Ese calentamiento tuvo una consecuencia que transformó el clima del planeta, el agua de los océanos más caliente se evaporaba con mucha más intensidad. Esa evaporación masiva llenaba la atmósfera de vapor de agua que los vientos transportaban hacia los continentes, y cuando ese vapor llegaba a las zonas costeras de Pangea, descargaba en forma de lluvias torrenciales. Pero no fueron lluvias normales, fueron lluvias de una intensidad y una duración que la Tierra no había experimentado en decenas de millones de años. Los sedimentos de esa época, encontrados en yacimientos de todo el mundo desde China hasta Europa, desde Norteamérica hasta el norte de África, muestran un cambio abrupto y global. Donde antes había sedimentos típicos de climas áridos, de repente aparecen sedimentos de climas húmedos, arcillas, limos depósitos lacustres, carbones. El registro geológico grita agua por todas partes. Los científicos han identificado al menos cuatro pulsos distintos de lluvia extrema durante el episodio pluvial del Carníano, cada uno asociado a un pico de actividad volcánica de Eurangelia o Wrangellia. En la cuenca de Yiyuan, en China, un equipo de investigadores extrajo un testigo de sedimentos lacustres de varios cientos de metros de profundidad que contenía cuatro capas distintas de ceniza volcánica datadas exactamente entre 234 y 232 millones de años. Cada capa de ceniza coincidía con un cambio abrupto en el tipo de sedimento, confirmando que cada pulso volcánico había provocado un cambio climático inmediato. No fue una lluvia continua sin pausa durante un millón de años. Fue algo más parecido a oleadas sucesivas de clima extremadamente húmedo, separadas por periodos algo más secos, pero aún mucho más lluviosos, que cualquier cosa que el Triásico hubiera visto antes. En total, el episodio duró entre 1 y 2 millones de años, y durante todo ese tiempo el planeta fue un lugar radicalmente diferente al que había sido antes.
El impacto sobre los ecosistemas fue devastador. En los océanos, el exceso de agua dulce que los ríos desbordados vertían al mar alteró la salinidad de las aguas costeras. Las plataformas de carbonatos, enormes estructuras geológicas construidas durante millones de años por organismos marinos colapsaron. Los arrecifes que habían empezado a recuperarse después de la gran mortandad, sufrieron un nuevo golpe brutal. Los Condodontos, un grupo de organismos marinos que habían sido enormemente exitosos durante el Paleozoico y el Triásico, sufrieron pérdidas devastadoras. Los Amonites perdieron muchas de sus especies. Los Crinoideos se redujeron drásticamente. En total, alrededor de un tercio de todos los géneros marinos desapareció durante el episodio pluvial del Carniano. No fue tan catastrófico como la gran mortandad, pero fue suficiente para reconfigurar los ecosistemas oceánicos por completo, y lo que surgió después era diferente. Los nuevos arrecifes que aparecieron tras la crisis estaban construidos por corales Esclercatímidos, los mismos corales pétreos que forman los arrecifes tropicales que conocemos hoy. Los grupos de plancton calcáreo que dominarían los océanos del Mesozoico y del Cenozoicolos se diversificaron durante este periodo. Los Dinoflagelados un grupo de microorganismos marinos que hoy son fundamentales para la producción de oxígeno oceánico experImentaron una diversificación notable. Los océanos modernos tal como los conocemos, nacieron en la lluvia del Carniano, en tierra firme la transformación fue igualmente radical. Las regiones, que habían sido desiertos durante millones de años se convirtieron en selvas húmedas. La vegetación cambió de forma dramática. Las coníferas adaptadas al clima seco retrocedieron y fueron reemplazadas por helechos, equisetos y plantas que necesitaban humedad constante. El registro Palinológico, es decir, el estudio del polen fósil muestra un cambio abrupto en la composición de la flora exactamente en el momento del episodio pluvial. Fue un cambio tan marcado que los paleobotánicos pueden identificar el inicio de crisis simplemente mirando qué tipo de polen aparecen los sedimentos. Los ríos que antes eran estacionales y modestos se convirtieron en cauces enormes y permanentes. Los lagos se expandieron,las llanuras costeras se inundaron, el paisaje de Pangea pasó de ser un desierto dominado por el polvo y el viento a ser un mosaico de bosques húmedos, pantanos y sistemas fluviales que se extendían cientos de kilómetros hacia el interior del continente. Fue un cambio tan profundo que algunos científicos lo han comparado con lo que ocurriría si el sáhara actual se convirtiera en una selva tropical de la noche a la mañana. Las reglas del juego habían cambiado por completo y los animales que habían dominado el mundo seco del Triásico medio no estaban preparados para el mundo húmedo que venía. Los Rawisúquios, esos depredadores supremos que habían dominado los ecosistemas terrestres durante millones de años.
imagina un planeta donde los continentes están prácticamente vacíos, no hay árboles no hay hierba, no hay un solo animal vertebrado, caminando sobre la tierra firme, las plantas más altas que existen apenas alcanzan unos pocos centímetros de altura, tallos verdes, sin hojas, sin raíces, pegados al suelo húmedo de las orillas de ríos y lagos, el resto es roca desnuda polvo y silencio, es el periodo silúrico tardío hace unos 420 millones de años y la superficie terrestre parece un desierto sin vida, pero en medio de ese paisaje desolado, algo se eleva hacia el cielo, algo que no debería estar ahí, una columna enorme de hasta 8 metros de altura y casi un metro de ancho, se alza sobre el terreno como un poste de teléfono plantado en medio de la nada,no tiene ramas, no tiene hojas, no tiene nada que se parezca a una planta, y sin embargo, es con diferencia, la estructura viva más grande de la superficie del planeta, se llama Prototaxites y durante más de 165 años, los científicos no han sido capaces de ponerse de acuerdo sobre qué era exactamente. Hoy vamos a adentrarnos en una de las historias más extrañas y menos conocidas de la historia de la vida en la Tierra, la historia de cómo mucho antes de que los árboles, existieran, mucho antes de que los bosques cubrieran los continentes, un organismo gigantesco y misterioso dominó los paisajes terrestres durante al menos 50 millones de años. La historia de los hongos gigantes que gobernaron un mundo sin árboles, descubriremos que era Prototaxites. ¿Por qué creció tanto? ¿Como los hongos ayudaron a las plantas a conquistar la tierra firme? ¿Qué papel jugaron en las peores catástrofes biológicas del planeta? En 1859, el geólogo canadiense John William Dawson descubrió, un fósil enorme a lo largo de las orillas de la bahía de Gaspé, en Quebec, parecía el tronco de una conífera antigua, grande, pesado, con una forma cilíndrica que recordaba a un árbol petrificado, Dawson lo bautizó como Prototaxites, que significa primer tejo, convencido de que se trataba de una especie primitiva de árbol. Pero cuando otros científicos examinaron el fósil bajo el microscopio, algo no encajaba, la estructura interna no se parecía a la de ningún árbol conocido, no tenía vasos conductores de savia como las plantas vasculares, no tenía anillos de crecimiento definidos en su lugar estaba formado por una maraña densa de tubos microscópicos entrelazados, cada uno de apenas 50 micrómetros de diámetro, eran tubos que recordaban a las cifas de un hongo, esos filamentos diminutos que forman el cuerpo de los organismos fúngicos. Así comenzó un debate que duraría nás de 165 años. Algunos científicos insistían en que era una planta, otros decían que era un alga enrollada, otros proponían que era un liquen, una asociación entre hongo y alga y otros cada vez más numerosos defendían que era un hongo gigante. El problema era que ningún hongo conocido, ni vivo, ni extinto, se acercaba remotamente a esas dimensiones. Cómo podía un hongo alcanzar 8 metros de altura y un metro de ancho, era absurdo, era imposible. Sin embargo, ahí estaban los fósiles. El primer avance serio llegó en 2001, cuando Francis Weber del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, publicó un estudio detallado de la estructura interna de Prototáxites, tras años de análisis microscópico concluyó que la organización de los tubos internos era consistente con un hongo, no con una planta,no con un alga, sino con un organismo fúngico, pero la comunidad científica seguía dividida.
En 2007, el profesor Kevin Boys presentó la prueba que inclinaría la balanza, analizó los isótopos de carbono contenidos en los fósiles de Prototaxite Y los comparó con los de las plantas que crecían en los mismos yacimientos, los resultados fueron reveladores, las plantas que fabrican su propio alimento mediante fotosíntesis tienen una firma isotópica de carbono muy específica y relativamente uniforme, Prototaxites tenía una firma completamente diferente y mucho más variable, lo que indicaba que se alimentaba de fuentes diversas, no fabricaba su comida, la absorbía del entorno, exatamente como hace un hongo, pero la historia dio otro giro inesperado. En enero de este año, un estudio publicado en la revista Sciense Advances, analizó fósiles de Prototaxites del yacimiento de Raini , en Escocia, con técnicas químicas de última generación, los investigadores descubrieron que Prototaxites no contenía quitina, ni glucano, las sustancias que dan estructura a las paredes celulares de todos los hongos conocidos y su composición química era distinta a la de los hongos fósiles encontrados en el mismo yacimiento, su conclusión fue sorprendente, Prototaxites probablemente no era un hongo, era algo más extraño todavía, un miembro de un linaje de organismos completamente extinto sin equivalente en el mundo actual, algo que vivió durante 50 millones de años, dominó los paisajes terrestres del planeta y desapareció sin dejar ningún descendiente sea lo que fuera hongo o linaje extinto, Prototáxites sigue siendo uno de los organismos más enigmáticos de la historia de la vida y para entender por qué alcanzó esas dimensiones