Pilar Quinteros

Lady Covid

En marzo viajé a Coyhaique para producir y grabar un corto en el contexto de la residencia de arte “Traslado”, del Ministerio de Cultura y las Artes de Chile. Tenía todo planeado, siempre dejando grandes baches para darle espacio a lo que debe ser, a lo que uno fue a descubrir. Sin embargo, esos márgenes se desbordaron con el Coronavirus. Todo se pospuso.

Me quedé en Coyhaique para terminar las piezas de cartón, plástico y tela que pensaba usar para el corto, guardarlas en una bodega e irme. En eso, también se suspendió mi vuelo de vuelta a Santiago y me tuve que quedar aquí por todo abril.

Escribo esto el 19 de mayo. Podría viajar a Santiago en tres buses diferentes, pero la extensión del viaje y el reciente anuncio de Cuarentena Total allá me desmotivan. Decidí quedarme en Coyhaique porque la ciudad está prácticamente cerrada y no hay casos nuevos de Covid hace semanas. Podemos hacer casi todo normalmente, pero manteniendo la distancia social, cumpliendo con el toque de queda (¡toque de queda!) y usando mascarilla en todas partes. Nos es difícil seguir las reglas de este juego, pero en ausencia de casos uno se siente particularmente absurdo, creo. Aquí el Corona simplemente no existe.

Si no saco a bailar al Covid a la calle no se le ve por ninguna parte. No hay contagiados, nadie está enfermo, estamos re aislados, pero igual hay que seguir jugando ¿A qué, concretamente? ¿O nos están castigando por protestar en masa, como comunidad internacional? Simplemente nos encerraron, nos pusieron en nuestro lugar. Si es así, hay que dejar de tomarse en serio esta enfermedad, no peor que muchas.

Hay que volver a la calle. Lo dije, ahí está. Salir a bailar con el Corona, como con todos nuestros problemas. Hay demasiado por hacer.



Lady covid

In March, I traveled to Coyhaique to produce and record a short film in the context of the art residence “Traslado”, of the Ministry of Culture and Arts of Chile. I had everything planned, always leaving big holes to give space to what should be, to what one was to discover. However, those margins overflowed with the Coronavirus. Everything was postponed.

I stayed in Coyhaique to finish the cardboard, plastic and fabric pieces that I planned to use for the short film, store them in a cellar and leave. Thereupon, my flight back to Santiago was also suspended and I had to stay here throughout April.

I write this on May 19. I could travel to Santiago in three different buses, but the extension of the trip and the recent announcement of Total Quarantine there discourages me. I've decided to stay in Coyhaique because the city is practically closed and there have been weeks without new cases of Covid. We can do almost everything customarily, but maintaining social distance, complying with the curfew (curfew!) and wearing a mask everywhere we go. It is difficult for us to follow the rules of this game, since there is an absence of cases, one feels particularly absurd, I think. Here the Corona simply does not exist.

If I don't take the Covid out on the street, he can't be seen anywhere. There are no infected, nobody is sick, we are re-isolated, but we still have to keep playing. What specifically? Or are we being punished for protesting massively, as an international community? They just locked us up, put us in our place. If so, we must stop taking this disease seriously, not worse than many.

We have to go back to the street. I said it, there it is. Go out dancing with Corona, as with all our problems. There is too much to do.