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Resumen
En el artículo se muestran los hallazgos que sustentan la presencia de una dialéctica identitaria grupal de orientadores educativos adscritos a un bachillerato del Estado de México, categoría establecida a partir de una mirada psicosocial con los referentes teóricos de Pierre Bourdieu y Sigmund Freud. Se utilizó la metodología denominada Investigación Acción Participativa, a partir de la cual y en colaboración con los participantes, se diseñó un proyecto de intervención con duración de 26 sesiones, que se llevaron a cabo en un periodo de seis meses, permitiendo el levantamiento de información con relatos de experiencias de vida, observación participante y entrevistas a profundidad. Los resultados evidencian ciertos movimientos que he denominado dialéctica identitaria, la cual muestra posiciones jerárquicas y momentos otorgantes de sentidos de acción de la práctica del grupo de orientación educativa, donde se proponen nuevas categorías de análisis construidas por la misma investigación denominadas: narci-resistencia, yo colectivo, objetivar la narci-resistencia y agentes psicosociales. Concluyendo que la identidad del grupo se observa en una constante dialéctica, permaneciendo como condición inherente al orientador educativo el tipo libidinal narcisista por el incesante deseo de ser amados y reconocidos.
Palabras clave: dialéctica identitaria, orientación educativa, investigación acción participativa.
Abstract
The article shows the findings that support the presence of a group identity dialectic of educational counselors assigned to a high school in the State of Mexico, a category established from a psychosocial perspective with the theoretical references of Pierre Bourdieu and Sigmund Freud. The methodology called Participatory Action Research was used, from which and in collaboration with the participants, an intervention project was designed with a duration of 26 sessions, which were carried out in a period of six months, allowing the gathering of information with life experience reports, participant observation and in-depth interviews. The results show certain movements that I have called identity dialectics, which show hierarchical positions and moments that give meaning to the practice of the educational guidance group, where new categories of analysis constructed by the same research are proposed, called: narci-resistance, collective self, objectifying narci-resistance and psychosocial agents. Concluding that the identity of the group is observed in a constant dialectic, remaining as an inherent condition of the educational advisor the narcissistic libidinal type by the incessant desire to be loved and recognized.
Key words: identity dialectics, educational orientation, participatory action research.
Introducción
Dentro del artículo muestro la construcción de la dialéctica identitaria como una categoría de análisis que permite comprender e interpretar a un grupo de orientadores educativos de una escuela preparatoria oficial del Estado de México, contemplando que en dicha institución se conforman grupos de atención al alumnado por turno denominado servicio de orientación educativa, los hallazgos referidos se desprenden de la investigación del programa de Doctorado en ciencias de la educación en el Instituto Superior de Ciencias de la Educación del Estado de México (ISCEEM) titulada: “Dialéctica Identitaria del grupo de orientadores educativos”.
Para ello, utilicé el enfoque metodológico denominado Investigación acción participativa, por tanto, de manera conjunta con el grupo se efectuaron las cuatro fases propuestas por la tradición australiana de Kemmis y McTaggart, la cual se modificó añadiendo la participación. “La investigación acción significa planificar, actuar, observar y reflexionar más cuidadosamente, más sistemáticamente y más rigurosamente de lo que suele hacerse en la vida cotidiana” (1992: 16)
En la fase de planeación, contemplé: el acercamiento al campo, emisión de la propuesta de trabajo al grupo, conformación del grupo de aprendizaje, diagnóstico de necesidades, devolución de la información y selección participativa de las teorías interpretativas, la psicoanalítica de Sigmund Freud y la estructural constructivista de Pierre Bourdieu, y la programación participativa de un curso-taller denominado proyecto de intervención con el grupo de orientadores educativos (porque se proyectaba la noción de ejercer cambios).
La fase de acción implicó la aplicación del proyecto de intervención mediante la dinámica del grupo de aprendizaje con enfoque operativo de Pichón Rivière, esto es, centrando la atención en la tarea que se proponía en cada sesión, para volverse operativos, es decir, activos en su proceso de aprendizaje; promoviendo con ello que lo latente[1] emergiera a la conciencia, razón por la cual, la dinámica seleccionada se sustenta en la teoría psicoanalítica, se llevaron a cabo 26 sesiones, durante un periodo de seis meses.
Con respecto a la fase de observación, se efectuó de manera transpuesta a la acción, para ello, documenté cada sesión con un diario de campo redactado como investigadora y autora de este artículo, además de otro diario escrito por los participantes; levantando información constante, documenté 52 relatos de experiencias de vida y 8 entrevistas a profundidad a los orientadores educativos. El dato empírico emanado de los instrumentos referidos, los presento en el artículo con las siguientes claves: Expvi (relatos de experiencias de vida en forma de narración) Ent (entrevista), el informante Or (orientador), el año de emisión del dato y el número de instrumento.
La fase de reflexión permitió el acercamiento interpretativo desde un planteamiento psicosocial mediante las teorías estructural constructivista de Pierre Bourdieu y la psicoanalítica de Sigmund Freud, el hallazgo empírico y la mirada de la investigadora.
Los hallazgos de la investigación posibilitaron la creación de la categoría dialéctica identitaria, conceptualizada como: la vivencia momentánea que ejerce un retorno constante entre posiciones jerárquicas, procesos, sentidos de acción en forma de momentos, desplazamientos de la libido, instancias psíquicas, epistemología y funciones simbólicas, conformando disposiciones y prácticas temporales, otorgando un estatuto ontológico[2] cambiante conferido por los retornos y rupturas en incesante movimiento.
En el artículo expongo dos movimientos de la dialéctica identitaria observada en el grupo de orientadores educativos: las posiciones jerárquicas mantenidas en el grupo caracterizadas con la dicotomía (dominio-dominado) y los momentos otorgantes de sentidos de acción, referenciados como: narci-resistencia (categoría también construida durante la investigación), transferencia entendida en el sentido freudiano y adaptada a las sesiones del proyecto de intervención, aceptación y conformación del yo colectivo (categoría de construcción propia); los cuales describo y conceptualizo a lo largo del artículo. Los constantes movimientos de la identidad del grupo mostraron los cambios de estatuto ontológico y epistémico durante la investigación, de tal forma que, la interpretación la construí con la característica transformadora, lo que otorgó la conceptualización de una dialéctica identitaria, ante el dinamismo constante presente en la forma de concebirse y situarse como grupo de orientación educativa.
1. La posición de orden jerárquico, mantenida dentro del espacio escolar
La dialéctica identitaria del grupo de orientadores educativos efectuó diversos movimientos, en este espacio retomo los que estuvieron relacionados con el desplazamiento de posiciones jerárquicas acorde a las circunstancias que se iban presentando dentro del campo educativo.
Cuando los orientadores educativos movilizaban la atención a los alumnos, en la noción de la función, se ubicaban como grupo dominante, reproduciendo el orden imperante de la cultura por medio de diversas estrategias que conferían formas de control en el devenir del orientador; mientras que, cuando centraban la atención en cumplir mandatos provenientes de la autoridad se subordinaban a los preceptos como grupo dominado, siendo dialécticos al encontrarse en ocasiones transpuestos, en otras en un continuo devenir de ida y vuelta, es decir, no permanecían.
Estas fluctuaciones entre las dos posiciones identificadas se confunden por el margen tan estrecho que representan, otorgando una forma de ser orientador educativo con simbolismo distinto: al ser dominados desplazaban por medio de una regresión, la posición como una configuración de hijo (a), cumpliendo las normas establecidas por las figuras primordiales ahora representadas en las autoridades, lo que posibilitaba su acatamiento ante el sometimiento ejercido por el poder del grupo de dominio. Al ser dominantes, se desplazaban a través del mecanismo de defensa de la proyección como figuras primordiales ante el alumno, sometiéndolo al control y cuidando de él. “Con autoridad moral y cuento con el respeto de los estudiantes, además estoy en el lugar donde deseo estar y que además puedo desempeñar sin problema alguno” (ExpviOr, 2019: 40). Así también, en cada posición se efectuaban movimientos que también mostraban la oscilación identitaria.
Iniciaré con la exposición de la posición identificada en la dominación, su otorgamiento tiene bases en la institucionalización, confiriendo características de pertenencia al grupo de orientadores educativos, como reconocido, conocido y facultado dentro del campo educativo.
Instituir, asignar una esencia, una competencia, es imponer un derecho de ser que es un deber ser (o un deber de ser). Es significar a alguien lo que es y significarle que tiene que conducirse consecuentemente a como se le ha significado. (Bourdieu, 1985, p. 81)
La institucionalización brinda las pautas para legitimar la función que ostentan, en este sentido, el solo nombre de orientadores educativos les transfiere el poder de sancionar, legalizado al mismo tiempo con el contrato, esto es, con la emisión de un nombramiento se les confiere la representación del orden cultural esperado, ganándolo paulatinamente en la acción, es decir, se obtiene pericia en su producción y reproducción constante, logrado a partir de la moral que en este caso, tiene la función de: “compensar los defectos y los daños de la civilización, precaver los sufrimientos que los hombres se causan unos a otros en la vida en común y velar por el cumplimiento de los preceptos culturales” (Freud, 2000c, p. 161).
Dentro de la investigación se observó que los orientadores educativos utilizaban la moral como ejemplo para sus alumnos y con ello, mostrarles el deber ser, estipulado por la cultura y la institucionalización; además para apoyar emocionalmente a los alumnos, al percibirlos como personas en proceso de formación para guiarlos al cumplimento de los preceptos culturales e implementar un dominio disimulado mediante violencia simbólica para propiciar el orden, perpetuando la cultura. “Por ejemplo se estaban organizando que no iban a venir algunos, más bien todo el grupo, que hoy no iban a venir, paso con ellos, haber no me vayan a defraudar eh y ahí los tengo” (EntOr, 2019: 04).
Promoviendo con todo ello, sacrificios de renuncia a la satisfacción, moldeando y enseñando la sustitución del placer de forma ascética, de esta manera, el reconocimiento al que deben aspirar los dominados, en este caso los alumnos, es de tipo cultural, gestado en los preceptos y exigencias sociales de belleza, limpieza y orden (Freud, 2000a), que también son morales.
Se mostraba como objetivo del grupo de orientación educativa en esta posición: amar para ser amados, basado en la connotación libidinal narcisista que acorde a los hallazgos de la investigación pareciera ser inherente a los orientadores educativos, “son particularmente aptas para servir de apoyo al prójimo, para asumir el papel de conductores y para dar nuevos estímulos al desarrollo cultural o quebrantar las condiciones existentes” (Freud, 2000b, p. 125). Representan en el alumno como objeto de desplazamiento libidinal el requisito para cumplir la idealización de amor, esto es, el alumno es el reflejo de la perfección del orientador, es su propio atributo, usado como capital y bien simbólico de reconocimiento para la obtención de éxito laboral, en el campo de la orientación educativa, en el cual se movilizan los recursos disponibles para la obtención de un don mediante acciones virtuosas representadas en el servicio y atención a los alumnos.
(El comentario surgió sobre el significado de ser orientador educativo).Pero me he dado cuenta que no es nada más por ayudar a las personas, es como el reconocimiento que estás haciendo algo por esa persona y es como esa vanidad y dije soy una vanidosa, egocéntrica, así como de por usted hice tal cosa. (EntOr, 2019: 05)
Porque me da satisfacción, me da gusto cuando vienen y me comparten sus partes muy privadas, de inclusive viene una niña y me dice es que tuve mi primera vez (me hace señas, dando a entender, que quería regañarla) pero dejé que me platicara. Y entonces viene esa alegría, esa satisfacción de mmm, ¿le estoy generando esta confianza? (EntOr, 2019: 04)
El poder ser útil a los alumnos, se manifiesta en forma narcisista, porque permanece en el yo, proyecta su propio deseo en el alumno de obtención de reconocimiento, ser virtuoso; esta forma de satisfacción narcisista la ubiqué en la investigación en dos sentidos: a) Al revivir la fase de la adolescencia se otorga una revancha de salvación, resignificando a partir de sus alumnos sus propias experiencias vivenciadas que generaron conflictos o satisfacciones, con un nuevo sentido, ahora se controla la situación al ser dominante, de esta manera, salva a sus alumnos, es la figura poseedora de poder para lograrlo, siendo coherente con la posición establecida de dominio y b) Para perpetuarse de manera ideológica, un intento de existencia infinita, alcanzando la consagración en la historia, una distinción por la virtud movilizada, en otras palabras, un aliciente de reconocimiento social de su función.
La dialéctica identitaria del grupo de orientadores educativos, en esta posición dominante, se establece mediante la ambivalencia[3] entre ejercer el control del alumno por medio de la moral para promover sacrificios e imponer el orden institucionalizado como la figura simbolizada que el padre representa, asimismo en la idealización de ser el objeto de amor de sus alumnos, permitiendo la satisfacción del yo, es decir, narcisista, simbolizando la figura materna, cuando los ama y cuida. Por tanto, la ambivalencia de las funciones simbólicas paternas presenta una dialéctica identitaria dentro de esta posición acorde a la diversidad de circunstancias, por ejemplo: cuando el alumno rebasa las reglas, la función paterna del orientador educativo establece un castigo o pone límites; cuando el alumno se enferma dentro de la institución, se implementa la función materna de cuidado y protección.
Ahora bien, he referido la posición en las circunstancias de dominio, donde el grupo se muestra con características de poder por el cargo que ocupa, siendo el reproductor del orden social en la figura de los alumnos de los cuales es responsable, pero el orientador educativo también se encuentra en una posición de dominado, al ser contratado por una instancia que le confiere su institucionalización y por tanto, debe acatar las reglas y normas vigentes de su función.
Durante el proyecto de intervención y en la convivencia constante con el grupo, observé una situación donde la autoridad educativa de mayor rango, en este caso fue la supervisión escolar, ejerció poder sobre el grupo de orientadores educativos coaccionando sus acciones ante una problemática que involucraba al grupo. En ese momento, los orientadores asumieron la autoridad de manera interiorizada por medio de la conciencia moral referida por Freud y fatum familiar como señala Bourdieu, es así que, la censura ejercía influencia por la estructura psíquica del superyo (conciencia moral) preponderando con mayor intensidad cuando la figura de autoridad representaba una similitud con la figura primordial del padre, desplazándola al interior, generando una conciencia que administraba las acciones, en otras palabras, reprimiendo las que son prohibidas desde la lógica de las exigencias culturales, sustituyendo la satisfacción mediante sacrificios, los cuales por ser insaciables se manifestaban de alguna manera al requerir una descarga libidinal, por lo que, se configuraban en emociones aprobadas como la vergüenza y el miedo, cuando la original reprimida era la ira.
Ante la imposibilidad de descargarla al objeto autoridad que la propició, el grupo de orientadores educativos desplazó la ira en forma sustituida por medio del mecanismo de defensa denominado condensación a algunos compañeros del grupo los cuales fungían como extensión de la autoridad, es decir, como observadores y juzgadores de las acciones u omisiones del otro, proyectando en los compañeros la amenaza original simbolizada (miedo); ello, es lo que favoreció la aparición de lo que denominé narci-resistencia, siendo una categoría construida a lo largo de la investigación, coherente con los planteamientos de Freud, Bourdieu y con el dato empírico, a la que definí como: El mecanismo psíquico de regresión al yo idealizado, postergando la acción o sustituyendo la libido ante la presencia de una amenaza que implique la pérdida o decremento del capital supuestamente logrado, manteniendo la protección del sufrimiento.
En la interpretación de la investigación, la categoría narci-resistencia con la cual interpreto una situación y momento del grupo, surgió ante la pérdida que estaban vivenciando los orientadores educativos con la aparición de la injerencia de la autoridad, en dos sentidos: A) Miedo a perder su trabajo, sobre todo en el caso de los orientadores interinos (los que tienen contrato temporal) por no contar con plaza permanente y los que la tienen, miedo a ser desplazados de su cargo. B) La pérdida del reconocimiento de su ideal del yo como orientadores educativos, a lo que denominaron durante ese momento pérdida de confianza, por tanto, el compañero al ser situado como una extensión de la autoridad, era amenazante, considerado sospechoso, por lo que fue preciso abandonarlo, regresando al yo, como en la etapa infantil donde requería de cuidados, de esta forma, asumiendo esta nueva posición se mantuvo temporalmente la pasividad en su práctica como orientadores para autoprotegerse.
En este sentido, la denominada categoría narci-resistencia fue una lucha por mantener las condiciones previas a la intervención de la autoridad, una reacción ante la pérdida de la posición dominante, existiendo un margen de poder, porque le confería la posibilidad de trascender a través del tiempo, por ello, comenzaron a movilizar el rechazo de algún compañero como capital simbólico[4] para obtener la protección de su yo, descargando la libido en forma agresiva a un objeto que no podía sancionarlo, por ser compañero en el mismo nivel jerárquico, propiciando la tendencia a la división grupal, negándose a trabajar como un equipo. “Por otra parte es reafirmar lo que la gran mayoría ya confirmamos de algunas personalidades que se resisten a abrirse o a trabajar en equipo, existe una división clara” (ExpviOr, 2019: 44).
Las amenazas que percibían de los compañeros del grupo y por parte de las autoridades educativas con la imposición mostrada, ubicándolos en una posición de sometimiento, posibilitaron formas para hacerse visibles dentro del campo educativo, pese a la posición de dominados, para ello, establecieron la formalización, “reconocida como conveniente, legítima, aprobada” (Bourdieu, 1993: 90), conferida por la pertenencia a una institución, las formas fueron las siguientes: 1. Cumplir con las indicaciones de la autoridad, mostrando pasividad. 2. Retomar la atención del alumno, realizando funciones maternales, cubriendo y nutriendo al alumno, procurando su protección, reivindicando su función, haciendo valer el nombre de orientador educativo, mostrando, en este caso, la parte activa. 3. Reconocer la actualización docente mediante cursos, movilizando el capital cultural como capital simbólico para lograr reconocimiento, ser vistos, buscar existir.
El análisis de la dialéctica identitaria de posiciones jerárquicas estableció movimientos entre ser un grupo dominante y dominado, confluyendo en ocasiones de forma paralela, cambios constantes entre una y otra posición. Al interior de cada posición se mostraron también desplazamientos de la dialéctica identitaria del grupo. En la dominante se efectuaban entre funciones simbólicas parentales, estrategias para el mantenimiento del orden, pautas de índole narcisista como la revancha de salvación, perpetuación ideológica y obtención de amor.
Por lo tanto, en la posición de dominados se mostraron los movimientos entre la sustitución de emociones como la ira por miedo, las pérdidas subyacentes, el rechazo a los compañeros del grupo contemplados como amenazantes y la incorporación de la formalización como estrategia para visibilizarse, en todos los movimientos en esta posición ejercía influencia la denominada narci-resistencia, predominando la protección del yo para evitar el sufrimiento. De esta manera, se establece una red continua de desplazamientos y transformaciones, denominados dialéctica identitaria, otorgada por las posiciones, siendo solo un elemento de análisis de los movimientos conformados por el grupo de orientadores educativos, los cuales también se presentaron en forma de momentos.
2. Momentos identificados durante el proyecto de intervención como sentidos de acción al interior del grupo
A lo largo del proyecto de intervención se efectuaron movimientos en el grupo de orientación educativa, con respecto al acercamiento a la pertenencia y apropiación de los compañeros, relacionados con la dialéctica identitaria identificada en la investigación, fueron los siguientes: el movimiento del que he dado cuenta con la categoría denominada narci-resistencia (el objeto se desconoce, no es yo), transferencia a la investigadora, (el objeto es el ideal del yo), aceptación del otro (el objeto es yo) con la apropiación y conformación de un yo colectivo; fluctuando de manera constante entre uno y otro, de esta forma, se ejercían retornos, se podía perdurar en un momento; además se observó la tendencia a permanecer en momentos transpuestos, incorporando al compañero en un contexto o circunstancia específica, pero en otra, mantener el rechazo, así como, unirse para realizar por ejemplo, una actividad académica, mientras que en una actividad administrativa, devaluar a algún compañero. Por ello, lo interpreté como una dialéctica identitaria del grupo de orientadores educativos.
El primer movimiento fue el denominado narci-resistencia, presente durante todo el proyecto de intervención, lo que permitió el establecimiento de una condición inherente al orientador educativo ante la presencia de una personalidad de tipo narcisista las condiciones que se presentaron cuando apareció la injerencia de la autoridad educativa la desataron, dado que generó circunstancias amenazantes otorgadas por una autoridad de orden superior, siendo necesario buscar estrategias para protegerse del sufrimiento, como el exterior era peligroso, se abandonó a los objetos en el sentido otorgado por Freud y se retornó al yo, una forma de autoconservación, en este caso, basados en lo que percibía el grupo como una posible pérdida de su empleo con todo lo que representaba y de las idealizaciones del yo en su búsqueda de reconocimiento.
La aparición de conflictos suscitados por la intervención de la autoridad educativa, se interpretó como una descarga libidinal de las dificultades que se habían mantenido latentes en los integrantes, por eso, su presencia no fue fortuita, formó parte del sentido otorgado al proyecto de intervención. La dinámica mediante el grupo de aprendizaje con enfoque operativo en las sesiones representó un trabajo terapéutico, al permitir la emergencia de lo latente, es decir, hacer visible a la conciencia en el sentido de Freud, objetivar en el de Bourdieu, consiguiendo con ello, la descarga libidinal contenida al contar con un espacio al que representaron como facilitador para solucionar problemas, por tanto, para lograrlo, los hicieron presentes.
Con la existencia de los problemas, hubo un movimiento en el grupo de orientadores educativos, ante la distinción conferida en beneficios a algunos por la alianza con autoridades y coerciones a otros, iniciando una lucha por la obtención de reconocimiento, los beneficiados se interesaban en perpetuar el poder, los afectados en hacerse visibles y regresar al momento en que poseían el dominio; por ello, la categoría señalada como narci-resistencia apareció, una forma de mantener el control de sí mismos, en el caso de los que habían obtenido ganancias, les permitía continuar en esa postura cómoda, donde el yo se satisfacía, para el resto, lo conveniente era evitar el sufrimiento, movilizando en la lucha capitales simbólicos surgidos y actuados a partir de la incorporación del superyo cultural.
El superyo cultural a entera semejanza del individual, establece rígidos ideales cuya violación es castigada con la angustia de conciencia…ha elaborado sus ideales y erigido sus normas. Entre estas, las que se refieren a las relaciones de los seres humanos entre sí están comprendidas en el concepto de la ética. (Freud, 2000a: 87 y 88)
Al ser construido e incorporado mediante los preceptos de la cultura y las relaciones colectivas, implica temporalidad, debido a que se va ajustando a la historia acumulada, por lo tanto, presenta características movibles por la constante actualización de lo que debe ser aprobado.
En el momento denominado narci-resistencia se distribuyeron capitales simbólicos constituidos mediante el superyo cultural para lograr la protección del yo, tales como: rechazo y aislamiento de algunos compañeros que percibían de forma subjetiva como detractores de lo que en esa temporalidad concebían como aprobado para el grupo, efectuando las divisiones ideológicas, por lo que incluyeron el mecanismo de defensa de la proyección para establecer en algunos compañeros que resultaban amenazantes, características inapropiadas culturalmente, por tanto, eran seres indignos de amor, a los que se debía retirar la libido, retornándola al yo, abandonando de momento a ese compañero, concebido como parte del exterior, es decir como objeto en el sentido de Freud.
Los movimientos de la libido son incesantes, motivo por el cual, el yo de los orientadores educativos buscó un nuevo objeto, al que pudiera establecerle características dignas de amor, transfiriéndolo a la investigadora, gracias a unas sesiones emergentes incorporadas en el proyecto de intervención para coadyuvar en la solución del problema desatado por la injerencia de la autoridad educativa, fueron vivenciadas como terapia grupal ante la dinamización de emociones; estableciendo el otro momento de la dialéctica identitaria, el de transferencia, de esta forma, asumieron la autoridad de la investigadora al representarla como un objeto con capital cultural simbólico acumulado, por tanto, facultado para realizar un cambio en el grupo, mostrando pasividad y aceptando el espacio posible que se iba gestando con el grupo.
La transferencia es un concepto psicoanalítico utilizado en terapia, aunque también se ha observado en las relaciones entre docentes y alumnos. En la investigación realicé algunos ajustes para contextualizarlo a la situación vivenciada con el grupo, con estos fines se aprecia construida como: El desplazamiento de la libido a personas que representan la identificación ejercida e idealizada con las figuras primordiales, otorgándoles autoridad sobre su persona. Los resabios del momento denominado narci-resistencia seguían presentes, por ello, es que se fue construyendo la idea de la dialéctica identitaria, porque en este caso, el destino seguía siendo el yo, el beneficiado con las acciones terapéuticas de la investigadora, ahora poseedora temporal de autoridad, una representación de cura grupal.
Cuando los orientadores educativos seleccionaron como referente teórico a Freud, asumieron e idealizaron el proyecto de intervención como un espacio terapéutico, de orden grupal, posibilitador de curación, ante esto, por el corte epistemológico de la teoría psicoanalítica, el perfil de algunos integrantes del grupo como psicólogos, los problemas que deseaban solucionar y los que fueron apareciendo, por las intervenciones de las sesiones emergentes, fueron condiciones que permitieron la facilidad de asumirse como pacientes en proceso terapéutico.
Por medio del proceso transferencial del espacio terapéutico, se fue generando confrontación del yo con la realidad, es decir, con el exterior, otorgando al grupo de orientadores educativos nuevas significaciones que posibilitaron la incorporación de los compañeros, al contar con un espacio de expresión, donde el grupo de aprendizaje con enfoque operativo convirtió la tarea en ser un espacio social como depositario emocional, estableciendo otro movimiento, reconociendo al otro en sufrimiento al igual que él, entonces se hizo una transposición del objeto con el yo, porque algunas emociones y vivencias eran compartidas, es decir, servían de espejo, porque habían experimentado situaciones similares, por ello, tuvieron a bien denominarlas compañeros del mismo dolor. En las vivencias de sus compañeros identificaron un sufrimiento mayor al de ellos, mostrando admiración por su experiencia de vida, convirtiendo el espacio del proyecto de intervención en un lugar de complicidad.
¿Qué nos ayuda? Inclusive a ser mejores personas, inclusive a poder saber cómo controlar tus emociones y saber el por qué son esas emociones y poder entender también a las demás personas, no criticarlos en el momento en que se exaltan, sino también tratar de entender que a lo mejor está pasando por algo y por eso se siente exaltado. (EntOr, 2019: 02)
Con ello, el interés se centró en comenzar a incorporar al compañero por medio del desplazamiento libidinal social, es decir, a través de aceptarlo, surgiendo con ello una categoría que denominé aceptación en el contexto de la investigación definida como: Reconocimiento de su yo en la dinámica intersubjetiva otorgada por las posiciones, las luchas al interior del subcampo y la visibilidad del habitus del grupo.
Reconociendo e incorporando al compañero, de manera dialéctica, favorecido por la transferencia situada en el proyecto de intervención como espacio posible de descarga de la tensión libidinal, por las luchas de los integrantes legos por obtener un lugar privilegiado y por los movimientos del liderazgo al interior del grupo; en este sentido, propició la toma de conciencia de la situación del grupo: identificando las luchas establecidas, los lugares que ocupaban, las tendencias y disposiciones de sus prácticas, entre otras, subyacentes a la incorporación y construcción de estructuras mentales individuales y sociales de su función, por el análisis psicosocial referenciado con las teorías.
Al ser un referente teórico de interpretación la teoría de Bourdieu, los orientadores educativos pudieron identificar su posición en el campo, el habitus[5] y la movilización de capitales que les permitía la obtención de reconocimiento, de esta forma, fueron apropiando algunos conceptos en su discurso, mostrando los cambios que se iban efectuando con su incorporación, aunque tuvieron problemas con la comprensión de la teoría social por ser desde su perfil académico un autor desconocido, pese a ello, lograron incorporaciones como prenociones y posibilitaron la reflexión y movilización de sus prácticas.
Como siempre que se mueven habitus, se pone cierta resistencia al cambio, a ver que los demás están mal y no uno; me costó trabajo ver mis conflictos, errores y ¿por qué no? Traumas (ExpviOr, 2019: 52). En cuanto al curso-taller identifiqué al habitus refiriéndome a este en cuanto a las creencias, formas de trabajo, comunicación del equipo de orientación, tal como lo indica Bourdieu. (ExpviOr, 2019: 50)
La toma de conciencia, al visibilizar las condiciones y situaciones del grupo, permitió la construcción de una categoría conformada en el proceso investigativo siendo una propuesta relacionada con la referida dialéctica identitaria a la que denominé objetivar la narci-resistencia, la cual conceptualicé como: El proceso que permite hacer visible a la conciencia la historia individual y colectiva centrada en el yo, para la conformación de cambios ontológicos.
El rompimiento con las tendencias anteriores a la intervención, con el movimiento denominado narci-resistencia y de la transferencia, permitió incorporar al compañero, movilizar una nueva forma usada como capital simbólico: la unidad como grupo. Cada integrante, sobre todo los legos, iban ocupando un lugar, se hicieron visibles y además eran reconocidos con algún capital cultural del que otros carecían, al objetivar la narci-resistencia se fueron otorgando estas nuevas posiciones de reconocimiento, la ruptura como categoría de Bourdieu, pero en la investigación la incorporé como: Un movimiento interiorizado de apropiación para desprenderse de una estructura, fungió como catalizador para comenzar a vislumbrar un cambio de habitus.
Me sirvió para conocer a mis compañeros, saber qué me molestaba de cada uno y qué me molesta de mí, el cambiar mi actitud y tolerar y comprender el porqué de muchas actitudes y el no tomarlo como personal (ExpviOr, 2019: 47). Todo lo negativo lo tomo en aprendizajes que para ser sincera me costó trabajo convertirlo, porque el taller me enseñó a identificar los problemas y reflexionar ante ellos, así también aprendí a saber escuchar e identificarme en qué posición me encuentro. (ExpviOr, 2019: 48)
Surge de esta manera, el rompimiento de estructuras psicosociales. La participación al ser activa durante el proyecto de intervención posibilitó la reflexión constante de los acontecimientos suscitados y su interpretación para ejercer un cambio en las prácticas que llevaban a cabo.
Este momento, incorporó el diálogo, todos podían expresar sus ideas, ser escuchados, opinar para encontrar soluciones, actuar, las cuales eran pensadas para el logro de un bien común como grupo, se reconocieron como agentes psicosociales, ya no de sujeción, por eso, durante la investigación al observar que se visualizaban como actuantes a partir de lo individual y grupal, permitió la propuesta de la categoría de agentes psicosociales la cual conceptualicé como: el estatuto ontológico de acción constituido e incorporado psicosocialmente para producir satisfacción y consecuencias en el campo.
Por tanto, ser agentes psicosociales, fungió como un ejercicio de emancipación del dominio produciendo satisfacción, posibilitando con esto ante un liderazgo democrático, el establecimiento de lazos libidinales coartados en su fin (sin destino sexual), sino de ternura, es decir, por medio del mecanismo de defensa de la sublimación conformaron lazos similares a los de familia, donde cada uno tenía un lugar propio y ganado, en la unión lograron lo que era imposible de manera individual, resignificando y constituyendo al grupo como un cuerpo integrado, construyendo un yo colectivo.
Desde la interpretación de Freud, se contempla el alma colectiva; con las interpretaciones y el hallazgo empírico construí la categoría de yo colectivo, la que defino como: La unificación de varios yo, incluido el propio, que se constituye de manera psíquica (interna) proyectada al exterior con la finalidad de satisfacer un ideal del yo común.
De esta manera, con la conformación del yo colectivo se observaban como un yo común, siendo el ideal del grupo la atención a los alumnos ascendido a capital social simbólico.
Es el conjunto de recursos actuales o potenciales ligados a la posesión de una red durable de relaciones más o menos institucionalizadas de interconocimiento y de interreconocimiento; o, en otros términos, a la pertenencia a un grupo, como conjunto de agentes que no sólo están dotados de propiedades comunes (susceptibles de ser percibidas por el observador, por los otros o por ellos mismos, sino que también están unidos por vínculos permanentes y útiles. (Bourdieu, 2011: 221)
Retomaron de nuevo al alumno, reencontrándose con él, el objetivo: establecer la culturización logrando que los alumnos concluyan el bachillerato, siendo el interés y motivo de su unión, percibiendo la fortaleza de estar unidos para lograrlo, cesando con ello, los problemas y luchas de manera temporal.
Con el establecimiento de un bien común, simbolizado en el alumno y en la unión, movilizando el capital social simbólico obtenido, el grupo perfiló una distinción con respecto a los otros grupos, favoreciendo el reconocimiento en la comunidad escolar, el yo colectivo les daba la posibilidad de hacerse de un nombre, consagrarse para permanecer vivos ideológicamente, además generaba un escudo protector frente a las autoridades, la unidad confería fortaleza, osadías imposibles en la individualidad, otorgaba dominio, resignificando al objeto autoridad, les brindaba diversidad de argumentos y estrategias para evitar el sometimiento, como el dicho desde la doxa: dos cabezas piensan más que una.
Estamos tratando de integrarnos, yo creo más de lo que estábamos integrados, porque si estábamos integrados ahora mucho más, no sé, estamos más unidos, en cierto momento creo que nos hemos sentido hasta compañeros del mismo dolor, valga la expresión también, valga la comparativa, pero creo que si (EntOr, 2019: 02). Este curso hasta cierto punto, o sea, ha, ha hecho esa parte de que se olviden de las etiquetas que teníamos y ya nos estamos viendo como compañeros, ya nadie es matutino, nadie es de otro lado, ¡todos somos vespertino! (EntOr, 2019: 04). Ahora si lo que veo es que todos somos un equipo y que todos podemos ayudarnos unos a los otros (EntOr, 2019: 07). Ya todas decimos, aportamos y ya no hay como qué dirán o qué van a decir. (EntOr, 2019: 08)
En un determinado momento accedieron a esta conformación del yo colectivo como capital social simbólico, mostrando unidad y decisiones colectivas, movilizando las prácticas a ese mismo orden, por tanto, fueron distintas efectuando una transformación de estatuto ontológico como grupo.
Aún con la conformación de la unidad, seguía vigente la incesante búsqueda de placer, por su característica insaciable, sólo que ahora en un yo colectivo, el cual también se expresó mediante el momento denominado con la categoría narci-resistencia, buscando su protección, generando la transposición de los movimientos, comprendidos por los retornos y empalmamientos en un desorden dialéctico, porque la dinámica efectuada podía establecerse desde la subjetividad colectiva, sin ser sistemática.
Conclusiones
Con los hallazgos de la dialéctica identitaria del grupo de orientadores educativos, se manifiesta que la identidad se muestra en continuo movimiento, por lo tanto, cambiante; únicamente permanece el tipo libidinal narcisista del orientador educativo en su constante deseo de amar para ser amado, motivo por el cual se estableció en la investigación como una condición inherente de la función, es preciso contemplar el corte cualitativo de la investigación, centrado en un caso de grupo, por ello, los resultados no pueden ser generalizados a menos que la tendencia sea persistente en otras investigaciones de grupos de orientadores educativos.
En este caso, se mostró que la identidad del grupo de orientadores educativos presentaba una dinámica, desde varios procesos (transferencia, aceptación, sesiones del proyecto de intervención, movimientos de liderazgo, objetivar la narci-resistencia), momentos otorgantes de sentido (narci-resistencia, incorporación individual de la alteridad, conformación del yo colectivo), desplazamientos de la libido (al yo y a los objetos: alumno, autoridades, investigadora, compañeros del grupo, docentes), posiciones jerárquicas (dominante-dominado), instancias internas (superyo individual, superyo cultural, yo individual, yo colectivo) y funciones simbólicas (materna-paterna).
La dialéctica identitaria grupal iba conformando y apropiando disposiciones, características y tendencias acorde al movimiento efectuado, de esta manera, presentaba cualidades temporales, las cuales se iban superando y transformando continuamente, considerando que aun los retornos eran resignificados, el reencuentro con lo anterior era un nuevo vínculo, por tanto, los movimientos identificados corresponden al momento específico de la presencia en el campo, suponiendo con estos hallazgos que la dialéctica identitaria del grupo sigue sufriendo modificaciones constantes, actualizándose la historia individual y colectiva de los orientadores educativos, surgiendo nuevos entramados e inclusive integrantes, debido a las cuatro plazas vacantes del turno.
Se invita a la comunidad académica a debatir acerca de los hallazgos visualizados en esta investigación a partir de los aportes teóricos de Bourdieu y Freud, teorías que fueron relacionadas para lograr una aproximación interpretativa de orden psicosocial dentro del campo de orientadores educativos en una escuela preparatoria donde existen grupos de atención al alumnado para coadyuvar al logro académico y conclusión del bachillerato, es decir, como un eje psicopedagógico al interior de una institución educativa.
Referencias bibliográficas
Bourdieu, P. (1985) ¿Qué significa hablar? España: Akal.
(1993) Cosas Dichas. Barcelona: Gedisa.
(2007) El Sentido Práctico. Argentina: Siglo XXI.
(2011) Las Estrategias de la Reproducción Social. Argentina. Siglo XXI.
Freud, S. (2000a) El Malestar en la Cultura. España: Alianza Editorial.
(2000b) Tres Ensayos sobre Teoría Sexual. España: Alianza Editorial.
(2000c). Psicología de las Masas. España: Alianza Editorial.
Kemmis, S. y McTaggart, R. (1992) Cómo Planificar la Investigación-Acción. Barcelona: Laertes.
[1] Se refiere a “un estado de inconsciencia psíquica” (Freud, 2000a: 180)
[2] Las condiciones del ser como sujetos de conocimiento
[3] Observar junto a cada movimiento instintivo, su contrario (Freud, 2000a: 156)
[4] Es un intercambio de atributos, “la única forma posible de acumulación cuando el capital económico no es reconocido” (Bourdieu, 2007: 188)
[5] Sistemas de percepción y apropiación que pertenecen a un campo y se construyen socialmente, acorde a Bourdieu