En Cataluña nació, la joven Agustina,
de firme caracter y voluntad genuina,
muy joven se casó con un militar
y junto a su marido comenzó a caminar.
El rumbo de la guerra a Zaragoza los llevó,
y aquella tierra, seria su corazón.
Los franceses avanzan, comienza la invasión,
la ciudad se alza con rabia y decisión,
el portillo resiste bajo fuego devastador,
pero Francia golpea con empuje invasor,
la defensa se quiebra, parece sucumbir,
pero el pueblo lucha negandose a morir.
Eterna es la gloria que el cielo te dió,
la joven guerrera que nunca cedió
ante el invasor, se planta Agustina,
la mujer guerrera de sangre divina,
tu nombre esculpido de oro y valor,
salvaste esta tierra del bando opresor.
Dos de julio, el portillo comienza a ceder
y las tropas francesas, se disponen a vencer.
Pero surge Agustina, desafiando al invasor,
atraviesa la pólvora con coraje valor,
toma aquella mecha, se aproxima al cañón
y dispara contra Francia, desatando temor,
retumba la descarga, se estremece el bastión
y el francés retrocede ante el fuego del cañón,
los hombres que cedían regresan a luchar,
al ver que aquella joven, se atrevido a disparar,
cuando todo parecía condenado a terminar,
Agusina hizo, a la plaza despertar.