Sofía Vasílievna Kovalévskaya nació el 15 de enero de 1850 en Moscú, Rusia. Provenía de una familia acomodada; su padre, Vasili Korvin-Krukovski, era un militar ruso de ascendencia polaca, y su madre, Yelizaveta Shubert, tenía raíces alemanas. Desde pequeña, mostró un talento especial para las matemáticas, aunque la sociedad de su época no veía con buenos ojos que las mujeres se dedicaran a estudios científicos.
La infancia de Sofía estuvo marcada por el estímulo de su curiosidad intelectual, algo inusual para una niña de la época. Sin embargo, la educación superior para mujeres no era accesible en Rusia, por lo que, buscando una mayor libertad académica, tuvo que buscar alternativas. A los 18 años, se casó por conveniencia con Vladimir Kovalévsky, un paleontólogo ruso, para poder viajar al extranjero sin la supervisión de su familia. Esto le permitió inscribirse en la Universidad de Heidelberg, donde estudió bajo la tutela de renombrados científicos.
Sofía tuvo que enfrentar numerosos obstáculos a lo largo de su vida. Además de las barreras académicas y sociales, también enfrentó problemas financieros tras el suicidio de su esposo en 1883, lo que la dejó con su hija, Sofía Vladímirovna, a su cargo. Después de varias estancias en distintas ciudades europeas, terminó instalándose en Estocolmo, Suecia, donde continuó su labor científica y académica. Falleció prematuramente el 10 de febrero de 1891 debido a una neumonía.
A lo largo de su vida, no se vio envuelta en conflictos religiosos significativos, aunque la lucha por su derecho a estudiar y enseñar fue una batalla contra las normas sociales de su época. Una anécdota curiosa de su vida es que para estudiar matemáticas y evadir las restricciones impuestas a las mujeres, se casó estratégicamente, lo que muestra su determinación para seguir su pasión científica.
La carrera de Sofía Kovalévskaya fue brillante e innovadora, especialmente en el campo de las matemáticas. Tras iniciar sus estudios en Heidelberg, se trasladó a Berlín, donde estudió bajo la dirección de Karl Weierstrass, uno de los matemáticos más importantes de su época. A pesar de que no se le permitió asistir a las clases de manera oficial por ser mujer, Weierstrass le impartió lecciones privadas. Sofía demostró un talento excepcional, lo que la llevó a escribir tres tesis doctorales sobre temas complejos de análisis matemático, una de las cuales versaba sobre ecuaciones en derivadas parciales.
Su tesis más destacada fue "Sobre la teoría de las ecuaciones diferenciales parciales", en la que resolvía problemas que hasta entonces habían sido inaccesibles. Gracias a este trabajo, recibió su doctorado en matemáticas por la Universidad de Gotinga en 1874, sin tener que pasar por el examen usual, un logro muy raro y significativo para su época. Esta tesis es considerada un hito porque sentó las bases para futuras investigaciones en el área de análisis matemático y física.