Los virus no solo destruyeron la vida, también ayudaron a crearla
Hay algo dentro de ti que no es completamente humano, algo que, fue insertado en el genoma de tus antepasados hace millones de años y que sigue ahí, integrado en cada una de tus células, funcionando en silencio, el 8% de tu ADN es viral, son restos de antiguos retrovirus que infectaron a tus ancestros se integraron en su material genético y nunca fueron eliminados. Algunos de esos fragmentos llevan dentro de ti más de 100 millones de años y lo más extraordinario es que sin uno de ellos no podrías haber nacido. Nos han enseñado que los virus son invasores, destructores y es cierto, los virus matan, provocan pandemias, han exterminado poblaciones enteras a lo largo de la historia, pero esa es solo una parte de la historia, porque los virus no solo destruyen, también transforman, han sido uno de los motores más potentes de la evolución, durante los últimos cuatro mil millones de años. Han transferido genes entre especies, obligado a los organismos a desarrollar sistemas inmunitarios cada vez más sofisticados e insertado en nuestro genoma fragmentos de código genético sin los cuales, la vida tal como la conocemos no existiría.
Hoy vamos a adentrarnos en la historia más antigua y menos conocida de los virus, no la de las pandemias modernas, la de su origen hace más de 4.000 millones de años, cuando la vida apenas estaba naciendo. La historia de cómo los virus ayudaron a inventar el ADN, de cómo impulsaron la aparición de las células complejas y de cómo hicieron posible que los mamíferos desarrollaran la placenta, y de por qué algunos científicos creen que los virus no son accidentes de la evolución, sino una parte inseparable de ella. Si quieres entender cómo funciona realmente la vida en este planeta a un nivel que la mayoría desconoce, sigue hasta el final.
Hace 4.000 millones de años, la Tierra era un lugar irreconocible, no había continentes, no había oxígeno, la superficie era un mosaico de islas volcánicas rodeadas por un océano caliente, ácido y cargado de minerales, el sol era un 30% más débil que hoy y en las profundidades de ese océano primitivo, cerca de las fuentes hidrotermales, que escupían agua hirviendo desde el interior del planeta, algo estaba ocurriendo por primera vez en la historia del universo conocido. Unas moléculas de ARN, frágiles cadenas de información química, estaban haciendo algo que ninguna molécula había hecho antes, copiarse a sí mismas. No eran células, no tenían membrana, ni metabolismo, ni ninguna estructura que pudiéramos llamar cuerpo, eran simplemente fragmentos de información que flotaban en el agua y que cuando las condiciones eran las adecuadas producían copias de sí mismos. A veces las copias eran perfectas, a veces contenían errores y esos errores, esas mutaciones, hacían que algunas copias fueran mejores que otras para sobrevivir y replicarse, era la evolución en su forma más primitiva y era exactamente lo que hacen los virus hoy.
Los científicos llaman a esta etapa, el mundo del ARN, un periodo hipotético en el que las moléculas de ARN actuaban simultáneamente como portadoras de información genética y cómo máquinas que catalizaban reacciones químicas, no había distinción entre lo que hoy llamamos virus y lo que hoy llamamos célula todo era lo mismo fragmentos de código genético compitiendo por replicarse en un océano caliente, en algún momento, algunos de esos fragmentos se rodearon de una membrana de lípidos, se aislaron del entorno, desarrollaron reacciones químicas internas que les permitían obtener energía y fabricar las moléculas que necesitaban. Se convirtieron en las primeras células, pero otros fragmentos no siguieron ese camino, siguieron siendo lo que siempre habían sido, paquetes de información genética desnuda, sin membrana sin metabolismo, incapaces de replicarse por sí solos, para sobrevivir desarrollaron otra estrategia, en lugar de fabricar su propia maquinaria aprendieron a secuestrar la de las células que acababan de nacer. Los primeros virus no invadieron la vida,estaban ahí desde antes de que la vida existiera, son posiblemente, las entidades más antiguas del planeta y desde el momento en que las primeras células aparecieron, los virus estuvieron ahí para infectarlas, lo que empezó como una competencia entre fragmentos de ARN en un océano caliente, se convirtió en la guerra más larga de la historia del planeta. Una guerra que lleva 4.000 millones de años y que no ha terminado. Cada vez que te resfrias, cada vez que una pandemia azota el mundo, cada vez que una bacteria se vuelve resistente a un antibiótico, estás viendo un capítulo más de esa guerra. La Primera Guerra del mundo y también la más productiva.
En 2006, el biólogo francés Patrick Forterre propuso una idea que sacudió los cimientos de la biología molecular, según Forterre, los virus no solo son más antiguos de lo que pensábamos fueron ellos quienes inventaron el ADN. Las primeras células usaban ARN como material genético funcionaba pero tenía un problema, el ARN es frágil, se degrada con facilidad y las células primitivas habían desarrollado defensas para reconocer y destruir el ARN extraño que entraba en ellas, es decir el ARN viral.