UPN 162 Zamora, Michoacán.
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Resumen
El presente trabajo forma parte de una investigación de carácter histórico y antropológico en torno a la práctica del baloncesto en las regiones Purhépecha de la Meseta y la Cañada de los Once Pueblos en el estado de Michoacán. En la actualidad el basquetbol es un fenómeno sociocultural que ha adquirido relevancia en estos poblados ya que con el transcurrir del tiempo se ha convertido en un signo identitario en el nivel local y étnico regional aun cuando no es un juego autóctono. Por otra parte, este deporte está fungiendo como un dispositivo para la transformación de conceptos locales como cuerpo y corporalidad, al mismo tiempo que flexibiliza los estereotipos de género. No obstante, en el presente me centro en un primer esbozo histórico-educativo acerca de la llegada de este deporte a esta región indígena, se parte del supuesto de que esta práctica deportiva tuvo lugar con las políticas educativas posrecolucionarias como una actividad formativa que logró insertarse a la vida cotidiana y festiva de los pueblos purhépecha. Por lo anterior, este trabajo constituye una revisión documental acerca del tema.
Palabras claves: Educación indígena, Educación física, cultura purhépecha, básquet bol, identidad purhépecha.
Abstract
This paper is a part about a historical and ethnographic approach to the cultural phenomenon of basketball practice in the purhépecha area in Michoacán, México. Today, basketball take importance in these towns since it has been converted in an identity sign, although basketball is not an own sport. In these terms, basketball acts as a device for local transformation about body, corporality and gender stereotypes. This document recovers educational policies about origins of basketball in pos-revolucionary México as an educational activity that gives a rise to a local sociocultural dynamic in transition, that is to say, conceptions about body and corporality are transformed in relation to ideals of the past.
Key words: Indigenous education, physical education, purhépecha culture, basketball, purhepecha identity.
A modo de preámbulo
Los purhépecha son uno de los grupos étnicos de México. Su historia tiene lugar hacia el siglo XIII con la conformación del imperio Tarasco cuyo centro se instauró en Tzintzuntzan (Schondube, 1996); forma parte de las llamadas culturas mesoamericanas prehispánicas. A la llegada de la corona española, una vez llevada a cabo la conquista bélica de estas tierras, los europeos tuvieron a bien reorganizar a los antiguos grupos tarascos dispersos en las serranías y conformaron lo que hoy traza la geografía de la región y los pueblos purhépecha.[1] La región purhépecha actual está ubicada hacia el centro-norte del estado, se compone de cuatro subregiones, la zona lacustre de Pátzcuaro, la Meseta o Sierra purhépecha, la Cañada de los once pueblos y la Ciénega de Zacapu, las cuatro subregiones integran la autodenominada Nación Purhépecha.
Al recorrer cada una de las cuatro regiones que integran la actualmente denominada Nación Purhépecha salta a la vista la cancha de básquet bol que existe en cada uno de sus pueblos justo en el centro del mismo, regularmente junto a las iglesia y plaza principales en la que niños, jóvenes, señoritas, señoras y señores pasan parte de su día, ya sea como espectadores o como jugadores. Son pueblos en los que las fiestas patronales además de la ceremonia religiosa, los juegos mecánicos, la música, el baile y el castillo, el torneo de básquet bol formaban parte de su celebración.
Hacia principios del presente siglo, los torneos eran organizados o bien por jugadores locales o por las ligas deportivas en conformación en los pueblos purhépecha. Si bien ya había toda una tradición alrededor de los torneos de básquet bol en toda la región desde algunas décadas atrás, es hacia finales de la primera década de los dos mil cuando la organización de estos entra en una fase diferente, un tanto más competitivo. Me refiero a que el nivel de juego era visible y técnicamente más sofisticado y las premiaciones incrementaron sustancialmente. A partir de entonces el básquetbol en los pueblos evolucionó con más velocidad y fuerza de tal manera que en febrero de 2020 tuvo lugar un torneo en el poblado de Tócuaro en la región de la laguna de Pátzcuaro cuyo premio principal eran la suma de cincuenta mil pesos nuevamente, único premio, bastante llamativo, aunque es necesario mencionar que torneos con premiaciones majestuosas tuvieron lugar hacia principios del presente siglo.
No dejamos de lado que en la mayoría de los pueblos la migración hacia el país vecino del norte ya tenía su historia de décadas y dejaba huella entre los jóvenes, especialmente los chicos, de tal modo que muchos conocían a las grandes estrellas de la NBA de los años ochenta y noventa del siglo pasado por efectos de las enseñanzas de los migrantes. En los pueblos purhépecha se reconoce inmediatamente quienes fueron M. Jordan, S. Pipen, K. Bryant, S. O’neal y en la actualidad se sabe quiénes son S. Curry, L. James, A. Davis, L. Doncik, J. Tatum, entre otros. Tenis y Jerseys fueron de los objetos más presumidos entre la juventud masculina principalmente en cada pueblo purhé hacia los 90s y 2000s de tal suerte que se convirtieron en parte de la indumentaria de moda por lo que los primeros encargos que un joven le hacía a su hermano, padre o algún familiar que migraba a trabajar al norte (EE, UU), eran unos tenis marca Jordan.[2] Aunado a ello, en muchos pueblos de la región indígena en mención hay personas masculinas cuyos nombres son precisamente Jordan o Pipen y más recientemente Bryant. Por aquellas décadas, la cancha de concreto era el escenario de encuentro, las personas pasaban la tarde jugando, practicando, cascarenado.[3] Más tarde, la vida en los pueblos cambiaría poco a poco y se abría a nuevas formas de diversión y ocio, los gimnasios se pondrían de moda y así comenzaba la carrera por ser mejor basquetbolista, por jugar mejor al basquetbol en cada pueblo.
En la actualidad el basquetbol y los jóvenes deportistas experimentan el baloncesto de distintas maneras en estos contextos. Uno de los grandes progresos es la incorporación de niñas, jovencitas y señoras en esta actividad física. Pero ya no sólo son los tenis lo que está en juego y circulación en cuanto a consumo de objetos culturales. En la actualidad es común ver a muchachos con medias, mangas para el brazo, mangas para las piernas, rodilleras, balones, jerseys, mochilas, ropa deportiva, entre otros, de marcas especializadas. Así mismo, los estilos de juego han cambiado, siguen los patrones de la NBA. Y eso ha implicado mayor dedicación en su práctica, misma que se ha favorecido con el techado de las canchas de baloncesto en los pueblos, hoy la mayoría de éstas cuenta con luz y techumbre, a pesar de que ésta estructura ha modificado en buena medida el paisaje arquitectónico de los centros poblacionales purhépecha, sobre todo porque saltan a la vista los domos de las canchas por sobre la iglesia, la plaza, la escuela.
El trabajo que aquí presento tiene la intención de mostrar un primer panorama histórico acerca de la práctica del básquet bol en los pueblos de la región Purhépecha del estado de Michoacán. Aunque hoy en día es común encontrar en todo pueblo perteneciente a esta etnia una cancha de basquetbol -allí junto a la plaza-, y con ello la práctica del mismo, este primer ejercicio tiene lugar desde dos pueblos de la subregión de la cañada de los once pueblos.[4] Específicamente de Carapan e Ichán, aunque se nutre de experiencias acumuladas de dos décadas de asistir a los pueblos y también de escuchar de aficionados sobre el tema. Actualmente, en el primer pueblo se lleva a cabo un singular torneo durante las fiestas patronales el 23 de junio en los que la suma a repartirse entre los tres primeros lugares es bastante atractiva, la convocatoria de equipos es tan amplia que llegan a participar equipos de distintos puntos del estado y que participan en ligas de primera fuerza o categoría libre. En el segundo, los torneos responden más a una tradición de hace algunas décadas en las que si bien este evento forma parte fundamental de los pueblos purhé, la bolsa de premiación no es tan grande y la participación de quipos responde a un perfil más regional, por ejemplo, en la fiesta del 4 de octubre. Pero, el evento del 22 de noviembre día de Sta. Cecilia, patrona de los músicos la suma del premio es más elevada y el torneo es libre, o sea, de mayor nivel.
Se parte de una pregunta inicial, ¿cómo llegó el deporte ráfaga a esta zona indígena? La pregunta busca respuesta a partir de la revisión de textos sobre políticas educativas promovidas después de la Revolución mexicana para la región indígena purhépecha. Se eligieron ambos pueblos, Ichán y Carapan porque ambos tienen historia basquetbolera, además, geográficamente son cercanos por lo que para este trabajo se apuntó a visibilizar las semejanzas y diferencias alrededor de este fenómeno sociocultural.
Sobre cómo llegó el basquetbol a la región purhépecha. Aproximación
En el México prerrevolucionario, durante el porfiriato (1876-1911) sólo la clase media apostada en las urbes tenía acceso a educación. En buena medida porque los proyectos educativos en la etapa de conformación de una nación nueva fueron de carácter centralista, tenían alcance en la capital del país o en las capitales de los estados en el mejor de los casos, para Raby (1974), durante este periodo hubo muy escasos esfuerzos por llevar la educación a las provincias del país. El resto de la población, la no perteneciente a este estrato social; es decir, campesinos y trabajadores, difícilmente accedía a la escuela. El panorama general en el país, educativa y socialmente hablando, era precario. Para Augusto Santiago (1973), “la educación rural en el resto del país, en los tiempos anteriores a la Revolución estaba confiada a la Iglesia católica…dirigidas a imponer la castrellanización directa y una matemática elemental” (p. 9), hablamos de las llamadas “escuelas rudimentarias” que caracterizaron la educación básica de provincia, principalmente rural e indígena y cuya historia está marcada por una enorme desigualdad social (Loyo y Staples, 2010).
Aun en una condición de profunda marginación y rezago educativo, durante el mandato de Porfirio Díaz tuvieron lugar una serie eventos político-educativos que marcarían la historia de la enseñanza en el país profundamente. Fue hacia 1882 cuando se debatió por primera vez el lugar del niño en la educación como actor principal. En este año, el 21 de enero, dio inicio el Congreso Higiénico Pedagógico en el que médicos, maestros y funcionarios políticos del país opinaron y analizaron durante algunos meses de ese año acerca de programas, horarios y condiciones en las que los niños mexicanos deberían recibir educación. Un aspecto importante, retomando a Loyo y Staples (2010), fue que en este congreso se discute por primera vez el tema de los ejercicios apropiados para el desarrollo corporal de los niños como parte de una educación integral, física, moral e intelectual. En alguna de estas convocatorias se propone la gimnasia y juegos al aire libre como parte de los procesos y recursos didácticos. No obstante, había claridad sobre el papel de la activación física como elemento favorecedor de la salud e higiene, al mismo tiempo facilitadores del progreso social.
La descripción anterior arroja un panorama general del estado de la educación en el México de finales del siglo XIX, que para fines de este documento sirve como punto de partida para establecer el inicio de la práctica basquetbolera en la región purépecha de Michoacán a partir de los proyectos educativos de las Escuelas Rurales y las Misiones Culturales que surgieron con la encomienda de incorporar a la población provinciana pluricultural del país a la emergente noción de ciudadano mexicano. Empero, para el caso de la región purhépecha en la que tiene lugar este tema de investigación tuvo lugar un proyecto educativo particular: el de los Internados Indígenas, institución puesta en marcha en el pueblo serrano de Paracho hacia 1937 con la finalidad de incorporar al indio tarasco de la región al proyecto de modernidad mexicana, se inauguró como un experimento educativo y social para potenciar la industria local en la zona al mismo tiempo que erradicaba hábitos considerados poco civilizados desde el miramiento de las instituciones nacionales y estatales influidas en buena medida por la antropología de la época (Vázquez, K., 2008), en este sentido cabe mencionar que el proyecto del internado Indígena no era ajeno a los objetivos de las Escuelas Rurales y las Misiones Culturales, por el contrario, significó un esfuerzo mayúsculo por diseñar un plan formativo y pedagógico de incorporación y modernización de esta región indígena purhépecha. Siguiendo a Marco Calderón, es su libro Educación rural. Experimentos sociales y Estado mexicano 1910-1933 deja claro que los objetivos de los proyectos educativos del país en esta época eran lúcidos en términos de alcance social y la incorporación del indígena al progreso nacional, y ello significaba adentrarlos a un sistema laboral agrario-industrial que respondiera de manera eficiente a los requerimientos del país, ello pretendía resolver dos temas más. El primero, la capacitación del indio en tema del campo modernizado para esa época, y segundo, la alfabetización que ello implicaba. Así analfabetismo y trabajo se verían como dos herramientas para el desarrollo de un México sumido en la pobreza, la marginación, el olvido ocasionado por la centralización de las instituciones.
Si bien antes de la Revolución ya se planteaba la actividad física en las escuelas, cierto es que la práctica de una educación física requería de un espacio adecuado, elemento que tardaría algunas décadas en llegar. No sería hasta mediados del siguiente siglo que las escuelas poco a poco incorporaría las canchas a la arquitectura escolar, aunque para el caso de la práctica del básquet bol en el contexto mencionado, las Misiones Culturales y en este caso el Internado Indígena serían las encargadas de llevarlo a cada pueblo o a las regiones indígenas pues implicaban un proyecto de alcance de nivel comunitario en comparación con otros proyectos educativos de la época como las Casas del Estudiante Indígena cuyo objetivo era educar al indígena fuera de su contexto cultural, profesionalizarlo de acuerdo con las características de esta etapa del país, y devolverlo a las comunidades para fungir como agente de cambio. Así, la casa del Estudiante Indígena se encontró con el efecto contario, los estudiantes indígenas no regresaban a sus respectivos pueblos de origen. Por lo anterior, los proyectos educativos de la década de los 30 de los que surge el concepto de Internado Indígena buscaban lograr un “proceso formativo que llevara a la transformación de las características culturales y económicas de los grupos indígenas y que los hiciera partícipes de la nueva civilización mexicana” (Vázquez, K., 2019).
El horizonte educativo después de la Revolución Mexicana no había cambiado sustancialmente en comparación con la etapa previa, es decir, seguía siendo devastador, más aún con las secuelas del movimiento armado. En 1921 se crea la Secretaría de Educación Pública (SEP) bajo decreto de Álvaro Obregón con José Vasconcelos como primer dirigente. La encomienda para Vasconcelos era titánica. Un país con entre el setenta y cinco y ochenta por ciento de analfabetas a los cuales habría que educarles pintaba un panorama de mucho trabajo. La recién fundada SEP se dividía en cinco áreas de trabajo, una de ellos, cultura e incorporación indígena y es desde este departamento que tendría lugar un macro proyecto educativo para el país, las Casas del pueblo del que se desprendían las Escuelas Rurales y las Misiones Culturales, cuyo propósito esencial era impulsar el nacionalismo, crear un ciudadano homogéneo, una versión única del mexicano a través de la enseñanza de las letras, la aritmética y la educación del cuerpo y la mente. Así, ‘’la educación escolar debería moldear un nuevo hombre, sano, inteligente y moral, y homogenizar hábitos y costumbres en bien de la unidad nacional […]la idea era llevar a las comunidades un mensaje civilizador’’ (Loyo, E., 2010, pp. 163-164).
¿Por qué el básquet bol?, el manual de Obregón de 1935 además incentiva la práctica del futbol, el béisbol, el volibol, y el atletismo en general. Una posible respuesta tiene que ver con la geografía. Es decir, los pueblos que componen la región Purhépecha del estado de Michoacán están asentados en distintos puntos del eje neo volcánico transversal por lo que el paisaje está compuesto por una cadena de picos montañosos de diferentes alturas y formas. Las condiciones orográficas de la región difícilmente presentan terrenos amplios llanos en los cuales se pudiera construir una cancha para la práctica del futbol o béisbol por ejemplo, así mismo el atletismo, sobre todo si pensamos en las precarias condiciones en las que se encontraban los pueblos. Con base en lo anterior, sugiero entender que los agentes educativos de la época y más tarde los maestros de las escuelas rurales vieron mucho más viable instalar una cancha de básquetbol en el centro del pueblo, un espacio más o menos parejo en las primeras calles a la redonda tomando en cuenta como centro la iglesia y la jefatura de tenencia y/o la presidencia municipal. De este modo, la arquitectura característica de los pueblos purhépecha se definiría desde el siglo XX con la iglesia como referente principal, la casa de gobierno, jefatura o presidencia, la escuela y la cancha de básquet bol. Las primeras canchas fueron de tierra, luego llegó el chapopote, más tarde el pavimento con base en cemento, todas al aire libre. Recientemente es posible encontrar en los pueblos canchas de ‘’duela’’, y en la mayoría la cancha ha sido remodelada con tableros de policarbonato o acrílico y no de madera como originalmente se veían, ahora ya acondicionadas con luces para su uso nocturno. En la mayoría de las canchas en estos pueblos se ha construido un pequeño edificio adjunto que funciona como vestidor o que ha sido acondicionado para uso de sanitario.
Una vez elaborado un breve recorrido por la historia de las instituciones educativas posrevolucionarias y su vínculo con el baloncesto y los deportes, parto de la hipótesis de que la práctica de este deporte en la región Purhépecha tuvo sus inicios con el proyecto educativo del Internado Indígena “Vasco de Quiroga” que arranca actividades en 1937y que en 1938, después de una serie de dificultades materiales y administrativas, aparece la educación física a cargo de un profesor de apellido Luna quien incorpora el basquetbol como parte de la enseñanza en este rubro, cabe señalar que esta institución escolar ya contaba con las instalaciones básicas para la práctica de este deporte (Vázquez, 2008). Además, esta actividad deportiva fue favorecida por las migraciones de gente de la región hacia EE UU sobre todo en las décadas de los sesentas, setentas y ochentas después del programa bracero, más tarde, con la completa globalidad, se instaura como un referente de consumo entre los jóvenes, especialmente cuando los pueblos tienen acceso a los partidos y al intercambio de mercancías. No obstante, entre el legado de la educación indígena y la consolidación del basquetbol como parte del sistema cultural de los pueblos purhépecha hay un entramado que tiene que ver con el sistema educativo mexicano algunos años después y que fortalecería el circuito que inaugura los torneos de básquet bol en la región durante las fiestas patronales, me refiero a la creación del sistema de educación secundaria en el país y su llegada a la zona mencionada.
El Internado Indígena situado en Paracho fue un prototipo de educación para esta población cultural. Ante la falta de otros proyectos educativos sólidos en los pueblos circunvecinos el alcance del internado llegó hasta la Cañada de los once pueblos, a esta institución asistieron alumnos de Carapan, Ichan, Tacuro, Huancito, entre otros, todos pertenecientes a esta subregión Purhépecha. Hasta la aparición de la primera Escuela Secundaria en la Cañada, el acceso a la educación en esta área quedó limitada al internado de Paracho, como le conocen hasta la actualidad.
La educación secundaria en México se establece hacia 1923. Siguiendo la historia de esta etapa de la formación escolar mexicana proporcionada por la SEP, hacia 1925 se establece como un nivel educativo con organización propia y parte de una propuesta por otorgar un espacio a una población emergente en ese momento, en efecto, se trata de la adolescencia. De acuerdo con la historia oficial de la Secretaría de Educación del Estado de Michoacán no es sino hasta 1930 cuando el programa de educación secundaria introduce el concepto moderno de adolescencia en términos de una naturaleza psicológica particular a una población escolar (Gobierno del Estado de Michoacán 2015-2021).[5] En términos de formación escolar la educación secundaria funcionaria como un puente entre la educación básica y la formación bachiller o preparatoriana. En buena medida la apuesta de la educación secundaria en aquel momento pretendió formar, fortalecer y cultivar conciencia social y espíritu nacionalista a través del adiestramiento corporal y la mente sana, hablamos de la década de los cincuenta y sesenta. De este modo, se pone énfasis en la promoción del desarrollo físico y mental de los alumnos pertenecientes a esta cohorte etaria. Ya hacia 1975 la malla curricular está conformada por áreas de conocimiento distintas e integrales que abarquen todas las dimensiones de la vida humana, el razonamiento, el arte, el deporte, la ciencia. Con base en este programa aparece la educación física propiamente dicha.
En los contextos indígenas la educación secundaria tuvo un proceso particular, ya que además cumplía el firme propósito de la Revolución mexicana, incorporar al indio a la vida industrial y agrícola. En este sentido, las escuelas secundarias en regiones como la zona Purhépecha se vieron nutridas de la perspectiva de estudiosos precursores en el área como Moisés Sáenz quien hacia 1932 y 1933 con el proyecto Carapan dio los primeros pasos para la mexicanización de los indios derivados de uno de los esfuerzos más ambiciosos en cuanto a ciencias sociales y humanas se refiere. En sus resultados Sáenz (1939, 1969), establece un panorama adverso para el desarrollo social en la Cañada de los once pueblos. El registro que proporciona sobre las escuelas es un nítido ejemplo de abandono institucional de parte del gobierno estatal de la época. Planteles descuidados con menos que poco material para su puesta en marcha.
Condiciones sociales marginales, pobreza, desnutrición, altos índices de enfermedad relacionas con la limpieza, entre otros, son los resultados arrojados por Sáenz en su texto referente a este proyecto. Al mismo tiempo, en un ejercicio reflexivo general, el propio científico arroja ideas acerca del potencial de las escuelas para transformar estos contextos, menciona, la función de la educación debe ser civilizadora, de difusión cultural con el propósito de favorecer hábitos y costumbres que permitan al país una vida homogénea y satisfactoria basada en aprendizajes académicos. Para ello, la educación y las escuelas deben apostar por proporcionar a los habitantes de contextos indígenas la adquisición de una buena salud, conocimiento que permita mejorar la vida doméstica y propiciar actividades que perfeccionen la personalidad humana a través de estrategias creadoras, físicas, mentales y espirituales. Me parece que la perspectiva de Sáenz sería en buena medida el sustento de la incorporación de la educación física que desde mi lectura adquiere forma con la inauguración de las escuelas secundarias en la región Purhépecha pues de acuerdo con la SEP, hacia 1964 quedan establecidos los programas para este nivel educativo entre los que destaca cierto número de horas semanales dedicados a la activación física.
Para el caso de la cañada de los once pueblos la escuela secundaria más antigua data de 1969, instalada en Chilchota, que por las características de la región se trataba de que los niños de los diferentes pueblos del corredor de la cañada asistieran a este centro educativo ubicado en la localidad más grande de la zona, que al mismo tiempo funciona como centro regional administrativo de esta franja geocultural indígena al fungir como cabecera municipal. Aunque, poco a poco se instalaron instituciones secundarias en otros pueblos, la siguiente se instaló en Carapan y posteriormente en Tacuro y Acachuen, estas últimas inauguradas en las últimas dos décadas.
A guisa de reflexiones finales
Este documento es un marco de referencia histórica que permita sostener la llegada del básquet bol a la región purhépecha michoacana. Se ha mencionado en el inicio que éste forma parte de un proyecto de investigación mayor en el que se recoge información etnográfica respecto de la práctica basquetbolera actual en esta comarca. No obstante, este ejercicio historiográfico permite elaborar una línea del tiempo que facilita la comprensión de la llegada de este deporte a los lugares de investigación y dentro de la región. Algunos datos etnográficos señalan que en el nivel de escuelas secundarias han tenido lugar encuentros deportivos en las distintas zonas de la Secretaría de Educación Pública que facilitaron un primer circuito de torneos de básquet bol en la zona, cuestión que después se amplió a las fiestas patronales.
Hoy en día las y los jóvenes practican un básquet bol más ágil, fuerte, técnico y táctico en comparación con el practicado hace un par de décadas. Al mismo tiempo, en la medida que se populariza la experiencia de este deporte, ha permitido la incorporación de equipos femeniles a las ligas municipales, con ello, los estereotipos de género se han flexibilizado, cuestión significativa en una cultura que de antaño es conservadora en muchos aspectos, especialmente hacia lo que se reproduce como propio de la mujer, entre ello, haceres y corporalidades, que en buena medida se asume como tradición y que deberían conservarse.
En este texto recupero la imagen de una educación física que se piensa como un mecanismo pedagógico para renovar y perfeccionar las condiciones físicas y mentales de los purhépechas de Michoacán en aras de una homogenización de la condición de diversidad sociocultural del país según los ideales institucionales de la época. No cabe duda de que se trata de una serie de políticas educativas que pretendieron restar diversidad cultural en una nación plural que no obstante lejos de adaptarse a tal concepción mexicanista, favoreció adaptaciones culturales que hoy son expresión viva de muchos pueblos indígenas, en este caso purhépechas. Además, dicha mexicanización educativa abrió la puerta hacia procesos paulatinos de transformación social en distintos niveles en los distintos contextos, pienso en cómo poco a poco emergieron concepciones acerca de la juventud, el estudiante y la adolescencia, cuestión que hoy en día complejiza esta etapa del desarrollo vital en tanto que aparecen sujetos con características psicosociales en transición. Con este primer texto quiero establecer el vínculo entre educación, identidad regional, y procesos de transición hacia normativas corporales y de género de reciente aparición, todo ello devenido de la incorporación del básquet bol a la vida de los poblados purhépecha.
Referencias bibliográficas
Calderón, M. (2017). Educación rural. Experimentos sociales y Estado mexicano 1910-1933. El Colegio de Michoacán
Gobierno del Estado de Michoacán. (2015-2021). Educación secundaria-Secundaria técnica. Michoacán, México. SEE-Gobierno de Michoacán. Recuperado de http://www.educacion.michoacan.gob.mx/secundaria-tecnica/
Loyo, E. (2010). La educación del pueblo. En Tanck de Estrada, D. (coord.). Historia mínima de la educación en México. COLMEX México
Raby, D. (1974). Educación y revolución social en México. SEP-setentas
Santiago, A. (1973). Las misiones culturales. SEP setentas
Sáenz, M. (1939). México íntegro. Ed. Torres Aguirre, Perú
Sáenz, M. (1969). Carapan. Gobierno de Michoacán 3ª reimpresión
SEP (1933). Misiones Culturales. Secretaría de Educación Pública, México
Schondube, O. (1996). Los Tarascos. En Arqueología mexicana núm. 19
Vázquez, K. (2008). Modernidad y educación para los indígenas en Michoacán. El Internado Indígena de Paracho “Vasco de Quiroga” (1935-1972). Tesis de maestría UMNSH
Vázquez, K. (octubre de 2019). De la educación indígena a la educación bilingüe en el Internado Indígena de Paracho. En Buendía A. (presidencia) XV Congreso Nacional de Investigación Educativa COMIE-2019 llevado a cabo en Acapulco Guerrero, México.
Manuel Alejandro Gembe Sánchez. Licenciado en Psicología por la Universidad Michoacana de San Nicolas de Hidalgo. Maestro y doctor en Ciencias Humanas con especialidad en estudios de las tradiciones. Actualmente se desempeña como docente investigador en la Universidad Pedagógica Nacional unidad 162 en Zamora Michoacán.
[1] Para el caso de este texto haré referencia al vocablo Tarasco para referirme al grupo social prehispánico que habitó los estados de Michoacán, partes de Guanajuato, Jalisco, Querétaro, nombre otorgado por los mexicas, mientras que Purhépecha hace alusión a los pueblos reorganizados después de la conquista española y que toma fuerza hacia la década de los setenta del siglo pasado cuando este grupo étnico adquiere identidad política. Para profundizar véase, Márquez, J. (2007). ¿Tarascos o purhépecha? Voces sobre antiguas voces sobre el gentilicio michoacano. UMSNH, Colmich
[2] Purhé es una contracción de la palabra purhépecha, usada de manera habitual en los pueblos de esta región étnica.
[3] Cascarear se refiere en la región purhépecha a practicar el basquetbol de manera relajada, a modo de práctica, no hay arbitro, no hay límite de tiempo, solo jugar por jugar.
[4] La expresión “-allí junto a la plaza-” apareció de manera recurrente cuando en el inicio del trabajo de campo preguntaba por la ubicación de la cancha de basquetbol en la que se realizarían los torneos mencionados en este texto, a la pregunta ¿oiga, ¿dónde está la cancha de básquet? La gente respondía: allí junto a la plaza.
[5] Información recabada del sitio de la Secretaría de Educación del estado de Michoacán extraído del sitio http://www.educacion.michoacan.gob.mx/secundaria-tecnica/ consultado el 21 de enero de 2020.