va a recibir un montón de likes, comienza a decaer.
Esa motivación, como ya no libera tanta felicidad en su organismo, comienza a hacer decaer la motivación y, por lo tanto, empieza a perder el interés en hacer conductas que conllevan un refuerzo más tardío. Es decir, que le cuesta menos estar en Instagram subiendo fotos que escuchar a su amiga durante una hora. Por lo tanto, cuando la conducta conlleva más esfuerzo, tiende a no hacerla, lo que lleva a la desmotivación y a la depresión a la larga, porque ya no se siente tan feliz en su día a día.
—¿Cómo suelen reaccionar las personas cuando les dices que tienen que parar con esa adicción?
—Suelen reaccionar mal al principio, porque a nadie le gusta que le digan que hacemos algo mal. Tienden a reaccionar a la defensiva: “¿Qué dices?”“Yo no hago eso”. “Estás exagerando”. “Solamente me meto en Instagram dos horas al día”. Tienden a reaccionar a la defensiva, por lo que lo último que debemos hacer es hacerle sentir culpable o hacerle sentir responsable de su conducta de manera muy negativa, porque entonces va a estar más a la defensiva. Tienen que hacerlo con asertividad y ser muy constantes, ya que la gente tiende a terminar admitiendo siempre que se han equivocado. Por lo tanto, hay que ir haciendo consciente poco a poco a la persona, pero con mucha mano izquierda.
—¿A qué edad debería un niño comenzar con las redes sociales o el juego online?
—La edad de inicio, tanto de las redes sociales como del juego online, no es tan importante como el que les hagan ser responsables y conscientes de la problemática que conlleva. Ninguna actitud es mala siempre que se haga con moderación. No es tan importante la edad de inicio una vez que el niño ya ha aprendido habilidades sociales, que es lo importante.
Si un hijo empieza a interactuar antes a nivel online que a nivel físico, no va a generar habilidades sociales. Lo principal es que comience a ver si el hijo tiene esas habilidades. Entre los diez y los trece años debería hacerlo siempre en un inicio bajo la supervisión de un adulto, ya que, de esa forma, saben cuánto tiempo está el niño en la aplicación y, sobre todo, ese adulto debe ser consciente de la problemática que conllevan las redes sociales, haciéndole ser consciente a su hijo para que lo haga con moderación. Todas las redes sociales tienen su parte positiva, pero tienen también este ámbito negativo. Por ello hay que utilizarlas con responsabilidad y potenciando la parte positiva, siempre sin llegar a caer en esa conducta repetitiva que, al final, va a hacer que su hijo se aisle socialmente y a nivel físico.
—¿Qué recomienda hacer cuando una persona está en una adicción?
—Ellos siempre mantienen conductas que sienten que hacen bien. En ese sentido, recomiendo reforzar mucho cuando mi amigo quede conmigo, cuando esté conmigo a nivel físico. Recomiendo darle mucho más apoyo en ese nivel, empoderarlo esos momentos, y hacerle ver que ese momento ha sido mejor que la conversación que hayamos tenido por Whatsapp tres días antes, que ha sido mucho más reconfortante hacerlo en persona. De esa forma, ese amigo va a potenciar y va a repetir más esa conducta al aire libre o a nivel físico que cuando interactúe conmigo a nivel online.