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Mojácar, el paraíso pintado entre azules
La época de mayor auge de Mojácar fue durante su dependencia del Califato de Córdoba y se debe a su situación casi inexpugnable y al número cada vez más importante de habitantes. Como zona fronteriza del Sultanato Nazarí había sido reforzada con torres de vigilancia y defensa, algo muy necesario ya que, codiciada por lo mismo que resulta increíblemente bella, a sus pies se desarrollaron muchas batallas.
El 10 de junio de 1448, durante la Reconquista de todo el sur de la península por los Reyes Católicos, los alcaldes de la comarca se rindieron, acudiendo ante los monarcas. Todos a excepción del de 'Moxacra' por considerarse tan español como los mismos soberanos.
Más que una rendición, lo de Mojácar fue un histórico acuerdo celebrado en la Fuente Pública, en el que se establece un pacto de convivencia entre cristianos, árabes y judíos.
Belleza impactante en el litoral de Almería
Un pueblo blanco que cae desde lo alto del cerro, desmoronándose y aferrándose al mismo tiempo a las laderas en un increíble juego de equilibrios en medio del verde de los campos y la franja oro y azul de la cercana costa.
Está situado en el sureste de la Península Ibérica, sobre el mar Mediterráneo en la provincia de Almería, a 90 kilómetros de la ciudad capital.
Hasta mediados del siglo XVIII la ciudad vivió épocas florecientes, llegando a contar con más de diez mil pobladores. En este periodo comienza el decaimiento a raíz de extensas sequías que afectan sobremanera la producción agrícola y que en buena parte son la causa de la emigración casi masiva de su gente, primero hacia América del Sur y más tarde hacia las provincias de Cataluña y los países europeos.
Se encuentra en una comarca donde la historia nos retrae a 2.000 años A.C.; zona de importantes yacimientos arqueológicos de la edad del Bronce, considerada cuna de la cultura Argárica; ha pertenecido sucesivamente a fenicios, cartagineses, griegos, árabes y cristianos.
Acercarse a Mojácar es despertar al asombro. Resulta difícil definir en que siglo estamos y sin embargo en aquellas calles indescriptibles hay una actualidad que nada tiene que ver con la modernidad.
Mojácar no puede ser contada, debe ser vivida en cada paso con el que ascendemos a lo más alto o, dejándonos despeñar por corredores y pasadizos pintados de malvones y rosales.
Raíces árabes
Dicen que aquí sobrevive, como en ningún otro sitio de Andalucía, una sugestiva fidelidad a su pasado árabe.
Mojácar está emplazada en una atalaya desde la que se domina incluso más allá de lo que ven los ojos. Cuando los griegos llegaron a estas tierras llamaron a este promontorio Atalaya Murgis Akra.
Murgis significa en la altura, de donde surge la derivación latina Moxacar que fue para los árabes la Muxacra que da origen al nombre actual.
Pero no podemos hablar de la Mojácar actual sin hacerlo antes de su localización, su memoria y su pasado morisco.
Algo de historia mojaquera
En mojacar se olvidan los automóviles
¿Cómo podemos explicar, si quiera con un mínimo de exactitud, lo que es esta villa andaluza?
Para visitarla debemos olvidarnos de los automóviles. Apenas si pueden acercarnos a la zona más comercial pero por lo general el ascenso se hace caminando.
Y no habría otra manera de disfrutar ese entorno, tan único que parece dibujado para un cuento de hadas. La arquitectura de característica medieval árabe, no se somete a más niveles ni escuadras que las trazadas por las pendientes.
Desde lo lejos su blancura puede confundirle con las nubes. Mojácar es blanco, impactantemente níveo. En el corazón del pueblo, sólo allí encontramos un edificio de piedra marrón: la iglesia que destaca por los ángulos de sus formas austeras.
Inclinándonos para pasar bajo un arco, subiendo los escalones que nos permiten acceder a la callejuela siguiente o iniciando un descenso que terminará en una esquina que no es tal, en cualquier sitio que estemos de Mojácar, para nada nos asombraría ver saltar duendes o danzar a las hespérides.
La Mojácar del turismo
Mojácar tiene alma porque algo tan bello no podría existir sin un soplo celestial que le protegiera.
La Mojácar actual, aunque visitada por miles de turistas, no se ha dejado poseer por la materialidad de lo predecible. Seguirá siendo una fortaleza casi inaccesible, abriéndose al conquistador, seduciéndolo para poco después mostrarse intransigentemente difícil.
Y han hecho bien quienes han llevado los nuevos asentamientos a la línea de la costa. Allí están los modernos hoteles, los complejos novísimos, la oferta gastronómica y el movimiento portuario, extendiéndose a lo largo de una faja de arena que le regala una playa de primerísima calidad.
Pero Mojácar es también leyenda y es historia, o es ambas cosas, tan unidas que resultaría imposible desatar el nudo que forman.
Playas paradisíacas que se pierden entre enormes rocas para reaparecer en un remanso de agua cristalina. Un clima envidiable y la naturaleza reinando en todo su esplendor.
Un día la ví y me enamoré de ella. Otro día la visité y me embrujó. Hubo más días y el hechizo fue creciendo
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