Inma Vidal (Vigo, 1988) es educadora social, con Máster en gestión de la discapacidad y la dependencia, guía de mindfulness, técnica de montaña y monitora de ocio y tiempo libre. Tiene experiencia en el ámbito laboral, se centra en trabajar con personas en riesgo de exclusión social desde distintos ámbitos y es educadora, orientadora, docente y promotora del ocio y tiempo libre. Ana Vázquez (Vigo, 1980) es una profesional de la educación social con formación y experiencia en el trabajo con personas con conductas adictivas y trabajo con colectivos en riesgo de exclusión social. Su experiencia le ha permitido construir una identidad profesional en la que ha integrado el saber hacer y el desarrollo de competencias para el desarrollo de sus competencias de cara a aportar calidad técnica y humana. Está diplomada en Educación Social con especialización en adaptación y marginación social y educación de personas adultas. También tiene un postgrado en tutela de colectivos en riesgo de exclusión social. Tiene experiencia en intervención socioeducativa dentro del ámbito de conductas adictivas, adolescencia, familias, prisiones, salud mental, gestión cultural, animación sociocultural, docencia en distintos proyectos formativos y creación de materiales didácticos. Por su parte, Rodrigo Alonso (Vigo, 1989) es licenciado en psicología y máster en prevención y tratamiento de conductas adictivas. Es especialista en Intervención Asistida por perros y tiene formación en género, diversidad afectivo-sexual, e intervención en trauma, apego y disociación. Tiene experiencia en diversas entidades dentro del ámbito de las conductas adictivas y colectivos vulnerables y lo compagina con la práctica privada en distintos centros.
—¿Cuáles suelen ser los tipos de adicciones que llegan a la Asociación Érguete y cómo se enfrentan a ellas como educadoras sociales y como psicólogo?
—ANA VÁZQUEZ: Para establecer un punto de partida me parece muy importante definir lo que se entiende por adicciones. Podemos definir la adicción como cualquier tendencia a consumir una sustancia o a realizar alguna conducta sobre la que no tenemos el control. Será una pérdida de control, una falta de control, sobre esa conducta y suele incitar también una fuerte dependencia. Se suelen abandonar actividades placenteras que antes se realizaban y acaba causando una interferencia bastante seria en la vida de las personas. Inicialmente, las adicciones se entendían siempre relacionándose con sustancias, pero como a lo largo de los años ha ido cambiando hasta el momento actual, vemos que existen adicciones en las que no hay sustancias por el medio, pero acaba produciéndose esa misma dependencia y esa misma pérdida de control. Respecto a la pregunta que hicisteis de qué tipo de adicciones tratamos en la Asociación Érguete, serían ambos tipos de adicciones. Por un lado, las adicciones con sustancias, que son temas de alcohol, que está muy aceptado y normalizado o el consumo de cannabis o cocaína, que también es un estimulante muy potente. Quizás, en menor medida, pero también, lo que son los fármacos. Por otro lado, tratamos también lo que se llaman adicciones comportamentales, que es realizar una conducta de forma descontrolada. En este caso, tendríamos, por ejemplo, el tema de las apuestas, los videojuegos, la adicción a cualquier dispositivo electrónico, como puede ser el móvil u ordenador, que estamos viendo que, sobre todo en la juventud desde hace unos años hasta ahora, está muy presente. Una misma persona puede tener adicción a varias sustancias, por ejemplo, al cannabis y al alcohol, o también tener una adicción a una sustancia, como puede ser el cannabis, pero también una adicción comportamental; por ejemplo, cannabis y videojuegos. Como educadoras sociales y como psicólogo, hay como dos partes diferenciadas del trabajo. Por un lado, entendemos que cada consumo y cada adicción es diferente en cada persona; siempre tenemos en cuenta las diferencias individuales, es decir, por qué esa persona inició el consumo, qué lo mantiene, qué motivación tiene para cambiar, y, luego, a partir de ahí, establecemos ya una intervención más común que suele estar orientada en la gestión de las emociones, técnicas de autocontrol, cuidado de la salud, autocuidado personal, y autoconocimiento; es decir, muchas técnicas que luego nos apoyamos en ellas para trabajar toda esa parte individual de cada persona.
—¿Cuáles suelen ser las razones que llevan a consumir a las personas que sufren algún tipo de adicción?
—A. V.: Como os decía, antes la motivación exacta del consumo va a depender mucho de la persona de sus características y de lo que ha vivido. Pero sí que es cierto que existen unas motivaciones que pueden definirse. La que nos parece más importante es la curiosidad, las ganas de experimentar o el hecho de que las amistades u otras personas lo hagan. Suele ser una motivación, sobre todo, dependiendo de la etapa del desarrollo como puede ser la adolescencia, y es uno de los motivos que casi todas las personas nombran como inicio de consumo. Otro motivo también es el de relacionarse socialmente. Se utiliza también un poco como guía para perder la vergüenza, acercarse a otras personas y hacer cosas que, sin estar en consumo, no harías. También nos parecía importante destacar que muchas veces las razones para consumir son como un rito de paso; de ser un niño o una niña a convertirse en una persona adulta. Utilizar la sustancia y el consumo es un paso de ser un niño o una niña a ser una persona adulta. Otra razón importante también es para sentirse bien, porque al final las drogas producen unas sensaciones muy intensas de placer. Por eso, según qué tipo de droga sea, puede potenciar la atractividad, la euforia o la relajación. Entonces, muchas veces se utilizan para sentirse bien. Otro motivo también puede ser usarlas para sentirse mejor. Imagínate que has vivido una experiencia traumática en tu vida, o has pasado momentos muy malos, también se utilizan muchas veces las drogas para evadirse de los problemas, suplir una carencia o evitar el malestar de situaciones que te producen dolor o te han hecho daño. Por eso también se podría consumir para esa evasión del dolor y del malestar. Luego, otro motivo es la disponibilidad, el acceso que hay a las drogas, es decir, es fácil acceder a ellas, con lo cual una razón para también consumir es el hecho de probar porque es fácil acceder a ellas. Por último, queríamos mencionar también el hecho de que muchas veces se utilizan para rendir mejor o tener un mejor desempeño, es decir, ahora muchas sustancias se están utilizando para rendir más en los estudios o, por ejemplo, muchos deportistas también consumen para tener un mejor desempeño en el deporte que practican.
—¿Qué importancia tiene el ambiente social (amigos, familia, sociedad en general) en este problema de las drogas?
—A. V.: Hay muchos factores que pueden aumentar el riesgo de que una persona consuma o protegerla de ello. El ambiente social, obviamente, es un determinante que influye muchísimo, aunque, no es el único. Otro determinante importante es la socialización, es decir, cómo aprendemos sobre el mundo, las ideas que nos formamos acerca de él, y luego la personalidad que estamos formando a lo largo del crecimiento. Entonces, estos tres: el ambiente social, la personalidad y la socialización son los principales determinantes que se tienen en cuenta a la hora de ver que pueden proteger de un consumo o acercarte a ellos. Por ejemplo, respecto a la personalidad sí que vemos importante que, por ejemplo, la búsqueda de nuevas sensaciones o la impulsibilidad siempre van a facilitar que haya esa experimentación con drogas.
Centrándonos ahora en el ambiente social que preguntábais, respecto a las amistades, puede ser un factor de riesgo o de protección. Por ejemplo, si tú tienes un grupo de amistades cuya tendencia es que consuman y te insistan, por ejemplo, para que pruebes, al final te acabas sintiendo un poco presionado y muchas veces se puede convertir en un punto de acceso y de inicio al consumo. Por el contrario, si ese grupo de amistades es un fuerte apoyo, está alejado del consumo y hacéis planes de ocio saludables,evidentemente vas a estar más alejado o alejada de esa posibilidad de consumir. En este punto, respecto a las amistades, es muy importante tener una personalidad fuerte que al final te ayude a saber decir que no, o incluso, si tienes amistades que te insistan, pues esa personalidad te va a ayudar también a decidir qué quieres o lo que no quieres. En cuanto al ambiente familiar, lo mismo, también puede ser un favorecedor de consumo o un protector de él, es decir, todo depende de qué circunstancias se den en ese ambiente familiar. Por ejemplo, si en la familia has tenido a alguien consumidora o hay alguna persona cercana a la familia que tú hayas visto cómo es ese proceso de adicción, puede provocar que tú también normalices esa acción. Por otro lado, también influye si es una familia muy conflictiva y a lo mejor necesitas evadirte de esos conflictos y puede ser que te vas de los problemas también acercándote al consumo. En el punto contrario estaría la otra parte, cómo la familia puede influir positivamente en que te mantengas alejado del consumo porque tienes una relación muy positiva, de confianza, de escucha o de apoyo.
Luego, respecto a la sociedad, que es el último punto sobre el que preguntáis, creo que el entorno que nos rodea somos conscientes de que vivimos en una sociedad en la que es muy fácil acceder a las drogas. En casa hay alcohol, en casa hay tabaco, en la calle se puede acceder también al alcohol y al tabaco de manera relativamente fácil. La publicidad también es algo que influye, quizás ya no tanto pero en su momento sí que había mucha publicidad de tabaco y de alcohol, aunque ahora es cierto que se ha limitado mucho ese tipo de publicidad, pero se ha sustituido por la publicidad orientada a todo el tema de videojuegos o apuestas, y ahí vemos como referencia a muchas personas famosas, como deportistas muy conocidos por todos que salen publicitando abiertamente las apuestas, el juego online, tragaperras y videojuegos. También, por mencionar un aspecto que también está muy presente en la sociedad. Se trata de todo lo que tiene que ver con la cultura y con la música; por ejemplo, de ciertos estilos musicales, como el trap, que es un estilo de música que abiertamente incita y promueve el consumo de drogas.
—¿Qué papel suelen jugar las familias para buscarle una solución a esta situación?
—A. V.: Vosotros preguntáis por las familias y nosotros queríamos hacer también una aclaración, porque no todas las personas que llegan a Érguete tienen apoyo familiar o cuentan con esa familia que pueda ser parte de la solución de su problema. Aparte de la familia, nosotros nos centramos mucho en lo que es la red que puede tener esa persona. La red puede ser una amistad que lo apoye, la escuela, un profesor o una profesora o un centro deportivo si practicas algún deporte. Es decir, siempre se trata de que haya alguien implicado y que esté presente en el momento en el que se presenta alguna adicción. Por eso, no solo el concepto de familia como tal puede ser parte de la solución, sin que puede haber muchas otras personas que sean importantes y que también sean un apoyo muy leal y duradero para quien está pasando por una adicción. Nosotros, en Érguete, vemos dos cosas: por un lado, tanto en las personas menores de edad como en las adultas, cuando tienen una red de apoyo positiva que está presente e implicada, la evolución suele ser mucho más favorable que cuando evidentemente están solos o solas y se tienen que enfrentar a una situación así sin contar con apoyos. Pero luego, a la vez, también vemos dos casos en los que habiendo apoyo familiar o de algún otro tipo, muchas veces no se sepa cómo ayudar; entonces, hay que hacer un trabajo con esa familia o con ese apoyo para intentar mejorar la comunicación o incluso la afectividad que hay entre las personas.
En suma, un aspecto fundamental es que la familia o los apoyos que tenga esa persona estén presentes y se impliquen en el proceso, porque son parte también de la solución. En una implicación que tiene que ser desde que la persona llega hasta que la persona se da de alta para que luego puedan ya continuar fuera en base a todo lo que hayan aprendido. A nosotros nos parece fundamental que haya un bienestar familiar, que haya una buena comunicación y, sobre todo, que haya una afectividad positiva para que haya una buena evolución en la persona.
—Las personas cercanas a ti cuando se dan cuenta de que eres adicto a algo, ¿te suelen rechazar y apartarse de ti o te suelen apoyar y ayudar?
—A. V.: Depende mucho de la situación que tenga cada persona. Puede haber personas cuya familia se entera de que su hijo o su hija ha empezado a consumir y la respuesta que les sale es implicarse. Luego, también hay otras que, al contrario, en un primer momento sufren ese rechazo o ese apartamiento, como dices tú, pero la mayoría de las veces suele ser por desconocimiento. No todo es aceptación o rechazo, y va a depender mucho del conocimiento que haya sobre el proceso de adicción, porque muchas veces genera rechazo o las familias se asustan o incluso un amigo puede alejarse porque no sabe muy bien cómo ayudar. Va a depender mucho de las características concretas que haya.
—¿Cómo es el proceso para tratar la adicción de las personas?
—INMA VIDAL: El proceso, como todos, es primero entrar, llegar y acoger a la persona. Cada persona es un mundo, por lo que no podemos generalizar. La intervención intentamos que sea siempre individualizada, hacemos intervención en grupo para, a la hora de tratar cada caso, hacerlo de manera individualizada. Hacemos un itinerario personal de inserción, en el que se recoge al máximo toda la información relevante de la persona; eso quiere decir, la propia persona, el entorno, la familia, consumos, gustos, intereses o personalidad. Se trata un poco de conocer a la persona al máximo para perfilar unas necesidades y así marcar unos objetivos a trabajar en cada caso. Igualmente, lo que se prioriza es la vinculación con nosotros y con la entidad, que se sientan cómodos y libres para poder abrirse y sentirse cómodos para empezar un proceso que realmente es muy costoso y muy importante. Es un proceso laborioso, de cambio total y absoluto, por lo que intentamos una vinculación con nosotros y con otras entidades para que se sientan arropados y arropadas para poder empezar a trabajar.
—Todas las adicciones son complicadas en general, pero, ¿cuál es la verdadera clave para superar una adicción del tipo que sea?
—I. V.: Como clave no hay una clave, no hay una varita mágica o una fórmula, pero por nuestra trayectoria y el trabajo que llevamos, nos hemos dado cuenta de que lo importante es querer, es que lleguen a nosotros y a nosotras con las ganas de cambio, con ganas de empezar este proceso que, como repito, es muy duro, y, para mí, son unos y unas valientes para empezar este viaje. Entonces, el paso es querer. No venir a Érguete con presiones externas como multas, temas de condenas o presiones externas como tal, por lo que la clave, si tengo tengo que decir una, es el querer.
—Pero muchas veces los toxicómanos recaen. ¿Qué recomiendan hacer a la gente que es adicta y no se ve capaz de superarlo?
—I. V.: Las personas a veces recaen, si han sido consumidoras, y la recaída es algo que está ahí. Lo que se recomienda es pedir ayuda. A veces, podemos pensar que es tan fácil, pero a veces es muy difícil por las características de cada uno y los procesos de cada uno, pero siempre es importante pedir ayuda. Desde familia, amigos, personas que te quieran o que estén de apoyo hasta entidades como nosotros para seguir trabajando. La recaída está ahí, pero no es un fracaso, es parte del proceso y sigue siendo seguir trabajando como en la vida en general que se encuentran trabas.
—Una vez desintoxicadas, estas personas necesitan volver a tener una vida fuera de las drogas y a eso se dedica el Programa de Formación e Integración Social de Érguete. ¿Cómo funciona esta iniciativa y cuáles son sus resultados?
—I. V.: A la hora de los resultados podría deciros un montón de números sobre las intervenciones que hayamos hecho, sobre la formación que hemos realizado, a las personas a las que hemos llevado, pero eso no nos interesa tanto como la sensación que siempre nos devuelven de estar a gusto, de sentirse bien, de sentirse escuchados. Para nosotros ese es el resultado. Que sigan viniendo aquí aunque no estén vinculados o que hayan pasado los procesos de cada uno. En el programa PFIS trabajamos en dos áreas, adultos y menores. Con adultos trabajamos en prisión, con personas privadas de libertad, y hacemos tanto trabajo individual como grupal con formación de todo tipo. Como dijo mi compañera Ana, desde personalidad, autocontrol o autoestima, lo que engloba el ser. Luego, trabajamos con adultos en semilibertad o en libertad, con terceros grados, cuando tienen la condicional, trabajos en beneficios de la comunidad, suspensiones de condena o causas judiciales pendientes. Se hace lo mismo, se hace un trabajo tanto individual como grupal con formaciones. Por ejemplo, ahora, dentro de poco, vamos a tener una formación sobre masculinidades y roles. Aquí también entra la familia porque en prisión es mucho más complicado. Luego, trabajamos con menores que vienen por problemas de consumo, por medidas judiciales, por sanciones administrativas, por multas por tendencia de cannabis u otras substancias, como decía mi compañera, por medicamentos que utilizan de materia lúdica y también por conducta. Se hace también grupal, individual, familiar e intrafamiliar, e intentamos perfilar un trabajo íntegro, tanto de la persona como del entorno.
—En el centro, ¿soléis recibir a más adolescentes o menores o a más adultos?
—I. V.: Más o menos, mitad y mitad, porque metemos a menores aunque tengan 18 años o así.
—¿Qué diferencia hay entre tratar a los adultos y tratar a los menores?
—I. V.: Yo prefiero a los menores, si me preguntas a mí directamente. En cuanto a la diferencia, no podría generalizar porque es trabajar con la persona. Estamos hablando de adolescentes, que están en un proceso por el que se están descubriendo a sí mismos y los adultos tienen una parte conocida. Aunque, seguramente, hay muchas que no conozcan, los adultos tienen una personalidad más formada, una trayectoria que les lleva a tener esa personalidad, y los menores están en el proceso de querer descubrir un montón de cosas.
—A veces hay personas adictas que tienen problemas con la justicia. ¿Cómo es el proceso de reinserción en la sociedad y qué problemas son los más difíciles de superar?
—RODRIGO ALONSO: El proceso de reinserción es bastante complicado y hay mucha dificultad para volver a formar parte de la comunidad. En la vida en prisión te desvinculas bastante de la vida real y el choque al volver a salir es muy grande. Imaginad vosotros, que tenéis doce, trece años, a una persona que lleva todo ese tiempo en prisión. Por ejemplo, las tecnologías, un teléfono móvil, todo esto se sabe manejar, ya que la sociedad hoy en día está muy informatizada. Pero, si nos cuesta a nosotros cuando tenemos que hacer alguna gestión administrativa, imagínate a una persona que está totalmente apartada de esta historia; entonces, el choque es muy grande. Luego, por otra parte, hay una estigmatización social muy grande al estar en prisión. Hay un cambio ahí importante para comenzar un proyecto de vida nuevo. Por lo tanto, es complicado. A nivel psicológico también. No es lo mismo estar dos años en prisión que estar veinte. Cuanto más tiempo, más impacto va a tener, pero la experiencia que tienes dentro de prisión o lo que vivas dentro te va a marcar y te va a condicionar, quieras o no, a cómo te relacionas, tus emociones, cómo piensas en todos los ámbitos; te deja huella de alguna manera.
—¿Cómo ven las medidas que normalmente toma la sociedad y las autoridades ante los problemas de las adicciones (multas, cárcel) y qué alternativas proponen?
—R. A.: Principalmente está muy centrado en la sanción y en el castigo. Socialmente, como decíamos antes, hay mucho prejuicio y desconocimiento sobre el consumo de drogas, ya que está muy mal visto el consumo de drogas. Antes comentaba mi compañera que trabajamos con adicciones como el alcohol, que está muy normalizado. Está muy normalizado consumir alcohol pero tener un problema con el alcohol está muy mal visto. Por lo tanto, chocan un poco ambas realidades. Está muy mal vista la adicción a las drogas y no se entiende. Actualmente, y cada vez más, hay medidas alternativas como es en nuestro caso, como comentaba también Inma, cuando uno de los menores recibe una sanción por tenencia de cannabis. por suerte, actualmente hay otros recursos. Por ejemplo, aparte de esa sanción económica, hay una alternativa educativa o terapéutica que, en vez de estar basada en el castigo y en el prejuicio, se basa en conocerse a uno mismo, en conocer a la persona, en entender lo que pasa y el proceso que está pasando o en saber qué hay detrás de ese consumo o esa adicción. Principalmente, está la parte del castigo, pero se empieza cada vez más a dar más fuerza y más valor a la parte educativa y terapéutica.
—En el pasado ha habido muchos problemas de adicción, ¿cómo ven la situación en el futuro y qué tipos de nuevas adicciones son preocupantes?
—R. A.: Yo también coincido con lo que han comentado mis compañeras antes. Los últimos años, y también en el futuro, sigue estando ahí el tema de las tecnologías. Como comentaba Ana al principio, internet, el juego online o las apuestas son un gran problema que está ahí encima de la mesa y que hay que tener en cuenta. Luego, por otra parte, también un poco peor que antes, está la facilidad de acceso a las sustancias a través de internet. Además de conseguirlas más fácilmente también hay nuevas vías de administración de esas sustancias. Es algo que se difunde muy rápidamente por redes sociales o por internet y eso complica aún más la situación.
—Para finalizar, ¿qué aconsejarían hacer para ayudar a alguien que está comenzando con una adicción y no ha pedido ayuda, sobre todo si es alguien de nuestra edad?
—R. A.: Un poco también lo que se comentó antes: pedir ayuda y escuchar a las personas importantes que te intentan hacer ver los cambios que están pasando y que están sucediendo. Además, hay que tener en cuenta a esas personas y tratarlas según la personalidad de cada uno, fomentando el pensamiento crítico y ayudándolos a darse cuenta de cómo les están afectando esas cosas. Pero, sobre todo, hay que escuchar a la gente que tenemos cerca en todo lo referido a pedir ayuda. Mucha gente está teniendo una idea muy equivocada de cómo son esos recursos como el nuestro, de cómo funcionamos, de quiénes somos; se tiene un poco la idea de que somos unos señores o señoras que nos van a echar la bronca y decir que fumar está mal y ya está. Y no es así. Al final, nuestra experiencia nos dice que tenemos aquí a muchos grupos de amigos e, incluso, con el boca a boca, unos orientan a otros, se aconsejan y acaban viniendo aquí. Porque aquí se aporta, les soluciona y les sirve de algo. Lo principal es que creemos que lo fundamental es pedir ayuda, no tener miedo a los centros de información y recurrir a recursos como el nuestro.