Reina

Escudo de gules, monte de oro, sumado de castillo mazonado de tres torres de plata, aclarado del campo, acompañado de dos columnas de oro. Bordura de plata, león rampante de sable en jefe y flancos, cruz de Santiago de gules en cantones y punta. Al timbre, Corona Real cerrada.

La población de Reina tuvo su origen en la ciudad romana de Regina Turdulorum. En época árabe la población se trasladó al cerro y se construyó la alcazaba. Debido a las características orográficas tuvo una gran importancia estratégica. Es una fortaleza impresionante que vale la pena visitar y aprovechar para ver el Teatro Romano de Regina y los restos de Regina Tordulorum, situados a unos cientos de metros de la fortaleza. La ciudad romana Regina Turdulorum, en el cruce de las dos calzadas que unía Córdoba con Mérida. Se supone que su fundación es cesariana o augustea, recibiendo organización política romana en tiempos de Vespasiano. En aquella época fue una población populosa, de casi de 4.000 habitantes, que disponían de agua potable que llegaba a través de un acueducto. Sus calles eran amplias y porticadas, con alcantarillado subterráneo que desembocaba en los arroyos de San Blas y San Pedro.

La primera emigración a la sierra se produjo en época árabe, trasladándose la población al, hoy día, llamado cerro del Castillo, donde se construyó la fortificación aprovechando algunos restos de la antigua Regina. El enclave tuvo una gran importancia estratégica, al proteger una de las salidas naturales del Valle del Guadalquivir y el cruce de las dos calzadas.

En el año 1246 Fernando III donó la villa con su alcazaba a la Orden de Santiago, convirtiéndose a partir de ese momento en cabeza de una poderosa Encomienda de la que dependían Ahillones, Berlanga, Casas de Reina, Disantos, Fuente del Arco, Trasierra y Valverde de Llerena. En siglos posteriores el auge de Llerena absorbió la capitalidad de la Provincia Santiaguista.

La fortaleza fue abandonada entre los años 1604 y 1738, formándose poco a poco el pueblo actual. Las primeras casas empezaron a edificarse en la parte más baja de valle, los arrabales, donde se hallaban las bodegas.

El recinto murado tenía 14 torres albarranas y defendía a otro recinto interior del que sólo quedan escasos restos. De entre sus torres destaca la del Homenaje. Se conservan varios aljibes, similares algunos de ellos a los de Cáceres y Medellín.

La cerca que se conserva es de la época almohade (siglo XII), con diversas restauraciones posteriores. Entre ellas las realizadas por el Maestre de la Orden de Santiago don Alonso Cárdenas (siglo XV) y otras en los años 1515 y 1575.

En el interior de la antigua alcazaba mora aún se conserva una ermita del siglo XV cuyos orígenes pueden encontrarse en la época visigoda. Es de una sola nave con bóveda de cañón apuntado. La cabecera tiene bóveda con nervios estrelladas. La sacristía visible es la de la derecha con bóveda casi plana dividida en cuatro casetones. La de la izquierda no se comunica con la iglesia y está modificada. El coro está sostenido por una columna con capitel visigodo. El atrio con dos arcos sostenidos por una columna torsa de factura visigoda.

Iglesia parroquial católica bajo la advocación de San Sebastián Mártir.

En la antigua alcazaba se conserva una ermita del siglo XV cuyos orígenes pueden encontrarse en la época visigoda. Es de una sola nave con bóveda de cañón apuntado. La cabecera tiene bóveda con nervios estrelladas. La sacristía visible es la de la derecha con bóveda casi plana dividida en cuatro casetones. La de la izquierda no se comunica con la iglesia y está modificada. El coro está sostenido por una columna con capitel visigodo. El atrio con dos arcos sostenidos por una columna torsa de factura visigoda.