SIERRA ALHAMILLA

                                            LA SERENIDAD DE LA BELLEZA

 

 


SUBIENDO LA SIERRA ALHAMILLA
 


Sin importar si lo que tenemos sobre nuestras cabezas es el astro rey o miles de estrellas que aquí parecen más relucientes, quizás porque las vemos  más cercanas o tal vez simplemente porque deben esmerarse en atraer la mirada de los mortales cuando a sus pies éstos tienen tanta belleza para deleitar los ojos;  sin tampoco importar si es otoño o primavera, verano o invierno, visitar Sierra Alhamilla es pisar un oasis de incomparable belleza.


En la parte más oriental de las Cordilleras Béticas se yergue un macizo de rocas rojizas en las que toma vida el verde, originando un refugio para muchos animales y un espectáculo para los sentidos.


La provincia de Almería, en buena parte de su territorio nos tiene acostumbrados a los paisajes desérticos, bellos por sí, más hostiles en su empeño de transgredir el libreto que les ha tocado interpretar en la magistral obra del creador.


No es la primera vez que escribo sobre Sierra Alhamilla ni será la última, tal la seducción con la que me ha sabido deslumbrar.


Pienso que el asombro se enraizó la primera vez que escapando de la aridez circundante topé con ese oasis que desciende por la ladera y se empeña en celar curiosas formaciones rocosas.


Desde lo alto de la serranía la mirada capta un paisaje de contrastes que traspasando la sombra oscura que dibuja el Cabo de Gata se pierde en el  fulgurante azul, patrimonio del mar Mediterráneo.


Esta parte de España es de una sequedad tan intensa que golpea los sentidos como si quisiera desanudar convencionalismos para hacer que gritemos al mundo que venga a ver la belleza del dolor de la tierra, cuando ésta llora sin lágrimas por no poder acunar un hilo de agua.

 

 

LA HISTORIA DEL PARAÍSO

 

 


  
A 460 metros de altitud surge la Fuente Termal de Sierra Alhamilla, disfrutada por los fenicios, más tarde por los romanos que dejaron por herencia las albercas que siguen conservándose y posteriormente magníficamente reforzado su esplendor por los árabes que construyeron edificios de baños que podemos observar en nuestras visitas.


El escritor árabe El Himyarí nos legó un documento que describe que ‘a tres millas de distancia al este de Pechina se alza una elevada montaña que tiene importantes yacimientos minerales y en la que hay una extraordinaria Fuente Termal que no tiene igual en Al Andalus por la bondad de sus aguas, su dulzura, su virtud diurética, su eficacia y todas sus virtudes curativas’.


Llegarían décadas de desolación, la expulsión de los moriscos después de años de luchas, las imparables incursiones piratas todo lo cual lleva a un despoblamiento de la comarca y especialmente de Sierra Alhamilla.

Por entonces las aguas apenas si susurraban  perdiéndose en arroyuelos que bajaban la ladera hasta que, en 1.777 se comenzó a escribir otra página de su historia cuando el entonces Obispo de Almería, D. Claudio Sanz y Torres y Ruiz Castañedo reconstruyó –de su propio peculio- el edificio del balneario, levantando sobre las ruinas romanas y árabes el actual Balneario de Sierra Alhamilla.


Sería a fines del siglo XX cuando una nueva empresa captaría para el balneario la nueva y alta tecnología balneoterápica del momento, dándole así nuevo esplendor al lugar.

 

 

EN EL BALNEARIO DE SIERRA ALHAMILLA

 

 

     
Las aguas termales de Sierra Alhamilla son por sí un atractivo más no se queda atrás el entorno.


En lo alto de la montaña hay un encinar que constituyen una reliquia vegetal, restos de la importante vegetación de otros tiempos. El paraje ha sido catalogado como ‘Paraje natural’ e inventariado como Espacio Natural Protegido de Andalucía.


En esta zona viven varias familias, algunas en forma permanente. Otras,  con viviendas de temporada, pasan allí el verano y los fines de semana. La mayoría de los pobladores se dedican a la agricultura y a la artesanía.


La base turística, muy a pesar de que se trata de un sitio de grandes atractivos y posibilidades, es prácticamente nula.
Falta infraestructura pero sobra buena voluntad.


Calle por medio con el edificio del Balneario hay un grupo de casas entre las que destaca un sencillo restaurante donde la cordialidad de sus propietarios atrapa y obliga a retornar, ya sea a la hora de la cena o a la del almuerzo.


A pocos pasos, desde un pequeño mirador disfrutamos el escenario que se despliega a nuestros pies en el que se suceden  pueblos y cortijadas hasta llegar a la mismísima ciudad de Almería, de noche convertidos todos ellos en luciérnagas tintineantes y de día, compitiendo en su atención con el verde que llega al valle.


Dijo de este lugar el pastor poeta, el recordado Alfonso López:


‘Muy serenada mi alma
en este paraje queda.
Los corceles de la vida
galopan aquí sin riendas’

 

Y sin lugar a dudas, es sosiego lo que se encuentra en la placidez del entorno de Sierra Alhamilla.

 

 

                                          Graciela Vera

 

 

Almería, en el sur del norte, mayo de 2007

 

 

 

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          Fotos de Sierra Alhamilla, -siempre habrá alguna más-   te permitirán realizar un viaje virtual por estos parajes almerienses  

 

 

 

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