Año mil quinientos ochenta y cinco,
luchando la patria con fuerza y ahínco
en la isla de Empel, la fe está en juego,
los holandeses imponen su fuego,
Alejandro de Farnesio se planta al frente
comandando al imperio como un valiente
príncipe de Palma, de noble linaje
infundiendo a las tropas su propio coraje.
Nombrado capitán general, por Felipe segundo
para guiar a los tercios por todo el mundo.
El bando enemigo exige sumisión,
con el norte entero de testigo en la acción.
Un soldado cavando en la tierra encontró,
la tabla sagrada de la concepción.
Infundiendo, la fe en el pecho valiente,
el río Mosa en hielo cambió su corriente.
Tercio de Flandes hacia la gloria
Francisco Arias de Bobadilla esculpe la historia,
venciendo a Holanda sobre el agua helada
por nuestra bandera de forma sagrada.
Truena el arcabuz, la llama es eterna
memoria inmortal, que el cielo gobierna.
Ocho de diciembre, la carga empezó,
marchando a pie donde antes flotaban,
el Tercio de Zamora al asalto avanzó,
la firtaleza de Holanda temblaba.
Sorpresa y coraje en la fría quietud,
los rebeldes huyen ante tal magnitud,
ganan los Tercios, la cumbre y el fuerte
desafiando al destino, burlando a la muerte.
La flota enemiga, vencida, escapó,
el alma de España, en el norte triunfó.
El gran capitán agradece en el altar,
la inmaculada guía y paso marcial,
estirpe de héroes, difícil de igualar,
la furia de España es un vendaval.